Miércoles, 13 Noviembre 2019
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Gerusia
 
1. Movilizaciones de los trabajadores de centros de día un año atrás

Un artículo de “La Voz de Asturias” del 11/05/2018, hace más de un año, nos revela como en esas fechas se produjeron manifestaciones de los trabajadores de los centros de día de Gerusia, donde exhortaban un convenio propio y digno, además de denunciar la precarización de sus condiciones laborales.

Una de las portavoces de la Plataforma de los Trabajadores/as de Centros de Día, Teresa Suero Exposito, aseguró que son profesionales cualificados con mucha entrega, pero que, sin embargo, no olvidan que tienen derechos.

La manifestación recorrió la calle Uría hasta detenerse en la Plaza de la Escandalera donde la actriz María Cotiello leyó un comunicado en apoyo a los trabajadores. Sin embargo, pese al esfuerzo por conseguir unas condiciones dignas de trabajo, no se ha conseguido lo propuesto.

2. Movilización de los trabajadores de los centros de día en la actualidad

Ante no haber conseguido llegar durante este intervalo de tiempo de más de un año a ningún tipo de convergencia, en la actualidad los trabajadores se ven aún en la situación de volver a tomar las calles, ya que por parte de la empresa no se acaba de llegar a ninguna solución pragmática, cosa que es inadmisible para la lucha de la clase obrera en su defensa dentro del sistema capitalista, donde se ven afectados 221 trabajadores, la mayoría de ellos mujeres, de 21 centros distintos.

5, 6, 13, 20 y 27 de noviembre han sido los días elegidos para ejercer huelgas, piquetes y manifestaciones de los trabajadores de los centros de día de Gerusia reclamando una subida salarial que llevan esperando tres años sin tener ningún tipo de convenio, después de que las mediaciones en el SASEC (Servicio Asturiano de Solución Extrajudicial de Conflictos) no hayan llegado a buen puerto, reflejando un mayor alejamiento entre el comité y la representación empresarial.

En los dos primeros días de manifestaciones y huelgas, a pesar de la actitud negativa inicial por parte de la empresa, finalmente se ha conseguido una reunión de la administración con el comité de empresa en la sede de Bienestar Social para exponer las posturas. Sin embargo, los trabajadores han contado con un boicot por parte de los directores pertenecientes a la administración y centros de trabajo, y la empresa optó por paralizar el cobro de las nóminas, cosa que empeora aun más si cabe la situación.


Dicho comité de empresa está compuesto por CCOO, UGT y USO, sindicatos del sistema, esclavos del capital y que en ciertas ocasiones son un factor que propicia que los acuerdos sobre condiciones laborales sean precarios, mitigando la lucha de la clase obrera al verse ésta desamparada.

Por parte de los delegados del comité de USO (Unión Sindical Obrera), la presidenta Lucrecia Villamarzo ha expresado lo siguiente acerca de sus posturas:

“Ya que nuestra empresa nos aplica el convenio más bajo, el de ayuda a domicilio, asuma al menos la subida de ese convenio, que ha sido de un 4% para este año y lo mismo para 2020. Estamos hablando de 19 euros al mes, algo totalmente razonable. Gerusia nos dice que no puede subirnos el salario porque recibiría una penalización de la Administración; sin embargo, empresas que controlan otros centros, como Aralia, aplican el convenio de la dependencia, que se ajusta más a nuestras tareas y tiene además mejores condiciones laborales, y no ha recibido ninguna sanción […] sería una forma de paliar temporalmente la precariedad que sufrimos. La concesión a Gerusia acaba para la mayoría de los centros en enero de 2020 y, en total, en diferentes meses de ese año. Aunque hay posibilidad de dos años de prórroga, la empresa ha mostrado su desinterés en continuar y esperamos que la que asuma el siguiente contrato sí nos aplique al menos las condiciones del convenio de dependencia”.

Vemos como de forma latente queda reflejada la esclavitud al sistema de dicho comité, resignándose a la propuesta de acuerdos cuestionablemente dignos para los trabajadores, asumiendo, al fin y al cabo, inoperancia. Además, vagamente mencionan el principal problema, que reside en la apropiación del sector público en manos del sector privado. Por último, destacar que en los boicots de directores, la a priori negación de una reunión con el comité y la paralización del cobro de las nóminas se hace latente como la burocracia propia del estado capitalista pone todas las trabas de por medio para que la clase obrera no pueda conseguir unas condiciones dignas. Cabe destacar también que los periódicos más reconocidos de la zona no se han hecho eco, silenciando una vez más al movimiento obrero.

Desde el PCOE tenemos muy claro que la solución no pasa por aceptar condiciones poco dignas para los trabajadores. Si estos sindicatos están dispuestos a cuantificar la dignidad de la clase trabajadora en 19 euros mensuales, nosotros no estamos de acuerdo, nosotros queremos llegar de verdad hacia una situación digna para la clase trabajadora, avivar la llama de la lucha obrera y poder poner contra las cuerdas a todo el entramado burocrático y empresarial que conforma el ser del estado propiamente capitalista. Para ello instamos al apoyo, solidaridad y participación en las movilizaciones de los trabajadores de los centros de día. Además, representamos la alternativa al sindicalismo institucional, que ningún bien aporta a la clase obrera, con el sindicalismo de clase, conformado por la Federación Sindical Mundial (FSM), en la cual se integra la CSC (Coordinadora Sindical de Clase), sindicato que cuenta con el apoyo del PCOE, capaz de defender la dignidad de los trabajadores ante las amenazas del sistema burgués.


Por último, con el hecho de proteger a toda la clase obrera de las amenazas del capital como las anteriormente comentadas, fundamentándose en la unión proletaria, instamos a todos los trabajadores de centros de día a la organización en el Frente Único del Pueblo (FUP).


A pesar de todo, no hay que olvidarse de que se necesita una organización que guíe la lucha económica y la lucha política hacia el socialismo, hacia la desmantelación del estado burgués y la construcción de un estado obrero.

 

¡Por unas condiciones dignas en los centros de día asturianos!
¡Que viva la lucha de la clase obrera!


PCOE en Asturias
Bolivia
 
El Partido Comunista Obrero Español (PCOE) condena el golpe militar y policial perpetrado en el Estado Plurinacional de Bolivia contra el presidente constitucional, Juan Evo Morales Ayma. Con el apoyo del imperialismo estadounidense y de sus lacayos de la OEA, los sectores oligárquicos del país han vulnerado la voluntad del pueblo boliviano, que reeligió en las urnas a su presidente legítimo el 20 de octubre.
 

Denunciamos las persecuciones, agresiones y asesinatos contra el pueblo trabajador de Bolivia, así como los ataques y crímenes racistas contra la comunidad indígena. Ante las políticas económicas intervencionistas y soberanistas del Gobierno, la burguesía boliviana lo ha volcado todo a la reacción. Tal es la quiebra del imperialismo hoy, que los capitalistas ya no pueden aguantar siquiera políticas económicas reformistas. La oligarquía boliviana y sus amos de Washington han financiado a grupos terroristas fascistas que promueven el odio, la discriminación y la violencia hacia los campesinos, indígenas y trabajadores humildes afines al Movimiento al Socialismo (MAS).

El golpe de Estado en Bolivia, que ha causado tres muertos y más de 400 heridos, prueba una vez más que las crisis del mundo descansan sobre una contradicción fundamental: imperialismo o socialismo. Demuestra que estamos ante una guerra de clases entre el proletariado y la burguesía.

Lo que sucede en Bolivia es un ejemplo de que no es lo mismo estar en el Gobierno que estar en el poder. Una revolución está condenada al fracaso cuando confía en las Fuerzas Armadas provenientes de la institucionalidad burguesa y no arma al pueblo. La dimisión del presidente legítimo y el triunfo del golpe de Estado prueba que el denominado “Socialismo del Siglo XXI” debe avanzar hacia el Socialismo real si no quiere que el imperialismo lo asfixie y que la contradicción entre imperialismo y socialismo se resuelva desfavorablemente, en detrimento de la vida de la clase trabajadora. Animamos a nuestros hermanos obreros y campesinos bolivianos a que peleen y defiendan con uñas y dientes sus intereses de clase, a que no bajen la guardia ni le concedan ni un solo respiro a su enemigo antagónico, a la burguesía, que ante la merma de sus intereses ha centrado todos sus esfuerzos y recursos para acabar con el Gobierno soberanista y antiimperialista de Evo Morales.

En un momento histórico de quiebra y agonía del sistema capitalista, la burguesía no duda en apoyarse en el fascismo y en aplicar la violencia más descarnada para proteger sus privilegios. La oligarquía boliviana y el imperialismo no se merecen ni una sola concesión. Lo que merecen es la socialización de sus empresas y bancos. Nosotros, la clase del proletariado, solo podremos acabar con nuestra miseria y vivir en paz si derribamos el caduco sistema capitalista y destruimos el Estado burgués y su burocracia, incluidas sus Fuerzas Armadas y sus cuerpos y fuerzas de represión, para erigir nuestro sistema propio, el Socialismo, y lo defendamos imponiéndole a la burguesía la represión de nuestro nuevo Estado socialista, de nuestra propia dictadura, la dictadura del proletariado, para acabar con su dominación y su existencia como clase.

Desde el Partido Comunista Obrero Español, condenamos enérgicamente el golpe de Estado y reafirmamos nuestro apoyo a la soberanía del pueblo boliviano y a su derecho a decidir sobre su destino sin ser una marioneta del imperialismo estadounidense. Llamamos a la más amplia solidaridad con el presidente legítimo Evo Morales y exigimos el respeto a las decisiones del pueblo boliviano. Animamos a los obreros y campesinos de Bolivia a que se defiendan de las agresiones fascistas e imperialistas y que no capitulen ante el golpe de Estado.

La bestialidad imperialista; bestialidad que no tiene una frontera determinada ni pertenece a un país determinado. Bestias fueron las hordas hitleristas, como bestias son los norteamericanos hoy(…). Porque es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres, la que la convierte en fiera sedienta de sangre, que están dispuestas a degollar, asesinar, a destruir hasta la última imagen de un revolucionario, de un partidario de un régimen que haya caído bajo su bota o que luche por su libertad(…). No se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así. Nada”. Ernesto Che Guevara,  discurso de noviembre de 1964.

 

¡Abajo el imperialismo criminal!
¡Ni un paso atrás!
¡Por el Socialismo!

 

Secretaría de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español

Carlos
 
El lunes 11 de noviembre se cumplieron 12 años del asesinato de Carlos Palomino a manos del militar nazifascista Josué Estébanez. El joven antifascista se dirigía a una contramanifestación de respuesta a la concentración del partido nazi Democracia Nacional cuando, en la estación de metro de Legazpi, fue asesinado a sangre fría por Estébanez, quien le propinó una puñalada con una navaja de 15 centímetros.
 

La Coordinadora Antifascista y los familiares y amigos de Carlos Palomino convocaron una manifestación para este lunes en recuerdo del militante antifascista, con el objetivo de lanzar el mensaje al estado Español, cómplice del asesinato del joven por su permisividad y blanqueamiento del fascismo, de que el antifascismo ni olvida ni perdona. Los antifascistas no cesaremos en la lucha, recordaremos a todos los caídos a manos del fascismo y seguiremos tomando las calles para denunciar a todos aquellos cómplices directos de la barbarie fascista. Un año más, el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Madrid acudió a la manifestación en memoria de Carlos Palomino.

Hoy nos encontramos inmersos en un momento histórico en el que el Estado español se encuentra en profunda crisis política y económica. Ante las cada vez más exacerbadas contradicciones del sistema, la burguesía aplica sin piedad la violencia represiva fascista en esta mal llamada democracia.

Desde el Partido Comunista Obrero Español, remarcamos la necesidad de combatir el fascismo en las calles y en todos los lugares en los que esté presente y crece con impunidad. Siempre, en contraposición a la socialdemocracia y al oportunismo encabezados por la “izquierda” institucional, que hace gala de un pacifismo y tolerancia hacia el fascismo, permitiendo su legalidad, y cuyos actos entran en abierta contradicción con su cínico e hipócrita “antifascismo”.

Recordamos que fue la permisividad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que autorizó la manifestación nazifascista de aquel 11 de noviembre de 2007 e ignoró y desatendió al joven herido de 16 años, lo que permitió su muerte. Una vez más, queda demostrado el papel histórico de la socialdemocracia como pata izquierda de la dictadura del capital, de blanquear y vender una “cara bonita” del sistema criminal de la burguesía, que aúpa el fascismo en aras de defender sus intereses y privilegios de clase a la mínima señal de organización de la clase obrera. Los comunistas debemos ser implacables con el fascismo y con aquellos que le dan alas. Debemos ser conscientes de que el fascismo y la socialdemocracia que lo blanquea son objetivamente dos caras de una misma moneda, en tanto que son los sostenes necesarios para que la burguesía mantenga su sistema de dominación. Sin el papel activo de estos dos agentes de la burguesía, el capitalismo se encontraría hace tiempo en el vertedero de la historia.

La única manera de acabar con el fascismo es poniendo fin a la raíz del problema: el capitalismo y el Estado burgués que lo impone. La construcción del Socialismo es la única solución que tiene la clase obrera para avanzar hacia una sociedad libre de explotación, de miseria, y por supuesto, de fascismo.

Desde el PCOE, queremos enviar un afectuoso abrazo y nuestras más sinceras y respetuosas condolencias a los familiares y amigos de Carlos Palomino. Su ejemplo pervivirá eternamente entre los antifascistas y nos recordará cada día por qué jamás debemos cesar en la lucha.

Por todos los antifascistas caídos,

 

¡CARLOS, HERMANO! ¡NOSOTROS NO OLVIDAMOS!

Comité Local del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) de Madrid

Tribunal
 
El Tribunal Constitucional ha avalado el despido objetivo de un trabajador por faltar el 20% o más de días laborables al trabajo de forma justificada durante dos meses, dejando bien claro una vez más que las instituciones judiciales, al igual que el resto de la superestructura del sistema, están incuestionablemente al servicio de la burguesía en su lucha contra el pueblo trabajador para lograr cada día mayores cuotas de explotación.

Esta sentencia responde a una cuestión prejudicial de un juzgado de Barcelona que le consultaba si el artículo 52 apartado D del Estatuto de los Trabajadores se ajusta a la Ley Fundamental. Este punto fue modificado en las dos últimas reformas laborales importantes: la de 2010, hecha por el Gobierno del PSOE, y la de 2012, del Ejecutivo del PP. Ese artículo pretende criminalizar a los trabajadores enfermos mediante el denominado “absentismo laboral” fijando unos umbrales por los que se puede despedir con una causa objetiva —es decir, con una indemnización de 20 días por año trabajado— a un empleado si falta al trabajo el 20% de los días hábiles en un periodo de dos meses o el 25% en cuatro, aunque esas bajas estén justificadas.

La trabajadora faltó al trabajo nueve días de 40. En ocho de ellos, la ausencia estaba justificada por “incapacidad temporal”, es decir, lo que popularmente se llama una baja. En la carta de despido se determina que la trabajadora había faltado el 22,5% de jornadas hábiles entre el 11 de abril y el 17 de mayo de 2016. Y se añade que en el conjunto del año las ausencias habrían ascendido al 7,84%.

