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LA
DICTADURA DEL PROLETARIADO
INTRODUCCION
En las épocas de reflujo del movimiento obrero,
resulta muy dificultoso entablar la lucha ideológica en
los términos pertinentes. Las clases populares se
manifiestan indolentes y prietas en torno a la ideología
burguesa canalizada por la pendiente del reformismo. Por
este motivo, la burguesía arrecia su propaganda
anticomunista. Son tiempos en los que la ideología
burguesa ejerce su mayor y más negativa influencia
entre los trabajadores. Son los momentos en los que la
correlación de fuerzas entre los reformistas y los
revolucionarios, en el seno de los partidos comunistas,
se desliza favorablemente a los reformistas. Son
periodos de transición en los que bajo el pesimismo y
la impotencia, sectores revolucionarios, los más débiles,
caen hecho presas de la confusión en el terreno del
oportunismo originando nuevas fórmulas revisionistas
A lo que hay que añadir que “En
todos los países capitalistas existen siempre, al lado
del proletariado, extensas capas de pequeña burguesía,
de pequeños propietarios. El capitalismo ha nacido y
sigue naciendo, constantemente, de la pequeña producción.
El capitalismo crea de nuevo, infatigablemente, toda una
serie de “capas medias”… Estos nuevos pequeños
productores se ven nuevamente arrojados, también de
modo no menos inevitable, a las filas del proletariado.
Es perfectamente natural que la mentalidad pequeño-burguesa
irrumpa de nuevo, una y otra vez, en las filas de los
grandes partidos obreros. Es perfectamente natural que
suceda así, y así sucederá siempre hasta llegar a las
grandes peripecias de la revolución proletaria” –
Lenin, Marxismo y revisionismo.
Por todas estas razones, también, es la hora en
la que la defensa de los principios revolucionarios,
obliga a los partidos marxistas-leninistas a encarar el
reto sobre la base de desenmascarar el oportunismo en
todas sus vertientes.
Hoy, podemos contemplar que numerosos partidos
comunistas del mundo, se olvidan con demasiada
frecuencia del cumplimiento de los deberes al que obliga
pertenecer al marxismo-leninismo y que se pueden resumir
en dos: el primero, constituye el problema cardinal de
la doctrina marxista; hacer extensivo el reconocimiento
de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura
del proletariado. Y el segundo, consiste en la persecución,
rodeo y estrangulamiento de toda manifestación
reformista, donde quiera que surja y se exhiba.
Sin dar curso a la perseverancia y a la
intransigencia en ambos compromisos, será imposible
liberar a los trabajadores de las influencias de la
ideología burguesa, y menos aún educarlos para la
revolución socialista.
Una vez más, tomamos en consideración el
talante defensivo que preside las conductas de muchos
partidos comunistas. Es como si la defensa de los
principios revolucionarios solo puede tener lugar en un
estadio avanzado de la lucha de clases. Nosotros
estimamos todo lo contrario. Haciendo uso del sentido
común, que nos indica que la mejor defensa es un buen
ataque, que la protección a ultranza de los principios,
no admite debilidades ni treguas. Si no tenemos voz, lo
haremos por escrito. Si no tenemos pluma, lo haremos con
tiza, pero la palabra revolucionaria ha de quedar
impresa allá donde se le requiera. Nuevamente, tenemos
que decir que hay que pasar a la ofensiva.
Cuando se habla de la Dictadura del Proletariado
se suele hacer con fines teóricos, alejados de las tácticas
y estrategias de los programas de los Partidos. Las
nuevas expresiones, inapropiadas, “democracia
directa” o “democracia participativa”, han dado al
traste con la noción Dictadura del Proletariado; en
cambio, el concepto Democracia Popular prevalece en
todos los programas como el paso inmediato a partir de
la situación actual. De todas formas, la inconcreción
y la abstracción preponderan en los programas.
Con las nuevas terminologías “democracia
directa” y “democracia participativa” se pretende
suplantar por sinonimia a la dictadura del proletariado.
