Partido Comunista Obrero Español
 
 
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¿En qué momentos vivimos?

 

                Todos los análisis de todos lo partidos de derecha e izquierda coinciden en lo esencial. Se acerca una crisis económica que será más o menos profunda dependiendo del interés que tenga cada partido de que se produzca. El gobierno lo hará para justificar determinadas políticas que aplicará si vuelve a ganar las elecciones. La oposición parlamentaria de derecha e izquierda se refieren a ella para colocar al gobierno en una situación de culpabilidad, también pensando en los próximos comicios.

                Las organizaciones extraparlamentarias aprovechamos la oportunidad real que nos ofrece el estado de la crisis, para subrayar la precariedad estructural del capitalismo. Las condiciones objetivas están dadas. Claro está, que no corresponden a una situación prerrevolucionaria, aunque sí son buenas para que los revolucionarios avancemos posiciones.

                ¿Y las subjetivas en qué estado se encuentran? Muchos dirán que no se dan ¿Por qué? Porque creen que la realidad subjetiva la componen ellos, lo que ocurre es que al mirarse así mismos se percatan de que no son nada y como sus análisis no dan para mucho, volverán a caer en el mismo error de siempre. Harán llamamientos sin voz y sin que encuentren oídos prestos a escucharles. Repetirán las mismas consignas ¡Unidad de la izquierda! ¡Unidad de la clase obrera! Como si bastase con desearla para que ambas se produzcan. Nuevamente el tiempo transcurrirá, el capitalismo se rehará entre tanto los trabajadores esperarán en vano al Mesías.

                La izquierda extraparlamentaria agrupada en torno a una mesa destinará toda su atención, dinero y disposición física a difundir copiosa propaganda denunciando al sistema y apelando a la unidad de los trabajadores. Cuando pase el tiempo sin que los trabajadores respondan a sus consignas y ya recuperado el sistema de su crisis, retornarán al pasado cuando no repetirán hasta que ellos mismos se lo crean: la clase obrera no reaccionó porque no concurrían las condiciones subjetivas. He aquí el dilema de la izquierda extraparlamentaria, saber en qué consiste las condiciones subjetivas, pues se pierden en un circulo vicioso, si no hay partido desarrollado no habrá movimiento en la clase obrera y por el contrario lo mismo, entonces ¿Por dónde empezar? Y así pasan el tiempo.

                Decíamos en un principio que en las épocas en las que el reformismo encuentra asiento en las circunstancias que le son favorables a su desarrollo, los partidos obreros no podemos hacer otra cosa que posicionarnos a efectos de que cuando llegue el momento, los trabajadores sepan adonde acudir.

                Hoy en día apuntan señales de un cambio de actitud entre los trabajadores. Apenas ha comenzado la crisis y ya hablan de no llegar a fin de mes porque les asfixia la hipoteca. Los cierres y las deslocalizaciones de empresas, unidas a los malos augurios que presagian el aumento del paro crea a su alrededor un ambiente de preocupación. Todos los elementos desfavorables les hacen abrirse al mundo, las octavillas las leen, antes la tiraban, se deciden a desentrañar su situación doméstica cuando antes las ocultaban. Se van dando cuenta que la reagrupación de sus préstamos en uno solo y su ampliación en años, que les vino bien para tener cosas y además les sobraran dinero, se han transformado en una pesadilla. Ya no pueden pagarlo y le queda un montón de años. Sin embargo, todo cuanto decimos puede ser un arma de doble filo.

                Es cierto, aún no es la mayoría la que se expresa en estos términos pero seguro que de agravarse la crisis como se prevé, el fenómeno abarcará al conjunto de los trabajadores. Pero he aquí, que estos lo que reciben es una o un millón de octavillas que le denuncian lo que ellos ya saben, si bien nada de lo que esperan saber ¿Qué hacer? Se preguntan ¿Cómo combatir? Hasta aquí no llega la izquierda extraparlamentaria, no está situada en el sitio preciso, solo puede llegar hasta la denuncia sin salida práctica. En realidad lo que se le está pidiendo por parte de la izquierda extraparlamentaria a los trabajadores es que se entreguen a la espontaneidad. Obviamente la realidad con toda su amargura se impondrá de nuevo, porque la división subsiste y la clase obrera continúa sometida a las influencias del reformismo y de la patronal.

                Aquellas maravillosas condiciones para el despertar de los obreros y para el despunte de sus partidos se han puesto al servicio de sus enemigos. La unidad objeto de las consignas de la izquierda se hace cada vez más difícil. Los partidos negados para el análisis correcto se perderán en divagaciones. No han entendido absolutamente nada del país en que viven, del instante que discurre.

                La consigna ¡Unidad de la izquierda! a la antigua usanza ha perdido vigor, ya no es exacta, ningún partido tiene dominio sobre sectores de trabajadores. La izquierda extraparlamentaria esta fragmentada en minúsculos grupos sin resonancia en el mundo laboral.