El Tribunal Constitucional explica en la sentencia que “el despido lo ha hecho (la empresa) con una finalidad legítima —evitar el incremento indebido de los costes que para las empresas suponen las ausencias al trabajo—, que encuentra fundamento en la libertad de empresa y la defensa de la productividad”. También apunta que “el absentismo conlleva para el empresario un perjuicio de los intereses legítimos, por la menor eficiencia de la prestación laboral de los trabajadores que faltan a su puesto de trabajo de forma incipiente”, basándose en una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Este tribunal, al servicio de la burguesía, antepone los intereses empresariales -es decir, los intereses de la burguesía dueña de los medios de producción, de las empresas- a la salud de los trabajadores. Los trabajadores que se pongan enfermos pueden y deben ser despedidos para el Tribunal Constitucional, vulnerando así el derecho a salud de los trabajadores, mostrándose nuevamente la naturaleza criminal del capitalismo.

La burguesía, sin embargo, prefiere pagar los salarios de algunos trabajadores negándoles a éstos el trabajo efectivo -creando el artículo 297 de la Ley 36/2011, de 10 de octubre, reguladora de la jurisdicción social sobre la ejecución provisional de la sentencia que declare la improcedencia o nulidad del despido- para evitar que los sindicalistas represaliados con el despido estén en contacto diario durante toda la jornada laboral con sus compañeros de trabajo, pese a haber ganado en los juzgados de lo Social el juicio contra ese despido demostrándose que, incluso, el sistema subordina sentencias de sus jueces a la represión de la burguesía, represión sindical y política de los empresarios contra los trabajadores y las organizaciones de clase.

Y es que la burguesía sabe muy bien que donde se juega “los cuartos” es, en buena medida, en los centros de trabajo, que es donde los trabajadores viven, tristemente, la mayor parte de su vida y donde sufren las consecuencias de la explotación capitalista de primera. Ahí, en la propiedad del empresario, es donde un comunista también debe demostrar su capacidad política, elevando la conciencia de los compañeros día a día, dirigiendo un frente de masas con una potencia como no hay otro – y no escondiéndose, corrompiendo ideológicamente a los trabajadores y firmando EREs y lo que les pongan por delante los empresarios, como hacen los oportunistas en Telefónica, por ejemplo. En los centros de trabajo es donde la burguesía no puede permitir que se produzca esa elevación de conciencia de la clase trabajadora si quiere sostener la propiedad de los medios de producción, y por ello reprime a estos compañeros, vanguardia de la clase obrera, con el despido y negándoles el trabajo cuando ganan el juicio.

El derecho a la salud de los trabajadores, dice la burguesía con la boca del Tribunal Constitucional y su sentencia, vulnera la productividad de la empresa, pero tener a un trabajador despedido injustamente cobrando su salario sin permitirle trabajar para sostener la represión de los empresarios, no. ¡He ahí un ejemplo de la naturaleza clasista y criminal del capitalismo y su Estado!

Que el capitalismo está en bancarrota es ya un hecho demostrable, como también lo es que todas las leyes aprobadas (Reformas laborales, Ley Mordaza…) nos han dejado como resultado la existencia de un estado fascista totalmente preparado para ser explotado por los políticos a sueldo de la burguesía.

El capitalismo monopolista y su estado no pueden sostenerse ya si no es empleando todas las armas fascistas de las que se ha dotado, y hechos como el del Tribunal Constitucional, avalando el despido por baja laboral, aunque esté justificada y asumiendo que el beneficio de la empresa prevalece frente al derecho a la integridad física o moral de los trabajadores, y a la salud humana así lo demuestran.

La clase burguesa, dueña de los medios de producción, de las empresas que gracias a sus trabajadores producen todo lo necesario para la vida, necesitan y exigen cada vez mayores cuotas de explotación para con sus obreros con el objetivo de acumular mayores ganancias de cara a la crisis cíclica que se aproxima. De esta forma, toda la superestructura de un sistema ya podrido tiende a la reacción más absoluta contra los únicos de los que la burguesía obtiene sus beneficios: los trabajadores.

Y nosotros, la clase obrera, los trabajadores, cada día tenemos una vida más miserable, con mayor inseguridad y precariedad laboral, con menos derechos, menos libertades y menos salario. Ya no podemos ni enfermar si queremos llevar a casa un mal salario. Esta situación no la van a solucionar los partidos políticos de la burguesía (PP, PSOE, Ciudadanos, VOX…) ni tampoco la pequeña burguesía de Unidas Podemos con sus reformas imposibles para un sistema podrido y putrefacto hasta los cimientos. Solo el pueblo trabajador organizado en un Frente Único del Pueblo puede mandar al sistema capitalista que le oprime y explota al estercolero de la historia y crear él mismo el estado socialista, su legítima aspiración política.

 

¡Abajo el capitalismo criminal!
¡Socialismo o barbarie!


Madrid, 4 de noviembre de 2019

Secretaría de Movimiento Obrero y de Masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

Socialismo

 

Índice:
 1. A modo de introducción
 2. El motor de la historia es la lucha de clases, es la lucha de contrarios, es la lucha entre lo nuevo y lo viejo
   2.1. Cómo se impone el Capitalismo en España: Absolutismo y liberalismo en España durante la primera mitad del siglo XIX
   2.2. Cómo se impone el capitalismo en Francia
 3. El proletariado y las revoluciones burguesas de la primera mitad del siglo XIX
 4. La Comuna de París
 5. La Unión Soviética ¿fracasó el marxismo-leninismo? ¿fracasó el socialismo científico?
 6. Conclusiones

1. A modo de introducción.


La burguesía se afana en mostrar al mundo que el socialismo es inviable, y que ello se aprecia históricamente con la experiencia de la Unión Soviética y su derrumbe.

Los capitalistas gastaron ingentes cantidades de dinero, de recursos materiales y humanos y asesinaron a cientos de millones de personas a lo largo y ancho del planeta combatiendo a la Unión Soviética, actuando desde dentro y fuera de la URSS al objeto de acabar con ella. Entre ese gasto ingente, cómo no, se encuentra el de establecer una Historia oficial, una Historia que tape la indecorosa forma de actuar y la esencia de la burguesía a lo largo de su existencia, fundamentalmente ya en su forma putrefacta, monopolista, en su largo periodo de agonía que la retrata como la mayor criminal que ha existido en el devenir de la historia.

La Unión Soviética fue disuelta el 25 de diciembre de 1991 aunque su aniquilación no fue inmediata sino que fue el resultado de un proceso de casi cuatro décadas, de una lucha de clases encarnizada donde el imperialismo, enarbolando las banderas del asesinato, del golpe de estado y del engaño – que son las que siempre les ha identificado – se ha repuesto, por el momento, de las derrotas que el proletariado, dirigidos por su ciencia revolucionaria, la ciencia del marxismo-leninismo, le infligió tanto en la Primera Guerra Mundial, con el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 y el nacimiento del primer estado socialista, la URSS; así como en la Segunda Guerra Mundial, donde la Unión Soviética, patria del proletariado del mundo dirigida por Stalin se impuso al fascismo, barriéndolo y liberando al mundo de tamaña escoria creada por los monopolios, por los imperialistas, al objeto de combatir al proletariado revolucionario y de someter a los pueblos del mundo al yugo de la explotación más salvaje y descarnada.

La burguesía asocia el fracaso del socialismo a la caída de la Unión Soviética. Su silogismo es simplón y, fundamentalmente, falso: puesto que la Unión Soviética ha desaparecido ello implica que el socialismo y el comunismo han fracasado, y la Unión Soviética es la experiencia práctica que lo atestigua. Pero ¿Acaso es equivalente el Socialismo y el Comunismo a la Unión Soviética? ¿La Unión Soviética fue siempre socialista y fiel a los principios del marxismo-leninismo?

La burguesía es plenamente consciente de la inviabilidad, de la caducidad y de la bancarrota de su sistema capitalista en la fase de putrefacción, en su fase imperialista. Los propios economistas y sociólogos burgueses no sólo reconocen la inviabilidad del sistema, su bancarrota tanto económica y política, sino que incluso se aventuran a datar el final del capitalismo como, por ejemplo, Niño Becerra apunta a que “el sistema capitalista se acabará en algún momento entre el 2060 y el 2070” [1], otros como Raghuram Rajan, antiguo Economista Jefe del FMI, señalan que “el capitalismo está bajo una seria amenaza porque ha dejado de proveer para las masas [y] cuando eso sucede las masas se rebelan contra el capitalismo” [2] cuando no directamente reconocen ya su situación terminal, cuando no de muerte, como el socialdemócrata alemán Wolfgang Streeck que nos explica el proceso actual, que los oportunistas ahora definen como era postcapitalista, señalando “antes de que el capitalismo se vaya al infierno, durante un tiempo previsiblemente largo permanecerá en el limbo, muerto o agonizante por una sobredosis de sí mismo, pero todavía muy presente porque nadie tendrá poder suficiente para apartar del camino su cuerpo en descomposición”[3].

Como puede comprobarse, son los propios burgueses los que reconocen, no sólo la inviabilidad de su sistema, sino su situación de muerte, o cuanto menos de agonía. Sin embargo, los intelectuales de la burguesía pretenden cortar la historia en su régimen, la burguesía que antaño era revolucionaria y se rebeló contra el idealismo filosófico hoy lo abraza y niega el materialismo y sus leyes queriendo mostrar a la humanidad que después de su dominio, de su régimen político y económico no hay nada, que ellos son el último eslabón del desarrollo humano y que, con ellos, se alcanza “el fin de la historia”. Son los propios voceros del imperialismo los que nos advierten de la inviabilidad de éste pues ellos mismos señalan que sucumbe por “una sobredosis de sí mismo” como indica Wolfgang Streeck con respecto del capitalismo agonizante, a diferencia de la experiencia del primer estado socialista, la Unión Soviética cuya caída acontece no por una ‘sobredosis’ de socialismo sino por la acción criminal de los imperialistas – y su brazo ejecutor oportunista, todavía más canallas que la propia burguesía – donde el golpe de estado, el sabotaje, la guerra imperialista, el crimen y el engaño fue la hoja de ruta seguida por el imperialismo. Por tanto, mientras que el capitalismo más acabado, el capitalismo monopolista, muere por sí mismo, la primera experiencia de estado socialista, la Unión Soviética, en sus 7 décadas de vida nos demostró la superioridad del Socialismo con respecto del capitalismo – convirtió un país atrasado como era la Rusia zarista en una potencia mundial a la par de las potencias imperialistas más desarrolladas en tan solo una década – y, también, nos mostró que sin fidelidad a la ciencia del marxismo-leninismo, es decir, desnaturalizando sus principios económicos, ideológicos y, fundamentalmente, atacando al corazón y el cerebro del proletariado y su Revolución, el Partido, un estado socialista involuciona hasta ser devorado por el imperialismo restableciéndose el capitalismo monopolista, como ha acontecido con la experiencia soviética.

Pero esto no es novedoso, el estudio riguroso y científico de la Historia nos enseña que, mientras exista una sociedad dividida en clases sociales antagónicas, se sucede la lucha entre los intereses de la clase opresora y la clase oprimida, es decir, la lucha entre las aspiraciones de unos y de otros, o lo que es lo mismo, la lucha entre la formación socioeconómica de la clase dominante y la formación socioeconómica de la clase dominada.

“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases (…) Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna” [4]. Asimismo, el estudio científico de la Historia, del estudio de la historia de las luchas de clases, nos muestra que ésta no es lineal, es decir, que se impone una clase sobre otra y, a partir de ahí, se impone su sistema, su formación socioeconómica, mas por el contrario el devenir histórico hace zigzag, da pasos hacia adelante y hacia atrás, hasta que se impone definitivamente la formación socioeconómica correspondiente a la clase revolucionaria; esto es, hasta que lo nuevo se impone de manera definitiva a lo viejo, a lo muerto. Veremos a continuación la pugna entre el feudalismo y el capitalismo, ente el absolutismo y el liberalismo, a lo largo del siglo XIX tanto en España como en Francia para comprobar esta verdad histórica.

También analizaremos la experiencia soviética, y evaluaremos la situación en la que en la actualidad nos encontramos con respecto a la historia de la lucha de clases, identificando qué es lo nuevo y qué lo viejo, qué es lo que se impondrá y qué es lo que está condenado a morir, si es que no está muerto estando el cuerpo en descomposición en mitad del camino de la historia, parafraseando al socialdemócrata alemán Streeck.

“La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables” [5] y la burguesía es plenamente consciente de ello, sabe que sus días como clase dominante están contados y que su mundo morirá con ella.

Pero a diferencia de cuando la burguesía buscaba imponer revolucionariamente su dominio, su sistema económico capitalista y, con él, su mundo; en su lucha contra el feudalismo y su idealismo, declarando la guerra irreconciliable a la religión, al idealismo, alumbrando el revolucionario materialismo francés – en aquél momento – enarbolando la bandera de la ciencia contra Dios, hoy la burguesía no tiene más remedio que abrazar el idealismo que antaño combatió, no tiene más remedio que abrazar la mentira escribiendo una historia oficial que en nada se asemeja al devenir de la historia, no tiene más sostén que la exacerbación del nacionalismo, del revisionismo histórico más nauseabundo y el sometimiento por la fuerza bruta del mundo; en definitiva, la burguesía antaño revolucionaria hoy es reaccionaria y todo lo apuesta al fascismo.

Contra esta barbarie a la que la burguesía nos pretende someter al objeto de perpetuar su dominio, los marxistas-leninistas tenemos a la ciencia de nuestro lado, siendo nuestra misión desentrañar todas las mentiras y falsedades vertidas contra los explotados, los trabajadores, los parias. La burguesía únicamente se está sosteniendo por su victoria temporal en la lucha ideológica, es momento de que los comunistas – que poseemos el arma más potente que existe, la ciencia del marxismo-leninismo – no eludamos dicha lucha, dicho combate, y decididamente contemos al proletariado la verdad para que éste cumpla con su misión histórica: Mandar al capitalismo al estercolero de la historia, llevando a cabo su proyecto histórico: la construcción del socialismo y del comunismo. Este trabajo pretende arrojar luz, pretende mostrar que el socialismo y el comunismo no sólo no han fracasado sino que es la única salida que, en la actualidad, tiene el proletariado, que tiene la humanidad.

2. El motor de la historia es la lucha de clases, es la lucha de contrarios, es la lucha entre lo nuevo y lo viejo.

Los capitalistas repiten el argumento de que el socialismo y el comunismo han fracasado porque la Unión Soviética se desintegró. Ergo el vencedor es el capitalismo.

El 26 de diciembre de 1991, el día siguiente a la disolución de la URSS, el entonces presidente de los EEUU, George Herbert Walker Bush, se dirigía al mundo señalando lo siguiente: “Durante más de 40 años, los EEUU han sido la principal potencia en luchar contra el comunismo desde el oeste y, con ello, la amenaza que suponía para nuestros valores. (…) La Unión Soviética ya no existe. Han ganado la democracia y la libertad”. Esta frase de Bush fue el pistoletazo de salida del discurso único que ha impuesto el imperialismo, y es un capítulo más del anticomunismo feroz del imperialismo y sus títeres, una cualidad propia del fascismo.

Bush verbalizó la teoría del “fin de la historia” de Fukuyama. Esta teoría fue propagada a nivel mundial por todos los medios del capital en los momentos de la disolución de la URSS, siendo reiterada de manera persistente desde entonces, y con una virulencia enorme en la última década del siglo XX y la primera del siglo actual, de tal modo que es el pensamiento único que los monopolios pretenden imponer a sus sometidos. “El fin de la historia”, según los imperialistas, adopta la fisonomía del estado burgués en forma de democracia liberal la cual pivota sobre la economía capitalista o de ‘libre mercado’, y garantiza que el gobierno sea representativo y que disponga de un sistema de derechos jurídicos.