Aquí debemos pararnos un instante y volver a repetir lo
que ya el partido en su momento argumentó al respecto.
Tanto en el sistema capitalista, como en el régimen
socialista se da la democracia directa y participativa,
las que varían son las clases que las disfrutan. En el
capitalismo es el burgués el que participa directamente
de las libertades y derechos de una forma real, en
tanto, que en el socialismo, son las clases trabajadoras
las que tienen garantizadas las libertades y derechos a
través de su participación directa en las tareas de
gobierno. Sin embargo, al hacer hincapié en los términos
“participativa” y “directa” sin más, se está
excluyendo el carácter clasista de la democracia.
La Democracia Popular se presta a la confusión
en virtud de que a través de la historia de la lucha de
clases ha sufrido variaciones de forma y contenido, de
acuerdo con las contradicciones dadas en cada periodo
histórico. Refiriéndonos a Europa, algunos partidos
comunistas resultan tramposos al abordar el problema,
como si no fuese necesario correr riesgos. Pues una
democracia popular puede ser indistintamente la
dictadura del proletariado, como también una modalidad
de democracia que aún no ha rebasado los límites del
sistema burgués y tal vez nunca los desborde. Pero
dependiendo de las contradicciones dadas y de los fines
a perseguir, dimanantes de éstas, uno u otro modelo de
democracia popular puede ser un dislate oportunista de
derecha o de izquierda si la que se entienda aplicable
no corresponde a las condiciones objetivas. Muchos
revolucionarios nos hablan de poder, de correlación de
fuerzas etc. pero sin concretar, retrotrayéndose al período
del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Se menciona
el poder de los trabajadores junto con otras fuerzas,
pero en abstracto y no dicen nada sobre sus formas.Tan
solo se alude al concepto Dictadura del Proletariado, al
final, en el apartado teórico en donde se honora enfáticamente
con sabor a añoranza en vez de actualidad.
PREMISAS
TEÓRICAS DE LA DICTADURA DEL PROLETARIADO
La teoría dice que el desarrollo de las fuerzas
productivas alcanza tal grado y amplitud, que choca con
las formas de propiedad de los medios de producción,
con las formas, también, de distribuirse las riquezas
que la sociedad produce, etc. es decir, con las
relaciones de producción. Dicha contradicción solo
puede ser solventada con un cambio de sociedad superior,
que abra las perspectivas de desarrollo de las fuerzas
productivas, en relación directa con las necesidades
que plantean las nuevas relaciones de producción. Dicho
con el verbo marxista, el desenlace científico deviene
con la revolución social.
Pero ¿quiénes, y de qué forma llevarán a cabo
la revolución? ¿Con qué armas la garantizará? Como
quiera que el Manifiesto Comunista, no responde a estas
preguntas de manera concreta, los expertos en revisar
las teorías marxistas propagaban que la Dictadura del
Proletariado es una idea acientífica posterior,
inventada por Marx.
En el Estado y la Revolución, Lenin nos advierte
“En 1847, en el Manifiesto Comunista, Marx daba a esta pregunta una
respuesta todavía completamente abstracta, o, para ser
más exactos, una respuesta que señalaba las tareas,
pero no los medios para cumplirlas. Sustituir la máquina
del Estado, una vez destruida, por la “organización
del proletariado como clase dominante”, por la
“conquista de la democracia”: tal era la respuesta
del manifiesto Comunista”. Lo que Lenin sugería
como pregunta es ¿con
qué sustituir la maquinaria estatal burguesa?
También en el Estado y la Revolución, Lenin señala
a propósito: “Sin perderse en utopías, Marx esperaba de la experiencia del movimiento
de masas la respuesta a la pregunta de qué formas
concretas habría de revestir la organización del
proletariado como clase dominante”.