                El PCOE apuesta por el FRENTE UNICO DE TRABAJADORES, para conquistar la unidad del pueblo. Un tal frente promueve consecuencias organizativas. Además de contenido político El FUT abriga una línea de actuación que se sucede por diversas etapas, formas distintas a las actuales de llevarse a cabo las elecciones sindicales, nuestra concepción de la democratización de las asambleas es diferente, opinamos que los comités deben ser la expresión de esas asambleas democráticas y finalmente, el proceso toma su verdadera cualidad en La Asamblea  de los Comités, en donde se cristalizará la unidad de la clase obrera. Sus contenidos ya lo hemos definido en anteriores ocasiones. Pero no somos ilusos, habrá empresas, las menos, que podrían empezar por el principio dado que los trabajadores avezados en las luchas contra el capital pueden estar dispuestos para ello. Sin embargo esperar a que el proceso en todos los centros de trabajo comience y termine cubriendo todos sus pasos, significaría esperar a la eternidad. Hay que buscar un atajo por la premura del tiempo. Hay que sintonizar con el momento presente e inmediato.

                Para bien o para mal los trabajadores recurren a sus comités, entienden que es lo más democrático puesto que ellos mismo lo han votado. Los comités es el organismo que les unen, los que fallan son sus integrantes, pero es lo que tenemos. No podemos esperar a copar los comités no tenemos fuerzas ni tiempo, pero estamos en la posesión de argumentos contundentes, casi inapelables para demostrar a los trabajadores que sin la unión de todos los centros de trabajo no se puede repeler la ofensiva patronal y del gobierno, que a buen seguro nos traspasarán las consecuencias más graves de la crisis.

                Tenemos igualmente argumentos aplastantes con los que convencer a los trabajadores, que el organismo capacitado para llevar a efecto la unidad son los comités elegidos por ellos. Atesoramos por último razones múltiples, todas ellas de peso como para exigirles a los comités cumplan con la obligación que así mismo se dieron de defender a sus compañeros, y como quiera que éstos están siendo asediados, no por sus empresas respectivas sino por el conjunto de la clase burguesa, están forzados pues a buscar la unidad entre todos los comités.

                No hace falta explicar que las octavillas tomarían de verdad el valor que queremos que tenga.   Pese a nuestros razonamientos habrá quienes se opongan  a esta táctica porque alegarán que los comités son heterogéneos por su composición y por sus ideas, así que si es dificultoso alcanzar la unidad en cada centro de trabajo, mucho más lo será conseguir poner de acuerdo a comités de diferentes signos.

                La excusa es perfecta para interceptar la táctica, pero en tanto no tengan otra más rápida, mas directa, más a la mano y real no le asiste ningún derecho a oponerse. Sucede a veces que el que niega lo que hace es imputar a causas externas las trabas que son de su propiedad. ¿Cuántas veces hemos escuchado a afiliados destacados de CC.OO que ellos con las gentes de UGT no quieren saber nada, y al revés? ¿Y cuántas veces también se lo hemos oído a los compañeros de CNT, CGT y a tantos sindicatos menores? Que nadie venga a contarnos cosas extrañas, no estamos planteando la unidad entre distintos grupos sindicales, ya sabemos que es imposible y no es momento de exponer los motivos, conocemos a la perfección que su división  es la causa de la escisión entre los obreros, pero lo que estamos planteando es la unidad de los trabajadores, con los organismos que ellos confían y ahí es donde debemos centrar la discusión con los comités sean del sindicato que sea. Es más tenemos que planteárselo también a los comités patrocinados por los empresarios y a los más atrasados que forman en la actualidad masas ingentes:

                Hay que tomar a estas masas tales como son y no como nosotros quisiéramos que fueses. Solo a lo largo de la lucha superarán sus dudas y vacilaciones, si sabemos tratar con paciencia sus inevitables vacilaciones… Jorge Dimitrov.

                Exhumemos hacia la superficie las contradicciones que se ocultan en los centros de trabajo, denunciemos a sindicatos y sindicalistas, que se opongan a la unidad porque significa perpetuar la división de la clase obrera. Contra ellos no caben treguas, pero si para los trabajadores que están bajo su férula.

                La táctica no consiste en buscar el compañero o a la compañera con inquietud para que nos ponga en contactos con aquellos trabajadores,  o miembros del comité que pudieran aceptar nuestras propuestas. Esto es lento y a veces equivocado y obedece a la situación de otras etapas y no a la que viene. Si surge esa persona, bienvenida sea, es un punto a nuestro favor. Ahora es el momento de abordar directamente a los comités, por medio de nuestros compañeros que son miembros de comités y delegados de empresas, también a través de grupos de compañeros del FUT sin que tengan porqué pertenecer a ningún comité, pero que se encuentren capacitados para ello es decir, que conozca los objetivos del FUT y sepan manejar la situación política.

 

Propuestas a los comités

                Se nos objetará que nuestras propuestas es una forma nueva de ver el sindicalismo y nosotros debemos responder NO, con fuerza y seguridad en nosotros mismos. Resulta evidente que visto hasta aquí nuestra exposición no supera el ámbito sindical, mas se trata de una visión parcial. La clase obrera recibe una situación venida del exterior. Su división es fruto de la fragmentación en grandes y pequeños sindicatos que benefician al reformismo sindical, pero también de la división de los partidos políticos “revolucionarios” y de su anacronismo táctico. En este preciso momento la unión de los trabajadores está supeditada a criterios políticos y no sindicales. El problema está planteado en los siguientes términos.