Sin embargo, la historia de estos 30 años ha tirado por tierra las tesis de Fukuyama; hemos comprobado en Italia o en Grecia cómo los monopolios de manera abierta ponen y quitan presidentes y gobiernos sin necesidad de presentarse en las elecciones, hemos visto como los escasos derechos de los trabajadores y de los pueblos han desaparecido, como las guerras imperialistas y de carroña se han sucedido tras la desaparición de la Unión Soviética, en definitiva, hemos visto como se hacía cierto el aserto de Lenin que señalaba que el desarrollo del imperialismo conduce a la reacción, al fascismo.

La propia historia ha refutado la tesis de Fukuyama de que con el capitalismo se alcanza el “fin de la historia”. Los propios capitalistas, en su guerra sin cuartel contra el marxismo-leninismo, contra el comunismo, los partidos comunistas e incluso contra la propia Unión Soviética, con su anticomunismo feroz, cualidad propia del fascismo, demuestran la existencia de lucha de clases. Lucha de clases obvia pues existen dos clases antagónicas: El proletariado y la burguesía. Lucha de clases que, a nivel mundial, se traduce en la lucha entre la aspiración máxima del proletariado – Socialismo como fase primaria del Comunismo – y la aspiración máxima de la burguesía – el imperialismo. Y es que, a pesar de que la Unión Soviética ya no exista, la lucha de clases entre el imperialismo (lo viejo) y el socialismo (lo nuevo) sigue en vigor.

Ergo la historia sigue dando la razón a Marx y Engels cuando afirman que “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases” y que esta lucha de clases, esta lucha de contrarios, “terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna”.

Y la historia nos enseña que lo nuevo no se impone de una vez, y definitivamente, a lo viejo sino que es un proceso de pasos hacia adelante y hacia atrás hasta que lo nuevo se abre paso y entierra definitivamente a lo viejo. La propia historia del capitalismo, de cómo se impuso al feudalismo, desmiente a la burguesía cuando en la actualidad reitera el mensaje de que “el socialismo y el comunismo han fracasado porque ha caído la Unión Soviética”. Veámoslo en cómo se impone el capitalismo al feudalismo en España y en Francia para demostrar este fraude de la burguesía, donde se comprueba que el capitalismo se impone al feudalismo dando pasos hacia adelante y hacia atrás, sucediéndose victorias y derrotas, y no de una manera directa y lineal.

2.1. Cómo se impone el Capitalismo en España: Absolutismo y liberalismo en España durante la primera mitad del siglo XIX

El reinado de Carlos IV, que abarca desde el 14 de diciembre de 1788 hasta el 19 de marzo de 1808, y la actuación política de Floridablanca estuvieron marcados por la situación de pánico generada por la Revolución Francesa de 1789, que devendrá en una falta de orientación política tanto a nivel interno como en el contexto internacional y en una tensión progresiva entre España y Francia.

Es imprescindible para analizar la crisis del Antiguo Régimen y el proceso revolucionario siguiente el no tener en cuenta únicamente los acontecimientos violentos, sino también observar como el desarrollo de un nuevo modelo productivo y la pugna ideológica entre absolutismo y liberalismo provocaría un paradigma en la figura de “el noble” o “el hidalgo” que ya no se ubicarían dentro del antiguo concepto de estamento, sino que pasarían a formar parte de una clase social determinada en relación a su riqueza. La revolución de la burguesía en España no fue un proceso irreversible o ininterrumpido, sino que vivió una auténtica lucha entre los reformistas absolutistas y los ideales ilustrados, en una pugna constante entre el viejo orden agonizante y el nuevo régimen liberal. “La crisis se producía porque las estructuras tradicionales ya no podían contener e integrar lo que la propia evolución económica, social e ideológica había creado” [6].

En marzo de 1808, el príncipe de Asturias, aupado por sus partidarios lograría la abdicación de su padre, el rey Carlos IV, convirtiéndose así en Fernando VII, logrando canalizar el descontento por la gestión del gobierno hacia la figura del ministro Manuel Godoy. Frente a la amenaza de las tropas francesas, que en virtud del Tratado de Fontainebleau del 27 de octubre de 1807 se hallaban en territorio español para supuestamente intervenir en Portugal y asumida la incapacidad del gobierno para ofrecer resistencia, Fernando VII buscaría el reconocimiento internacional de su derecho al trono, recibiendo apoyo de los ingleses en la sublevación contra su padre. Por su parte, la opción para el trono español que se contemplaba desde Francia era la de Luis Bonaparte, hermano de Napoleón, mientras que en Madrid sería Joachim Murat, mariscal y lugarteniente del emperador en la península, quien tenía la esperanza de ocupar el trono. Fernando VII decide, ante la falta de reconocimiento por parte del emperador francés, viajar hacia Bayona, constituyendo en Madrid, antes de partir, una Junta Suprema de Gobierno que presidía el infante Antonio.

El 2 de mayo, medio centenar de personas penetra en el palacio al grito de ‘¡traición!’. Los franceses, ante esta situación, optan por reprimir al levantamiento. A ello sucedió una violenta reacción popular, obligando a Murat a desplazar a 30.000 hombres para frenar a los sublevados, cuya cifra rondaba los 20.000, comenzando así la insurrección popular en Madrid y la subsiguiente Guerra de Independencia española. Las abdicaciones de Bayona y la insurrección contra José I significaron el desencadenante de la quiebra del Antiguo Régimen en España y una carencia de poder y soberanía que, en ausencia del rey, pasarían a manos de las Juntas Provinciales y, posteriormente, de la Junta Suprema.

“Esta revolución popular tenía, en primer lugar, un carácter nacional, por proclamar la independencia de España respecto a Francia. En segundo lugar, era dinástica, por la lucha a favor del “deseado” Fernando VII a José Bonaparte. Y era reaccionaria por oponer las instituciones, costumbres y leyes antiguas, absolutistas, a las innovaciones napoleónicas. Todas las guerras de independencia libradas contra Francia llevan en común el sello de la regeneración, mezclado con la reacción” [7].

Ante la invasión se constituyeron dos grupos: los llamados afrancesados – convencidos de las aspiraciones y principios de la revolución francesa y que no consideraban que la invasión iba a suponer la desmembración del país – y los absolutistas – que tenían el objetivo de luchar y restablecer el anterior régimen borbónico. El gobierno de José I encontró los mismos problemas que el anterior régimen borbónico, y que sin duda era el punto clave en la crisis del Antiguo Régimen en España; los graves problemas financieros, a consecuencia del estado deplorable de la Hacienda española.

“A lo largo del conflicto se fueron constituyendo Juntas Provinciales, todas ellas clamaban a favor del rey, de la santa religión y del país. Pero, si los campesinos, los habitantes de ciudades pequeñas y el numeroso ejército de mendigos, con hábito o sin él, todos ellos profundamente imbuidos de prejuicios religiosos y políticos, formaban la gran mayoría del partido nacional, éste incluía, por otro lado, una minoría activa e influyente que consideraba el levantamiento popular contra los franceses como la señal de la regeneración política y social de España. Esta minoría estaba compuesta por los habitantes de puertos de mar, ciudades comerciales y parte de las capitales de provincia, donde, bajo el reinado de Carlos IV, se habían desarrollado hasta cierto punto las condiciones materiales de la sociedad moderna.” [8]

“El poder estaba completamente descentralizado, no había gobierno, y las ciudades formaron sus juntas propias, sometidas a las juntas de las capitales provinciales. Se fue configurando un gobierno federal totalmente anárquico, en el que fue ganando poder la Junta suprema de Sevilla, considerada ahora la capital de España. Las juntas quedaron dirigidas por personas de alta alcurnia, que por supuesto no mostraban un ápice revolucionario. El 20 de julio de 1808, cuando José Bonaparte entró en Madrid, 14.000 franceses, al mando de los generales Dupont y Vedel, fueron obligados por Castaños a deponer sus armas en Bailén, y José tuvo que retirarse de Madrid a Burgos unos días después. (…) La división del poder entre las juntas provinciales había salvado a España del primer choque de la invasión francesa (…) Los franceses quedaron completamente desconcertados al descubrir que el centro de la resistencia española no estaba en ninguna parte y estaba en todas partes”. [9]

La Guerra de Independencia significó, aunque de manera efímera, la creación embrionaria de las estructuras de poder burguesas, siendo 1812 el año decisivo con las Cortes de Cádiz. “Las Cortes de Cádiz fueron el resultado del trabajo de una nueva junta, creada antes de disolverse la Central, en la que algunos miembros, contrarios a la nueva institución decretaron la creación de una regencia, en ausencia del rey legítimo, a la que traspasaron el poder.” [10]

A pesar del predominio de elementos de la tradición absolutista, como el nacionalismo y la religión, las Juntas Provinciales demostraron una tendencia hacia las reformas sociales y políticas, habiendo un especial interés entre la clase privilegiada que gobernaba dichas juntas hacia las reformas fiscales, con el claro objetivo de superar el atraso económico que supuso la administración borbónica. Desde 1812, los gobiernos provinciales trataron de llevar a cabo reformas y cambios en la administración. Los liberales, inspirados por la revolución francesa, trataron de llevar a cabo la primera revolución liberal burguesa en España, para enterrar las antiguas estructuras de poder y aprobar una Constitución – aprobada el 19 de marzo de 1812 y conocida popularmente como ‘La Pepa’ – que cambiara buena parte del régimen político. No obstante, las reformas quedaron, en la mayoría de ocasiones, en suspenso a causa de la correlación de fuerzas, que era favorable a los absolutistas, lo que implicaría posteriormente el restablecimiento de la monarquía absolutista y la derogación de la Constitución de 1812.

Con todo y con eso, con el decreto del 4 de mayo de 1814, Fernando VII disolvía las Cortes de Cádiz y derogaba la carta magna, anulando toda acción del período anterior y el comienzo de un nuevo período de reinado marcado por el absolutismo y el carácter represivo del Estado, suponiendo, a todos los niveles, una vuelta a los valores económicos del Antiguo Régimen. Una restauración del absolutismo que no se vio cuestionada hasta el pronunciamiento militar del General Riego en 1820, dando inicio al conocido como Trienio Liberal (1820-1823). El Trienio Liberal retomó la labor que habían dejado sus predecesores de las Cortes de Cádiz, restaurando la Constitución creada en 1812 y tratando de hacer frente a un problema que era común en la Hacienda española, que no era otro que la enorme deuda pública que había dejado la etapa del Sexenio Absolutista. Por primera vez, se aplicaba la Constitución de 1812 en una situación de paz nacional y con el monarca legítimo en el país. Por supuesto, Fernando VII era un convencido absolutista y trataría por todos los medios de imposibilitar la labor de los liberales en el gobierno. En el contexto internacional tendrá mucha importancia la derrota de Napoleón en 1815, siendo la Santa Alianza de las potencias Prusia, Austria, Rusia y Francia la encargada de velar por los intereses del viejo mundo y de intervenir en el caso de amenaza liberal en Europa. Así, en el Congreso de Verona en 1822, se acordaría la intervención del 7 de abril de 1823 de los Cien Mil Hijos de San Luis, derrocando a los liberales sin apenas resistencia popular y dejando patente la etapa absolutista que recorría Europa en aquellos momentos.

La muerte de Fernando VII en 1833 trajo mayor convulsión, pues había tenido que derogar la Ley Sálica para permitir que su hija Isabel accediera al trono. Al tener la niña solo 3 años, su madre María Cristina comenzó a gobernar como reina regente, lo que provocaría la reacción absolutista que se levantarían en torno la figura de Carlos María Isidro, hermano del anterior rey Fernando VII, comenzando así el enfrentamiento militar entre los partidarios de la reina y los carlistas, que estuvieron apoyados por algunos militares, la Iglesia y amplios sectores del campesinado, un reflejo, esto último, del atraso ideológico de la clase obrera y un indicio de porqué entre los sucesivos enfrentamientos por el poder, no había surgido un movimiento popular verdaderamente revolucionario. Cabe decir que fue una guerra en la que ninguno de los dos bandos mostró gran capacidad, lo que multiplicó los daños sufridos de la población civil y liquidó el papel de España en Europa, llevando al extremo el grado de influencia de los militares en el gobierno.

Mendizábal se presentaba como el político capaz de poner fin a esta sangrienta contienda. Para ello, debía conseguir aumentar los efectivos militares en 100.000 hombres, al tiempo que era necesario revertir la ruina económica. Entre 1835 y 1836, se promulgaron varios decretos para desamortizar bienes eclesiásticos, con el argumento de que muchos de ellos – conventos y monasterios – estaban abandonados y se habían convertido en refugios para la guerra, donde el robo y la prostitución eran habituales. Obviamente, que la Iglesia hubiera apoyado a los carlistas tuvo mucho que ver en el gran número de terrenos y posesiones que le fueron expropiados. Los bienes salieron a pública subasta, pudiendo hacer efectivo su importe tanto en metálico como en títulos de la deuda interior. Aunque amplia, este proceso desamortizador no fue suficiente a causa del lastre que suponía la corrupción dentro del gobierno. Se vendieron unas 4.000 fincas de instituciones eclesiásticas en pocos años. Como la división de los lotes se encomendó a comisiones municipales, éstas se aprovecharon de su poder para hacer manipulaciones y configurar grandes lotes inasequibles a los pequeños propietarios pero pagables, en cambio, por las oligarquías muy adineradas que podían comprar tanto grandes lotes como pequeños. Los pequeños labradores no pudieron entrar en las pujas y las tierras fueron compradas por nobles y burgueses urbanos adinerados. Esto provocó la creación de una nueva clase opresora, compuesta por terratenientes nobles y burgueses, al tiempo que la Iglesia excomulgó a los expropiadores del gobierno y a quienes habían comprado las tierras. Una política destinada a paliar, en el plazo más breve posible, la deuda y a crear nuevos intereses y, por consiguiente, nuevos y numerosos partidarios de las instituciones liberales. Mendizábal apoyó su gobierno en la nueva burguesía que se iba formando en torno a los contratos y negocios con el gobierno – adquisición de títulos de deuda, suministros para las tropas, compra de propiedades.

Como puede observarse, la primera mitad del siglo XIX en España fue una permanente lucha entre lo viejo – el feudalismo – que no acababa de morir y lo nuevo de aquél entonces – el capitalismo, encabezado por la burguesía liberal que pretendía imponer su dominio político en sintonía con su ya hegemonía en el terreno económico – que estaba por imponerse.

2.2. Cómo se impone el capitalismo en Francia.

La burguesía, la cual vilipendia con ferocidad la Gloriosa Revolución de Octubre de 1917, no duda en enaltecer y hablar de manera idílica de la Revolución Francesa iniciada en 1789. Sin embargo, este suceso histórico fue consecuencia de una serie de cuestiones y de una lucha anterior que ya se sucedía entre quién componía lo que se denominaba el Tercer Estado – estamento de la sociedad feudal francesa conformado por la burguesía, el campesinado y la incipiente clase trabajadora.

De hecho, el siglo XVIII fue un siglo de gran batalla en el terreno ideológico entre la burguesía y los estamentos privilegiados de la sociedad feudal; lucha que en menor grado ya se había iniciado en el siglo anterior. La lucha entre el feudalismo y el capitalismo en Francia fue franca y abierta, una lucha en el terreno ideológico se expresó entre la fe y la razón, entre el idealismo y el materialismo que arrojó lo que se denominó el materialismo francés mediante el cual la burguesía fue armando ideológicamente al estamento despojado de privilegios, el Tercer Estado, para cimentar su toma del poder político, su revolución contra el feudalismo para imponer su modelo, su sistema, como consecuencia de su desarrollo y hegemonía que ya poseía en el terreno económico.

