José Vissarionovich Dzhugashvili
‘Stalin’ (1879-1953)*

Partido Comunista de España ( reconstituido ). PCE (r)

Sumario:

En la ciudad de las cavernas
A la clandestinidad con 21 años
La revolución de 1905
Plenos poderes del Comité Central
Al frente de la revolución proletaria
La salida de la guerra imperialista
De la guerrilla al Ejército Rojo
Ministro de las Nacionalidades
Burocracia y depuraciones
Secretario General del Partido bolchevique
El socialismo en un sólo país
El gran viraje
Los procesos de Moscú
El pacto Molotov-Von Ribbentrop
La gran guerra contra el fascismo
La Conferencia de Yalta
La guerra fría
El último Congreso
El informe secreto de Jruschov

En la ciudad de las cavernas

El 21 de diciembre de 1879, en Gori, una ciudad que entonces habitaban unas 5.000 personas cerca de Tiflis, Georgia, a sólo cuarenta kilómetros de la capital de Osetia del sur, con un costado en el Mar Negro y otro en las montañas del Cáucaso, Vissarion Dzhugashvili y Ekaterina Geladze tuvieron un hijo al que llamaron José.

Mientras en Moscú Alejandro II ejercía de zar sobre toda la inmensa geografía de Rusia, en la esquina georgiana aquel invierno fue muy duro: la nieve descendió de las cumbres de la montañas y en la primavera el deshielo inundó de barro los caminos, que quedaron impracticables. El rio Aragva que recorría la aldea se desbordó, anegando los campos, arruinando las cosechas y ahogando el ganado. No hubo feria y, en un pueblo tan aislado, el desabastecimiento vació las despensas. No hacía mucho que una epidemia de peste había sembrado el luto entre los vecinos de Gori y el año anterior le correspondió el turno a la disentería.

El padre era un artesano zapatero muy pobre que curtía el cuero y las pieles, analfabeto e hijo de esclavos que labraban los campos en la aldea de Didi-Lilo. Antes de José el matrimonio había perdido ya a dos hijos a causa de la miseria en que el zarismo había sumido a todas las inmensas poblaciones de su imperio.

Aquí aparece una de esas falsificaciones que se ha convertido en una constante en las múltiples biografías del bolchevique georgiano: su padre sería un alcohólico que golpeaba con frecuencia a su hijo, lo que explicaba la especial sicología bárbara de Stalin y sus brutales métodos de gobierno. En efecto, el padre de Stalin era alcohólico y murió de una puñalada en una pelea de borrachos, pero la leyenda de las palizas no tiene un ápice de verdad. En una entrevista Stalin desmintió este extremo de forma expresa, pero sus palabras nunca tuvieron demasiado eco. En su vida privada Stalin solía contar con admiración que su madre era una mujer severa y enérgica y que, cuando era pequeño, era ella quien le zurraba y zurraba también al padre por sus borracheras. Nada fuera de lo común.

Su madre, sirvienta, también hija de siervos, aportaba los escasos recursos económicos con la esperanza de que el joven José se instruyera. Stalin comentaba de ella que era una mujer inteligente. Se refería a las cualidades de su espíritu, no a su instrucción, pues apenas sabía estampar su firma y nunca aprendió a hablar el ruso. Quedó viuda pronto, y se hizo más severa aún. Había tenido muchos , pero todos los demás hijos murieron de pequeños. Únicamente sobrevívió José. Se trataba de una mujer mUy devota y soñaba con que su hijo se hiciera sacerdote. Mantuvo su fe hasta el final de sus días. Poco antes de morir, cuando Stalin la visitó, aún insistía en que era una pena que no se hubiera ordenado sacerdote. Siempre demostró desdén por el cargo político que su hijo había alcanzado y eso a Stalin le gustaba. Nunca abandonó Georgia para trasladarse a Moscú, aunque Stalin se lo pidió expresamente. Siguió llevando su vida apacible, modesta, de sencilla y devota viejecita. Murió en 1936, cerca de los ochenta años de edad; su hijo quedó muy afectado por su muerte y, desde entonces, hablaba con frecuencia sobre ella con sus más allegados (1).

Por el contrario, el padre se opuso a que su hijo estudiara, ya que ello le privaba de unos ingresos que hubieran mejorado la precaria situación económica de la familia. La infancia del georgiano se desenvolvió en medio del hambre y las privaciones. La casa familiar era de madera y, frente a la puerta de entrada, podía verse la de una cueva que ampliaba aquella reducida estancia. En un libro de viajes, Gorki había descrito a Gori como una ciudad de cavernas, por la abundancia de este tipo de construcciones. Delante de la casa, una calle empedrada atravesaba la aldea, la mayor parte del tiempo como cauce de una corriente de agua. En el pueblo no había médico y, con cinco años de edad, José perdió a su tío y la familia abandonó la aldea para desplazarse a Tiflis, una capital de apenas 150.000 habitantes, donde Vissarion trabajó como obrero en un taller de calzado. No era la primera vez que fracasaba en su intento de establecerse por su cuenta como artesano independiente.

En 1888 comenzó a estudiar en la escuela parroquial de Gori, donde obtuvo un premio por su aplicación y, además, el Ayuntamiento le proporcionó una beca para que continuara su formación.

En aquella escuela comenzó a conocer la represión zarista. El primer curso fue en georgiano, pero en el segundo llegaron funcionarios rusos que prohibieron la enseñanza en el idioma vernáculo, imponiendo duros castigos y humillaciones a los niños que lo hablaban. Empezó a cundir entre ellos el espíritu de rebeldía, a través de la difusión de libros patrióticos de relatos. Aunque materialmente pobre, Georgia era un pueblo más formado que el ruso y tenía una rica tradición cultural que el zarismo transformó en rebeldía nacional.