Es fácil deducir que lo que estaba en discusión
no era el principio de la necesidad que tiene el
proletariado de ejercer su dominio sobre la burguesía;
lo que estaba sobre la mesa de debate eran las tareas
concretas para llevarlo a cabo y las formas concretas
que habría de revestir dicho dominio.
Aunque en 1852, Marx reconocía a su amigo
Weydemeyer a través de una carta, que su mérito
consistía en haber demostrado “que
la lucha de clases conduce, necesariamente, a la
dictadura del proletariado” y “que
esta misma dictadura no es de por sí mas que el tránsito
hacia la abolición de todas las clases y hacia una
sociedad sin clases” es en el 1871 y tras la
experiencia de la Comuna de París cuando se dio
respuesta a la pregunta que subyace en el Manifiesto. A
tenor de dichas experiencias Marx y Engels llegaron a la
conclusión científica de que ese “primer
intento... por destruir la máquina del Estado burgués”
constituía “la forma descubierta, al fin por la revolución proletaria, bajo la
cual puede lograrse la emancipación económica del
trabajo”.
¿Qué criterios científicos aportó la Comuna
de Paris? El aparato del Estado capitalista fue
sustituido radicalmente por otro nuevo, cuya misión era
liquidar el aparato burocrático-militar sustituyéndolo
por el pueblo armado y por funcionarios revocables en
cualquier momento. Las bases teóricas de la Dictadura
del Proletariado quedaron sentadas y Marx, cinco años
después, en su Crítica del Programa de Gotha establecía
la formulación adecuada:
“Entre la sociedad capitalista y la sociedad
comunista media un período de transformación
revolucionaria de la primera en la segunda. A este período
corresponde también un período político de transición,
cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura
revolucionaria del proletariado”.
De ahí que Lenin afirmara sin ambages que “...quien
reconoce solamente la lucha de clases no es aún
marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del
pensamiento burgués y de la política burguesa.
Circunscribir el marxismo a la teoría de la lucha de
clases es limitar el marxismo, tergiversarlo, reducirlo
a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo
es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha
de clases al reconocimiento de la dictadura del
proletariado”.
Entonces, ¿se puede ser marxista-leninista sin
propugnar la dictadura del proletariado como primer paso
para negar el capitalismo monopolista de Estado? Marx no
ofrece oportunidad a las dudas en su formulación post
Comuna de Paris: Primer paso, la revolución socialista
que lleva implícita la conquista del poder político
(dictadura del proletariado) para establecer y
garantizar las tareas de las nacionalizaciones y
transformaciones (periodo revolucionario).
Ahora bien, con frecuencia, sacando fuera del
contexto histórico en el que Lenin se expresa, se
maniobra con su siguiente texto: La república democrática, no suprime, ni mucho menos, la dominación
del capital, ni por consiguiente la opresión de las
masas ni la lucha de clases; lleva inevitablemente a un
ensanchamiento, un despliegue, una agudización tal de
esta lucha que, tan pronto como surge la posibilidad de
satisfacer los intereses vitales de las masas oprimidas,
esta posibilidad se realiza inevitable y exclusivamente
en la dictadura del proletariado”
Haciendo uso de este pasaje incompleto se dice en
“Principios Fundamentales de Filosofía, de Georges
Politzer en su edición de 1952: He aquí, además un ejemplo notable de dialéctica: “…uno de esos
casos de `transformación de la cantidad en calidad”
–la democracia puesta en práctica del modo más
completo y consecuente que puede concebirse, se
convierte de democracia burguesa en democracia
proletaria”.
Pero Lenin, no coincide en su pensamiento con la
revisión que de su texto realiza el Politzer, puesto
que él se refiere a la “democracia” no como medio
para luchar contra la burguesía, sino como consecuencia
del derrumbamiento de la burguesía.
“En
realidad, este período es inevitablemente un período
de lucha de clases de un encarnizamiento sin
precedentes, en que ésta reviste formas agudas nunca
vistas, y, por consiguiente, el Estado de este período
debe ser inevitablemente un Estado democrático de
manera nueva (para los proletarios y
los desposeídos en general) y dictatorial de manera
nueva (contra la burguesía) –Lenin, El Estado y
la Revolución.
