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Socialismo o barbarie es la cuestión y no monarquía o república. El oportunismo al servicio de la burguesía

Publicado en Actualidad Nacional 11 de Junio de 2014

El termómetro sobre la psicología del Pueblo en las elecciones europeas nos ha mostrado un profundo desprecio de las masas para con la Unión Europea y su Parlamento. La abstención venció por goleada, a la que si le unimos el voto nulo y en blanco, se sitúa en el 60% del conjunto de electores. Este porcentaje podría haber sido muy superior si la participación en Cataluña hubiera sido similar a los anteriores comicios, no obstante, la burguesía catalana encaró el proceso electoral en clave nacionalista que implicó un incremento de participación, que de todos modos fue menor que la abstención, que estuvo por encima del 50%.

La burguesía, a pesar de la intensidad de la propaganda desplegada en pos de conseguir una amplia participación en los comicios europeos ha visto corroborada lo que sus observatorios y think tank burgueses ya auguraban, con el resultado electoral, y que no es otra cosa que una desafección política por parte del pueblo, rechazo popular a las estructuras supranacionales imperialistas donde está integrada con la burguesía europea a las que consideran responsables de sus males y, también, deterioro de los dos partidos mayoritarios del sistema PP-PSOE.

La burguesía señaló antes de las elecciones con meridiana claridad que su enemigo era la abstención, cosa ésta que es lo que el pueblo ha hecho masivamente.

En el estado español, la crisis económica ha profundizado y ha devenido, además, en crisis política. El ambiente político está convulsionado y la burguesía ha visto como el bipartidismo se ha debilitado a la par que se ha fragmentado. En este escenario de debilidad política aquéllos problemas y contradicciones que ha sido incapaz de resolver se amplían y agrandan: la cuestión nacional, la forma de estado, la erosión del gobierno ante las políticas contrarias al pueblo y al servicio de los capitalistas así como los números casos de corrupción que les salpican, depauperación de las condiciones de vida del proletariado, sistema electoral, tendencia del estado a la reacción y al fascismo, etcétera.

La abdicación del Rey, colocado a dedo por el fascista Franco, no es más que un movimiento de la burguesía española – consensuado con el club Bildelberg - para ganar tiempo en la labor de tratar de regenerar su democracia burguesa, cada día más reaccionaria y cada vez más próxima al fascismo y que tan buenos resultados y suculentos dividendos le ha otorgado, para recomponer a sus agentes políticos para que puedan sustentar el bipartidismo -u otra fórmula que dé solidez política al dominio de la burguesía - el cual en las elecciones europeas ha sufrido un buen varapalo, perdiendo PP-PSOE 6 millones de votos con respecto a las europeas celebradas en 2009 y más de 10 millones de votos si los comparamos con las elecciones generales de 2011. De hecho, la oligarquía española, en estas elecciones europeas ha visto el grado de erosión de sus partidos políticos más fuertes de tal modo que al PP lo han votado el 11,74% del censo total y al PSOE el 10,36%, entre ambos suman un escaso 22% de apoyo popular.

Es, en esta coyuntura, el momento elegido por la burguesía para renovar la Jefatura del Estado, buscando oxigenar e impulsar esta forma de democracia burguesa que tan buenos réditos les ha dado, tanto económicos como políticos, durante casi cuatro décadas.

Las políticas económicas dirigidas por la Comisión Europea, que a la par les son dictadas por los monopolios europeos - fundamentalmente los alemanes – consistentes en redistribuir la riqueza a favor de la oligarquía, y sus monopolios, han erosionado sobremanera, no sólo las condiciones míseras de vida del proletariado del estado español, sino también a las distintas instituciones del estado, empezando por el Parlamento y concluyendo por la Corona, todos ellos además salpicados por escándalos de corrupción. El normal desarrollo del imperialismo, impuesto por la oligarquía financiera europea, ha implicado que la quiebra de los bancos – fruto de la especulación y la creación de burbujas, consecuencia de la anarquía de la producción capitalista- haya sido sufragada por el Pueblo Trabajador mediante subidas de impuestos, pérdidas de sus viviendas, bajadas de salarios, pérdidas de empleos, eliminación de subsidios, pérdidas de derechos sociales y laborales, y todo tipo de recorte realizado por el estado que no ha dudado en robar al Pueblo para salvar y enriquecer a los bancos y a los monopolios. Y es natural que los capitalistas actúen así, pues los estados, así como las asociaciones de imperialistas como la Unión Europea, son instrumentos de dominación sobre el proletariado y de sojuzgamiento y expolio de los recursos de los pueblos del mundo por parte de los monopolios cuya dirección económica está en los bancos, omnipresentes ellos que son los que conceden el crédito y los que se sientan en los Consejos de Administración, los que determinan que rama de la producción y qué empresas se desarrollan, quiénes hacen de gestores políticos suyos y bajo qué siglas, a los que les dan retiros dorados en “sus” Consejos de Administración, como lo atestiguan los Felipe González, José María Aznar, Solbes, Rato, Zaplana, Josu Jon Imaz, Salgado, etcétera.