Tras terminar sus estudios básicos, cuando cumplió los catorce años, su madre pudo matricularle en el seminario de Tiflis, que era la única institución de enseñanza superior que había en Georgia. La gestión del seminario de Tiflis estaba encomendada a la Orden de San Andrés, fundada por Pedro I. Allí estudiaban 260 alumnos en régimen de internado, la mayoría de ellos hijos de terratenientes y de altos oficiales del Ejército zarista. Pero en aquella época aquel seminario de Tiflis era también la única posibilidad de estudiar para los hijos de los pobres que acudían allí con más conciencia de clase que vocación religiosa. Ya antes de la llegada de José Dzhugashvili, el seminario era un hervidero de propaganda marxista que circulaba clandestinamente con más profusión que la cristiana. La enseñanza religiosa era ritual y limitada, e inferior en mucho a la enseñanza revolucionaria que corría de boca en boca, por elemental que fuese ésta. Cuando Stalin ingresó en el Seminario, hacía 20 años que los estudiantes promovían motines y revueltas. Por sus galerías habían desfilado varios hombres llamados a desempeñar un papel relevante en la historia de Georgia. Quince años antes había pasado por allí el menchevique Nicolás Chjeidze, aquel viejo zorro hipócrita, como lo llamaba Lenin. También Noé Jordania, el fundador de la socialdemocracia caucásica e impulsor de su corriente reformista, estudió allí diez años antes de llegar José Dzhugashvili. En sus aulas se sentaron los hermanos Lado y Vano Ketshoveli que están también entre los primeros organizadores bolcheviques de Georgia. En 1893, antes de la llegada de Stalin al seminario, Lado Ketshoveli ya había organizado un plante de los estudiantes contra algunos profesores exigiendo la enseñanza en georgiano. Pero fue expulsado con otros 86 alumnos, y no era la primera vez que eso sucedía. En 1885 Silvester Dzibladze abofeteó a un arzobispo, un ruso que había calificado al georgiano como un idioma para perros y, para desesperación de los clérigos, la mayoría de los estudiantes habían aplaudido el gesto de su compañero; dos años después otro estudiante ejecutaría al rector.

Junto con Armenia y Azerbaián, Georgia integra la Transcaucasia, entonces en la periferia del Imperio zarista, un rompecabezas de naciones y religiones donde habitaban en conflictiva convivencia, además de los tres pueblos citados, abjasios, turcos, judíos, kurdos, osetinos, chechenos y otros del más variado origen, todos ellos brutalmente enfrentados entre sí por el zarismo como forma de preservar su dominación. En su propia capital, Tiflis, los georgianos eran una minoría.

En su peculiar biografía de Stalin afirma Trotski -al más puro estilo racista- un supuesto origen oriental o, lo que es aún peor, asiático, e incluso mongol, del niño, para justificar sus posteriores crímenes y su despótica dictadura personal: El difunto Leónidas Krasin -comienza escribiendo Trotski- fue el primero que llamó a Stalin ‘asiático’. Al decir esto no pensaba en atributos raciales problemáticos, sino más bien en esa aleación de entereza, sagacidad, astucia, crueldad, que se ha considerado característica de los hombres de Estado de Asia. Las imputaciones racistas de Trotski no se acaban aquí: Los emigrados de Georgia en París aseguraron a Suvarin [...] que la madre de José Dzhugashvili no era georgiana sino osetina y que hay mezcla de sangre mongola en sus venas (2). La falacia de Trotski consistía en poner siempre en boca de terceros las afirmaciones propias que quería deslizar como un rumor notorio y compartido por todo el mundo, como cuando apunta que se ha considerado que los asiáticos son personas crueles, o cuando se ampara en unas supuestas afirmaciones de Krasin, o en las de los emigrados georgianos en París. En efecto, en la versión biográfica que Suvarin nos hizo llegar, no descuidó poner de manifiesto la fuerte dosis de sangre mongola transmitida por un turco o un tártaro (3). Esa misma preocupación por el origen étnico de Stalin manifiesta el biógrafo Emil Ludwig (4) y, naturalmente, los primeros biógrafos contrarrevolucionarios, que encuentran la sangre osetina en el padre y, por tanto, se trataría de una familia de genes persas, gente belicosa que luchó contra los turcos al lado de Pedro el Grande (5).Las referencias a una circunstancia étnica irrelevante, son propias de la época de entreguerras y de la guerra fría, desde el discurso de Churchill sobre el telón de cero, el mundo quedó dividido entre oriente y occidente, blancos y amarillos. Hoy día nadie reprocha el origen asiático de Sun Yat-Sen, Mao Zedong, Ho Chi-Minh o Kim Il-Sung. En todo caso, se trata de un tipo de afirmaciones por completo ajenas la marxismo y, por tanto, sirven para destacar el tipo de argumentos con los que se manipula sistemáticamente los acontecimientos vividos en la URSS en la época de Stalin. Evidencia también cómo se viene tomando por fuente historiográfica lo que no constituye más que una de tantas mixtificaciones de Trotski, que ha sido, junto con el Informe Secreto de Jruschov, el venero inspirador de todas esa colección de infundios. Por lo demás, la etnia blanca y europea se califica antropológicamente como caucásica precisamente, y Georgia fue considerada siempre por los colonialistas como el último baluarte de la cristiandad frente al otomano musulmán. No obstante, la manipulación de las coordenadas históricas es una constante que permite a las clases explotadoras justificar cualesquiera de sus mezquinos propósitos, por cambiantes que sean en cada momento.

Georgia es un país de altas montañas y valles estrechos que sólo se podía atravesar en trineo en invierno y en caballo en verano. Apenas tenía entonces dos millones y medio de habitantes; era un país pobre que se había incorporado el Imperio zarista en 1801. Sufría varios yugos sobrepuestos. La servidumbre no se había abolido hasta 1865 pero los campesinos aún era tratados como ganado. La administración rusa trataba a los georgianos como un pueblo conquistado. Entre privaciones materiales y sumido en una opresión feroz, el pueblo georgiano se alzaba con revueltas periódicas que alimentaban el alma colectiva con relatos de la resistencia al invasor ruso del norte. Además del hambre y las epidemias, los georgianos tenían una tercera plaga: los recaudadores de impuestos enviados por el zar. Circulaban octavilas y explotaban bombas; como en todo el gran Imperio, Georgia también comenzaba a alzarse contra la autocracia; se formaban círculos de lectura, se discutían los acontecimientos y se conspiraba.