Se puede objetar que actualmente la composición
social de la clase obrera es mucho mas compleja que en
tiempos de Marx y de Lenin y que otras clases estarían
interesadas en socavar los cimientos del capitalismo
monopolista de Estado, en cuyo caso, la Democracia
Popular sería un paso a dar previo a la dictadura del
proletariado. Lenin nos puede sacar de dudas en Estado y
la Revolución:
En la Europa de 1871, el
proletariado no formaba la mayoría ni en un solo país
del continente. Una revolución "popular",
que arrastrase al movimiento verdaderamente a la mayoría,
sólo podía serlo aquella que abarcase tanto al
proletariado como a los campesinos. Ambas clases
formaban en aquel entonces el "pueblo". Ambas
clases están unidas por el hecho de que la "máquina
burocrático-militar del Estado" las oprime, las
esclaviza, las explota. Destruir, romper esta máquina:
tal es el verdadero interés del "pueblo", de
su mayoría, de los obreros y de la mayoría de los
campesinos, tal es la "condición previa" para
una alianza libre de los campesinos pobres con los
proletarios, sin cuya alianza la democracia será
precaria, y la transformación socialista, imposible.
Hacia esta alianza precisamente se abría camino,
como es sabido, la Comuna de París, si bien no alcanzó
su objetivo por una serie de causas de carácter interno
y externo.
Consiguientemente, al hablar de una
"revolución verdaderamente popular", Marx,
sin olvidar para nada las características de la pequeña
burguesía (de las cuales habló mucho y con
frecuencia), tenía en cuenta con la mayor precisión la
correlación efectiva de clases en la mayoría de los
Estados continentales de Europa, en 1871. Y, de otra
parte, constataba que la "destrucción" de la
máquina estatal responde a los intereses de los obreros
y campesinos, los une, plantea ante ellos la tarea común
de suprimir al "parásito" y sustituirlo por
algo nuevo.
PRIMERA
REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y POPULAR
De lo que llevamos expuesto podría deducirse que
el concepto Democracia Popular es nuevo y además
contradictorio con los principios marxistas-leninistas.
Pero no es así, tanto Marx y Engels como Lenin,
precisan que para que se den las premisas que fuercen el
tránsito de una sociedad a otra,
el modo de producción caduco ha debido llegar a
su plena madurez, para ello ha de haberse desprendido
previamente de toda reminiscencia del sistema de
producción anterior. Mientras las clases en el poder no
hayan cumplimentado sus tareas revolucionarias no pueden
surgir las condiciones materiales para la revolución y
es prácticamente imposible que la clase llamada a regir
los destinos de los combates haya podido adquirir la
conciencia de clase que determina la condición
subjetiva para que se de la revolución.
Tomemos por ejemplo la revolución rusa de
1905-1907. El capitalismo ruso había alcanzado un
desarrollo medio y se encontraba en los umbrales de la
fase imperialista. Sin embargo, los capitalistas no habían
llevado a cabo su revolución democrática que
finiquitase el régimen feudal. En Rusia gobernaba una
monarquía absoluta que representaba la dictadura de la
clase terrateniente. En los campos se castigaban físicamente
al siervo. El pueblo estaba privado de todos los
derechos y libertades políticas más elementales.
Estaba claro que la burguesía no había
culminado sus tareas revolucionarias. Es tal la razón
que explica que la revolución de 1905-1907 fue
burguesa: las transformaciones que se proponía llevar a
efecto (derribar la autocracia, instituir la república
democrática, acabar con los privilegios estamentales,
abolir la propiedad agraria terrateniente) no implicaban
la destrucción de la sociedad burguesa, sino la feudal.
