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Acabar con la resignación, organizar la revolución

Publicado en Actualidad Nacional 08 de Enero de 2014

 Tras el anuncio de las últimas cifras de desempleo, y siguiendo con el guión marcado, el Gobierno de la oligarquía financiera sigue inoculando sobre el pueblo trabajador sus falsarias diatribas acerca de la “recuperación de la crisis” y el “esplendoroso” futuro que nos depara este capitalismo putrefacto. Sintiéndose seguro y protegido al servicio fiel de los monopolios financieros e industriales, sabedor de la orfandad de conciencia y organización de la clase obrera y clases populares, los gestores políticos de la burguesía avanzan como un rodillo sobre millones de trabajadores desconcertados, atemorizados y resignados ante la avalancha antiobrera y antipopular, desatada con especial intensidad en estos últimos años. Y es que si algo ha quedado patente en estos últimos años, es que ni la protesta espontánea y desclasada a cargo de movimientos como el 15M, ni las movilizaciones aisladas dirigidas por plataformas sectoriales, ni las huelgas encabezadas por el oportunismo, han logrado avance alguno. Bien al contrario, después de cientos de manifestaciones, movilizaciones y huelgas de todo tipo, la ofensiva burguesa no sólo se ha profundizado, sino que ha contagiado de derrotismo a miles de trabajadores, desempleados, jóvenes, jubilados o autónomos.

Bajo el contexto de una nueva y más profunda crisis de superproducción capitalista, una ley troncal se impone como un yugo sobre la clase trabajadora, entusiasmando a explotadores, parásitos y oportunistas. Ésta no es otra que la última reforma laboral –parida por el Gobierno del PSOE, acatada e implementada por los sindicatos del Estado burgués (UGT-CCOO), y perfeccionada por el actual Gobierno del PP, con la bendición de CiU o PNV-, quintaesencia del esclavismo asalariado y motor “de la salida de la crisis” para la burguesía. Reforma que mina la negociación colectiva, permite la modificación unilateral de las condiciones laborales por parte del patrón o abarata desvergonzadamente el despido libre del trabajador, entre otras muchas tropelías. Los efectos de semejante engendro antiobrero -derivados de la propia estructura económica del régimen-, se han reflejado en una disminución abrupta de los salarios (del 20-al 40%) acompañado de la acelerada pérdida de condiciones laborales, de una multiplicación monstruosa de los ERE y del consecuente establecimiento de un colosal ejército de reserva proletario, todo ello acompañado de un sangrado millonario de trabajadores que salen del país intentando sobrevivir –del orden de medio millón por año en los últimos 4 años-.

He ahí la “salida de la crisis” para el señor Rajoy y sus jefes oligarcas de la “marca España”.

Las recetas burguesas, mientras las relaciones de producción capitalistas subsistan y las crisis se sucedan, embisten con brutalidad sobre la clase trabajadora a fin de mantener su tasa de ganancia. La fórmula es clásica, y ésta queda consagrada por la reforma laboral: intensificación de las jornadas de trabajo, establecimiento de un gran ejército proletario de reserva y reducciones salariales. Factores interrelacionados cuyo único objetivo es incrementar la extracción de plusvalía, a fin que la patronal pueda presentarse en mejores condiciones, tanto en el mercado internacional, como mantener o acrecentar el grado de ganancia a nivel nacional." Es lo que los cínicos “expertos” economistas burgueses llaman “aumento de las exportaciones”. Como ocurre con cada crisis capitalista –que acelera la putrefacción del sistema-, se “saldrá de élla”; pero se saldrá con una aberrante minoría inmensamente más rica, y con una descomunal mayoría esclavizada, degradada y empobrecida.

Basta comprobar cómo, de forma sibilina pero constante, se aprueban un sinfín de “decretos” que intensifican la situación descrita, y cómo cada semana que pasa los lacayos políticos de la oligarquía usan la superestructura del régimen para retorcer los grilletes del proletariado. Enmiendas a la reforma laboral que perfeccionan la esclavitud asalariada, la congelación del bochornoso SMI o las reducciones en las prestaciones por desempleo. Todo ello acompañado, en un ataque paralelo al conjunto de trabajadores y clases populares, a la destrucción paulatina de los sistemas públicos y de dependencia –salario indirecto de la clase obrera-, la congelación de pensiones ya de por sí de miseria, o la eliminación de becas para la juventud de extracción obrera. ¡Esa es la “salida de la crisis” para los explotadores y parásitos y su Gobierno!