En 1867 había comenzado la construcción del ferrocarril entre Bakú y Tiflis, con 2.000 obreros trabajando a lo largo de las vías férreas; en torno a las primeras industrias mecanizadas nacía un proletariado miserable al que los estudiantes del seminario, fuertemente influidos por los escritos de Marx y Engels, aportaban con ardor un objetivo socialista. Los obreros y estudiantes georgianos vieron pronto en el Manifiesto Comunista un reflejo exacto de su propia situación.

José Dzhugashvili, conocido por Sosso entre sus compañeros del seminario, sin ninguna clase de ingresos, llevará allí una vida austera, dedicada por entero al estudio, revelándose como un alumno brillante. Ya era ateo antes de ingresar en sus aulas, pero allí tuvo ocasión de reforzar sus convicciones al estudiar a Darwin y leer el Manifiesto Comunista. Su afición a la lectura era realmente sorprendente, hasta el punto de que su expediente académico está lleno de referencias a actos de indisciplina consistentes en leer libros o en disponer de ellos, que eran sancionados con el encierro en celdas de castigo.

La rebeldía natural que incubaba su generación tomó en él una forma consciente. Con ser muy importante, no bastaba con leer y saber. Sosso comprendió que había que organizarse y luchar por los de su clase pero, Georgia era un hervidero de grupos revolucionarios, a cada cuál más confuso, lo que no favorecía la elección. El problema era cómo luchar, cuáles eran los objetivos.

En 1895, con apenas 16 años, entró en contacto con los grupos de militantes desterrados en el Cáucaso, que le acercan al marxismo. Posiblemente entre ellos estuvieran Miguel Kalinin y Sergio Aliluiev, un obrero de Petersburgo -de origen gitano por cierto- que luego sería su suegro. Noé Jordania había fundado en 1892 Messamé-Dassi (La Tercera Vía), el partido socialdemócrata georgiano, llamadado de esa forma para diferenciarse tanto de la burguesía liberal como de los populistas. Con sólo 19 años de edad, en agosto de 1898 Sosso Dzhugashvili y una decena de alumnos del seminario entran en Messamé-Dassi.

Messamé-Dassi estaba dirigido por Jordania, que había impuesto en la organización el estilo de los marxistas legales, es decir, más bien un círculo de estudio que un partido combatiente. No había un línea estratégica definida ni vínculos sólidos con los demás grupos socialdemócratas de Rusia. Al ingresar en Messamé-Dassi, Dzhugashvili se entrevista con Jordania y le manifiesta su deseo de abandonar el el Seminario para dedicarse por entero a la lucha política. Jordania le aconsejó seguir preparándose dentro del Seminario. Tres meses después Jordania se entera por terceros que Dzhugashvili está actuando por su cuenta entre los trabajadores ferroviarios de Tiflis y que distribuye propaganda contra el zarismo y contra ellos: Dzhugashvili ya estaba enfrentado a la tendencia conciliadora y reformista de la organización socialdemócrata georgiana. Dentro de ella se encarga de la redacción del programa de estudios de los círculos obreros, poniendo de manifiesto una buena preparación teórica e intelectual, un dominio muy amplio de las obras de los clásicos marxistas y, sobre todo, una claridad expositiva capaz de hacer comprensible el materialismo dialéctico a los obreros que pocos revolucionarios han sido capaces de desarrollar. Comienza a impartir cursos de marxismo a los obreros avanzados, explicándoles El Capital, el Manifiesto Comunista y demás obras básicas de Marx y Engels que él había estudiado a escondidas en el seminario.

A la clandestinidad con 21 años

El 29 de mayo de 1899 por la tarde fue sorprendido por los clérigos cuando saltó los muros del seminario para apoyar a los obreros en huelga. Es expulsado del seminario antes de finalizar sus estudios y se gana la vida dando clases particulares. Pero su verdadera atención la tiene puesta en el círculo de obreros ferroviarios de Tiflis, al que pretende sacar del estrecho campo de la lectura y la discusión. Esto le aleja definitivamente de Jordania y el reformismo. En torno a los hermanos Ketshoveli, Miguel Tshakaja y otros, se va formando un núcleo que va bastante más allá de la literatura. Kvali el periódico que editaba legalmente Messamé-Dassi, no les parece suficiente. La censura impedía tratar los asuntos políticos más candentes, lastrando la evolución del movimiento obrero.

Pero Ketshoveli y Dzhugashvili, por más que lo intentan, no logran editar un periódico propio clandestino. Sólo alcanzan a distribuir octavilas en las fábricas con un contenido abiertamente político, algo inusual hasta entonces. El Primero de Mayo de 1900 obtienen un clamoroso éxito cuando organizan la primera manifestación de masas, consistente en unos 500 obreros que se reúnen en los alrededores de Tiflis con baderas rojas y retratos de Marx y Engels. Ante ellos Sosso pronuncia su primer discurso público. Algo empieza entonces a cambiar: el estudiante georgiano no se dirige ya a un pequeño círculo de intelectuales sino a las masas de obreros, y eso exige aprender algo que los libros no pueden enseñar. Dzhugashvili tiene que fundirse con los trabajadores, conocer sus problemas, hablar su mismo lenguaje.

A causa de la extensa actividad política desplegada, Dzhugashvili comienza también a ser muy conocido por la reacción; la policía ya le vigila y hasta sus oidos llega el nombre de guerra de un agitador que llegará a ser temible: Koba. Es aún muy joven pero empiezan entonces a forjarse algunas cualidades que le destacarán como revolucionario profesional. Sabe moverse en la clandestinidad; tiene constancia y manifiesta una voluntad inquebranbtable; reúne a los luchadores más avanzados de cada fábrica; es un organizador concienzudo y su sencillez le acerca a los obreros, que le consideran uno de los suyos.

