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EL CAPITALISMO
MONOPOLISTA DE ESTADO ESPAÑOL
El fuerte entrelazamiento de las burguesías
internacionales no desdice que el capitalismo monopolista de
Estado continúa siendo la forma que adopta el Estado
capitalista español, en el que las grandes burguesías
vasca, madrileña, catalana y la gran burguesía
terrateniente andaluza, ésta última muy engarzada con los
intereses de las anteriores, dominan en la sociedad
española actual, portando el deterioro de los derechos de
los ciudadanos y de las instituciones del parlamentarismo
burgués.
El núcleo operativo del Estado de los monopolios
españoles, lo constituye el aparato estatal, por
consiguiente, sus órganos políticos, administrativos,
militares, policíacos, servicios secretos, base principal
de la materialización del Estado con neta tendencia a un
crecimiento ininterrumpido.
Asimismo, los órganos militares y policíacos son los
eslabones centrales de la máquina de dominación de los
monopolios, unidos con los de la vigilancia
político-social, cuya misión es controlar los movimientos
y organizaciones de izquierda.
La revolución técnico científica en su fase
electrónica de la información, ha dado una mayor fuerza de
control al aparato represivo burgués, que con la excusa de
proteger al Estado controla a los individuos en el
transcurso de sus vidas, lo que les permite disponer de un
cuadro completo de su personalidad, de sus actividades etc.
Debajo del camuflaje con el que se presenta el Estado de
Derecho, la justicia se inmiscuye cada vez más en la vida
política para salvaguardar los intereses de las
oligarquías, lo cual evidencia la crisis que atraviesa las
instituciones estatales modernas con su sedicente división
de poderes (el legislativo, el judicial y el ejecutivo, y,
en la práctica la crisis del parlamentarismo burgués)
El sistema de partidos políticos reconocidos por la
Constitución española está concebido para consagrar la
bipolarización, que de hecho existe ya en nuestro país.
Partidos que no deben traspasar los límites establecidos en
la constitución.
Es público y notorio que estos partidos disfrutan de un
sistema electoral favorable y cuentan con los medios de
comunicación social –que se han erigido en el principal
protagonista de la difusión ideológica capitalista, que
coadyuva a la formación de la conciencia de las masas-
Gozan además de su financiación con cargo a los
presupuestos del Estado, que les permiten con escasa
militancia llamar la atención de millones de electores, lo
que manifiesta una vez más la estrechez de base efectiva
del parlamentarismo burgués, de la tan cacareada democracia
burguesa, la cual deja de hecho a la clase obrera y a vastos
sectores de trabajadores separados de la política
parlamentaria.
Por su parte, los sindicatos debido al papel que
desempeñan por su carácter masivo han sido absorbidos por
el sistema del capitalismo monopolista de Estado español,
por medio de su participación institucional en la empresa
capitalista, en los seguros sociales, en consejos
económicos, en el establecimiento de “pactos sociales”
con las uniones patronales y, en no pocas ocasiones a tres
bandas con el propio gobierno. Por su trabajo a favor de las
instituciones, los sindicatos mayoritarios perciben
suculentas cantidades del patrimonio público. Justa
recompensa a su traición.
El llamado pluralismo político debido a todo lo expuesto
no ha contribuido a la democratización de la sociedad, ni
ha impedido, ni mucho menos, que los monopolios hayan
logrado todos los objetivos que se propusieron con el
advenimiento de la presente “democracia”. El gran
conflicto de esta sociedad capitalista es la contradicción
entre las aspiraciones del pueblo a la democracia y la
ofensiva de los monopolios contra los derechos
democráticos, utilizando para sus fines el Estado y demás
instituciones burguesas.
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