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¿Nación o región?
PCOE
Las discusiones que tuvieron lugar durante el proceso de
reformas del Estatuto de Autonomía se centraron
fundamentalmente sobre el carácter de la comunidad humana
de Andalucía ¿nación o región?
Para una cantidad de partidos de la izquierda, el
nacionalismo es sinónimo de radicalidad revolucionaria.
Para otros partidos de dudosa ideología, la probabilidad de
que Andalucía adquiriese el rango de nación, supondría
colocarla a la cabeza de las regiones y naciones de España,
o como mínimo igualarla con el País Vasco, y Cataluña,
porque nación en su entendimiento significa soberanía y
poder.
En ambos casos, cuando defendían el nacionalismo, lo
hacían aspirando supuestamente a la panacea de todos los
problemas que aprisionan a Andalucía, ya que para ellos,
nación, es la palabra mágica que todo lo puede y que
desborda los límites establecidos por la sociedad vigente.
Las conquistas que había alcanzado el Estatuto de
Cataluña, estimulaba ciegamente al PA, hasta obligarle a
exigir la equiparación del Estatuto de Autonomía de
Andalucía con el catalán, en la inteligencia de que el
objetivo se podía conseguir con solo introducir el término
nación.
En el otro extremo la izquierda “radical”, alucinada
por la actividad y por las energías que suscita en sectores
importantes del pueblo vasco su advocación nacionalista, y
tras una lectura distorsionada de la situación en Euzkadi,
propenden a identificar nacionalismo con revolución,
erigiendo al nacionalismo en el elemento que vivifica la
lucha de masas.
Muy lejos, por tanto, están los dirigentes del PA, así
como también la dirección del BAI, entre otros, de abordar
con análisis científico y dialéctico, los procesos que se
han llevado a cabo en ambos lugares. Y cuando se advierte un
mínimo esfuerzo en sus razonamientos, lo hacen con engaños
y con medias verdades.
Vivimos en una sociedad cuyo rasgo distintivo es la
penetración de los monopolios y las multinacionales en los
mecanismos del Estado, con el propósito de controlarlos y
de activarlos en favor de sus intereses económicos y
políticos. Únicamente cuando se atiende este fenómeno en
sus causas y efectos, se está en condiciones de comprender
que lo que se ha resuelto entre Barcelona y Madrid no es
otra cosa que una parte de las contradicciones que se da
entre las altas burguesías.
Podemos asegurar, entonces, que los logros tangibles, los
que realmente se pueden poner en prácticas y que sin duda
se llevarán efectos, son aquellos aspectos que inciden
favorablemente en la consolidación y en la ampliación de
las estructuras que benefician a la gran empresa catalana,
mientras que los derechos sociales, son inaplicables porque
no existen las bases económicas que los garanticen.
Cabe resaltar que la alta burguesía catalana ofrece
registros macroeconómicos que demuestran su gran dominio en
el ámbito de la economía del Estado. Ahí es donde reside
su fuerza, esos son sus argumentos incontestables. Los
Estatutos y el nacionalismo, para las clases sociales
poderosas, son estratagemas que sirven para ocultar la
verdadera confrontación. Jamás deberíamos olvidar que
debatimos dentro del sistema capitalista de producción,
plagado de contradicciones. Las industrias catalanas, las
más prósperas y voluminosas de todo el Estado, por sí
mismas, ejercen una presión económica y política
ostensible y fortísima sobre el resto de las burguesías
españolas, las cuales se ven forzadas a ceder algunas
ventajas.
En este sentido, podemos preguntarnos ¿A quién
representa el PA? ¿A qué gran burguesía andaluza se
adosa, como para presionar con la mascara del nacionalismo,
basada en un poder económico lo bastante fuerte, para hacer
que el gran capital castellano, vasco, terrateniente andaluz
o catalán que controlan el Estado, se vean obligados a
ceder ciertas parcelas de poder?
Es indudable, el PA solo representa a sectores de la
pequeña burguesía, fundamentalmente asentada en los
pueblos y muy influenciadas aún por un pensamiento
exangüe, propio de los principios del capitalismo.
El gran burgués que vive físicamente en Andalucía, no
tiene sus empresas en nuestra región. No es gran
capitalista andaluz, solamente terrateniente. Esta gran
burguesía no va a entablar una lucha contra sí misma, es
decir, contra el Estado del que ella forma parte. Es
totalmente absurda una pretensión así.
También, los nacionalistas de izquierdas, incurren en
dos errores descomunales. El primero consiste en equiparar
el supuesto nacionalismo andaluz con el nacionalismo vasco,
enraizado éste en casi en el 70% de su población (PNV, EA,
HB…) Y que además es un nacionalismo insatisfecho
históricamente, que hoy centra la discusión política de
toda la sociedad vasca, porque de un modo natural,
corresponde en el marco de la democracia burguesa, el lugar
para su solución.
Y el segundo error, es querer pasar por
marxismo-leninismo sus posiciones nacionalistas y su
consigna de Estado Confederal, las más extrañas a Marx,
Engels, Lenin y al propio Stalin.