Lo que aún le falta no tarda mucho en llegar. En agosto de 1900, al tiempo que Lenin salía para Suiza, entra en contacto con Víctor Kurnativski, uno de los iskristas que envía a Tiflis para impulsar la difusión del periódico que debía conducir a la reorganización del Partido y a la lucha contra las tendencias economicistas y conciliadoras. Kurnativski llegaba a Tiflis para exponer el proyecto de Iskra y se encontró con aquellos jóvenes que no habían logrado sacar adelante un periódico ilegal. Las charlas de Kurnativski encajaron en un marco más general todo aquel descontento que los hermanos Ketshoveli, Dzhugashvili y otros experimentaban de una manera confusa. Koba descubre entonces que no era un problema personal con Jordania, ni un problema georgiano exclusivamente, sino toda una tendencia dentro de la socialdemocracia internacional con la que había que romper de forma resuelta. Era la concepción misma del partido la que estaba en juego; había que acabar con los reducidos círculos de discusión y pasar a la acción de masas, a la agitación y a las manifestaciones en las calles.

A Koba se le abre entonces una nueva perspectiva, mucho más amplia. Lo que hasta entonces no era más que una intuición confusa, adquiere todo el peso de la concepción marxista del partido, de la vanguardia dirigente, de la estrategia, de la lucha de clases. Había que reagrupar a los círculos dispersos, salir del localismo, encarar la lucha política contra la autocracia.

Kurnativski les enseñó a aquellos jóvenes georgianos cómo montar una imprenta clandestina y les propuso que lo hicieran en Bakú, un fuerte centro proletario, mejor que en Tiflis. Allí podían contar, además, con el apoyo de Leónidas Krasin, el ingeniero de la central térmica, hermano de un militante bolchevique muy próximo a Lenin. Acordaron que Lado Ketshoveli partiera para Bakú para encargarse de esa tarea y que Koba se quedara en Tiflis para aportar los fondos económicos necesarios para instalar la imprenta.

El objetivo era claro: había que ganarse a las masas con el periódico y convocar manifestaciones contra la autocracia, rompiendo el estrecho marco de las reivindicaciones sindicales. Había que desfilar por el centro de la ciudad, ante todo el mundo, no por la periferia, como habían hecho en el Primero de Mayo anterior. En base a los núcleos obreros existentes, había que sentar las bases del movimiento socialdemócrata georgiano y tejer lazos entre la teoría revolucionaria de vanguardia y el movimiento obrero. Lo mismo que Lenin en Rusia, los jóvenes del Cáucaso comienzan a salir del reducido marco de los intelectuales y teóricos, por un lado, y de los economistas y practicistas estrechos por el otro, fundiendo la teoría con la práctica.

En marzo de 1901 Kurnativski es detenido junto con otros militantes, pero Koba Dzhugashvili se libra de la redada, aunque su vivienda y su lugar de trabajo en el Observatorio Metereológico fue registrada por la Ojrana, la sección especial de la policía zarista dedicada a la represión política. Tiene que pasar a la clandestinidad, de la que ya no saldrá hasta la Revolución de 1917. No había cumplido aún los 22 años y, al igual que él, todos los revolucionarios se habían lanzado a la lucha contra la autocracia muy jóvenes, como jóvenes han sido siempre todos los comunistas. Sin embargo, ya sabían de la clandestinidad, de burlar las pesquisas policiacas, de reunirse, organizarse y salir a la calle a enfrentarse con las tropas. Revolucionario profesional, la juventud de Dzhugashvili no conoce domicilio fijo; transcurre bajo nombre supuesto y documentación falsa, eludiendo siempre las persecuciones policiales y a expensas de los recursos de las organizaciones revolucionarias locales, primero en Georgia, luego en el Cáucaso y finalmente en toda Rusia.

Ni la clandestinidad ni la detención de Kurnativski paralizan el trabajo político emprendido. Otros militantes como Dzhugashvili transmiten las consignas leninistas y se ponen inmediatamente a la tarea. En agosto una huelga masiva en los talleres ferroviarios de Tiflis señala otra vez el tránsito desde los círculos de estudio hacia la agitación y el trabajo político de masas.

A mediados de año Lado Ketshoveli ya tiene dispuesta la imprenta en Bakú, a la que se le dió el nombre clandestino de Nina; por su parte, Lado Ketshoveli, que tenía correspondencia directa y secreta con Lenin, fue conocido como el padre de Nina. Después de la revolución de 1917, un anciano musulmán llamado Jachim contó cómo funcionaban en aquella época las imprentas bolcheviques. Había conocido a Dzhugashvili después de que éste desmantelara la imprenta del cementerio en el que la tenía instalada y se la llevara consigo. La tarea no era nada sencilla; en aquella época una imprenta era el tesoro más preciado para una organización revolucionaria, pero se trataba de una máquina grande y pesada que había que desmontar para traladarla por piezas. La vigilancia de la policía hacía ese transporte aún más complicado para los revolucionarios. Por si no fuera suficiente, junto con la rotativa había que desplazar a los obreros tipógrafos que conocían su funcionamiento. La sede de la imprenta debía ser completamente segura y a la mínima sospecha había que desmontarla deprisa; los tipógrafos eran militantes bolcheviques a toda prueba: disciplinados, discretos y capaces de trabajar día y noche, semanas enteras sin descanso. La rotativa y el tipógrafo bolcheviques eran las arterias por las que corría el huracán revolucionario hasta la conciencia de los más explotados y oprimidos. Nada podía fallar pero había que encontrar a militantes seguros y capaces. Normalmente la imprenta se albergaba en las viviendas de personas que, como el viejo Jachim, no estaban fichadas por la policía. Este humilde campesino se dirigió a Koba después de escucharle en un discurso y le llamó afirjatza, que significa dirigente y héroe popular en abjás: Pareces nacido del trueno y el relámpago. Eres ágil y posees un gran espíritu y un corazón inmenso, le dijo. Y es que Stalin hablaba directamente al corazón de las masas obreras y campesinas con un lenguaje extremadamente sencillo que desentrañaba sus problemas y les ofrecía soluciones precisas. El viejo se prestó a albergar a Koba Dzhugashvili y a instalar la imprenta en su misma casa. Un numeroso grupo de obreros tipógrafos acudía allí todos los días disfrazados de mujeres, cubiertos por el fulard musulmán. Pero los vecinos no tardaron en alarmarse por el ruido espantoso de la rotativa y no dejaban tampoco de resultar sospechosas esas idas y venidas de Jachim a las puertas de la fábrica con una pesada cesta por los caminos, en la que bajo las hortalizas se escondía el papel tintado de las octavillas, folletos, periódicos y libros convocando a la lucha contra el opresor. Pensaron que el anciano Jachim, su misterioso amigo Koba y aquellos tipógrafos disfrazados de mujer fabricaban moneda falsa. Se fueron a hablar con ellos porque comprendían que la miseria empujara al anciano hacia el delito. Fue Koba quien les explicó que efectivamente era la miseria la que había empujado a Jachim hacia una actividad distinta del arado, pero que no se trataba de moneda falsa sino de propaganda contra la autocracia. La charla del georgiano se prolongó varias horas y su persuación logró que aquellos humildes campesinos colaboraran en la elaboración y la distribución de la propaganda. Muchos años después, el anciano Jachim fue descubierto y tuvo que huir de su pueblo. Cuando tras la Revolución pudo regresar a su hogar, la pesada rotativa y todas sus piezas estaban dispersas entre las zarzas que habían invadido su huerto. Reunió las piezas y le dijo a su hijo: Mira, con esto hemos hecho la Revolución (6).