Este trabajo ideológico de la burguesía, unido a las malas cosechas hizo que la situación de pobreza de las clases populares y el campesinado aumentase por el crecimiento de los precios de los alimentos básicos, agudizando su miserable existencia, y a la quiebra financiera de la nobleza crearon las condiciones fundamentales para que, el 14 de julio de 1789, con la imagen icónica de la toma de la Bastilla por parte del pueblo de París, fuera el detonante de la Revolución Francesa que fue extendiéndose por todos los rincones del país galo. El campesinado y la pequeña burguesía arruinada junto al proletariado fueron creando nuevos órganos de poder – Asamblea Nacional, ayuntamientos revolucionarios, ejército popular – los cuales empujaron a la abolición de los privilegios de la nobleza y el clero, liquidando la sociedad estamental, y desarrollaron una constitución arrojando un estado burgués en forma de monarquía parlamentaria donde Luis XVI sería el poder ejecutivo, la Asamblea Nacional el poder legislativo y los tribunales de justicia serían “independientes” a los dos poderes mencionados.

Ni la nobleza, donde un número importante de sus miembros emigraron, fundamentalmente a Prusia, ni la Iglesia, ni el propio monarca, como no podía ser de otro modo, estaban conformes con la monarquía constitucional emanada en 1791 – a pesar de no tener más salida que aceptarla – donde se liquidaban sus privilegios y reducía su poder; de tal modo que trataron por todos los medios de desencadenar una guerra civil para conseguir la intervención de otros estados feudales para restablecer el absolutismo en Francia.

El odio del pueblo hacia Luis XVI – al cual una gran mayoría consideraba un traidor por su intento de fuga de Francia siendo retenido en junio de 1791 en Varennes-en-Argonne y retornado a París, que significó la posterior Declaración de Pillnitz a finales de agosto de 1791 que creó un clima bélico entre Austria y Francia iniciándose las Guerras de Coalición entre coaliciones de países contrarios a la Francia revolucionaria y ésta última – se acrecentó; de tal modo que éste se radicalizó asaltando el Palacio de las Tellerías donde estaba la familia real, desencadenando episodios violentos que forzó la abolición de la monarquía y la constitución de la Primera República francesa en septiembre de 1792, entrando Francia en guerra contra los estados defensores del absolutismo y siendo guillotinado el rey Luis XVI.

La alta burguesía – girondinos – en 1793 pierde la dirección del proceso revolucionario que pasa a manos de la mediana y pequeña burguesía y parte de las clases populares – jacobinos – y la parte más avanzada de las clases populares – los demócratas radicales de izquierda o cordeleros cuyo máximo dirigente fue Marat.

Durante 1793 y 1794, los jacobinos agudizaron la represión contra los defensores del absolutismo, empezando por la ejecución de Luis XVI, aspecto esencial para seguir abriendo camino a la revolución burguesa, redactándose una nueva constitución en 1793 donde se profundizaba en los derechos democráticos del pueblo, conquistándose el sufragio universal masculino.

La gran burguesía desencadenó una campaña de acoso y derribo contra el máximo dirigente jacobino, Robespierre, de tal modo que éste acabó guillotinado junto con otros dirigentes jacobinos. De tal modo, la gran burguesía conquista el poder y redacta una nueva constitución en 1795 donde se elimina el sufragio universal masculino y se retorna al sufragio censitario al objeto de garantizar su dominio y liquida la Asamblea Nacional estableciendo un gobierno compuesto por girondinos denominado el Directorio.

El Directorio se sostuvo durante cuatro años, siendo rechazado y combatido tanto por los jacobinos como por los monárquicos. Fue un periodo de inestabilidad política, de bancarrota económica donde, por un lado, en el plano exterior Francia sostenía una guerra contra las monarquías europeas, fundamentalmente Austria y Gran Bretaña, reproduciendo la lucha entre el capitalismo y el feudalismo a nivel internacional; y a nivel interno se sucedían las revueltas tanto populares como reaccionarias de los monárquicos contra el Directorio. En definitiva, el Directorio tenía una guerra contra las monarquías de otros países y, por otro lado, tenía una guerra civil en el interior de sus fronteras.

La gran burguesía no tenía otro camino que el terror, la represión política interna, la guerra en política exterior, no dudando en hacer golpes de estado – como el del 4 de septiembre de 1797, anular elecciones en una serie de departamentos franceses en los que habían vencido los adversarios políticos del Directorio y hacer todo tipo de purga y persecución contra la oposición política, dando cada vez más peso al Ejército.

Con una situación política de gran inestabilidad, con un alto desprestigio entre la sociedad francesa de la República, y con el fortalecimiento de los jacobinos la gran burguesía en alianza con el Ejército, el 9 de noviembre de 1799 da un nuevo golpe de estado, el Golpe de Estado del 18 brumario que lleva a Napoleón Bonaparte al poder. El Consulado sucede al Directorio que concentraba el poder en el primer cónsul reduciéndose el poder ejecutivo a 3 cónsules.

La gran burguesía una vez impuesta su dictadura, con Napoleón de «caudillo” y con el poder en sus manos, no duda en conciliar con la nobleza. El Consulado realiza una nueva Constitución en diciembre de 1799, a su imagen y semejanza, y empieza a implementar una serie de políticas dirigidas a fortalecer el Estado burgués desarrollándose una burocracia. Los cargos públicos dejaron de ser cargos electivos siendo la designación de los mismos desde arriba, quedando casi la mitad de las prefecturas en manos de la nobleza del Antiguo Régimen. Asimismo, el Consulado hizo concesiones a la Iglesia, firmándose un Concordato en 1802. Dicha política de conciliación con los antaño estamentos privilegiados – Iglesia y nobleza-, contrastaba con que a los opositores se les reprimía sin piedad. A todo ello, se unían éxitos militares en el exterior consiguiendo la paz con Gran Bretaña. Todo esto condujo a Napoleón a ser emperador de Francia en 1804, convirtiéndose Francia en el Imperio Napoleónico.

Como puede comprobarse, de la proclama revolucionaria de “Liberté, Égalité, Fraternité” únicamente quedaba eso, la proclama, puesto que el desarrollo de la historia lo que hizo es sostener el mismo abuso cambiando de cacique.

El Imperio francés, con su caudillo Napoleón como nuevo “Dios Sol”, necesitaba satisfacer sus apetencias económicas aislando a Gran Bretaña, a la cual pretendió someterla a un bloqueo al objeto de fortalecer a la burguesía francesa a costa de debilitar la industria y el comercio británico. En la década comprendida entre 1805 y 1815 Francia hizo la guerra contra la práctica totalidad de los estados europeos, desde la península ibérica a Rusia. Finalmente Napoleón es derrotado en Waterloo en 1815, y mediante el Tratado de París se restablece la monarquía rehabilitando en el trono al hermano de Luis XVI, Luis XVIII, Francia perdió todas las conquistas territoriales e ideológicas cosechadas por la revolución; se purgaron en torno a 75 mil funcionarios; en definitiva, el Antiguo Régimen estaba de vuelta en Francia y en toda Europa triunfando la contrarrevolución o, como llaman los historiadores, la Restauración.

Luis XVIII murió y el trono francés fue ocupado por su hermano Carlos X en 1824, el cual fue más reaccionario que su antecesor que, en muchos aspectos, buscaba la conciliación con la burguesía. Sin embargo, la política absolutista practicada por Carlos X, de confrontación franca con la burguesía, las clases populares y los valores revolucionarios, siempre fueron conducentes a satisfacer los intereses de la nobleza, de los nobles emigrados los cuales fueron indemnizados y del clero, restableciendo sus privilegios en detrimento del pueblo llano. El desarrollo progresivo de la agricultura y de la industria en Francia elevaba una sociedad que chocaba con la concepción despótica de Carlos X que le llevaba a manipular elecciones, recortar libertades e ilegalizar políticamente a la burguesía, entre otras cuestiones, en las Ordenanzas de Julio creándose las condiciones internas para la Revolución de 1830.

La política llevada a cabo por Carlos X, unido a otros factores que hicieron empeorar las condiciones de vida del Pueblo, llevaron a los habitantes de París a lanzarse a la calle los días 27, 28 y 29 de julio rechazando la política de Carlos X así como al monarca. Entre la burguesía, al igual que en la Revolución iniciada en 1789, había dos facciones, una radical que exigía la instauración de la República y otra, la gran burguesía, que anhelaba la imposición del capitalismo por la vía británica, es decir, la imposición de una monarquía constitucional donde el poder real lo tuviera la gran burguesía, que era la clase hegemónica en el terreno económico. Ésta última consiguió imponerse, de tal modo que Carlos X huyó a Inglaterra y abdicó, instaurando la alta burguesía una monarquía liberal entregando el trono a Luis Felipe de Orleáns que se convirtió en el rey Luis Felipe I de Francia.

“La que dominó bajo Luis Felipe no fue la burguesía francesa sino una fracción de ella: los banqueros, los reyes de la Bolsa, los reyes de los ferrocarriles, los propietarios de minas de carbón y de hierro y de explotaciones forestales y una parte de la propiedad territorial aliada a ellos: la llamada aristocracia financiera. Ella ocupaba el trono, dictaba leyes en las Cámaras y adjudicaba los cargos públicos, desde los ministerios hasta los estancos.

La burguesía industrial propiamente dicha constituía una parte de la oposición oficial, es decir, sólo estaba representada en las Cámaras como una minoría. Su oposición se manifestaba más decididamente a medida que se destacaba más el absolutismo de la aristocracia financiera y a medida que la propia burguesía industrial creía tener asegurada su dominación sobre la clase obrera, después de las revueltas de 1832, 1834 y 1839, ahogadas en sangre. (…) La pequeña burguesía en todas sus gradaciones, al igual que la clase campesina, había quedado completamente excluida del poder político. Finalmente, en el campo de la oposición oficial o completamente al margen del pays légal se encontraban los representantes y portavoces ideológicos de las citadas clases, sus sabios, sus abogados, sus médicos, etc.; en una palabra, sus llamados ‘talentos’”
[11].

La monarquía emanada de la revolución de 1830 de Luis Felipe se encontraba “bajo la dependencia de la alta burguesía, y su dependencia de la alta burguesía convertíase a su vez en fuente inagotable de una creciente penuria financiera.(…) el incremento de la deuda pública interesaba directamente a la fracción burguesa que gobernaba y legislaba a través de las Cámaras. El déficit del Estado era precisamente el verdadero objeto de sus especulaciones y la fuente principal de su enriquecimiento. Cada año, un nuevo déficit. Cada cuatro o cinco años, un nuevo empréstito. Y cada nuevo empréstito brindaba a la aristocracia financiera una nueva ocasión de estafa a un Estado mantenido artificialmente al borde de la bancarrota; éste no tenía más remedio que contratar con los banqueros en las condiciones más desfavorables. Cada nuevo empréstito daba una nueva ocasión para saquear al público que colocaba sus capitales en valores del Estado, mediante operaciones de Bolsa en cuyos secretos estaban iniciados el Gobierno y la mayoría de la Cámara.” [12]

A ello, la corrupción generalizada, se le une “la plaga de la patata y las malas cosechas de 1845 y 1846 (…) provocó en Francia como en el resto del continente, conflictos sangrientos” [13] y “una crisis general del comercio y de la industria en Inglaterra; anunciada ya en el otoño de 1845 por la quiebra general de los especuladores de acciones ferroviarias”[14] provocó que “la asolación del comercio y de la industria por la epidemia económica hizo todavía más insoportable el absolutismo de la aristocracia financiera. La burguesía de la oposición provocó en toda Francia una campaña de agitación en forma de banquetes a favor de una reforma electoral, que debía darle la mayoría en las Cámaras y derribar al ministerio de la Bolsa. En París, la crisis industrial trajo, además, como consecuencia particular, la de lanzar sobre el mercado interior una masa de fabricantes y comerciantes al por mayor que, en las circunstancias de entonces, no podían seguir haciendo negocios en el mercado exterior. Estos elementos abrieron grandes tiendas, cuya competencia arruinó en masa a los pequeños comerciantes de ultramarinos y tenderos. De aquí un sinnúmero de quiebras en este sector de la burguesía de París y de aquí su actuación revolucionaria en febrero. Es sabido cómo Guizot y las Cámaras contestaron a las propuestas de reforma con un reto inequívoco; cómo Luis Felipe se decidió, cuando ya era tarde, por un ministerio Barrot; cómo se llegó a colisiones entre el pueblo y las tropas, como el ejército se vio desarmado por la actitud pasiva de la Guardia Nacional y cómo la monarquía de Julio hubo de dejar el sitio a un gobierno provisional. (…) Este Gobierno provisional, que se levantó sobre las barricadas de Febrero, reflejaba necesariamente, en su composición, los distintos partidos que se repartían la victoria. No podía ser otra cosa más que una transacción entre las diversas clases que habían derribado conjuntamente la monarquía de Julio, pero cuyos intereses se contraponían hostilmente. Su gran mayoría estaba formada por representantes de la burguesía. La pequeña burguesía republicana representada por Ledru Rollin y Flocon; la burguesía republicana, por los hombres del National; la oposición dinástica, por Crémieux, Dupont de l’Eure, etc. La clase obrera no tenía más que dos representantes: Luis Blanc y Albert. Finalmente, Lamartine no representaba propiamente en el Gobierno provisional ningún interés real, ninguna clase determinada: era la misma revolución de Febrero, el levantamiento conjunto, con sus ilusiones, su poesía, su contenido imaginario y sus frases. Por lo demás, el portavoz de la revolución de Febrero pertenecía, tanto por su posición como por sus ideas, a la burguesía. (…) Si París, en virtud de la centralización política, domina a Francia, los obreros, en los momentos de sacudidas revolucionarias, dominan a París (…) La burguesía sólo consiente al proletariado una usurpación: la de la lucha. (…) Hacia el mediodía del 25 de febrero, la República no estaba todavía proclamada, pero, en cambio, todos los ministerios estaban ya repartidos entre los elementos burgueses del Gobierno provisional y entre los generales, abogados y banqueros del National. Pero los obreros estaban decididos a no tolerar esta vez otro escamoteo como el de julio de 1830. Estaban dispuestos a afrontar de nuevo la lucha y a imponer la República por la fuerza de las armas.”[15] y es así como se alcanza la Segunda República francesa.

“Con la proclamación de la República sobre la base del sufragio universal, se había cancelado hasta el recuerdo de los fines y móviles limitados que habían empujado a la burguesía a la revolución de Febrero. En vez de unas cuantas fracciones de la burguesía, todas las clases de la sociedad francesa se vieron de pronto lanzadas al ruedo del poder político, obligadas a abandonar los palcos, el patio de butacas y la galería y a actuar personalmente en la escena revolucionaria. Con la monarquía constitucional, había desaparecido también toda apariencia de un poder estatal independiente de la sociedad burguesa y toda la serie de luchas derivadas que el mantenimiento de esta provoca.