La desigualdad se acrecienta y las contradicciones de clase, siendo igual de irreconciliables que siempre, se agudizan a la par que se desarrollan las fuerzas productivas y se estrechan las relaciones de producción. Este divorcio entre generaciones de obreros cada vez más preparadas, más cualificadas e instruidas en todas las ramas de la producción y de la administración del estado y de las empresas sirven, bajo el imperialismo y el dominio político de la oligarquía financiera, para jamás poder ejercer su profesión, no tener futuro ni presente, no tener derecho a un trabajo que le permita subsistir a él y su familia. La proletarización cada vez es mayor, como consecuencia de la concentración de la producción, y el desarrollo vital de las masas proletarias encuentra un freno claro: unas relaciones de producción cada vez más estrechas que consagran la explotación máxima del proletariado. Proletariado cada vez mayor en calidad, como hemos visto, pero también en cantidad nutrido por las capas de la pequeña y mediana burguesía que arruinada ha sido pasto de la banca y lo ha perdido todo.

Y es que Marx tenía razón cuando afirmaba en el Manifiesto Comunista que “La burguesía no existe sino a condición de revolucionar los instrumentos de trabajo, es decir, de todas las relaciones sociales (...) Todas las relaciones sociales tradicionales y consolidadas, con su cortejo de creencias y de ideas admitidas y veneradas, quedan rotas: las que las reemplazan caducan antes de haber podido cristalizar. Todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas en desilusión”.

La burguesía española, sabe perfectamente que se está jugando el todo por el todo, pues es consciente que su estado es un eslabón débil de la cadena imperialista. Sabe que el grado de depauperación de las condiciones de vida del proletariado es cada vez mayor y, a la par, es consciente de su incapacidad, como ya dijimos antes, para haber resuelto cuestiones que bajo el capitalismo deberían haberlo hecho como son la cuestión nacional, el modelo de estado o la cuestión de la tierra. Sabe perfectamente que el sistema económico esta caducado y que a pesar de las transfusiones de sangre y máscaras de oxígeno que le pongan a su sistema vía privatizaciones, inyecciones de liquidez o rebaja de los tipos de interés – como hizo la pasada semana el Banco Central Europeo – lo que va a conllevar es una agudización mayor de la crisis, un incremento mayor de la carestía de vida, una depauperación mayor de las condiciones de vida de los trabajadores a los que no le pueden dar otra salida que convertirlos en sepultureros del sistema pues, o acaban con el capitalismo o éste acabará con la mayoría de la clase.

Los burgueses no podrán subsistir sin el capitalismo y éste está en crisis y moribundo. Pero el capitalismo, aún muerto, no cae si el proletariado no lo tumba. La brutal ofensiva propagandística, en la que se han gastado ingentes cantidades de dinero durante décadas, para hacer que las masas trabajadoras estén alienadas, se queda corta ante la precarización y la ruina cada vez mayor de las vidas de las clases populares. Es por ello que la única salida que le queda al Capital es la represión, cada vez mayor como se comprueba al ver en conjunto las leyes realizadas por el PP en estos dos años por los que la clase obrera está por completo ilegalizada – desde la negociación del Convenio, al desarrollo de la ley de Seguridad Ciudadana donde se le otorga a la burguesía la capacidad de hacer su propia policía y el estado le reconoce competencias y autoridad para ello -, y por el otro los fuegos de artificio y el engaño.

Por ello, como decía Marx, “Todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado”. La burguesía magistralmente, en los Pactos de la Moncloa, no dudó en, bajo la falsa máscara de la pluralidad política, hacer una componenda entre el fascismo y el oportunismo por la que se transitase desde el franquismo tecnócrata a una democracia burguesa a lo franquista, de tal modo que se adecuaran las estructuras políticas a las necesidades de la burguesía en aquél momento histórico para poder incardinarse en la CEE. La crisis ha arruinado esos Pactos de la Moncloa, por las que todos los canallas y enemigos jurados del Pueblo - empezando por CCOO, UGT, PSOE y PCE y terminando por los herederos naturales del franquismo – acordaron servir a la burguesía y sus intereses para desorganizar, desmembrar y explotar cada vez más al Pueblo. Ese mismo Pueblo que, casi 40 años después, se encuentra en una situación insostenible y siente, en sus propias carnes, como la democracia burguesa lo único que le ha traído es más explotación y cotas de miseria y paro cada vez mayores, ve como sus hijos tienen que emigrar al extranjero y como sus niños padecen desnutrición.