Una vez instalada, la imprenta de Bakú no descansó. La tirada de algunas octavillas alcanzó los cien mil ejemplares y desde ella se surtía de proclamas, folletos, libros y periódicos a los comités revolucionarios de otras regiones fuera del Cáucaso. La importancia de aquella primera imprenta de Bakú fue tan grande que fue allí donde se imprimieron algunos números de Iskra que luego se distribuían por todo el extenso territorio de Rusia. Al detectar la instalación de la imprenta, la Ojrana la situó en Petersburgo y eso permitió que pudiera seguir funcionando durante mucho tiempo, por más que las detenciones y asesinatos cambiaran a sus integrantes. El 31 de diciembre de 1901 los aduaneros detectaron en Bakú una caja de doble fondo con los clichés del Iskra procedentes de un buque francés que había arribado a Batum. Fue detenido Ketshoveli y aunque ferozmente torturado durante meses, no delató el sitio que albergaba la imprenta. El 30 de agosto de 1903 fue asesinado de un tiro en la cabeza. Gracias a su extraordinario sacrificio, su obra siguió funcionando durante años, llevando al proletariado la savia ideológica revolucionaria que debía guiar sus pasos.

Fruto de la nueva línea leninista, Koba Dzhugashvili organiza otro Primero de Mayo, para lo que despliega una impresionante campaña de agitación distribuyendo octavillas por todas las fábricas. El dia señalado cerca de 2.000 personas se concentran en el Soldatski Bazar, en el centro de Tiflis, produciéndose violentos choques con las tropas cosacas que blandían sus nagaikas, con un saldo de catorce obreros heridos y otros cincuenta detenidos.

Esto marcó toda una etapa dentro del movimiento obrero georgiano: la revolución no era una camino alegre. Son cosas que no se aprenden en los manuales, que requieren un aprendizaje en la propia carne pero que, una vez experimentadas, permiten prepararse mejor, dar una salto en el compromiso político. Habría que sufrir, prepararse para los más duros sacrificios, crear una verdadera organización de combatientes. Al día siguiente se decretó la ley marcial en Tiflis y dos semanas después desembarcó un equipo especial de la Ojrana para perseguir a los socialdemócratas locales. Desde el número 6 de Iskra Lenin se hizo eco de la importancia de esta movilización: Los sucesos que se han producido el domingo 22 de abril [calendario antiguo] en Tiflis, marcan una fecha histórica para todo el Cáucaso: a partir de ese día, un movimiento revolucionario declarado ha comenzado en el Cáucaso.

La imprenta de Bakú permite que en setiembre de 1901 aparezca Brdzola (La Lucha), el primer periódico marxista en lengua georgiana o, como decía él mismo en el editorial del primer número, el primer diario libre de Georgia, imprescindible para superar las concepciones economicistas estrechas y pasar a la batalla política contra la autocracia. Koba Dzhugashvili, demostrando su sólida formación marxista, redactaba los artículos de fondo más importantes del periódico. A Georgia llegaba el Iskra leninista, pero al estar redactada en ruso, los obreros no podían comprenderla, por lo que la aparición de Brdzola tuvo una extraordinaria importancia para el desarrollo del movimiento obrero caucásico. A diferencia de otros órganos del Partido, no se trataba sólo de un complemento local del Iskra con noticias de interés sectorial, sino un verdadero órgano central, en el que Dzhugashvili abordaba trascendentes cuestiones ideológicas y políticas de actualidad. Sólo se publicaron cuatro números de Brdzola, los dos últimos cuando Ketshoveli y Dzhugashvili estaban ya en prisión. Pero no se dejó de publicar porque fuera desmantelada la imprenta de Bakú, sino porque la detención de Ketshoveli y Dzhugashvili y otros dejó al periódico sin redactores. Sin lugar a dudas fue, con el Iskra leninista, el mejor periódico socialdemócrata. Lenin saludó efusivamente la iniciativa de sus camaradas georgianos, en cuya lucha contra el liquidacionismo coincidían totalmente.

El 11 de noviembre de 1901 se celebra la Conferencia de la organización socialdemócrata de Tiflis, resultando elegido Dzhugashvili como miembro del comité de dirección de la ciudad. Pero Jordania maniobró para deshacerse de él enviadolo a Batum, donde la organización estaba dominada por Chjeidze. Cerca de la frontera de Turquía, Batum era una pequeña ciudad portuaria de 35.000 habitantes que disponía sin embargo de un núcleo de obreros de las refinerías de petróleo muy importante. La organización socialdemócrata era allí totalmente legal y nunca se habían convocado manifestaciones. Ante esta situación Koba Dzhugashvili tuvo que actuar por su cuenta, trabando contacto con los obreros más avanzados y poniéndolos en relación con el Partido. En muy poco tiempo, la organización se extiende a los principales centros de trabajo e incluso entre los campesinos. Chjeidze reaccionó escribiendo cartas contra Dzhugashvili al comité de Tiflis.

