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El fascismo y su vieja máscara democrática

Publicado en Actualidad internacional 28 de Junio de 2010

Inmerso en una profunda crisis económica, política y social, el capitalismo ha iniciado una violenta escalada de dimensiones gigantescas contra el movimiento obrero, en todos los frentes y en todos los rincones del planeta.

La caída de la URSS a principios de los 90, la desestructuración de las organizaciones obreras en el mundo, el papel de los traidores reformistas en partidos “obreros” y organizaciones sindicales posibilita la crueldad del capital y la incapacidad de respuesta de los trabajadores.

 

Agresiones abiertas contra pueblos indefensos como el antiguo pueblo yugoeslavo, afgano, iraquí, palestino; agresiones solapadas con actividades de la CIA, el Mosad, el CNI, y otros, en Haití, Honduras, Irán, Kirguizistán, Líbano; ocasionaron numerosas muertes y muestran el rostro reaccionario y letal del sistema capitalista.  Actividades como éstas ponen de relieve que el asesinato es patrimonio innato de un modelo de producción que presume de un rostro democrático ante el mundo.

En Europa, los estados mal llamados “democráticos”, impulsados por el club de los monopolios, el G-20 y el FMI dieron un salto cualitativo y cuantitativo en la aplicación de medidas de recortes de derechos laborales. La situación de la clase obrera europea ha retrocedido en algunos casos más de cinco décadas en las llamadas democracias avanzadas con la aplicación de medidas laborales en los últimos tres años.

Para la aplicación de las medidas restrictivas de derechos laborales, de medidas para el recorte de los salarios, el abaratamiento de los despidos masivos, el incremento de edad de jubilación de los trabajadores, la disminución de prestaciones sociales, el desamparo administrativo y judicial, y otras medidas puestas en práctica en todo el continente, los estados capitalistas han potenciado todo su papel represivo contra los revolucionarios, especialmente, contra los comunistas. Numerosas organizaciones obreras y comunistas sufren el acoso de las democracias occidentales.

La situación actual obliga a la población obrera europea a resistir con acciones de protesta que generalmente lideran los comunistas, es por ello, que el miedo de la burguesía potencia las medidas represivas contra sus militantes.

Cientos de comunistas están siendo detenidos, perseguidos y numerosas organizaciones están siendo ilegalizadas. Gennady Zyuganov, secretario general del Partido Comunista de la Federación Rusa, consciente de la gravedad de las agresiones a los comunistas,  remitió una carta al presidente griego Papandreu para recordarle que Hitler inició sus matanzas contra los comunistas para continuar posteriormente contra los socialdemócratas, en clara alusión al avance de las políticas fascistas en Europa.

En Moldavia, antigua república soviética, el gobierno ordenó a través de decreto investigar los antiguos gobiernos comunistas para justificar e iniciar la ilegalización del Partido Comunista. Todo ello, tras la encuesta realizada por el reaccionario gobierno moldavo, según la cual el 68% de los habitantes desearían que la República de Moldavia formara parte de la antigua y comunista URSS.

También debe recordarse que el las elecciones de julio de 2009, el Partido Comunista de Moldavia obtuvo el 45% de los votos, frente a un 16,40% del Partido Liberal Democrático, un 14,40% del Partido Liberal, 12,60% del Partido Demócrata y el 7,40% de Alianza Moldava. Los comunistas arrasaron aunque no tenían mayoría para hacer gobierno. Antes de estas elecciones, había fracasado un intento de golpe de estado al estilo de la “revolución naranja” que permitió poner trabas a las actividades comunistas.

A pesar de esto, el “democrático” gobierno moldavo, solicitó la condena internacional del comunismo, inició la persecución de las juventudes comunistas, y abrió una comisión para la prohibición de las organizaciones y símbolos comunistas.

En Polonia, los dictados del imperio quedaron en evidencia en la disposición del gobierno para ilegalizar los símbolos comunistas, la hoz y el martillo e incluso la bandera roja. Cartas entre miembros del gobierno y responsables de la OTAN dejaban al descubierto el carácter internacional de la agresión a los comunistas polacos.

En Rusia, el gobierno no encuentra el momento para hablar de ilegalización aunque existe un estudiado proceso para que la población rusa repudie el comunismo. A esto debe unirse las provocaciones continuadas, la agresión a los símbolos históricos del movimiento obrero como  voladuras calculadas de estatuas de Lenin.