El PCOE, lo tiene claro, apoyará el derecho a la
autodeterminación del pueblo vasco, porque lucha por la
liberación de las naciones oprimidas. El País Vasco lo es,
basta con que le nieguen el derecho a decidir por sí mismo
como nación. El derecho de la nación vasca a trazar su
destino, es inalienable. Es un problema que debió
resolverse hace tiempo dentro de la sociedad burguesa,
porque es legítimo y porque económicamente es posible como
explicaba Lenin.
Pero el nacionalismo vasco ha inferido un nuevo panorama
y se ha convertido en una realidad que salpica a todas las
clases populares, superando la lucha de clases en estos
momentos y que han reemplazado a la gran burguesía en la
dirección nacionalista. La consecución del derecho a la
autodeterminación en las circunstancias actuales, puede
generar tremendas contradicciones en todo el estado. Es por
esta razón, que se hayan puesto de acuerdo todas las
grandes burguesías incluida la vasca para oponerse con
todas sus fuerzas a que dicho derecho sea ejercido, para
evitar el debilitamiento del estado capitalista.
El PCOE estima que cuando el grado de la lucha de clases
del estado español alcance mayores cotas, se crearán las
condiciones favorables para la aplicación de la
autodeterminación. Pero este mismo desarrollo de la lucha
de clases, en el supuesto de existir un partido
marxista-leninista fuerte y con influencia, puede modificar
sustancialmente la psicología y la conciencia de los
trabajadores de todo el estado español, incluidos los
vascos. En esta la lucha de clases, se irá diluyendo la
falsa competencia entre los pueblos, generada por la gran
burguesía. Se estrecharán los lazos de amistad y
gobernará la solidaridad en sus relaciones. En definitiva,
la clase obrera de los distintos lugares, comprenderá que
sus objetivos son los mismos y que el enemigo es común.
No obstante, y con ser la lucha de clases el factor
determinante de las resoluciones, no significa que el
combate del pueblo vasco no cree contradicciones en el seno
del estado español y por lo tanto, los comunistas debamos
rechazar dichas batallas por inoperantes, hasta que en el
resto del estado la lucha del clases no se desarrolle.
Tampoco, en modo alguno, puede exigírsele al pueblo vasco
que desista en sus luchas y las aplacen para cuando la lucha
de clases en el resto del estado, le sea favorable.
Es incuestionable que toda acción llevada a cabo por las
masas populares vascas, por el derecho de la
autodeterminación, pondrá al descubierto el verdadero
carácter opresor del estado español. Simultáneamente,
toda lucha de masas de las clases populares del resto del
estado español, sirve para agudizar las contradicciones de
la sociedad española y para destapar también la naturaleza
reaccionaria y represora del Estado.
Desde el punto de vista de la lucha de masas, ambas se
influencian y en estos momentos se complementarían. Un
partido comunista puede llegar a acuerdos firmes con el
nacionalismo de izquierda vasco, bajo los principios de un
programa antiimperialista que debe ser eminentemente
antimonopolista y que contemple el respeto a decidir en qué
forma pueden establecerse las relaciones. Es obvio que el
PCOE propugna un socialismo basado en el centralismo
democrático.
En la hora presente, el PCOE aboga porque comiencen en
plano de igualdad de condiciones, las conversaciones para
llegar a un marco de legalidad, en el que la izquierda
nacionalista vasca, pueda desenvolverse con total
normalidad. Cuando hablamos de igualdad, queremos decir que
el Estado derogue la ley de partidos políticos y cese su
represión, y que ETA abandone las armas, pero, lo que no
puede incluir nunca, es que las masas populares vascas hagan
dejación de su derecho a movilizarse, pues mientras no se
aplique el derecho a la autodeterminación, el pueblo vasco
tiene la obligación moral, de reivindicarla con acciones
políticas de toda índole dentro de las instituciones y en
la calle.
En cambio el BAI (CUT, PCPA, Jaleo..) extrayendo
conclusiones equivocadas, entiende que la solución de los
problemas de Andalucía está en clave vasca.
Ya el PCOE, en documento singular, expuso sin tapujo que
Andalucía no es una nación y por esta razón no puede
homologarse con la nación vasca.
Ha habido respuesta por parte de algún dirigente de la
CUT, a dicho informe, haciendo referencias a Marx, Engels,
Lenin y Stalin, llevando a su terreno las condiciones
explicitadas por Stalin, que deben reunirse para que una
comunidad pueda ser considerada nación, pero ocultan adrede
el aspecto fundamental, detallado enfáticamente también
por Stalin, que decide si una comunidad humana es o no
nación, cual es el modo de producción y la clase
constructora de la nación, en este caso la burguesía.
Como torpes maniobreros, establecen el momento en que
surge la nación, es decir, durante el capitalismo
ascensional, para demostrar que conocen perfectamente las
características históricas del nacimiento de la nación,
lo cual es correcto, la falsedad consiste, en que esta
verdad a media, viene a soslayar la premisa determinante.