Los capitalistas, desde que estalló la crisis económica por 2007, han ido maniobrando con objeto de, por un lado, mostrarse ellos mismos como capaces de “refundar el capitalismo”, tal y como expresó en 2008 Sarkozy y, posteriormente, dando cancha a movimientos que sirvan como válvula de escape y canalicen, a través de los oportunistas, la indignación del Pueblo, como el 15M.

Estas últimas elecciones europeas, la burguesía se jugaba no sólo la legitimación por parte del Pueblo de la agrupación imperialista europea en la que está integrada sino abrir paso a nuevos agentes políticos - tanto por la extrema derecha como por una izquierda supuestamente más radicalizada, y advertimos el supuestamente pues en nuestra opinión ni lo es de palabra ni, mucho menos, de acción - que, aparte de arrebatar votos a la abstención, en el momento oportuno, puedan sustituir a los partidos políticos – PP y PSOE desprestigiados y erosionados por la corrupción así como por el servilismo para con los bancos y empresarios - que han dado estabilidad política a la burguesía por otros, de tal modo que pretenden “regenerar” el sistema político manteniendo incólume tanto la base económica como el dominio político de la oligarquía y sus monopolios.

Y es en este marco donde se encuentra incardinado la abdicación del Borbón, así como el proceso de regeneración de la partitocracia burguesa. Estamos ante una renovación de la traición de los pactos de la Moncloa, ante unos Pactos de la Moncloa II. El que, esperamos que por poco tiempo, va a ser nuevo rey está lanzando un mensaje de “una España moderna, unida pero diversa”, que refleja el objetivo de la burguesía ante este enjuague: salvar la monarquía parlamentaria, dándole un impulso donde se produzcan cambios cosméticos, posiblemente en la estructura del estado, con objeto de llegar a un acuerdo donde las burguesías nacionalistas catalanas y vasca se sientan satisfechas, pudiendo dar pasos federalistas, con los consecuentes replanteamientos económicos de financiación de dichas naciones así como profundizar en las políticas económicas basadas en sobreexplotar más a los trabajadores y en servir con mayor eficacia a los monopolios. En definitiva, la burguesía pretende renovar su caduco sistema con la nueva cara borbónica que pilote una planificada reforma que por un lado engañe al pueblo nuevamente y, por el otro, le dé tiempo a la burguesía en la recomposición de sus democracia burguesa que, cada vez con mayor claridad, toca el fascismo.

Pero las políticas económicas impuestas por los monopolios europeos a través de la UE, lejos de solucionar nada lo que cimientan es una crisis en ciernes de dimensiones superiores a la actual. La burguesía es responsable de la situación miserable del Pueblo, la gran burguesía ha enviado a la pequeña y a la mediana burguesía a la ruina, los pequeños campesinos arruinados deben malvender sus tierras a los terratenientes que las anexan a sus extensiones para obtener beneficios por tener baldía y ociosa la tierra a cambio de obtener subvenciones por ello, a la par que los jornaleros se ven obligados a emigrar a la ciudad, produciéndose flujos migratorios del campo a la ciudad que, favorecen todavía más a la explotación capitalista. Pero el desarrollo del imperialismo, tal y como señalaba Marx, “A medida que disminuye constantemente el número de los magnates del capital, que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de transformación, aumenta en su conjunto la miseria, la opresión, la esclavitud, la degeneración, la explotación; pero también aumenta la rebeldía de la clase obrera, que es instruida, unida y organizada por el mecanismo del mismo proceso de producción capitalista. El monopolio del capital se convierte en grillete del modo de producción que se había desarrollado con él y gracias a él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista, que termina por estallar. Suena la última hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.".

La cuestión no está en monarquía o república, como falsamente plantean los oportunistas de todo pelaje – desde PODEMOS a IU pasando por algunos sectores del PSOE y de los sindicatos CCOO y UGT -, sino que la cuestión a la que nos empuja el desarrollo del capitalismo putrefacto es imperialismo – ya sea con la máscara que le pongan a la democracia burguesa u otras formas de dictadura de la burguesía – o socialismo; el problema planteado es o concentración del capital y propiedad privada de los medios de producción o socialización de los medios de producción y dictadura del proletariado. Tan consciente es la burguesía de este escenario que no duda en poner sus medios de comunicación al servicio del oportunismo incluyendo a los Anguitas, Garzones, Monederos o Iglesias Turriones en sus tertulias, para darles chance entre la población – conscientes que ellos son defensores de la burguesía y del capitalismo. Pero no sólo eso, incluso el Presidente del Gobierno ha señalado que “los que quieran una república lo tienen fácil, que planteen una modificación de la Constitución en ese sentido”, dejando claro que, la burguesía, si para mantener su dominio requiere sacrificar la Corona no dudará en hacerlo. La burguesía hará todo lo habido y por haber, y tolerará todo que salvaguarde su dominio como clase, incluido una república burguesa pues, como señalaba Lenin, “La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo; y, por lo tanto, al dominar (a través de los Palchinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimienta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que no lo conmueve ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos dentro de la república democrática.”.