Koba no se detiene por eso: redacta y difunde entre el proletariado numerosas octavillas, comunicados y manifiestos de agitación que le permiten organizar las primeras huelgas en aquella localidad. El despido de 389 obreros en la fábrica de Rothschild el 8 de marzo de 1902, tuvo una respuesta eficaz por parte de los obreros de Batum, que se movilizaron organizadamente por vez primera. Se convocó una huelga y 32 obreros fueron detenidos. A consecuencia de ello unos 600 de sus compañeros marcharon exigiendo la liberación de los represaliados. Todos ellos fueron detenidos y encarcelados. Pero la policía no logró detener el movimiento: una nueva manifestación obrera recorre de nuevo las calles de Batum y las consignas sindicales se mezclan con las proclamas dirigidas directamente contra el zarismo. La policía dispara, asesina a 15 de ellos y hiere a 54.

Era el bautismo de sangre del movimiento obrero georgiano, que de nuevo volvía a experimentar en sus carnes que no habría revolución sin lágrimas y que, a su vez, deberían golpear con más fuerza, devolver sangre con sangre, si querían lograr sus objetivos. Por medio de la dura prueba de las manifestaciones, los obreros van comprendiendo la necesidad de pasar de la lucha sindical a la lucha política contra la barbarie zarista, de la lucha contra el patrono a la lucha contra la burguesía como clase y contra su Estado.

Pero las pesquisas de la policía se dirigen contra la cabeza, contra los organizadores socialdemócratas. Koba Dzhugashvili estaba considerado como un revolucionario extraordinariamente peligroso, el más perseguido por la Ojrana. Fue el militante bolchevique más veces encarcelado y el que más veces se fugó de las mazmorras zaristas, convirtiéndose en la auténtica columna vertebral del Partido en el interior de Rusia, en el ejecutor material de la política revolucionaria leninista en el corazón del imperio zarista.

El 5 de abril de 1902 Koba Dzhugashvili, con 23 años de edad, fue detenido por primera vez durante una reunión del Comité del Partido de Batum a causa de la delación de Okladski. Le encarcelaron durante ocho meses, primero en Batum, luego en Kutais y finalmente le deportaron a Siberia durante tres años. Le esperan largas jornadas de privaciones en Novaia Uda, distrito de Balaganski, en la región siberiana de Irkutsk. Es allí donde en diciembre de ese mismo año recibe una carta de Lenin.

La reunión tenía como objetivo preparar la Conferencia caucásica. Estando en prisión, en marzo de 1903 se celebra una Conferencia en Tiflis para agrupar y coordinar a las diversas organizaciones socialdemócratas del Cáucaso que venían funcionando de manera aislada. Los diversos Comités se fusionan y adoptan el nombre de Unión Caucasiana del POSDR, adoptan el programa propuesto por Lenin en Iskra y crean un centro dirigente para el que eligen, entre otros, a Koba. También aprueban los Estatutos de la organización que, en una región tan conflictiva, adopta un marcado carácter internacionalista. Por encima de cualquier origen nacional, constituyen una dirección única para agrupar a los obreros de todas las nacionalidades oprimidas y dirigir la lucha contra la opresión zarista.

Poco después, en abril de 1903, apareció Proletariatis Brdzola (Lucha Proletaria), portavoz de la Unión Caucasiana, una revista clandestina que fusiona el Brdzola georgiano con el Proletariat armenio, y que se difundía en tres lenguas con tres cabeceras diferentes: Proletariatis Brdzola en georgiano, Proletariati Kriv en armenio y Borba Proletariata en ruso.

En julio de aquel mismo año el POSDR convoca una huelga general en Bakú que se extiende inicialmente a Tiflis y luego se propaga como un alud por todo el sur de Rusia: Odessa, Kiev, Ekaterinoslav...

Muy lejos de allí, en Bruselas, se celebró a finales del mes de julio de aquel año el histórico II Congreso del POSDR, que marca la escisión entre bolcheviques y mencheviques. En este Congreso Lenin y los bolcheviques rechazaron las tesis de los delegados oportunistas sobre la naturaleza del partido, de la vanguardia de la clase obrera. El plan había sido diseñado por Lenin en el periódico Iskra y se basaba, por un lado, en la cohesión interna de la organización; por el otro, en deslindar posiciones respecto a los demás partidos: Antes de unificarse y para unificarse es necesario empezar por deslindar los campos de un modo resuelto y definido, era el lema del periódico (7). Estos dos sencillos principios leninistas son desde entonces los puntos de choque con los reformistas -desde entonces llamados mencheviques- y lo que diferencia a un partido comunista de cualquier otra forma de organización. Un partido comunista, decía Lenin, es una organización formada por revolucionarios profesionales y dirigida por verdaderos dirigentes de todo el pueblo, lo que necesariamente desemboca en una organización no muy amplia y lo más clandestina posible. Nuestrea tarea consiste, dijo Lenin en este Congreso, en mantener en la clandestinidad a un grupo más o menos reducido de dirigentes e incorporar al movimiento a una masa lo más amplia posible.

Los mencheviques defendían otra concepción organizativa; hablaban de un partido de masas basado en la unión de fuerzas diversas, con tendencias incluso opuestas y, por supuesto, abierta y legal. Trotski, que participó en el Congreso, apoyó activamente a los mencheviques, acusando a Lenin de prenteder crear un grupo de conspiradores en lugar de una partido. Esa posición del trotskismo como una variedad del menchevismo, apareció reforzada por las propias tesis de Trotski que, al igual que todos los revisionistas, no sólo ignora las tesis leninistas acerca de la unidad del Partido, sino que alienta y promueve toda clase de facciones en su seno.

