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Hoy como hace 800 años, la burguesía se aferra a sus símbolos religiosos

Publicado en Actualidad internacional 18 de Abril de 2019

notredam

 

Una parte de la catedral de Notre Dâme de París ha ardido provocando la angustia de los multimillonarios del mundo entero, que a través de sus medios de comunicación mientan el apocalipsis: «El corazón en llamas» (Le Croix), «El desastre» (Le Figaro), «El infierno devasta Notre Dâme» (The Guardian), «El mundo trastocado» (La Reppublica), «Arde Notre Dâme, memoria cristiana de Europa» (ABC), «Las llamas devastan Notre Dâme,  símbolo de la cultura europea» (El País),  «Un incendio devora Notre Dâme, un símbolo europeo» (La Vanguardia), etc. Y así podríamos recorrer las portadas de los países más desarrollados.

Y he ahí una de las contradicciones del régimen social actual. Por muchas capas de maquillaje modernista con que se embadurne el capitalismo, sigue mostrando un anacronismo ideológico que choca con el espectacular desarrollo de las fuerzas productivas.

La catedral de Notre Dâme fue levantada en el siglo XII por deseos de la burguesía comerciante pujante de las ciudades que se desarrollaban con el auge del comercio. La burguesía de aquella época, como todas las élites económicas desde la edad del cobre (calcolítico), necesitó de ídolos y símbolos religiosos para justificar su poder, concedido por obra divina.

Y como las catedrales, como todo, no son obra divina, sino obra de la fuerza de trabajo, el Estado francés, por muy republicano y laico que presume ser, ha animado a las donaciones de particulares desgravándolas el 75 % hasta los 1000 euros.

Además, en una carrera frenética, la burguesía multimillonaria francesa ha prometido en tan sólo 48h cerca de 850 millones de euros, lo cual para cualquier hijo de vecino es una monstruosidad de dinero, pero que es calderilla para esa élite. Grandes burgueses como los Pinault (con una fortuna de 30.500 millones de euros), Arnault (su fortuna es de 72.200 millones de euros) o Bettencourt (40.000 millones de euros) corren a ponerse la medalla del mecenazgo, lo cual les reportará un 60% de desgravación fiscal. Es decir, el 60% de esas cantidades lo pagará el Estado. Pero aún no están contentos con eso, y el director general de la colección Pinault ha pedido que se declare a Notre Dâme como «tesoro nacional», de manera que las donaciones cuenten con un 90 % de descuento fiscal.

Un gran golpe de marketing, pero que demuestra además sobre qué fe ciega se sustenta todavía hoy el capitalismo, quebrado hasta la médula.

En consonancia con esta etapa de crisis y de decrepitud del régimen, se desarrolla el fascismo y la reacción también en los países nórdicos como Finlandia, tan ejemplares para la socialdemocracia y la izquierda de pacotilla. Un fascismo que, con la misma violencia con que defiende la propiedad privada, muestra mayor fervor aún por los símbolos religiosos, en nuestro caso a la religión católica.

ss

En la semana santa se permiten los símbolos franquistas. En Sevilla, la virgen de la Antigua y Fervorosa Hermandad de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad, conocida popularmente como Hermandad del Baratillo, lucirá un fajín de Francisco Franco donado por su hija, tras archivar la Fiscalía de Sevilla una denuncia para evitarlo. Según la fiscalía “no consta que se haya hecho jactancia del origen franquista del fajín, esté efectivamente catalogado como símbolo contrario a la memoria histórica“.

Pero este régimen, con esa desesperación con que se aferra a sus símbolos religiosos, demuestra tener los días contados. Caerá en el momento que así lo decida la clase obrera, la clase social más moderna de la historia, y cuyo poder no necesitará ningún símbolo religioso, pues el comunismo estará basado en la ciencia y no en dogmas ni patrañas como han necesitado amos, señores y burgueses para mantenerse en el poder.

 

Secretaría de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)