El proletariado, al dictar la República al Gobierno provisional y, a través del Gobierno provisional, a toda Francia, apareció inmediatamente en primer plano como partido independiente, pero, al mismo tiempo lanzó un desafío a toda la Francia burguesa. Lo que el proletariado conquistaba era el terreno para luchar por su emancipación revolucionaria, pero no, ni mucho menos, esta emancipación misma. (…) Lejos de ello, la República de Febrero, tenía, antes que nada, que completar la dominación de la burguesía, incorporando a la esfera del poder político, junto a la aristocracia financiera, a todas las clases poseedoras.”
[16]

“La revolución de febrero cogió desprevenida, sorprendió a la vieja sociedad, y el pueblo proclamó este golpe de mano inesperado como una hazaña de la historia universal con la que se abría la nueva época. El 2 de diciembre (de 1851), la revolución de febrero es escamoteada por la voltereta de un jugador tramposo, y lo que parece derribado no es ya la monarquía, sino las concesiones liberales que le habían sido arrancadas por seculares luchas. Lejos de la sociedad misma la que se conquista en un nuevo contenido, parece como si simplemente el Estado volviese a su forma más antigua, a la dominación desvergonzadamente simple del sable y la sotana. Así contesta al coup de main de febrero de 1848 el coup de tête de diciembre de 1851. Por donde se vino, se fue. Sin embargo, el intervalo no ha pasado en vano. Durante los años de 1848 a 1851, la sociedad francesa asimiló, y lo hizo mediante un método abreviado, por ser revolucionario, las enseñanzas y las experiencias que es un desarrollo normal, lección tras lección, por decirlo así, habrían debido preceder a la revolución de febrero, para que ésta hubiese sido algo más que un estremecimiento en la superficie. Hoy, la sociedad parece haber retrocedido más allá de su punto de partida; en realidad, lo que ocurre es que tiene que empezar por crearse el punto de partida revolucionario, la situación, las relaciones, las condiciones, sin las cuales no adquiere un carácter serio la revolución moderna”. [17]

Como puede observarse, la última década del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX en Francia fue una permanente lucha entre lo viejo que no acababa de morir y lo nuevo de aquél entonces que estaba por imponerse. La burguesía pretende enterrar el absolutismo en la última década del siglo XVIII y éste resurge en 1815 para instalarse durante 3 décadas, la burguesía revolucionaria republicana de la época pretende liquidar la monarquía en 1792 y la monarquía se impone desde 1815 hasta 1848. Pero también, cada experiencia revolucionaria nos muestra que, aunque lo viejo se reponga y se vuelva a imponer a lo nuevo temporalmente, esta imposición se realiza de manera más precaria pues en la memoria del pueblo se irradia el contenido, la esencia, del nuevo orden que se pretende conquistar. Y cada arremetida revolucionaria de lo nuevo empuja más a lo viejo a su desnaturalización, al entierro definitivo, de tal modo que la lucha de clases es el motor de la historia y que el desarrollo de la historia es la permanente lucha entre lo nuevo – la aspiración de la clase revolucionaria – y lo viejo – la defensa del sistema que sostiene los privilegios de la clase reaccionaria.

3. El proletariado y las revoluciones burguesas del siglo XIX

En las primeras revoluciones burguesas, el proletariado lucha unido a la burguesía para acabar con el absolutismo. “Por aquel entonces, el modo capitalista de producción, y con él el antagonismo entre la burguesía y el proletariado, se habían desarrollado todavía muy poco. La gran industria, que en Inglaterra acababa de nacer, era todavía desconocida en Francia. Y sólo la gran industria desarrolla, de una parte, los conflictos que transforman en una necesidad imperiosa la subversión del modo de producción y la eliminación de su carácter capitalista – conflictos que estallan no sólo entre las clases engendradas por esa gran industria, sino también entre las fuerzas productivas y las formas de cambio por ellas creadas – y, de otra parte, desarrolla gigantescas fuerzas productivas los medios para resolver estos conflictos. Si bien, hacia 1800, los conflictos que brotaban del nuevo orden social apenas empezaban a desarrollarse, estaban mucho menos desarrollados, naturalmente, los medios que habían de conducir a su solución. Si las masas desposeídas de París lograron adueñarse por un momento del poder durante el régimen del terror y con ello el triunfo de la revolución burguesa, incluso en contra de la burguesía, fue sólo para demostrar hasta qué punto era imposible mantener por mucho tiempo este poder en las condiciones de la época. El proletariado, que apenas empezaba a destacarse en el seno de estas masas desposeídas, como tronco de una clase nueva, totalmente incapaz todavía para desarrollar una acción política propia, no representaba más que un estamento oprimido, agobiado por toda clase de sufrimientos, incapaz de valerse por sí mismo. La ayuda, en el mejor de los casos, tenía que venirle de fuera, de lo alto.” [18]

“Las revoluciones de la época de crisis del feudalismo y de desarrollo ascensional del capitalismo fueron dirigidas por la burguesía urbana, que en unos casos logró triunfar mediante una transacción con los señores feudales y en otros sostuvo la lucha hasta el fin, hasta el derrocamiento definitivo de estos últimos. El ejército que peleó en dichas revoluciones lo formaban campesinos y la plebe de las ciudades. A consecuencia de ello, la revolución, al alcanzar su punto álgido, rebasaba en mucho los objetivos que se había señalado la burguesía.” [19]

Hemos visto en el punto segundo de la presente tesis cómo se impone el capitalismo tanto en España como en Francia. En ambos lugares fue la burguesía quien dirigió la lucha pero, sin duda, quiénes la llevaron a término fueron campesinos y proletarios.

La misión principal y fundamental de la revolución burguesa “consiste en conformar la superestructura política con el tipo de economía capitalista nacido de las entrañas del feudalismo y asegurar las condiciones necesarias para su libre desenvolvimiento.” [20]

El periodo del terror de la revolución francesa, años 1793 y 1794, fue uno de esos momentos en los que la revolución alcanzaba un momento álgido que rebasaba en mucho los marcados por la burguesía. De hecho fue la facción de los burgueses más ricos la que actuando de manera reaccionaria, contrarrevolucionaria, no dudó en liquidar al líder de los jacobinos al objeto de reconducir la revolución hacia la dirección de sus intereses, el establecimiento de una superestructura – sociedad, Estado, cultura, etcétera – acorde al sistema de producción capitalista; y para ello no dudaron en echarse a los brazos de la corrupción, del despotismo y de la conciliación con la nobleza y el clero.

En julio de 1830 nuevamente el pueblo pone fin al absolutismo de Carlos X, si bien el proletariado y las capas más revolucionarias de la burguesía, las capas más bajas de ésta, eran partidarios de la República, la burguesía rica, los banqueros, impusieron su monarca, Luis Felipe de Orleáns, el cual no sería más que un títere para que la gran burguesía nadara en la abundancia gracias al saqueo, la especulación y la corrupción. Sin embargo, esta experiencia revolucionaria de 1830 fue esencial para que el proletariado en 1848 adquiriera una mayor firmeza y consistencia en la lucha, una mayor fortaleza, que hizo hacer saltar la banca de la monarquía burguesa podrida que conllevó la posterior instauración de la Segunda República francesa.

“A la monarquía burguesa de Luis Felipe sólo puede suceder la república burguesa; es decir, que si en nombre del rey, había dominado una parte reducida de la burguesía, ahora dominará la totalidad de la burguesía en nombre del pueblo. Las reivindicaciones del proletariado de París son paparruchas utópicas, con las que hay que acabar. El proletariado de París contestó a esta declaración de la Asamblea Nacional Constituyente con la insurrección de junio, el acontecimiento más gigantesco en la historia de las guerras civiles europeas. Venció la república burguesa. A su lado estaban la aristocracia financiera, la burguesía industrial, la clase media, los pequeños burgueses, el ejército, el lumpemproletariado organizado como Guardia Móvil, los intelectuales, los curas y la población del campo. Al lado del proletariado de París no estaba más que él solo. Más de 3.000 insurrectos fueron pasados a cuchillo después de la victoria y 15.000 deportados sin juicio”. [21]

La revolución de 1848, y la derrota del proletariado francés en la insurrección de junio de 1849, “había preparado, allanado, el terreno en que podía cimentarse y erigirse la república burguesa; pero al mismo tiempo, había puesto de manifiesto que en Europa se ventilaban otras cuestiones que la ‘república o monarquía’. Había revelado que aquí la república burguesa equivalía a despotismo ilimitado de una clase sobre otras. Había demostrado que en países de vieja civilización, con una formación de clase desarrollada, con condiciones modernas de producción y con una conciencia intelectual, en la que todas las ideas intelectuales se hallan disueltas por un trabajo secular, la república no significa en general más que la forma política de la subversión de la sociedad burguesa y no su forma conservadora de vida”[22]. El proletariado y su lucha, su exigencia derrotada de establecer una república social, no sólo envejeció a la burguesía, la colocó en su nuevo lugar, como lo viejo, como lo reaccionario, como asesina de sus propias consignas y el pensamiento que decía encarnar, donde “toda reivindicación, aun de la más elemental reforma financiera burguesa, del liberalismo más vulgar, del más formal republicanismo, de la más trivial democracia, es castigada en el acto como un ‘atentado contra la sociedad’ y estigmatizada como ‘socialismo’”[23] y “La Constitución, la Asamblea Nacional (…) la liberté, égalité, fraternité y el segundo domingo de mayo de 1852; todo ha desaparecido como una fantasmagoría (…) el sufragio universal sólo pareció sobrevivir un instante para hacer su testamento de puño y letra a los ojos del mundo entero y poder declarar, en nombre del propio pueblo: ‘Todo lo que existe merece perecer’.”[24]; sino que su propia lucha la empujó al ruedo de la historia como la nueva clase revolucionaria y, consecuentemente, adquiría su misión histórica de luchar por su emancipación de clase para lo cual, mediante la lucha, deberá ir adquiriendo sus armas para poder desarrollar su emancipación de manera revolucionaria.

4. La Comuna de París

El siglo XIX, y fundamentalmente desde 1848, la lucha de la clase obrera fue incrementándose, con una participación cada vez más importante del proletariado, que despertaba políticamente, como consecuencia del desarrollo del capitalismo. Es en este contexto histórico donde, junto al desarrollo del movimiento sindical o tradeunionista, se despliega la necesidad de la organización política del proletariado de tal modo que fueron surgiendo organizaciones obreras, heterogéneas en lo ideológico, creándose las condiciones para el surgimiento de la Primera Internacional. “La I Internacional (1864-1872) echó los cimientos de la organización internacional de los obreros para la preparación de su ofensiva revolucionaria contra el capital” [25].

En Francia hemos visto cómo la burguesía que decía levantarse contra la tiranía del absolutismo; y, con su revolución, pretendía liberar a la humanidad de ella inundando de libertad, igualdad y fraternidad el mundo redimiendo a todos los desposeídos de los privilegios que gozaban la nobleza y el clero, la misma que pretendía imponer el Estado de la razón, de su razón de clase; impuso su absolutismo explotador y corrupto nada más tomar en sus manos el poder, convirtiéndose en una clase reaccionaria, en la primera enemiga de lo que decía que pretendía realizar.

“Luis Bonaparte quitó a los capitalistas el poder político con el pretexto de defenderles, de defender a los burgueses contra los obreros, y, por otra parte, a éstos contra la burguesía; pero a cambio de ello su régimen estimuló la especulación y las actividades industriales; en una palabra, el auge y el enriquecimiento de toda la burguesía en proporciones hasta entonces desconocidas. Cierto es que fueron todavía mayores las proporciones en que se desarrollaron la corrupción y el robo en masa (…) el Segundo Imperio era la apelación al chovinismo francés, la reivindicación de las fronteras del Primer Imperio, perdidas en 1814, a la menos las de la Primera República. Era imposible que subsistiese a la larga un Imperio francés dentro de las fronteras de la antigua monarquía, más aún, dentro de las fronteras amputadas de 1815. Esto implicaba la necesidad de guerras accidentales y de ensanchar las fronteras (…) Proclamado el Segundo Imperio, la reivindicación de la orilla izquierda del Rin, fuese de una vez o por partes, era simplemente una cuestión de tiempo. Y el tiempo llegó con la guerra austro-prusiana de 1866. Defraudado en sus esperanzas de ‘compensaciones territoriales’ por el engaño de Bismarck y por su propia política demasiado astuta y vacilante, a Napoleón no le quedaba ahora más salida que la guerra, que estalló en 1870 y le empujó primero a Sedán y después a Wilhelmshöhe (…) La consecuencia inevitable fue la revolución de París del 4 de septiembre de 1870. El Imperio se derrumbó como un castillo de naipes y nuevamente fue proclamada la república. Pero el enemigo estaba a las puertas. Los ejércitos del Imperio estaban sitiados en Metz sin esperanza de salvación o prisioneros de Alemania. En esta situación angustiosa, el pueblo permitió a los diputados parisinos del antiguo Cuerpo Legislativo constituirse en un ‘Gobierno de la Defensa Nacional’. Estuvo tanto más dispuesto a acceder a esto, cuanto que, para los fines de la defensa, todos los parisinos capaces de empuñar las armas se habían enrolado en la Guardia Nacional y estaban armados, con lo cual los obreros representaban dentro de ella una gran mayoría. Pero al antagonismo entre el Gobierno, formado casi exclusivamente por burgueses, y el proletariado en armas no tardó en estallar. El 31 de octubre los batallones obreros tomaron por asalto el Hôtel de Vile y capturaron a algunos miembros del Gobierno. Mediante una traición, la violación descarada por el Gobierno de su palabra y la intervención de algunos batallones pequeñoburgueses, se consiguió ponerlos nuevamente en libertad (…) Por fin, el 28 de enero de 1871, la ciudad de París, vencida por el hambre, capituló.” [26]

“Durante la guerra, los obreros de París habíanse limitado a exigir la enérgica continuación de la lucha. Pero ahora, sellada ya la paz después de la capitulación de París, Thiers, nuevo jefe del Gobierno, tenía que darse cuenta de la dominación de las clases poseedoras – grandes terratenientes y capitalistas – esta en constante peligro mientras los obreros de París tuviesen en sus manos las armas. Lo primero que hizo fue tratar de desarmarlos. El 18 de marzo envió tropas de línea con order de robar a la Guardia Nacional la artillería que era de su pertenenciam pues había sido construida durante el asedio de París y pagada por suscripción pública. El intento no prosperó; París se movilizó como un solo hombre para la resistencia y se declaró la guerra entre París y el Gobierno francés, instalado en Versalles. El 26 de marzo fue elegida, y el 28 proclamada la Comuna de París. El Comité Central de la Guardia Nacional, que hasta entonces había desempeñado las funciones de gobierno, dimitió en favor de la Comuna (…) El 30, la Comuna abolió la conscripción y el ejército permanente y declaró única fuerza armada a la Guardia Nacional, en la que debían enrolarse todos los ciudadanos capaces de empuñar las armas. Condonó los pagos de alquiler de viviendas desde octubre de 1870 hasta abril de 1871, incluyendo en cuenta para futuros pagos de alquileres las cantidades ya abonadas, y suspendió la venta de objetos empeñados en el monte de piedad de la ciudad. El mismo día 30 fueron confirmados en sus cargos los extranjeros elegidos para la Comuna, pues ‘la bandera de la Comuna es la bandera de la República mundial’. El 1 de abril se acordó que el sueldo máximo que podría percibir un funcionario de la Comuna, y por tanto los mismos miembros de ésta, no podría exceder de 6.000 francos. Al día siguiente, la Comuna decretó la separación de la Iglesia del Estado y la supresión de todas las partidas consignadas en el presupuesto del Estado para fines religiosos, declarando propiedad nacional todos los bienes de la Iglesia; como consecuencia de esto, el 8 de abril se ordenó que se eliminase de las escuelas todos los símbolos religiosos, imágenes, dogmas, oraciones, en una palabra ‘todo lo que cae dentro de la órbita de la conciencia individual’, orden que fue aplicándose gradualmente. El día 5, en vista de que las tropas de Versalles fusilaban diariamente a los combatientes de la Comuna capturados por ellas, se dictó un decreto ordenando la detención de rehenes, pero esta disposición nunca se llevó a la práctica. El día 6, el 137º Batallón de la Guardia Nacional sacó a la calle la guillotina y la quemó públicamente, entre el entusiasmo popular. El 12, la Comuna acordó que la Columna Triunfal de la plaza Vendôme, fundida con el bronce de los cañones tomados por Napoleón después de la guerra de 1809, se demoliese, como símbolo de chovinismo e incitación a los odios entre naciones. Esta disposición fue cumplida el 16 de mayo. El 16 de abril, la Comuna ordenó que se abriese un registro estadístico de todas las fábricas clausuradas por los patronos y se preparasen los planes para reanudar su explotación con los obreros que antes trabajaban en ellas, organizándoles en sociedades cooperativas, y que se planease también la agrupación de todas estas cooperativas en una gran unión. El 20, la Comuna declaró abolido el trabajo nocturno de los panaderos y suprimió también las oficinas de colocación, que durante el Segundo Imperio eran un monopolio de ciertos sujetos designados por la policía, explotadores de primera fila de los obreros. Las oficinas fueron transferidas a las alcaldías de los veinte distritos de París. El 30 de abril, la Comuna ordenó la clausura de las casas de empeño, basándose en que eran una forma de explotación privada de los overos, en pugna con el derecho de éstos a disponer de sus instrumentos de trabajo y de crédito. El 5 de mayo, dispuso la demolición de la Capilla Expiatoria, que se había erigido para expiar la ejecución de Luis XVI (…) Como se ve, el carácter de clase del movimiento de París, que antes se había relegado a segundo plano por la lucha de los invasores extranjeros, resalta con trazos netos y enérgicos desde el 18 de marzo en adelante. Como los miembros de la Comuna eran todos, casi sin excepción, obreros o representantes reconocidos de los obreros, sus acuerdos se distinguían por un carácter marcadamente proletario. Una parte de sus decretos eran reformas que la burguesía republicana no se había atrevido a implantar sólo por vil cobardía y que echaban los cimientos indispensables para la libre acción de la clase obrera, como por ejemplo, la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es un asunto de incumbencia puramente privada; otros iban encaminados a salvaguardar directamente los intereses de la clase obrera, y, en parte, abrían profundas brechas en el viejo orden social. Sin embargo, en una ciudad sitiada lo más que se podía alcanzar era un comienzo de desarrollo de todas estas medidas. Desde los primeros días de mayo, la lucha contra los ejércitos levantados por el Gobierno de Versalles, cada vez más nutridos, absorbió todas las energías.”[27]