Después del Congreso, Trotski combatió sus resoluciones. Lenin decía el 14 de octubre de 1904 en una carta a E. Stasova, F. Lengnik y otros: Hace poco se ha publicado un nuevo folleto de Trotski [...] El folleto constituye la más insolente mentira, un falseamiento de los hechos [...] El II Congreso ha sido, según él, un intento reaccionario de afianzar los métodos de organización propios de los círculos, etc. Este folleto es una bofetada tanto a la Redacción actual del Órgano Central como a todos los militantes del partido (8).

Gráficamente puede decirse que en su crítica a los populistas (que por estas fechas se habían transformado en socialistas revolucionarios o eseristas) los mencheviques se habían deslizado por el otro extremo: mientras los populistas concedían el papel protagonista de la revolución democrática a los campesinos, los mencheviques se la concedían a la burguesía. Estos últimos, lo mismo que Trotski, no tenían en cuenta para nada a los campesinos, a los que consideraban una masa amorfa y reaccionaria que necesariamente estaba enfrentada al proletariado. Esta será una cuestión decisiva, no solamente para dirigir la revolución, sino incluso después durante la construcción del socialismo, hasta el punto de que Trotski acusará a Stalin de desviación campesina por defender esta tesis. Para los bolcheviques el proletariado era la fuerza dirigente, tanto durante revolución democrática como durante la revolución socialista; pero el campesinado era una fuerza de reserva enorme con la que había que contar necesariamente para llevar adelante ambos procesos. La clase obrera, decía Lenin, no puede subordinarse al campesinado, pero debe contar con él si quiere llevar adelante la revolución.

El 5 de enero de 1904 Koba huye del destierro. Era la primera de una larga cadena de fugas, casi tan larga como sus detenciones. Tras un largo recorrido que dura un mes, regresa a Tiflis y se casa con Ekaterina Svanidze y, aunque al año siguiente nace su hijo Jacobo, la alegría dura muy poco porque dos años después, en 1907, muere su mujer.

Se reintegra en la organización socialdemócrata y en la redacción de Proletariatis Brdzola. Pero la situación que se encontró dentro del Partido a su llegada no era fácil. Al regresar Jordania del II Congreso, había logrado que la mayoría de la organización de Tiflis se posicionara a favor de los mencheviques, consumando en el Cáucaso la escisión producida dentro del Partido. Pero Dzhugashvili no duda en ponerse del lado leninista, aunque la escisión le obliga a multiplicar su trabajo político: a la batalla contra el zarismo se une otra batalla, esta vez interna, por lo que se ve obligado a poner en tensión todas sus energías.

La situación era distinta en Bakú porque allí la organización se había alineado con los bolcheviques. Por eso Dzhugashvili se trasladó allí en junio, disolvió la organización existente y la reorganizó de nuevo sobre principios leninistas. Aunque se mueve ya por todo el Cáucaso, es en Bakú donde fija su residencia para luchar contra los mencheviques, consiguiendo convertir en una fortaleza proletaria a esta ciudad del Mar Caspio.

Al perder el control sobre los órganos de dirección del Partido, los bolcheviques preparan el III Congreso, para lo cual en agosto de 1904 organizaron una conferencia en Suiza a la que asisitieron 22 delegados. En cumplimiento de estos acuerdos, en noviembre de 1904 Dzhugashvili agrupa a los bolcheviques caucasianos en una Conferencia de todas las organizaciones regionales con la perspectiva puesta en el nuevo Congreso.

El combate contra los mencheviques se desata también en el ámbito de la teoría y de la prensa. En el segundo número de Proletariatis Brdzola, publicado en enero de 1905, aparece un artículo contra las tesis reformistas acerca del Partido. En abril de 1905 publica Vistazo rápido a las divergencias en el Partido, un ataque a la línea de flotación de los mencheviques que se tradujo al ruso y al armenio. Se trata de un estudio de gran calado que mereció el elegio de Lenin. Estos escritos contribuyeron a desmantelar las posiciones mencheviques en el Cáucaso, constituyendo el más sólido baluarte de las tesis leninistas en la región.

En setiembre de 1904 aparece su primer artículo en Proletariatis Brdzola, titulado Cómo entiende la socialdemocracia la cuestión nacional. Analiza las diversas posturas de las clases sociales en Georgia sobre la cuestión nacional, un tema que, como integrante de la organización caucásica, le preocupará siempre de manera especial.

En los confines de su imperio, el zarismo había ideado como método de dominación, el estímulo del odio y las matanzas entre las múltiples nacionalidades: armenios, judíos, georgianos, azeríes, tártaros, etc. Frente a esta situación, en todos sus escritos José Dzhugashvili defendió siempre de manera intransigente el internacionalismo proletario, la unidad de la clase obrera por encima de todo, así como el más escrupuloso respeto por la igualdad de todos los pueblos oprimidos y la reconquista de sus plenos derechos nacionales, incluido el derecho a la autodeterminación. Así, cuando el 13 de febrero de 1905 se produjo un sangriento incidente entre tártaros y armenios provocado por la policía de Bakú, redactó un llamamiento: ¡Viva la fraternidad universal!

El artículo es su primera gran aportación a este tema, del que será el gran experto de los bolcheviques. En especial analiza cómo la burguesía nacionalista, ante la escasez de sus fuerzas, trata de arrastrar tras de sí al proletariado adoptando apariencias socialistas. De ese modo la burguesía logra, además, dividir a la clase obrera según su origen nacional, que es la misma política que persigue el zarismo: La autocracia persigue de una manera bandidesca la cultura nacional, la lengua, las costumbres y las instituciones de las nacionalidades 'extrañas' de Rusia. Las priva de los derechos cívicos indispensables, las oprime en todos los sentidos, siembra entre ellas de una manera farisaica la desconfianza y el encono, las instiga a choques sangrientos, demostrando con ello que la única finalidad de la autocracia rusa es enemistar a las naciones que pueblan Rusia, exacerbar entre ellas las discordias nacionales, reforzar las barreras nacionales y desunir así con más éxito a los proletarios, atomizar con más éxito a todo el proletariado de Rusia, dividiéndolo en pequeños grupos nacionales, y cavar de este modo una tumba para la conciencia de clase de los obreros, para su unión de clase. Por el contrario, la posición de la clase obrera debe ser bien distinta: La destrucción de las barreras nacionales y la unión estrecha de los proletarios rusos, georgianos, armenios, polacos, judíos, etc., es condición indispensable para la victoria del proletariado de Rusia. El Partido -afirma Stalin- es la organización proletaria de vanguardia de Rusia; no es un partido ruso; agrupa a los obreros por su clase social, no por su nacionalidad.