Los trabajadores están viviendo en sus carnes lo que es el capitalismo: el hambre, el paro, el desahucio, el exilio, el suicidio y la represión es lo que la burguesía, y su sistema le ofertan y le pueden ofertar, ese es el fruto de la propiedad privada sobre los medios de producción. La burguesía ha manifestado, y está manifestando, su incapacidad para seguir dirigiendo la economía y, con ella, la superestructura; la burguesía sólo puede mantener e incrementar el dolor y la miseria del pueblo. La única salida que tenemos los trabajadores, y las demás clases populares machacadas por la burguesía y su sistema, es el socialismo. La única salida que tenemos los trabajadores es acabar con el estado burgués, con su parlamento, sus fuerzas represivas, su justicia, sus partidos, en definitiva, con su democracia burguesa – independientemente de la máscara – puesto que toda ella es la forma en la que se refleja la base económica capitalista, bárbara y explotadora. El proletariado no tiene más salida que organizarse para imponer su estado que imponga el dictado de la mayoría explotada, esa fuerza que permita despojar al burgués de todos los medios de producción y que socialice desde la banca hasta la tierra, y todo esto no se hará mediante el depósito de un papel en una urna de metacrilato o de cartón sino organizándonos como clase para derrocar por la fuerza a la burguesía. Y para impedir esto, los monopolios no sólo reprimen al pueblo sino que sostienen una lucha ideológica, económica y política sin cuartel, financiando y promocionando a los enemigos del proletariado, al oportunismo de toda índole; atacando a muerte al marxismo-leninismo y sacando a flote a Gramsci como última novedad para soslayar la lucha de clases y negar la condición de sujeto revolucionario para otorgársela a una supuesta intelectualidad que se erige en grupo dirigente cuyo objeto es negar la revolución socialista y, por ende, perpetuar el régimen de explotación capitalista y la dictadura de la burguesía. PODEMOS es la nueva bandera de la burguesía, el nuevo juguete de alienación y engaño de la burguesía con el que el ciudadano – que no obrero - siga instalado en el subjetivismo y pueda construir su historia futura (que ni tan siquiera es socialismo sino una gestión distinta del capitalismo) dentro del sistema de explotación actual a condición de que la ciudadanía – así en abstracto – sea hegemónica por la vía del voto.

La única respuesta consecuente con la lucha de clases es el Partido Leninista, por eso la burguesía y sus oportunistas a sueldo lo atacan, porque son conscientes el Partido es el arma del proletariado en la guerra ideológica transformando la psicología en conciencia de clase y porque dota al proletariado la forma organizativa para alcanzar el poder. 

En las manos de los explotados, de los parias, de los trabajadores está el fin de la locura imperialista, de la paz y para ello no tenemos otra salida que romper con el Estado burgués y las estructuras políticas actuales, con independencia de que porte máscara republicana o monárquica. La burguesía es plenamente consciente de la extrema gravedad del momento, es tiempo de desterrar el oportunismo y los debates estériles que desvían al proletariado de su emancipación, estamos ante un momento en que el proletariado necesita la ruptura de fondo y forma que, lejos de maquillar este sistema explotador y criminal, sea capaz de volar por los aires sus relaciones de producción, expropiar a su parasitaria clase dominante e imponer la dictadura del proletariado; instrumento democrático al servicio de la clase trabajadora y clases populares e instrumento represivo implacable frente a explotadores, parásitos y criminales.

Por ello, el Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español hace un llamamiento a los trabajadores del estado español a organizar el FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO, o lo que es lo mismo, desarrollar los órganos de poder popular; órganos que perfectamente pueden y deben sustituir a las instituciones capitalistas y representar una nueva democracia para construir una sociedad distinta en la que deje de existir el que una minoría (capitalistas) viva a costa del trabajo y del sufrimiento de la mayoría (trabajadores) y que nos abra camino a otro sistema donde la mayoría trabajadora dirija económica, ideológica y políticamente la sociedad donde desaparezca por completo la explotación del hombre por el hombre, enviando al capitalismo y a la burguesía al estercolero de la historia.

¡ABAJO EL CAPITALISMO!

¡CONTRA EL OPORTUNISMO, ORGANICEMOS LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

¡POR EL SOCIALISMO, CONSTRUYAMOS PODER POPULAR, CONSTRUYAMOS FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)