No obstante, esa revolución se distinguía
esencialmente de las revoluciones burguesas que se habían
sucedido en Europa en los siglos XVII y XVIII. En estas
fue la burguesía la que protagonizó y dirigió las
luchas. Mientras que en la revolución rusa, por primera
vez en la historia, el proletariado se constituye en el
director de la revolución. En ella tomaron parte también
el campesinado pobre y otras capas de las amplias masas
populares. Puede decirse que no fue solo una revolución
burguesa, sino también democrática, popular, la
primera revolución popular de la época del
imperialismo, aunque resultó fallida, por tal motivo el
Partido de Lenin no pudo continuar hacia el socialismo.
Es obvio que desde Marx hasta Lenin, una vez que
la burguesía haya abordado y culminado las
transformaciones sociales que le pertenece, una revolución
popular, cualesquiera que sean las clases que
intervengan, según la sociedad dada, ha de tener la
forma y el carácter de la dictadura del proletariado
para destruir la maquina estatal burguesa. Recordemos
las palabras del Lenin mas arriba expuestas: …
el Estado de este período debe ser inevitablemente un
Estado democrático de manera nueva (para los
proletarios y los
desposeídos en general) y dictatorial de manera
nueva (contra la burguesía) En Febrero de 1917 la
burguesía rusa pone fin a su proceso democrático y en
abril tiene lugar por parte de Lenin la elaboración y
presentación de sus famosas “Tesis de Abril” en la
que propugna el asalto al poder del proletariado para
instaurar su dictadura.
A decir del revisionismo moderno y al juzgar las
consecuencias de numerosos programas de Partidos
Comunistas, amparándose en el proceso histórico que
rodea a la II Guerra Mundial con las sucesivas
revoluciones que parecen confirmarlo, sería forzoso
acometer ambas etapas, dada la diversidad de clases
interesadas en la destrucción de los monopolios. De
ningún modo, hay que quemar las dos etapas de manera
obligatoria. Cada una dimana de la contradicción
fundamental que se dilucida en la ebullición de la
lucha de clases y del objetivo histórico a cubrir.
LA
III INTERNACIONAL
Pero ¿Cómo se trata el problema a raíz de la
III Internacional, ante la nueva situación que crea la
llegada del fascismo en Alemania y otros países y su
amenaza de extenderse por toda Europa, con el peligro de
una gran guerra?.
La ejecutiva del Komintern, entrañándose en el
discurso del III Congreso de Diciembre de 1921, diseñó
la táctica del frente único por el que se invitaba a
los partidos comunistas a dirigirse a las direcciones de
los partidos y sindicatos reformistas con el propósito
de concluir en la unidad de acción por las
reivindicaciones cotidianas del proletariado. El frente
único de los trabajadores estaba llamado a desempeñar
un papel histórico hasta después de la II Guerra
Mundial. Su consecución en los países de Europa estuvo
marcada por las peculiaridades sociales y políticas de
cada nación. Pero el Frente Único de Trabajadores
adquiere sentido durante el período de lucha contra el
fascismo triunfante, en el que se convierte en sendos
frentes populares, organizaciones concluyentes de las
democracias populares en la Europa del Este y Asia. En
España tuvo primordial repercusión el VII Congreso de
la III Internacional.
¿En que consistía el Frente Único para la III
Internacional? El 23 de Agosto de 1.923 J. Dimitrov
alertaba al pueblo búlgaro “Es
de vital para las masas trabajadoras y para la
intelectualidad laboriosa, como también para sus
partidos políticos y organizaciones económicas,
conservar hoy, mediante esfuerzos conjuntos, sus
libertades, sus derechos, su honor y su vida, aplastando
desde el comienzo mismo a la reacción burguesa que
levanta la cabeza y a su expresión mas típica: el
fascismo.
