Elecciones generales (una farsa)
 
Partido Comunista Obrero Español (PCOE)


Elecciones al Parlamento

 

COMUNICADO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

 

             Los resultados registrados en las elecciones al parlamento, constituyen la culminación del largo proceso llevado a cabo por la democracia burguesa española, al objeto de alcanzar y consagrar el bipartidismo, con el que se canaliza la intención de votos de la derecha, de la supuesta izquierda y del indefinido centro político en dos grandes partidos, como alternativas únicas y útiles que contemplan las aspiraciones de todas las tendencias posibles.

 

            Con el bipartidismo, la gran burguesía y su Estado se perpetúan debido a que los dos partidos sustentan idénticos criterios ideológicos, políticos y económicos en cuestiones vitales para la existencia del capitalismo: el estado y el papel de “benefactor social” que desempeña la empresa privada, que se garantiza y desarrolla con el incremento de su rentabilidad, y sobre los cuales han de girar las prácticas institucionales y todo cuanto concierne a la vida del país.

 

            En estas elecciones se ha puesto de relieve que el actual sistema goza de un vigor resplandeciente capaz de neutralizar cualquier intento de desacreditarlo con sus propias armas. El régimen tiene en sus manos multitud de instrumentos, todos ellos muy potentes para imponer su política. Se ilegaliza a la izquierda nacionalista conculcando sus propias leyes, sin que se resienta a gran escala su credibilidad “democrática”. Asfixia a los partidos auxiliares de los dos grandes en el momento en que estos no los necesitan, etc. A partir de aquí, el mayor o menor número de abstencionistas, las bajadas y subidas en votos de los dos partidos forman parte de la parafernalia y del clima propio de las elecciones burguesas, sujetos a determinados momentos que enervan o avivan el estado de ánimo de los electores. Todo queda ya como simples anécdotas.

 

            La ilegalización de la izquierda nacionalista, la práctica desaparición de IU del parlamento, al igual que ERC, la reducción a su mínima expresión de CIU y PNV, no son sino partes del proceso bipartidista común en los estados imperialistas. Para los comunistas, no pueden servir para que nos entretengamos en cábalas acientíficas y burguesas, sino para convencernos de que competir con la burguesía en su propio terreno, en el de las grandes cantidades de dinero solo es posible hasta donde ellas y sus bancos lo permitan, por lo que no se debe auspiciar expectativas extrañas.

 

            Los comunistas hemos defendido siempre que la transformación social ha de ser obra de la clase obrera y de sus aliados, pero en estas elecciones se ha puesto de manifiesto una vez más que el grado de conciencia de clase es muy bajo y que después de 30 años los trabajadores continúan y tal vez con mayor atracción, influenciados por la ideología burguesa.

 

            No es posible arrancar al obrero de las férulas del capital con políticas reformistas al estilo de IU cuyo espacio electoral lo ocupa ya un gran partido como es el PSOE. Tampoco despertará al pueblo de su letargo, las ostentaciones falsarias encaminadas a demostrar que se es un gran partido y con ello pretender el voto, sin que la presentación a las elecciones venga precedida de un trabajo concienzudo y arduo.

 

            Para que la clase obrera adquiera el nivel de conciencia que le permita dirigir el proceso revolucionario, es necesario que los partidos comunistas vayamos a la raíz, allá donde se verifica la ligazón entre el trabajador y el burgués. Hay que cortar el cordón umbilical por el lugar exacto. Es evidente que el estado español atrapa al obrero a través de la división y de la domesticación de sus comités de empresas y delegados lo que les hacen ser presas fáciles para los funcionarios sindicales, también de los partidos falsamente llamados de izquierda e incluso de la derecha más recalcitrante.

 

            La unidad de los comités de empresa consagrada con un programa ofensivo contra el avance de la patronal y del estado, mucho más en los momentos de crisis que se avecina, es condición indispensable para que se opere el cambio que deseamos. Es de tener en cuenta que el PSOE como es ya tradicional ante las crisis económicas en nuestro país, propugnará el consenso entre sindicatos y patronal con el propósito tantas veces logrados durante la “democracia” de maniatar al obrero para que recaiga sobre él el peso de la crisis.

 

            El PCOE hace suya la consigna del FUT de alcanzar el FRENTE UNICO DE LOS TRABAJADORES ESPAÑOLES por medio de la institucionalización de la ASAMBLEA DE COMITÉS Y DELEGADOS DE EMPRESAS.  Dada la situación de estos órganos representativos de los trabajadores, la empresa no será rápida ni sencilla, pero es obligada y habrá que perseverar para hacer reflexionar a los comités y a los trabajadores de la unidad de acción. Por otro lado, la constitución de las ASAMBLEAS DE COMITÉS Y DELEGADOS significará en el tiempo la ruptura con el reformismo sindical y político. Por tal motivo, la conquista de un comité o delegado para la unidad requiere una lucha sin tregua y dura contra el capital y sus tentáculos.

 

POR LA ASAMBLEA DE COMITÉS Y DELEGADOS DE EMPRESAS

 

POR EL FRENTE UNICO DE TRABAJADORES.