La Comuna no sólo desnudó la cobardía de la burguesía y su condición de clase reaccionaria, nuevamente la mostró como una auténtica criminal pues no dudó en reprimir con una ferocidad y crueldad ilimitadas a la Comuna, asesinando inmisericordemente a mujeres, niños y ancianos indefensos; en pocas semanas asesinaron a decenas de miles de proletarios desarmados. Asimismo, la experiencia de la Comuna, con sus errores, fue esencial para enriquecer la teoría del Estado y de la toma del Poder del proletariado revolucionario – mostrando la necesidad de un periodo de transición, del socialismo como fase inmadura de comunismo, una vez derrocado el régimen burgués, donde el proletariado debe imponer su dictadura y desde su Estado reprimir inmisericordemente a la burguesía hasta terminar con ella, hasta extinguir la lucha de clases -, así como para mostrar la necesidad de la existencia del Partido.

“En todas las proclamas dirigidas a los franceses de las provincias, la Comuna les invita a crear una Federación libre de todas las Comunas de Francia con París, una organización nacional que, por vez primera, iba a ser creada realmente por la misma nación. Precisamente el poder opresor del antiguo Gobierno centralizado – el ejército, la policía política y la burocracia-, creado por Napoleón en 1798 y que desde entonces había sido heredado por todos los nuevos gobiernos como un instrumento grato, empleándolo contra sus enemigos, precisamente éste debía ser derrumbado en todas Francia, como había sido derrumbado ya en París (…) La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder, no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tenía, de una parte, que barree toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento.”[28]

Lenin, en un artículo publicado en 1911 titulado “En memoria de la Comuna”, conmemorando el 40 aniversario de la Comuna, disertó sobre qué cuestiones hicieron que la Comuna no pudiera triunfar: “Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeña burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas”. [29]

5. La Unión Soviética ¿fracasó el marxismo-leninismo? ¿fracasó el socialismo científico?

La burguesía, a través de sus medios de manipulación de masas, de su propaganda, no duda en reiterar el silogismo de que el socialismo ha fracasado y ello lo ejemplifica la caída de la Unión Soviética, su fracaso. Ergo, la caída de la Unión Soviética verifica la inviabilidad del socialismo, este es el mensaje que la burguesía quiere que cale, que taladre el cerebro del proletariado y de todos aquéllos explotados y sojuzgados por el imperialismo criminal.

Sin embargo, estudiando la última parte del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX en España y en Francia comprobamos cómo el capitalismo, y sus formas de Estado, que fueron imponiéndose revolucionariamente al feudalismo para, posteriormente, sucumbir al absolutismo y a las relaciones feudales nuevamente para, más adelante, volver a imponerse de manera definitiva. Si la burguesía se hubiera aplicado en 1815 el mismo silogismo que hoy pretende imponer al socialismo y a la Unión Soviética mediante su pensamiento único al proletariado hoy todavía estaríamos en una sociedad estamental emanada de unas relaciones de producción feudales. Hoy el capitalismo, en su fase putrefacta, monopolista, no se sostiene en el terreno económico ni en el político, y prueba de ello es su situación de bancarrota económica y política. Empero la burguesía es plenamente consciente de que únicamente es la lucha ideológica la por lo que se sostiene, es por ello que con todos los medios de comunicación de masas en sus manos, libra una lucha a muerte contra su sepulturero: el proletariado y su ciencia emancipadora, el marxismo-leninismo. La burguesía es anticomunista militante. “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo las circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”.[30] La lucha ideológica y la guerra son el único bastón que le quedan a la burguesía en su estéril misión de frenar las ruedas de la historia y perpetuar su caduca y podrida formación socioeconómica, es por ello su anticomunismo y su odio visceral y sus falacias contra la Unión Soviética y contra el marxismo-leninismo. Jamás en la historia hubo una clase social más canalla y embustera que la burguesía.

La burguesía es consciente de la importancia de la lucha ideológica, lo es en la actualidad apostándolo todo a la lucha ideológica, y en su caso y en los momentos corrientes al fascismo, para sostener su sistema caduco y criminal, y lo fue en el pasado. La revolución francesa de 1789, y las sucesivas revoluciones burguesas posteriores a ésta, no hubieran sido posibles sin la lucha ideológica de la burguesía, educando al Tercer Estado o pueblo llano, en la necesidad de suceder el absolutismo de unos privilegiados parásitos por el Estado que concentrase la idea de la razón, confrontando materialismo e idealismo. Sin embargo, la única razón del Estado burgués no es otro que ser el instrumento de la burguesía para oprimir y someter al proletariado, esto es la razón de ser la burguesía. La lucha ideológica ha permitido a la burguesía, mejor dicho a la capa más rica de la burguesía, engañar durante siglos a las capas más atrasadas del proletariado, al campesinado y ha conseguido tener tras de ella a la pequeña y mediana burguesía.

Esta lucha ideológica la burguesía la hace sin cuartel pues bien sabe ésta que cuando una revolución triunfa – aunque triunfe en un solo país, como consecuencia del desarrollo desigual de las naciones – las ideas de ésta se extienden por todo el mundo de tal modo que la clase emancipada por la revolución extiende e impregna a la misma clase en otros países que buscan seguir el camino emancipador de su clase. En el análisis histórico anterior hemos podido comprobar que una vez triunfa la revolución burguesa en un primer país, las burguesías de otros países quieren seguir sus pasos y la reacción de todos los países se unen con los reaccionarios del país donde triunfó la revolución al objeto de asfixiarla y acabar con ellas, restaurando el régimen anterior. La burguesía revolucionaria lo comprobó a finales del siglo XVIII y principios del XIX. La burguesía reaccionaria de hoy, sabedora de ello, ataca a muerte la experiencia soviética precisamente porque muestra la viabilidad del socialismo. Mejor dicho, más que la viabilidad del socialismo, la superioridad de éste con respecto del capitalismo. Y es que, si el socialismo y el comunismo son inviables per se, por su propia naturaleza, si el comunismo y el socialismo son cadáveres, están totalmente muertos ¿por qué se gasta la burguesía centenares de millones de dólares en despotricar y combatirlos en una guerra sin cuartel? Porque es la primera que reconoce la superioridad de éstos, porque reconoce la exactitud de la ciencia de la emancipación revolucionaria del proletariado, el marxismo-leninismo, porque sabe perfectamente que “la burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.” [31]

El análisis histórico de las revoluciones burguesas en la etapa de declive del feudalismo y de auge del capitalismo ascensional también nos ha mostrado el tránsito de la burguesía que pasó de ser una clase revolucionaria contra el feudalismo a una clase reaccionaria, una vez ésta se hace con el poder, traicionando sus propios principios revolucionarios, y cómo el proletariado pasa a convertirse en la clase revolucionaria.

Hemos visto que la Revolución de 1848 en Francia mostró que los procesos revolucionarios que se sucedieran tras de ella, en lugares donde la burguesía ya ostentara el poder, no podían ser más que dirigidas por el proletariado que se había convertido en la clase revolucionaria.

Engels, en una carta remitida a Nikolai Frantsevich Danielson el 17 de octubre de 1893 le señalaba “la actual fase del desarrollo en Rusia, la fase capitalista, es una consecuencia inevitable de las condiciones históricas creadas por la guerra de Crimea, por el modo en que se llevó a cabo la reforma de las condiciones agrarias en 1861 y, finalmente, por el estancamiento político de toda Europa(…) Mientras que en Rusia tenemos una base de carácter comunista primitivo, una Gentilgesellschaft (sociedad gentilicia) anterior a la civilización, que si bien se está desmoronando, es, a pesar de todo, la base y el material que maneja y con el que opera la revolución capitalista (pues se trata de una auténtica revolución social). En los Estados Unidos hace ya más de un siglo que ha quedado plenamente establecida la Geldwirtshaft (economía monetaria) mientras que en Rusia dominaba en todas partes, casi sin excepción, la Naturalwirtschaft (economía natural). Se comprende, por tanto, que el cambio habrá de ser en Rusia mucho más violento y tajante y tendrá que ir acompañado de muchos más sufrimientos que en los Estados Unidos (…) Es evidente que el tránsito del comunismo primitivo y agrario al industrialismo capitalista no puede efectuarse sin una terrible dislocación de la sociedad, sin que desaparezcan clases enteras y se transformen en otras clases; y ya hemos visto en Europa Occidental, aunque en menores proporciones, los enormes sufrimientos del despilfarro de vidas humanas y de fuerzas productivas que ello implica necesariamente”. [32]

Unos cinco años después, Lenin describía cuál era la naturaleza de clase del Estado del zar y cuál era la situación del proletariado ruso y su objetivo político fundamental. “En Rusia están privados de derechos políticos no sólo los obreros, sino todos los ciudadanos. Rusia es una monarquía autocrática, absoluta. El zar es el único que dicta las leyes, nombra a los funcionarios y los vigila. Por eso parece que él y su gobierno no dependen en Rusia de ninguna clase y se preocupan de todos por igual. Pero en realidad, todos los funcionarios proceden de una sola clase, la clase de los propietarios, y están subordinados a la influencia de los grandes capitalistas, que manejan a los ministros como títeres y obtienen de ellos cuanto quieren. Sobre la clase obrera rusa pesa un doble yugo: el de los capitalistas y el de los terratenientes que la expolian y saquean; y para que no pueda luchar contra ellos, la policía la ata de pies y manos, la amordaza y persigue todo intento de defender los derechos del pueblo. Cualquier huelga contra un capitalista conduce a que el ejército y la policía sean lanzados contra los obreros. Toda lucha económica se transforma sin falta en una lucha política, y la socialdemocracia tiene el deber de unir indisolublemente una y otra en la lucha única de la clase del proletariado. El objetivo primero y principal de esta lucha debe ser la conquista de los derechos políticos, la conquista de la libertad política”. [33]

Rusia a finales del siglo XIX era una país atrasado con respecto de Estados Unidos y las potencias capitalistas de Europa Occidental y tenía un Estado absolutista encabezado por un zar que servía a la capa más alta, o rica, de la burguesía a la par que era inmisericorde en la represión contra obreros y campesinos. En Rusia, al igual que en otros países, también se comprueba cómo la burguesía, ya sea por la vía de la corrupción o la del aburguesamiento de las capas privilegiadas de la sociedad estamental, con las que ha transado en multitud de ocasiones hasta fagocitarlos, transformándose en burguesía, una vez han triunfado las revoluciones burguesas haciéndose esta clase con el poder.

La guerra contra Japón de 1904 exacerbó las contradicciones de la sociedad rusa, generando un descontento grande entre las clases populares así como dentro del propio ejército, el cual luchó contra los japoneses en unas condiciones paupérrimas. La represión zarista contra el pueblo fue brutal como lo atestigua el Domingo Sangriento donde fusilaron a centenares de personas que se manifestaban pacíficamente frente al Palacio de Invierno al objeto de entregar una serie de reivindicaciones al zar, hecho éste que fue el detonante de la Revolución iniciada en 1905, en la que se produjeron amotinamientos del ejército, y donde el proletariado en movimiento, en lucha, desarrollaron organizaciones como los sindicatos y los soviets de diputados obreros, los cuales fueron ilegalizados en 1906.

Las fuerzas reaccionarias se impusieron en la revolución de 1905-1907, de tal modo que el zar acentuó su régimen policiaco y represivo, haciendo y deshaciendo en la duma títere como le daba la gana, dando la razón a Lenin en su crítica a mencheviques y liberales sobre su consideración de que la monarquía con duma, o monarquía parlamentaria, fue una ‘victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo’ puesto que se acababa con el absolutismo; crítica en la que Lenin señalaba “mientras el poder esté en manos del zar, cualquier decisión de cualquier representante no es más que charlatanismo huero y desdeñable, como resultaron serlo las ‘decisiones’ del parlamento de Fráncfort, famoso en la historia de la revolución alemana de 1848. Marx, representante del proletariado revolucionario, en su Nueva Gaceta del Rin, fustigaba con sarcasmos implacables a los liberales de Fráncfort, análogos precisamente a los actuales adeptos de Osvobozhdenie, porque pronunciaban bellos discursos, tomaban toda clase de ‘decisiones’ democráticas, ‘instituían’ toda clase de libertades, pero, en la práctica, dejaron el poder en manos del rey y no organizaron la lucha armada contra las fuerzas militares de que disponía este último. Y mientras esos liberales de Fráncfort, análogos a los actuales adeptos de Osvobozhdenie, discurseaban, el rey esperó el momento oportuno, reforzó sus efectivos militares, y la contrarrevolución, apoyándose en la fuerza real, infligió una derrota completa a los demócratas y a todas sus magníficas ‘decisiones’”. [34]

Pero este triunfo del zarismo fue un triunfo temporal, pues persistía la necesidad de realizar los cambios políticos y económicos en la magnitud que requería el desarrollo histórico, como era acabar con los vestigios del régimen de servidumbre y romper con la dependencia del imperialismo extranjero que atoraban el desarrollo de las fuerzas productivas. El capitalismo desarrollado en Rusia se implantó tardíamente a inicios del siglo XX, se incrementaron el número de fábricas grandes, aparecieron asociaciones monopolistas estando la economía rusa bajo el dominio del imperialismo internacional, de tal modo que los capitales belgas, británicos, franceses y alemanes se adueñaron de las ramas más importantes de la producción. Asimismo, la política despótica y represiva del zar hizo que entre el pueblo el sentimiento de odio creciera hacia él. A todo ello se le debe sumar la Primera Guerra Mundial, la Guerra Imperialista iniciada en 1914 que exacerbó todavía más las contradicciones de clase y depauperó todavía más las condiciones de vida del proletariado y del campesinado a la par que se enriquecían los monopolios y los kulaks, madurándose las condiciones para la revolución cuyo objetivo fuera liquidar la propiedad terrateniente en el campo como forma de resolución de la cuestión de la tierra y crear la república burguesa.