El
V Congreso de la Internacional Comunista insistió en el
problema del frente único, comprobando que casi todos
los llamamientos efectuados por los partidos comunistas
al respecto, chocaban con la oposición de los partidos
reformistas, que sin embargo, estaban en trance de
estrechar su colaboración con la burguesía, escorándose
cada vez más hacia la derecha. Por este motivo, el
congreso condenó toda interpretación del Gobierno
obrero como una simple coalición con la
socialdemocracia, pero a su vez, en determinadas
resoluciones del Congreso se reflejaron errores tácticos
como el de concebir el Gobierno obrero como la consigna
de instauración de la dictadura del proletariado, que
no correspondía a las contradicciones planteadas.
De
esta forma se desarrolla posteriormente el VI y sobre
todo el VII Congreso de la Internacional Comunista, que
subrayan que ante la clase obrera no se presentaba de
inmediato la disyuntiva entre dictadura del proletariado
y la democracia burguesa, sino entre democracia y
fascismo. Desde esta perspectiva se hizo obligatorio
dirigir a la clase obrera contra el fascismo que venía
a abolir todos los derechos del proletariado y demás
trabajadores. Además, los Estados fascistas
representaban una amenaza inminente de una nueva guerra
mundial. La tarea que impuso el congreso era la de
impedir el ascenso del fascismo al poder y en aquellas
naciones donde el fascismo gobernaba luchar por todos
los medios para derrocarlo. Es decir, la lucha por el
socialismo era apartada de momento como objetivo
inmediato y sustituida por la lucha contra los restos
del feudalismo, contra el fascismo y la guerra, que
constituían la contradicción fundamental del momento
histórico que se vivía.
El VII Congreso pasó de la consigna del Frente
Único de trabajadores (todavía indispensable para
conseguir la dirección de la clase obrera en las
luchas) por la creación del frente único popular. El
Movimiento Comunista se apoyó en la concepción de
Lenin del frente único propugnada y elaborada por el
III y IV congresos del komintern en los años 20. Los
cambios operados en la situación internacional durante
los años 30 empujaron al movimiento comunista
internacional a profundizar en esta concepción. El
problema principal continuaba siendo la superación de
la división de los trabajadores para ahondar y ampliar
el frente antifascista que además de los obreros, incluía
a campesinos, intelectuales y las capas medias urbanas y
demás fuerzas con el fin de crear el frente popular
antifascista.
Las
resoluciones del VII Congreso dieron lugar en nuestro país
al Frente Popular que se alzó victorioso en las
elecciones de Febrero del 1.936. Fue en España donde
por primera vez se instauró un régimen de Democracia
Popular, que perseguía erradicar todo vestigio de la
España semifeudal, es decir, sería una democracia sin
terrateniente, sin oligarquías financieras e
industriales en los que se podía sustentar el fascismo
y sin Ejército de casta y en la que el pueblo tenía
las armas. Dicho frente se llevó a la práctica al
calor de la existencia de la Unión Soviética y suponía
en palabras de Azaña batirse “por
la independencia de España y por la libertad de los
españoles y por nuestra patria” En modo alguno se
podía hablar de la dictadura del proletariado, aunque
éste constituyera su fuerza rectora. El objetivo era
frenar el fascismo y la posibilidad de una gran guerra.
Las
grandes burguesías de Europa abrieron sus puertas al
fascismo durante la II Guerra Mundial. Una verdadera
traición nacional que es repelida, también, por
sectores burgueses (pequeña y mediana burguesía). Por
su contenido, pues, las democracias populares fueron
primeramente antiimperialista, antifeudales, democráticas,
que en el cumplimiento de sus tareas de carácter
liberador y democrático general se transformaron en
revoluciones socialistas. Así pues, las Repúblicas
Democráticas Populares pasaron por dos etapas. La
primera comprende desde el otoño del 1944 hasta
1947-48, periodo en que se lleva a cabo las medidas
antiimperialistas, antifeudales, nacionales y democráticas.
Acabando con el dominio fascista y de sus agentes
locales. Se juzgaron a los traidores y se les
confiscaron sus propiedades, se implantaron las reformas
agrarias y se aniquilaron todo vestigio feudalista.