No se trata de decir que la formación de la nación
culmina su proceso durante el capitalismo, sino que es el
capitalismo, la burguesía, la que origina la nación en el
instante en que se expande y rompe los límites del
feudalismo, por lo que la nación y su expresión, el
nacionalismo, son conceptos burgueses.
Repetimos una vez más, que mientras la burguesía vasca,
aspira a ser nación e impregna de psicología nacional a su
pueblo en pleno desarrollo y expansión como clase dirigente
en el momento de aniquilar el feudalismo, en Andalucía, en
cambio, sucede todo lo contrario. La burguesía andaluza, es
antes que nada terrateniente. Así pues, en el momento en
que acontecen las naciones, la clase que debería encargarse
de crear la nación andaluza era terrateniente, es decir, la
clase que sostiene el feudalismo y que reacciona
contrariamente al nacimiento y desarrollo de la nación.
En el obrero, en el pueblo andaluz no existe, por
consiguiente, la psicología nacionalista, porque la clase
dirigente la gran burguesía-terrateniente, no ha estado
interesada en inculcarla. El nacionalismo trasnochado y
anacrónico andaluz, solo puede partir de las clases más
antiguas, más atrasadas, ancladas en el pensamiento post
feudalismo, tales son el campesinado pequeño y medio y las
pequeñas burguesías de la ciudad y del campo, las cuales
carecen del método científico de análisis para comprender
la realidad actual que les circundan.
Los límites en que se desenvuelven las pequeñas
burguesías de la ciudad y del campo, que las hunden en la
precariedad económica, en su nula influencia política, y
siempre en peligro de desaparición, les obligan a romper
con la realidad existente. Pero aprisionadas por su
carácter burgués incipiente, más propio del comienzo del
capitalismo, les lleva a recorrer el mismo camino, que sus
homónimas de los siglos XVIII, XIX y principios del XX,
emprendieron impulsadas por necesidades históricas, cuando
el obstáculo que se interponían en su desarrollo eran las
leyes y el territorio feudal, pero que una vez que aparecen
las grandes burguesías y sus naciones, no tiene razón de
ser.
Hoy las pequeñas burguesías no se desarrollan porque
les asfixien los límites del mercado feudal y deban romper
aduanas y provincias para construir sus naciones y de esta
forma asegurarse y ampliar sus mercados. Hoy las pequeñas
burguesías de la ciudad y del campo andaluz, no pueden
evolucionar, no por una presunta falta de mercado, sino
porque éste lo acaparan los monopolios y las
multinacionales. Su lucha, pues, debe centrarse en resolver
su contradicción con el estado monopolista, si quieren
subsistir.
Sin embargo, la escasa conciencia de clase del obrero
andaluz, que se evidencia en el retraso de las luchas de
clases, son circunstancias que facilitan la pérdida de
claridad analítica de determinados partidos, que en vez de
intentar atraer a las pequeñas burguesías hacia un frente
antimonopolista, se dejan influenciar por ellas y por su
ideología desfasada. Naturalmente, son en los pueblos donde
con mayor amplitud se puede dar este fenómeno. Esto explica
el nacionalismo pequeño burgués de la CUT y del PCPA.
Interpretar que sin tener el reconocimiento de nación,
los andaluces se verán impedidos para solucionar sus graves
problemas, no es solo un error inconsciente, sino que
constituye un engaño monstruoso, que le hace el juego a los
enemigos de la clase obrera, porque trata de pasar por alto,
que los problemas que sufrimos los andaluces, paro, salarios
míseros, dependencia etc. se dan como consecuencia de que
las minas, los campos, las fabricas, los servicios y todos
los medios de producción se hallan en manos de la propiedad
privada, especialmente, en manos de las grandes burguesías
y de las multinacionales.
Que nadie descentre la atención de las masas populares
andaluzas. A nuestra región (lo mismo que si fuese nación)
no le queda otro camino que enfrentarse abiertamente contra
la política económica del Estado monopolista. La solución
no está en unos estatutos falsarios que solo habla de
intenciones. Los estatutos, no cambiará la situación
económica de los trabajadores andaluces. Hay que cambiar,
primero las condiciones económicas y después elaborar los
Estatutos que reflejen la nueva realidad y la legalice.
En estas condiciones la defensa de una ABSTENCIÓN activa
en el referéndum del Estatuto ha sido una alternativa
correcta, porque implica además del rechazo al sí de la
derecha y del reformismo, una denuncia expresa contra el NO
del nacionalismo pequeño burgués.
No obstante la razón más contundente para la
ABSTENCIÓN, es que los Estatutos se han confeccionado a
espaldas del pueblo, sin contar con él, sin embargo, ahora
se le requiere su participación para avalar una tal
política traicionera.
Finalmente, el PCOE, considera que hay construir un
frente antiimperialista basado en un programa
antimonopolista. Mas este frente, dadas las circunstancias,
de escasa influencia de los partidos de izquierda sobre los
trabajadores y del bajo grado de conciencia que exhibe la
clase obrera, debe ser forjado desde la base, en los centros
de trabajo, en las barriadas, en las universidades… Este
es nuestro empeño y nada ni nadie nos desviará de los
objetivos que nos hemos trazado.
POR UN FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO
PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL
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