¿Frente
de partidos o frente de clases?
Es curioso lo que sucede en el mundo de nuestra
izquierda. Se reclama actualización bajo la comprensión de
la situación contemporánea y sin embargo, se persiste en
dar vueltas y mas vueltas sobre viejas tácticas y
estrategias que correspondían a situaciones de otras
épocas.
Por muchos se aseveran que el problema radica en que la
izquierda no somos capaces de unirnos. ¿Pero, de qué
izquierda hablan? Probablemente, los mas osados nos
respondan resueltamente que se trata de la izquierda
revolucionaria. ¿Pero, es que hay quien se crea que con la
unidad de los partidos revolucionarios que hoy existen en el
estado español es suficiente para cambiar el curso de los
acontecimientos? ¿Es que todavía existen ilusos que
consideran que la unidad de la izquierda bajo un programa de
transformaciones, va a calar entre los trabajadores y en el
pueblo en general, o siquiera puede ser un punto de partida?
Es evidente, que hay quienes se empeñan en no ver la
realidad. En primer lugar ¿quién o qué clase social ha de
dirigir el proceso revolucionario?. Indiscutiblemente, la
clase obrera, que es la única capaz de aglutinar detrás de
sí a todos los trabajadores y capas populares de la
sociedad. Pero, la clase obrera española se halla
incapacitada en estos momentos, porque está mil veces
fragmentada y carece de conciencia de clase. Y es aquí
donde los partidos “revolucionarios” deben incidir, pues
no se es revolucionario porque nos autotitulemos como tal,
sino porque tengamos una táctica acertada y congruente con
la realidad objetiva y subjetiva.
Frente de Izquierda sí, pero para sacar a la clase
obrera del lugar que ocupa hoy. Este es un objetivo
indefinido por los llamados partidos revolucionarios, porque
no hacen mas que transcribir literalmente viejas consignas,
de cuando los anarquistas, comunistas y socialistas, se
congregaban en grandes partidos que ejercían una influencia
mas que notable entre los trabajadores, a los que les
bastaban un acuerdo entre ellos para movilizar a millones de
trabajadores.
No hace falta ser un lince para darse cuenta que hoy no
existe ningún partido comunista o revolucionario, que luzca
un mínimo de influencia sobre nada. Y no confesarlo, es
postergar hasta la eternidad el resurgir del movimiento
obrero y popular en nuestro país.
Por todas estas razones, la creación del FRENTE ÚNICO
DEL PUEBLO, tal y como aboga nuestro partido, sí puede ser
el punto de partida para: unir a los trabajadores, dotarles
de un programa revolucionario, a la par que crea en la
práctica las condiciones para la unidad de la izquierda y
abre la posibilidad real e inapelable de alcanzar la
unificación de los marxistas-leninistas en un solo partido
con mayores garantías de éxito.