La descomposición del régimen zarista desencadenó a finales de febrero de 1917 una huelga general en Petrogrado que se extendió a otras ciudades rusas, las cuales fueron apoyadas por una gran parte del ejército, hecho que obligó al zar Nicolás II a abdicar dando lugar a un gobierno compuesto por eseristas y liberales y dirigido por el príncipe Georgi Lvov.

La burguesía, teniendo a los eseristas dentro del gobierno consideraba que tenía controlados a los soviets. Sin embargo, los intereses de la burguesía pasaban por seguir participando en la Primera Guerra Mundial, que lastraba sobremanera las condiciones de vida del pueblo ruso, acrecentándose la disputa entre las distintas facciones de la burguesía, y el rechazo del pueblo tanto a las políticas económicas y agrarias así como a la determinación de que Rusia continuase en la guerra, hacen que las manifestaciones y las huelgas de los trabajadores rusos adquieran cada vez una mayor envergadura haciendo que los soviets se sigan desarrollando produciéndose, de facto, un doble poder. Por un lado el gobierno y por el otro el pueblo organizado en soviets en las ciudades más importantes. Es en este escenario donde un dirigente excepcional, como Lenin, lanza la “Tesis de Abril”, donde no sólo hace una lectura exacta de la dialéctica revolucionaria en Rusia desde la Revolución de 1905-1907, de los diferentes saltos cuantitativos y cualitativos, sino que define con exactitud las tareas que deben desarrollar tanto el Proletariado como el Partido en dicho proceso revolucionario comprendido entre febrero y octubre de 1917. La experiencia histórica de la Comuna, así como el conocimiento de cómo la sociedad rusa creó sus órganos de poder mediante los soviets, así como el enconamiento de la lucha de clases le llevaron a la conclusión que una vez completada la revolución burguesa con el establecimiento de una democracia burguesa, correspondía al proletariado y al campesinado, bajo la dirección revolucionaria del Partido, dar el siguiente paso una vez derrocada la autocracia, que no era otra cuestión que la toma del poder por parte de éstos. La fórmula que Lenin aporta para acabar con la dualidad de poder y qué forma política debe revestir el proceso de transición del capitalismo al socialismo es el siguiente: “No una república parlamentaria – volver a ella desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás -, sino una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba. (…) Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia (…) En el programa agrario, trasladar el centro de gravedad a los Soviets de diputados braceros(…) Confiscación de todas las tierras latifundistas.(…) Nacionalización de todas las tierras del país, de las que dispondrán los Soviets locales de diputados braceros y campesinos. (…) Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único sometido al control de los Soviets de diputados obreros”. [35]

No es de extrañar que la burguesía ataque con bala a Lenin y a su obra pues, como estamos comprobando, fue un dirigente único, excepcional, astuto e inteligente que supo leer el proceso revolucionario ruso, que dominaba las experiencias revolucionarias del proletariado a lo largo de su historia así como la lucha revolucionaria rusa y que supo imprimir la dirección acertada al proletariado y al campesinado para que, por primera vez en la historia, tomaran el poder desbancando a la burguesía. kadetes (liberales), socialrevolucionarios o eseristas, trudoviques (pequeños burgueses), mencheviques, que se escudaban en el nacionalismo y el patriotismo para sostener a Rusia en la Gran Guerra, los defensores de la república burguesa, no dudaron en aliarse con los imperialistas – Gran Bretaña, Japón, China, Francia, Estados Unidos, Alemania, Grecia, Serbia, etcétera – todos se unieron en la guerra civil para derrotar al proletariado y el campesinado ruso dirigidos por los bolcheviques e impedir que la República de los Soviets, la Unión Soviética pudiera desarrollarse.

La Revolución Socialista de Octubre de 1917 fue la respuesta del proletariado, del campesinado y de los soldados rusos, inducida y dirigida por el Partido de Lenin, a la guerra imperialista, a la criminal burguesía que anegaba de hambre, miseria y muerte a las capas laboriosas rusas, y la guerra civil posterior a ésta la respuesta del imperialismo en alianza con la criminal burguesía rusa y sus creaciones oportunistas. La guerra civil fue “la resistencia de la burguesía a la entrega de la tierra, sin indemnización, a los campesinos; a la realización de transformaciones semejantes en otras esferas de la vida; a una paz justa y a la ruptura con el imperialismo”[36], en definitiva, a la resistencia de la burguesía a dejar el Poder en manos de los Soviets de obreros, campesinos y soldados; a la resistencia de la burguesía monopolista de las potencias imperialistas a permitir que se desgajase del imperialismo Rusia y que ésta revolución socialista se extendiera entre el proletariado de otras naciones y estados abriéndose camino la revolución mundial del proletariado.

Sin embargo, y a pesar de la lucha heroica del proletariado y el campesinado ruso en la guerra civil, el desarrollo de la revolución ponía de manifiesto multitud de escollos, y no sólo de la resistencia de los imperialistas, de la burguesía, de los vividores y arribistas, sino también de la implicación del proletariado y el campesinado en la construcción del socialismo, de su falta de preparación para desarrollar la administración del Estado y de las empresas y de un grado de conciencia por debajo de lo que se requería para desarrollar el socialismo tal y como había concebido Lenin. “Acabamos de vivir dos años de inauditas e inverosímiles dificultades, dos años de hambre, de privaciones y de calamidades, y al mismo tiempo de victorias sin precedentes del Ejército Rojo sobre las hordas de la reacción capitalista internacional (…) Al cabo de dos años contamos ya con cierta experiencia de la construcción sobre la base del socialismo. Por eso, la cuestión del trabajo comunista puede y debe ser planteada de lleno. Ahora bien, será más exacto hablar no del trabajo comunista, sino del trabajo socialista, ya que no se trata de la fase superior, sino de la inferior, de la primera fase de desarrollo del nuevo régimen social, que ha brotado del capitalismo. (…) El trabajo comunista, en el más riguroso y estricto sentido de la palabra, es un trabajo gratuito en bien de la sociedad, un trabajo que es ejecutado no para cumplir una obligación determinada, no para recibir derecho a determinados productos, no por normas establecidas y reglamentadas de antemano, sino un trabajo voluntario, sin normas, hecho sin tener en cuenta la recompensa alguna, sin poner condiciones sobre la remuneración, un trabajo realizado por hábito de trabajar en bien general y por la actitud consciente (transformada en hábito) frente a la necesidad de trabajar para el bien común; en una palabra, un trabajo como exigencia del organismo sano. (…) Es claro para todos nosotros, es decir, nuestra sociedad, nuestro régimen social, estamos aún lejos, muy lejos de la aplicación en vasta escala, de la efectiva aplicación en masa de este tipo de trabajo (…) Crear una nueva disciplina de trabajo, crear nuevas formas de relaciones sociales entre los hombres, crear formas y procedimientos nuevos de atracción de los hombres al trabajo, es tarea que exige muchos años, decenas de años” [37]. Y también a un bajo desarrollo de las fuerzas productivas, de la tecnología “No tenemos ninguna otra posibilidad de conseguir que nuestra técnica alcance el nivel contemporáneo. (…) El Consejo de Comisarios del Pueblo acordó el 1 de febrero de 1921 comprar en el extranjero 18.500.000 puds de hulla, pues ya entonces se barruntaba nuestra crisis de combustible. Entonces se puso ya en claro que tendríamos que gastar nuestras reservas de oro no sólo en la adquisición de maquinaria. Esta maquinaria elevaría nuestra producción hullera; desde el punto de vista de nuestra economía, sería mejor adquirir en el extranjero máquinas para fomentar la industria hullera que comprar carbón; pero la crisis era tan grave que hubo necesidad de renunciar a este método, mejor en el aspecto económico, y pasar a otro peor, desembolsando medios en la compra de hulla que hubiéramos podido extraer en nuestro propio país. Aún tendremos que ceder más a fin de comprar artículos de consumo para los campesinos y los obreros”. [38]

Ante esta situación de un desarrollo no elevado de las fuerzas productivas, los efectos en la economía de la guerra civil, la guerra imperialista, la hambruna, la existencia en Rusia de diversos tipos de economía social (economía campesina patriarcal, pequeña producción mercantil, capitalismo privado, capitalismo de Estado, socialismo) y la revolución en el X Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, en marzo de 1921, se acordó sustituir la política económica al objeto de estimular a la economía de la República Soviética. Con la NEP se abrían las puertas a relaciones capitalistas de producción, como implica el impuesto en especie para los campesinos, el arriendo de empresas y concesiones a la burguesía, creación de empresas mixtas donde entrase capital extranjero, etcétera. Esta apertura al capitalismo también implicó un fortalecimiento de la burguesía y los terratenientes o kulaks, un fortalecimiento del imperialismo, y es que toda concesión que se hace al capitalismo conlleva un fortalecimiento de la burguesía. La NEP fue una medida no sólo excepcional, sino que encaja en un instante concreto y forma parte del peaje que la revolución socialista tuvo que pagar para sostenerse ante el grado real de instrucción del proletariado y del campesinado para llevar hacia adelante la producción. “El capitalismo de Estado significaría un gigantesco paso adelante incluso si pagáramos más que ahora (…), pues merece la pena pagar ‘por aprender’, pues eso es útil para los obreros, pues vencer el desorden, el desbarajuste y el relajamiento tiene más importancia que nada, pues continuar la anarquía de la pequeña propiedad es el peligro mayor y más temible, que nos hundirá sin duda alguna (si no lo vencemos), en tanto que pagar un tributo mayor al capitalismo de Estado, lejos de hundirnos, nos llevará por el camino más seguro hacia el socialismo. La clase obrera, después de aprender a proteger el orden estatal frente a la anarquía de la pequeña propiedad, después de aprender a organizar la producción a gran escala, a escala de todo el país, basándola en el capitalismo de Estado, tendrá entonces a mano –perdón por la expresión – todos los triunfos, y el afianzamiento del socialismo estará asegurado”[39]. Sin duda los oportunistas apoyaron la NEP, la nueva política económica que, según los oportunistas de ayer y de hoy, abría una etapa intermedia entre el imperialismo y el socialismo, que sería lo que denominaron capitalismo de Estado.

El desarrollo de la Nueva Política Económica (NEP), tuvo como efecto un fortalecimiento de la burguesía, los terratenientes, de los imperialistas, los comerciantes y los especuladores. Como el marxismo enseña, los cambios en la estructura económica también tienen su reflejo en la superestructura, es decir, tanto en la sociedad como en el seno del Partido, el cual se degenera ideológicamente y en el que se suceden las fracciones consecuencia de la existencia de la ideología burguesa bajo la máscara del oportunismo.

Ya fenecido Lenin, el líder que supo descifrar la fórmula para la Revolución Socialista triunfante, para despojar a la burguesía del poder e imponer la dictadura del proletariado, y que se encontró que el grado de preparación y conciencia del proletariado y del campesinado pobre a la hora de dirigir la producción y la administración no era lo suficientemente elevado para ello; Stalin toma el relevo en la dirección de la construcción del socialismo en la URSS. Si feroces son los ataques de la burguesía a Lenin, éstos son, si cabe, todavía más descomunales contra Stalin y es que es lógico que la burguesía vilipendie hasta la extenuación y viertan todo tipo de engaño contra estos dos líderes del marxismo. El primero actualizó el marxismo a la época del capitalismo monopolista, enriqueció la ciencia con el instrumento revolucionario del proletariado, el Partido, al cual definió y que es esencial no sólo para despojar a la burguesía del poder y aupar al proletariado y sus aliados, sino para construir el socialismo; el segundo, Stalin, es el dirigente comunista artífice de la Unión Soviética, de la edificación del socialismo, de mostrar la superioridad inmensa del socialismo con respecto al capitalismo.

Stalin tenía grabada la fórmula de Lenin para la construcción del socialismo “El comunismo es el Poder soviético más la electrificación de todo el país. De otro modo, seguiremos siendo un país de pequeños campesinos, y es preciso que lo comprendamos claramente. Somos más débiles que el capitalismo tanto a escala mundial como dentro del país. Esto lo sabemos todos. Hemos tomado conciencia de ello y haremos que la economía, basada en la pequeña hacienda campesina, pase a basarse en la gran industria. Sólo cuando el país esté electrificado, cuando la industria, la agricultura y el transporte se asienten en la base técnica de la gran industria moderna, solo entonces venceremos definitivamente.”[40] Y también tenía claro que para poder llevar a término la industrialización socialista era esencial la colectivización de la tierra para desarrollar la producción agrícola socialista, por ello, era necesario liquidar la NEP e iniciar la planificación socialista de la economía, los planes quinquenales. “Nosotros tomamos la doctrina de Lenin no por partes aisladas, sino en su conjunto. Lenin tenía tres consignas con relación al campesinado: una, durante la revolución burguesa; otra, durante la Revolución de Octubre; y la tercera, después de la consolidación del Poder Soviético. (…) Así está planteada la cuestión teóricamente. Y prácticamente está planteada como sigue: después de haber hecho la Revolución de Octubre, después de haber echado a los terratenientes y repartido la tierra a los campesinos, es evidente que, más o menos, hicimos de Rusia un país de campesinos medios, como dice Lenin, y ahora el campesino medio constituye en el agro la mayoría, a pesar del proceso de diferenciación. (…) La diferenciación, claro está, se produce. En la NEP, en la etapa actual, no puede ser de otro modo. Pero se produce a paso lento. (…) resulta que bajo el dominio del zar había en el país cerca de un 60% de campesinos pobres y que ahora hay un 75%; bajo el dominio del zar, los kulaks eran, poco más o menos, un 5% y ahora, un 8 ó un 12%; bajo el dominio del zar había tantos y tantos campesinos medios, y ahora hay menos. No quisiera emplear palabras fuertes, pero hay que decir que esas cifras son peores que cualquier propaganda contrarrevolucionaria (…) Como miembro del CC yo también respondo, claro está, por ese descuido sin precedentes. Si bajo el dominio del zar, cuando se llevaba una política de fomento de los kulaks, cuando existía la propiedad privada sobre la tierra, cuando existía la movilización de la tierra (cosa que acentúa singularmente la diferenciación), cuando el gobierno impulsaba a todo vapor la diferenciación los campesinos pobres no pasaban, a pesar de todo, del 60%, ¿cómo ha podido ocurrir que con nuestro gobierno, con el Gobierno Soviético, cuando no existe la propiedad privada sobre la tierra, es decir, cuando la tierra ha sido excluida de la circulación, cuando existe, por consiguiente, obstáculo contra la diferenciación, después de que hemos estado unos dos años ocupados en la deskulakización, cuando hasta la fecha no hemos sabido olvidar todos los métodos de deskulakización, cuando aplicamos una política especial de créditos y de fomento de las cooperativas, que no favorece la diferenciación, cómo ha podido ocurrir que, aun con tales trabas, exista ahora una diferenciación mucho más acentuada que bajo el dominio del zar, que tengamos muchos más kulaks y campesinos pobres que en el pasado?”[41]

“La fuerza social que controlase el trigo en el mercado decidiría sobre el avituallamiento de los obreros y de los ciudadanos y, por lo tanto, sobre la suerte de la industrialización. La lucha fue feroz.”[42]