Mientras la burguesía goza de una “libertad de trabajo” plena y unilateral, a la clase trabajadora se nos reserva la “libertad” de mantenernos resignadamente explotados, de mendigar trabajo o de morir en el intento. Los centros de trabajo se convierten en pequeñas celdas donde cunde el miedo y la ideología reaccionaria dominante. No extraña pues, que el Gobierno de la oligarquía quiera extender esta situación al conjunto de la población trabajadora agredida por el capital monopolista, aprobando “leyes de ciudadanía” que no hacen más que confirmar la irrefrenable tendencia al fascismo de cualquier democracia burguesa. En tanto el régimen nos mantenga desunidos, alienados y sometidos, a los que alcen la voz frente a este modo de producción caduco y criminal, sólo les esperan multas impagables, represión y presidio.

Es por ello que el Gobierno, sabedor de la situación por la que atraviesan millones de trabajadores y desempleados, se afana por seguir inoculando la “fe ciega” en el sistema, la esperanza en que la entrada de este año nuevo “será mejor que el pasado”; quieren una masa informe de alegres explotados, de individuos aislados felizmente reprimidos, una población trabajadora que asuma la ideología burguesa, que acepte como “un mal menor” su atroz realidad material, que en definitiva no ponga en duda los pilares maestros del régimen capitalista. Así, el Gobierno español salía esta pasada semana a celebrar los últimos datos de desempleo: el descenso de poco más de 100.000 desempleados en plena campaña invernal. En un régimen con más de 5 millones de desempleados, del que han salido ni más ni menos que más de 2 millones en edad de trabajar en los últimos 4 años –en un 90% con estudios universitarios-, este Gobierno se congratula mostrando unos datos penosos que lo único que muestran es una destrucción de fuerzas productivas demoledora. Más aún si tenemos en cuenta que de esos “nuevos” empleos, 9 de cada 10 contratos fueron temporales y a tiempo parcial.

Y mientras sonríen y se felicitan engañando una vez más a la clase obrera, anunciando “el histórico descenso del desempleo”, en estas misma fechas colocaban otro decreto criminal bajo el silencio cómplice del régimen. Uno más. En este caso, la nueva agresión viene en forma de Ley 22/2013, por la que se excluirá del sistema sanitario español a aquellos parados de larga duración que salgan del país por más de 90 días, afectando de pleno a buena parte de esos más de 2 millones de trabajadores españoles obligados a emigrar. De nuevo el ataque es frontal y se dirige al conjunto de la clase obrera; no basta con atacar los salarios directos e indirectos y las condiciones laborales de los trabajadores activos ocupados, sino que se va más allá, arremetiendo con brutalidad contra los trabajadores activos parados; reduciendo su prestación ya cotizada e incluso negándoles la asistencia sanitaria en caso de intentar sobrevivir saliendo al extranjero.

¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando esta situación aberrante? Sólo la clase obrera unida en un solo puño a través de sus órganos representativos, a través de los Comités de Empresa y Delegados, puede poner los cimientos para acabar con este régimen putrefacto. Sólo la unidad de acción proletaria, organizada y consciente, pudo en este país arrancar a la burguesía la jornada de 8 horas a principios de siglo XX, paralizando el país durante largas semanas. Sólo esta unidad de acción pudo arrancar la Ley de Convenios Colectivos, a mediados de los años 50, a un régimen fascista. Sólo esta unidad de acción proletaria, unida fraternalmente a las clases populares y dirigidas por la vanguardia obrera, pudo enviar al basurero de la historia a esta cohorte de explotadores y parásitos un glorioso 25 de Octubre de 1917.

El pueblo trabajador está condenado a unirse y a luchar si no quiere hundirse en la miseria y en las desdichas. A organizarse en el FRENTE UNICO DEL PUEBLO, a la cabeza del cual debe erigirse un proletariado consciente y revolucionario, capaz de dirigir la lucha obrera y popular y de establecer las bases de un nuevo poder que camine con firmeza hacia la organización de la revolución y el triunfo del único régimen digno para el género humano: el socialismo.

¡Basta de resignación, organicemos el Frente Único del Pueblo!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

¡Socialismo o barbarie!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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