En la República Checa, ha intentado ilegalizar al Partido Comunista de Bohemia y Moravia aquellos mismos que intentaron ilegalizar a la Unión de la Juventud Comunista de la República Checa por negarse a eliminar de su programa su ideología marxista-leninista.

El gobierno rumano, aplica la ley 51/1991, sobre la “seguridad nacional”, aplicando graves penas de prisión y multas a quien forme parte o apoye al partido comunista. Del mismo modo actúa el gobierno eslovaco frente a cualquier símbolo comunista.

La persecución también ha llegado a las repúblicas bálticas, en Estonia, Letonia y Lituania, el estado fomenta un clima de anticomunismo que es la antesala a posibles ilegalizaciones.

En Hungría es continuo el acoso sobre el Partido de los Trabajadores de Hungría.

En Ucrania, decenas de comunistas fueron detenidos bajo falsas acusaciones, única y exclusivamente por su militancia política.

El Tribunal Constitucional Turco ilegalizó el Partido de la Sociedad Democrática (DTP)  argumentando estas dos razones fundamentalmente, “poner en peligro la unidad del Estado” y “colaborar con el grupo terrorista PKK”. El gobierno ha inhabilitado a 37 miembros del partido para ejercer actividades políticas durante cinco años. En Turquía se han ilegalizado numerosos partidos políticos con resoluciones del Tribunal Constitucional.

No hace mucho, el gobierno federal de Brandenburg (Alemania) permitía la destrucción del monumento al destacado comunista y antifascista Ernest Thelman, situado en el sur de Berlín. En Alemania, ilegalizaron el Partido Comunista Alemán (KPD) el 17 de agosto de 1956. En 1951, ya había sido ilegalizado la Juventud Alemana Libre (FDJ). La última decisión de la “democracia” alemana ha sido la reciente ilegalización del sindicato anarquista FAU.

El Estado español cuenta con un largo historial de acoso y persecución a comunistas e independentistas. Algunas organizaciones están ilegalizadas casi desde sus orígenes. En la actualidad  más de 150 comunistas y cerca de 800 independentistas están encerrados en las cárceles españolas, y un innumerable número de personas están huidas por motivos políticos.  Entre los detenidos, muchos lo son por formar parte de organizaciones solidarias antirrepresivas.  En estas circunstancias, la dirección del Partido Popular anunció en un encuentro de la ultrareaccionaria FAES, que “la condena de la violencia no debe ser un requisito para ilegalizar a organizaciones independentistas, así como el apoyo a modelos totalitarios sí debe quedar al margen de la ley”

El pasado mes de abril, bajo la Presidencia española de la Unión Europea, el Consejo de la Unión Europea aprobó un programa para la vigilancia y recolección sistemática de datos personales de ciudadanos sospechosos de experimentar un proceso de “radicalización”. Nadie puede negar que este programa está previsto para las organizaciones obreras.

El fascismo asoma su rostro bajo la falsa fachada democrática. Todas las acciones iniciadas en Europa contra el pasado comunista y los símbolos son parte de un proceso para la persecución política de la militancia comunista y de las organizaciones obreras. Estos planes iniciados por el imperialismo tienen un carácter internacional, y es la manifestación palpable del cinismo y la hipocresía del capitalismo que muestra su tremenda debilidad frente al devenir en la agudización de la lucha de clases.

Con estas medidas pretenden frenar la justa ira de los trabajadores frente a la agresión del capitalismo con el objetivo de imponer a la clase obrera el peso de su profunda crisis.

Es deber de los comunistas fortalecer la alianza de la clase obrera, fomentar la unidad del proletariado, de los jornaleros, de los estudiantes, de todo el pueblo para acabar con el régimen de dominación capitalista.

Es también nuestro deber, fortalecer lazos con los comunistas de todos los países del mundo, propiciar el encuentro y las alianzas internacionalistas. Luchar contra el imperialismo en todos los frentes y en todos los terrenos.

El imperialismo quiere acabar con los símbolos, las organizaciones, los militantes que comprenden y conocen las causas por las cuales merece la pena arriesgar la vida en todos los países y en todos los continentes.

Es nuestro deber impedirlo y es nuestra obligación conducir a la clase obrera hacia el socialismo.

Secretaría de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

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