La
burguesía nacional que había apoyado a la clase obrera
perseguía sus propios fines. Con la ayuda de los
monopolios estadounidense pretendía dirigir el curso de
los acontecimientos por la vía democrático burguesa.
Por consecuencia lógica y para neutralizar la acción
de la burguesía, en esta segunda etapa se fortalece la
alianza obrero campesina y procede a la nacionalización
de los medios de producción, es decir, se avanzó por
el camino de la transformación de la revolución democrática
en socialista.
El
proletariado aprovechó consecuentemente la existencia
de la URSS, así como el debilitamiento de la gran
burguesía tras la derrota de la II Guerra mundial para
transformar un proceso democrático en la dictadura del
proletariado, muy distinto al soviético, de ahí que
las democracias populares se convierten en variantes de
la dictadura del proletariado, pero adoleciendo de
debilidades ostensibles, dado el escaso desarrollo de
las fuerzas productivas.
Es
necesario extraer conclusiones certeras del proceso
descrito para no caer en errores. En un principio la
democracia popular no sustituye a la dictadura del
proletariado, después se convierte en ésta. El sistema
democrático popular acontece de condiciones muy
especiales; la IIª Guerra Mundial. Como vemos, la
Internacional Comunista, ante el impetuoso avance del
capitalismo en la forma de fascismo, abogaba por Frentes
Únicos de Trabajadores. El fascismo no solo era
anticomunista, también antipopular y ofrecía la
oportunidad de conjugar amplias fuerzas del
proletariado, de todos los trabajadores y demás capas y
clases afectadas. La presencia a corta distancia de la
URSS después de salir victoriosa de la II Guerra
Mundial, hizo posible que las democracias populares
cumpliesen su misión de pasar del capitalismo al
socialismo sin apenas interferencia de la burguesía.
Las burguesías de Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria,
Rumania y Polonia, después de la derrota en la guerra,
escaseaban de fuerzas para enfrentarse abiertamente al
proletariado.
Debido
a estas circunstancias (relativo pacifismo), se
liquidaron las bases económicas de estos países en los
que el capital asentaba su poder, no obstante, pese a
las expropiaciones, las burguesías conservaron a gran
nivel sus cuadros y su papel político activo. En
algunos casos como en el de Hungría no se destruyó
inmediatamente el aparato estatal burgués, salvo la
policía y el ejército, el resto de las instituciones
burguesas se fueron transformando paulatinamente. De
esta forma, y durante un tiempo bastante largo, la
burguesía pudo conservar gran parte de su influencia en
la administración estatal y en las decisiones
referentes a la economía y a la cultura. El hecho de
que se sustentara la “dictadura del proletariado” en
forma de democracia popular sin ser abatida, se debe
como anteriormente se expone a la presencia de la URSS.
Los hechos del 1956, se explican por sí solo, pues
después de once años de instaurarse el poder popular
la burguesía pudo organizar sus filas y actuar.
Las
Democracias Populares han presentado en todo momento
fisuras y debilidades, pues de una u otra forma se daban
situaciones similares a las de Hungría. En China
incluso, la burguesía nacional conservaba bastante
poder e influencia no solo política sino también ideológica.
Mao, en sus famosas contradicciones, decía que la
burguesía nacional no representaba una contradicción
en el seno del pueblo que impidiera la construcción del
socialismo. Mao incluía en su noción de pueblo a la
burguesía nacional.
Recordemos
que las democracias populares de España, Chile y
Nicaragua, sucumbieron por no proceder, desde el primer
instante, y por diversas causas a la aniquilación del
estado burgués.
De
todo ello tendremos que extraer determinadas
conclusiones:
·
La democracia Popular de los años 40 surgen en condiciones muy
específicas.