                Los pactos sociales agotaron su vigencia o cumplieron su ciclo. Desde el punto de vista de la integridad las centrales perdían credibilidad sufriendo un desgaste excesivo. Una vez se hubo llegado a la meta, se hizo innecesario tanto “sacrificio” institucional  pues se había logrado inmovilizar a los trabajadores. A partir de ahí, no hacía falta erosionar mas a las centrales. A raíz de la inmovilidad la culpa de lo que sucediera recaería sobre los mismos trabajadores. Con la clase obrera debilitada, con unos comités exangües y desnortados los empresarios impusieron sin oposición convenios por dos o tres años e incluso mas años, logrando por esta vía sin coste alguno la paz social garantizada por los propios trabajadores y sus comités. Hay que recordar que los convenios anuales promovían conflictos continuos y contagiosos que enturbiaban  la paz social de los pactos. Esta es la herencia que han recibido las últimas generaciones de comités.

                Desde el exterior los sindicatos se encargan de estipular los límites que conciernen a las acciones de los trabajadores, al determinar que cuanto suceda fuera de los convenios colectivos o es política o les corresponde a ellos abordarlo.

                La causa de que hayan descendido los conflictos la encontramos en estas dos premisas, la política y la paz social camufladas en los convenios colectivos. Sin embargo, en proporción han aumentado las huelgas políticas, mejor dicho las colisiones entre el patrón y el obrero en las que al no adoptarse soluciones políticas por parte de los sindicatos y trabajadores favorecen descaradamente a los empresarios.

                Los efectos de la globalización son perniciosos para el mundo laboral. Las deslocalizaciones conllevan el desempleo en los países desarrollados. En Europa se contempla legalmente por el derecho al tránsito de las empresas al que los gobiernos estatales están sujetos como norma comunitaria, componiendo una legislación que lo permita. De estas leyes derivan consecuencias irreparables para los trabajadores españoles, la fundamental es el desempleo a lo que hay que añadir las normas auxiliares de derechos abusivos de los empresarios que son intratables  con el código en la mano y con los sindicatos de por medio.

                Por tanto, la descompensación es absoluta. La burguesía y el gobierno atacan  por el frente político, pero los trabajadores no pueden responder políticamente porque se lo niega la ley y el reformismo que abarca todo el espectacular abanico sindical. Sabemos que lo contrario de la privatización y de la deslocalización es la nacionalización, pero como quiera que la nacionalización es una medida política, los trabajadores se abstienen de pedirla. En su conciencia ha penetrado la propaganda de que la política no es para ellos y constituye un crimen si la ejercen. Así sus alternativas solo puede ser la cuantificación de su despido, salir lo mejor parado del trance. En este sentido los sindicatos desempeñan un papel cruel, en primer lugar esperan a que sea un hecho que el patrón pretenda llevarse la empresa a otro lugar o a otro país, o a que el gobierno decida formalmente una privatización que ya estaba cantada. Falsamente las centrales inician las huelgas, manifestaciones etc. a la desesperada contra lo que ellos mismos han aceptado de antemano, pero se trata de escenificar  apariencias y de que los trabajadores cansados y vencidos en la lucha por la impotencia, vaya tragando por lo que se supone que es lo menos malo, que es la indemnización de 45 días por años en vez de los 20 días de despido que le correspondería por crisis de la empresa.

                A graves problemas políticos le corresponde soluciones políticas, que han  de venir de un movimiento de masas político apoyado y dirigido ideológicamente un partido revolucionario. EL FUT  no puede ser otra cosa que un movimiento sociopolítico cuya misión es llevar la política al seno de los trabajadores y el PCOE debe convertirse en órgano director del combate ideológico.

                Las propuestas del FUT a los comités de empresa deben ser eminentemente política para unirlos  por el mismo lugar en el que se concreta su pasividad y división. Organizativamente les pediremos se fundan institucionalizando la Asamblea de Comités y Delegados. Programáticamente les propondremos, que reivindiquen:

Contra la contratación sin seguridad social (condena penal inmediata al patrón)
Contra la represión sindical (condena penal al patrón)
Contra la privatización (nacionalización)
Contra la deslocalización (nacionalización)
Contra los accidentes laborales (condena penal al patrón)
Contra el paro (Reforma Agraria, y nacionalización…industrialización sobre materia
prima de nuestros campos minas y mares, jornada laboral de 35 horas
                          desaparición de las ETTs)
Por un salario digno (mínimo 1200 euros netos, medicina gratuita, libros de textos y
                                   universidad gratuita.
Igualdad de salarios y promoción profesional entre sexos.
Participación real de los beneficios de las empresas.

                Naturalmente discutiremos todo lo discutible, pero lo fundamental y urgente es constituir la Asamblea de Comités y Delegados Empresas.