Luego pasa a examinar un punto extraordinariamente interesante para la táctica revolucionaria: es imposible la liberación de las nacionalidades oprimidas mientras el dominio político se encuentre en manos de la burguesía; pero esto -añade- es sólo un concepto general que no excluye que puedan darse condiciones económicas y políticas en que los círculos avanzados de la burguesía de las nacionalidades 'extrañas' deseen la liberación nacional. Para ello el Programa del Partido tenía previsto el reconocimiento de la plena independencia de las nacionalidades oprimidas. Por eso la vanguardia proletaria no puede defender ninguna opción concreta, ni la unión ni la separación, al margen de las condiciones en las que se se deba ofrecer una solución taxativa a ese dilema: Lo que a nosotros nos incumbe -finaliza Stalin- es conquistar para ellas el derecho de resolver esta cuestión, esto es, lo que luego se llamó el derecho de autodeterminación, que es un principio abstracto que deja abiertas todas las posibilidades sin pronunciarse por ninguna de las opciones, ni por la unión ni por la separación.

El 13 de diciembre Dzhugashvili organiza otra huelga general en Bakú con la consigna de la jornada de ocho horas y aumentos salariales, entre otras. Fue un éxito total ya que obligó a la patronal, por primera vez en la historia de Rusia, a firmar un convenio laboral con los obreros. Este trabajo sindical inclina definitivamente al proletariado de Bakú del lado de los bolcheviques, donde tendrán siempre una de sus más firmes fortalezas. Fue el comienzo del auge revolucionario en el Cáucaso, que porteriormente se transmitiría a toda Rusia hasta desatar la Revolución al año siguiente.

* * *

Notas:

Diez años mayor que Stalin, Noé Jordania tenía un enorme prestigio entre la socialdemocracia rusa. Había regresado del exilio, donde conoció a Plejanov y Kautski. En 1903 participó en el II Congreso del POSDR con voz pero sin voto. En 1906 fue diputado de la Duma (Parlamento) y a partir de 1907, miembro del Comité Central menchevique. En febrero de 1917 encabezó el soviet de Tiflis y tras la Revolución de Octubre, en 1918, y hasta 1921, el gobierno independiente contrarrevolucionario en el Cáucaso, a las órdenes de los imperialistas alemanes. Al año siguiente, tras el desalojo de los alemanes y su sustitución por los ingleses, se puso al servicio de éstos para dirigir una Federación Transcaucásica controlada por ellos. Tras ser derrotado por los bolcheviques, en 1924 estableció su cuartel general en París con una subvención del gobierno francés de cuatro millones de francos. Dos estrechos colaboradores georgianos de Jordania, Karumdzé y Sadatierachvili, fueron juzgados en Alemania en 1930 por fabricar billetes soviéticos (chervonetz) falsos, destinados a ser distribuidos en el Cáucaso para sembrar el caos y justificar así una intervención extranjera. Tras ellos dirigían los hilos los imperialistas alemanes, capitaneados por el general Hoffmann. Noé Jordania falleció en 1953 al mismo tiempo que Stalin.

Nicolás Chjeidze había nacido en 1864. Destacado dirigente menchevique, ocupó cargos políticos importantes en la Rusia zarista. Fue presidente del grupo parlamentario menchevique en la Duma y tras la revolución de febrero de 1917 presidente el soviet de Petrogrado. En tal condición acudió a la estación de tren de Petrogrado para recibir a Lenin. Luego, en mayo, fue ministro con Kerenski y después de la Revolución de Octubre se exilió.

El populismo ruso fue una corriente pequeñoburguesa que surgió en los años setenta del siglo XIX. Se consideraban socialistas, pero su socialismo era utópico y tenía más parecido al anaquismo; de hecho, fue conocido en Europa occidental como nihilismo. Su objetivo era derrocar la autocracia y entregar la tierra de los latifundistas a los campesinos. No confiaban en la clase obrera como motor de la revolución, sino en los campesinos. Tampoco confiaban en las masas, sino en la acción de los héroes y en el atentado individual espectacular, al más puro estilo blanquista. A finales del siglo fueron perdiendo su carácter revolucionario y los que mantuvieron la bandera de lucha contra el zarismo se denominaron socialistas revolucionarios, más conocidos por sus siglas como eseristas.

Ivan Okladski era un antiguo militante populista que se prestó a colaborar con los verdugos zaristas cuando iba a ser ahorcado en la cárcel de Petersburgo. Tras la Revolución siguió colaborando con los zaristas, hasta que fue capturado por la Cheka en 1925 y fusilado.

(1) Svetlana Stalin: Rusia, mi padre y yo, Planeta, Barcelona, 1967, pgs.221 y 222.

(2) León Trotski: Stalin, Plaza y Janés, Barcelona, 1967.

(3) Staline. Aperçu historique du bolchevisme, Éditions Gérard Lebovici, Paris, 1985, pg.33.

(4) Staline, Éditions de Deux-Rives, París, 1945.

(5) G.Bessedovski y M.Laporte: Staline. L'Homme d'acier, Alexis Redier Éditeur, Paris, 1932, pg.21.

(6) Henri Barbusse: Stalin, un mundo nuevo visto a través de un hombre, Editorial Cénit, Madrid, 1935, pgs.31 y 32.

(7) V.I.Lenin: «¿Qué hacer?», en Obras Escogidas en doce tomos, tomo II, pg.20.

(8) V.I.Lenin: Obras Completas, tomo 46, pg.450

* Biografía extraída de la censurada web "www.antorcha.org"

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