·
La democracia Popular viene a cumplimentar las tareas democráticas
no acabadas por la democracia burguesa, como la
eliminación de todo vestigio feudal y constituye un
freno al fascismo en avance
·
La democracia popular en su avance hacia el socialismo erró al no
liquidar inmediatamente el estado burgués
CONTRADICCIÓN
FUNDAMENTAL CONTEMPORÁNEA EN EUROPA
Anclados en el pasado, sin tener en cuenta los
cambios operados en Europa, algunas fuerzas
revolucionarias, conciben la democracia popular como una
etapa prólogo a la dictadura del proletariado (creemos,
pues no aparece claramente). Nosotros entendemos que se
trata de un error, debido a la confusión reinante que
permite la penetración de las ideas pequeño burguesas
en el interior de los partidos. Como consecuencia de
ello, no se ha procedido al examen consecuente de las
condiciones contemporáneas. Y es también el reflejo
del bajísimo grado de conciencia de clase que aún luce
el proletariado.
En la actualidad, cuando los países europeos han
cumplimentados sus tareas democráticos burguesas,
cuando han sido erradicados, hace tiempo ya, todos los
vestigios feudalistas, la democracia popular adquiere un
significado distinto. Debe contemplarse como equivalente
de dictadura del proletariado de nuevo corte, diferente
a las anteriores democracias populares. La contradicción
fundamental es ahora; democracia burguesa o socialismo.
Hay que reseñar que en nuestro país, se dan datos
aparentemente visibles de no haberse terminado el
proceso democrático burgués, cuales son, la privación
del derecho de los pueblos que configuran el estado a la
autodeterminación de su destino, y la existencia de la
clase terrateniente.
El derecho a la autodeterminación es
perfectamente compatible con la dictadura revolucionaria
del proletariado y por otro lado, la clase
terrateniente, se ha transformado en “burguesía-terrateniente”
estrechamente ligada a los monopolios y al capital
financiero español. La Reforma Agraria que necesita
nuestro país no puede ser solo antilatifundista, sino
además antimonopolista, pues las relaciones de producción
son burguesas y no feudales.
Muchas veces se acoge al contenido
antiimperialista del proceso de lucha moderno, para
postular la democracia popular previa a la dictadura del
proletariado. En realidad, toda lucha, sea de liberación
nacional, antifeudal o socialista son tácitamente
antiimperialistas.
Así pues, el modelo de sociedad de democracia
popular por el que aboga el PCOE tendrá
inexcusablemente sus propias particularidades, su
especificidad, derivadas de las circunstancias del
momento presente, del desarrollo económico alcanzado
por el país, de la correlación de fuerzas políticas
conformadas y de la situación internacional en que
estemos enmarcados, pero evidentemente constituirá todo
un proceso revolucionario ininterrumpido hacia el
socialismo.
¿Cuáles son las características esenciales de
la democracia popular que propugna el PCOE?
·
la dirección revolucionaria de la clase obrera y campesina a las
que se unirá las demás capas populares, con carácter
dictatorial y represivo contra la gran burguesía.
·
Antiimperialista, contra la Europa de las multinacionales y de los
monopolios y contra los EE.UU.
·
Respetará el derecho a la autodeterminación de los pueblos que
configuran el estado.
·
Se dotará de organizaciones populares que propicie la democracia
obrera y popular, entre
otros argumentos cabe esgrimir que ya la propia burguesía
española al incluirse en el imperialismo europeo ha
inutilizado las instituciones democrático-burguesas
sometiéndola y supeditándola a las instituciones
continental y mundial.
·
Debido al alto desarrollo de las fuerzas productivas procederá al
cambio de las estructuras económicas, para aniquilar el
poder de los monopolios y de las multinacionales.
·
En consonancia con lo anterior es imprescindible la destrucción
del estado burgués y su sustitución por el Estado de
la clase obrera y sus aliados
·
La República Democrática y Popular no puede circunscribirse al
derrocamiento de la monarquía y a las transformaciones
económicas olvidando el papel que desempeña el Estado
burgués y sus instituciones.
·
La Republica Democrática y Popular es una forma de dictadura del
proletariado.
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