Stalin liquidando la NEP, que fortaleció progresivamente a la burguesía terrateniente, kulaks, con el desarrollo del Primer Plan Quinquenal sentó las bases de la economía socialista desarrollando la industria pesada e imponiendo la economía socialista en el campo al objeto de hacer al estado soviético independiente del orden imperialista mundial y su putrefacción. La economía planificada socialista a través de sus planes quinquenales logró convertir a la URSS en la primera potencia mundial. Mientras el mundo imperialista vivía la gran depresión económica de la década de los 30s, la URSS desarrolló su agricultura socialista y la industria pesada de tal modo que en una década el socialismo había conquistado mucho más que el capitalismo en siglos. Mientras la crisis económica de los 30s llevaba al mundo hacia la Segunda Guerra Mundial, y mientras la URSS sufría los ataques del imperialismo dentro y fuera de sus fronteras. “La industria capitalista mundial apenas había alcanzado, a mediados de 1937, en conjunto, el 95 ó 96% del nivel del año 1929, y en la segunda mitad del año 1937 entraba en la etapa de una nueva crisis económica; en cambio, la industria de la U.R.S.S., prosiguiendo su marcha ascendente, llegó a fines del año 1937 al 428% de su nivel de 1929, y, en comparación con el nivel de antes de la guerra, su aumento era de más de siete veces (…) Casi el mismo cuadro de progreso presentaba la agricultura. La superficie de siembra de todos los cultivos aumentó de 105 millones de hectáreas, en 1913 (período de anteguerra), a 135 millones de hectáreas, en 1937. La producción de cereales aumentó de 78.624.000 toneladas, en 1913, a 111.384.000, en 1937; la producción de algodón en bruto aumentó de 720.000 a 2.552.520 toneladas; la producción de lino (fibra) aumentó de 311.220 a 507.780; la producción de remolacha azucarera, de 10.712.520 a 21.474.180; la producción de los cultivos oleaginosos aumentó de 2.113.020 toneladas aa 5.012.280. (…) Conviene advertir que, en 1937, solamente los koljóses (sin contar los sovjóses) lanzaron al mercado más de 27 millones y medio de toneladas de trigo, o sea 6 millones y medio de toneladas más que los terratenientes, los kulaks y los campesinos juntos en 1913. (…) Por lo que se refiere a la colectivización de la agricultura, ésta podía darse ya por terminada. En 1937, estaban incorporados a los koljóses 18 millones y medio de economías campesinas de todo el país; y la superficie de siembra de cereales de koljóses representaba el 99% de la superficie total de cereales sembrados por los campesinos”. [43]

Mientras en las potencias imperialistas se desbocaba el desempleo y la pobreza azotaba a las clases laboriosas, en la URSS “el salario real de los obreros y empleados experimentó, durante el segundo Plan quinquenal, un aumento de de más de dos veces. El fondo de salarios creció de 34.000 millones, en 1933, a 81.000 millones en 1937. El fondo de seguros sociales del Estado aumentó de 4.600 millones de rublos, en 1933, a 5.600 millones en 1937. Solamente en un año, en 1937, se invirtieron en seguros sociales del Estado para los obreros y empleados, en mejorar las condiciones de vida y en atender a las necesidades culturales de los trabajadores, en sanatorios, balnearios, casas de descanso y asistencia médica, cerca de 10.000 millones de rublos. (…) En 1936, al crecer el bienestar de las masas populares, el Gobierno dictó una ley, prohibiendo los abortos. Al mismo tiempo, se trazaba un vasto plan de construcción de casas de maternidad, casas-cuna, despachos de leche para niños de pecho y jardines de infancia. En 1936, se destinaron a estas atenciones 2.174 millones de rublos, contra los 875 millones en 1935. (…) Como resultado de la implantación de la escolaridad obligatoria y de la construcción de nuevas escuelas, surgió un potente florecimiento cultural entre las masas populares. Por todo el país se desarrolló un grandioso plan de construcción de escuelas. El número de alumnos de las escuelas primarias y medias aumentó de 8 millones, en 1914, a 28 millones, en 1936-37. El número de alumnos de las escuelas superiores aumentó de 112.000, en 1914, a 542.000, en 1936-1937 (…) Fue ésta una verdadera revolución cultural. (…) En 1936, la U.R.S.S. presentaba ya un panorama distinto. La economía de la U.R.S.S. había cambiado radicalmente. Por esta época habían sido totalmente liquidados los elementos capitalistas, y el sistema socialista había triunfado en todas las ramas de la economía nacional. La potente industria socialista rebasaba en siete veces la producción de antes de la guerra y había desalojado completamente a la industria privada. En la agricultura, había triunfado, con los koljóses y los sovjóses, la producción socialista, la producción mecanizada mayor del mundo, equipada con arreglo a la nueva técnica. Los kulaks habían sido totalmente liquidados como clase, y el sector individual no desempeñaba ya ningún papel importante en la economía del país. (…) La propiedad social socialista sobre lo medios de producción se había consolidado, como base inquebrantable del nuevo régimen socialista, en todas las ramas de la economía nacional. En la nueva sociedad, en la sociedad socialista, habían desaparecido para siempre las crisis, la miseria, el paro forzoso y la ruina. Se habían creado las condiciones necesarias para una vida desahogada y culta de todos los miembros de la sociedad soviética”. [44]

Stalin no sólo comprendió la necesidad del momento histórico, de dar el salto hacia adelante en la construcción del socialismo, acabando con la Nep y desarrollando los planes quinquenales que sentaron las bases económicas para el desarrollo del socialismo, sino también la reacción de la burguesía en oposición a la construcción del socialismo, ya fuera desde el exterior, ya fuera bajo la máscara del oportunismo en el interior del partido (Trotski, Bujarin, Zinoviev,…), al que le declaró una guerra sin cuartel.

La crisis general del capitalismo hizo que el fascismo fuera ascendiendo al poder en diversos países de Europa, de la mano de la socialdemocracia y la democracia cristiana. Las democracias burguesas no dudaron en colaborar con el fascismo, y ahí están los Acuerdos de Múnich de 1938 que lo acreditan, al objeto de hostigar a la URSS.

A pesar de la Segunda Guerra Mundial, donde la URSS derrotó al fascismo gracias a la heroica lucha del pueblo soviético – donde murieron 26 millones de ciudadanos soviéticos – bajo la dirección del Partido dirigido por Stalin; la URSS salió de la misma como la mayor potencia mundial de Europa y Asia, situándose a la par de los EEUU en la industria y superando a los EEUU en el terreno del progreso social y de la ciencia. Lenin y Stalin demostraron la superioridad del socialismo con respecto del capitalismo a pesar del boicot imperialista, de las guerras, el hambre, millones de muertos provocados por el fascismo, etcétera.

“La lucha contra el burocratismo fue siempre considerada por Lenin y Stalin como una lucha en defensa de la pureza de la línea bolchevique contra las influencias de la vieja sociedad, de las viejas clases y estructuras opresivas. Tanto Lenin, como después Stalin, buscaron la forma de concentrar a los revolucionarios mejor formados, los más clarividentes, activos, firmes y ligados a las masas en el seno del Comité Central y de los órganos dirigentes. La dirección del Partido se apoyó siempre sobre la movilización de las masas para realizar las tareas de la construcción socialista. Era en los escalones intermedios, y particularmente en los aparatos de las Repúblicas, donde los elementos burocráticos, carreristas y oportunistas podían más fácilmente instalarse y esconderse. En todo el tiempo que Stalin estuvo a la cabeza del Partido, afirmó que la dirección y la base debían movilizarse para romper y cazar a los burócratas de arriba abajo.”[45]

Sin el Partido jamás hubiera habido revolución, no sólo es condición sine qua non para poder llevarse a término una revolución socialista sino, también, para poder desarrollar el socialismo. Sin embargo, el Partido no nace en una burbuja, ni se desarrolla en una urna de cristal, sino que se desenvuelve y desarrolla en una sociedad clasista, donde rige la lucha de clases, también en su seno.

Lenin supo desde el primer momento que el Partido tenía que organizarse en base al principio organizativo del centralismo democrático como fórmula para aglutinar y multiplicar la fuerza y, sobre todo, para hacer un bloque compacto, unido, disciplinado donde sea impuesta siempre la voluntad mayoritaria. Sin embargo, el Partido, en su génesis, se construye por la confluencia de los diferentes círculos marxistas expandidos por toda Rusia, que se desarrollaron de manera aislada hasta que, gracias a la labor de Lenin, todos ellos conformaron el Partido; en consecuencia, el Partido nació con la carga genética acarreada por la historia de las distintas partes que lo conformaron: subjetivismo, desigual interpretación del marxismo, heterogeneidad y desigual grado ideológico, etcétera.

Así pues, el Partido fue la fórmula de Lenin para construir el instrumento que fusionase el marxismo-leninismo, el instrumento para derrocar revolucionariamente el capitalismo y alzar el socialismo, uniendo y organizando a los diferentes círculos marxistas en una única organización. Esa fue su génesis, pero en su desarrollo el Partido no sólo arrastraba ese poso de heterogeneidad; sino que conforme se fortalecía también era blanco del enemigo, de la burguesía cuyo objetivo no era otro que su liquidación por la vía de la corrupción ideológica, del oportunismo, del arribismo. En el VIII Congreso del PC(b) de Rusia, en 1919, Lenin señalaba “Los burócratas zaristas han comenzado a pasar a las oficinas de los órganos soviéticos, en los que introducen sus hábitos burocráticos, se encubren con el disfraz de comunistas y, para asegurar un mayor éxito en su carrera, se procuran carnets del PC de Rusia. ¡De modo que después de ser echados por la puerta, se meten por la ventana! Aquí es donde se deja sentir más la escasez de elementos cultos. A estos burócratas podríamos liquidarlos, pero no es posible reeducarlos de golpe y porrazo. Lo que aquí se nos plantea ante todo son problemas de organización, problemas de tipo cultural y educativo.(…) Sólo cuando toda la población participe en la administración del país se podrá luchar hasta el fin contra el burocratismo y vencerlo totalmente”. [46]

Al igual que vimos en el terreno económico el insuficiente grado de implicación del proletariado y el campesinado ruso en el desarrollo del socialismo en los primeros años de la revolución, unido a su falta de preparación para desarrollar las empresas y la administración también repercutía, como no podía ser de otra forma, en el desarrollo del Partido y tenía sus efectos, como era la penetración en el seno del Partido de gente indeseable, de arribistas, y donde la burguesía mediante el oportunismo trataba de dinamitar y corromper el Partido desde su interior.

Stalin, ante el XIII Congreso del PC(b) de Rusia en 1924 hacía una radiografía de la realidad del Partido que, en el fondo, reflejaba la realidad del proletariado y del campesinado ruso “b) La promoción leninista. No voy a extenderme señalando que la promoción leninista, es decir, el ingreso en nuestro Partido de 200.000 nuevos militantes obreros, evidencia la profunda democracia de nuestro Partido, evidencia que nuestro Partido constituye, en esencia, un organismo electo de la clase obrera. En este sentido, la importancia de la promoción leninista es, sin duda, inmensa. Pero no es eso de lo que quería hablar hoy. Quería fijar vuestra atención en las peligrosas tendencias que han aparecido en el Partido en los últimos tiempos, en relación con la promoción leninista. Unos dicen que hay que ir más lejos, elevando a un millón el número de militantes. Otros quieren ir aún más allá y afirman que sería mejor llegar a los dos millones. No dudo de que habrá otros a quienes todavía esto les parecerá poco. Esa, camaradas, es una tendencia peligrosa. Los mayores ejércitos del mundo perecieron porque se dejaban arrastrar por el entusiasmo, se apoderaban de mucho, y después, incapaces de digerir el botín, se descomponían. Los mayores partidos pueden perecer si se dan a un entusiasmo exagerado, si quieren abarcar mucho y luego son incapaces de sujetar lo abarcado, de digerirlo. Juzgad vosotros mismos. En el Partido había un 60% de camaradas sin preparación política. Eso era antes de la promoción leninista, y me temo que después de ésta el porcentaje llegue al 80% ¿No es ya hora de que nos detengamos, camaradas? ¿No es hora de que nos limitemos a 800.000 militantes y planteemos de manera tajante y concreta la cuestión de mejorar cualitativamente las filas del Partido, de instruir a la promoción leninista en los fundamentos del leninismo y hacer de los nuevos militantes leninistas conscientes?” [47]

El paso hacia adelante en la construcción del socialismo llevado a cabo bajo la dirección de Stalin, con el desarrollo de la planificación de la economía con los planes quinquenales al objeto de sentar las bases y desarrollar la industria pesada así como con la colectivización de la tierra y la implantación de la agricultura socialista, agudizó la lucha de clases y ella, también, se agudizó en el seno del Partido.

El Partido, bajo la dirección de Stalin, reforzó la educación política de sus militantes, combatió al oportunismo sin cuartel y se depuró regularmente como método de lucha contra la degeneración burocrática del mismo; y ello sirvió para tener una Partido fuertemente disciplinado y cohesionado, necesario para poder acometer la edificación del socialismo, para derrotar al fascismo en la Segunda Guerra Mundial, pero no fue suficiente para desterrar el burocratismo, al oportunismo y demás agentes del imperialismo del mismo a tenor de lo acontecido.

Tras la Segunda Guerra Mundial Stalin se centró en reconstruir el país, devastado por la guerra, y en la situación internacional. “No cabe la menor duda que Stalin continuó, en los últimos años de su vida, luchando contra las tendencias socialdemócratas y nacionalistas burguesas, y contra la subversión conducida por el imperialismo anglo-americano. (…) Por otra parte, está claro que esta lucha no fue llevada a cabo con la profundidad y la amplitud necesaria para revigorizar y enderezar ideológica y políticamente el Partido. (…) En efecto, después de la guerra – que había exigido esfuerzos profesionales extraordinarios por parte de los cuadros militares, técnicos y científicos -, las antiguas tendencias al profesionalismo militar y a la tecnocracia se reforzaron. La burocratización, la búsqueda de privilegios y la vida fácil se habían acentuado también. (…) Stalin, que siempre subrayó que la influencia de la burguesía y del imperialismo se reflejaba en el Partido bajo la forma de corrientes oportunistas, no fue capaz entonces de formular una teoría sobre la lucha entre las dos líneas en el seno del Partido. (…) Stalin subestimó manifiestamente las causas internas que engendran a las corrientes oportunistas que más tarde, por la infiltración de agentes secretos, se unieron de una forma u otra al imperialismo. Stalin no comprendió los peligros del burocratismo, de la tecnocracia, de la búsqueda de privilegios existen de forma permanente y en una amplia escala. Y que éstas reproducen inevitablemente concepciones socialdemócratas, conciliadoras con el imperialismo. En consecuencia, Stalin no juzgó necesario movilizar al conjunto de los miembros del Partido para combatir las líneas oportunistas y para eliminar las tendencias malsanas; en el curso de estas luchas ideológicas y políticas, todos los cuadros y miembros hubieran debido haberse educado y transformado. Después de 1945, la lucha contra el oportunismo quedó confinada a las esferas dirigentes del Partido y ya no sirvió para la transformación revolucionaria del conjunto del Partido. (…) Esta debilidad política, aún se agravó más debido a las tendencias revisionistas que han emergido, hacia finales de los cuarenta, en el seno de la dirección suprema del Partido. (…) A principios de los años 50, la salud de Stalin se fue debilitando mucho fruto del agotamiento acumulado durante la guerra. El problema de la sucesión de Stalin iba a colocarse en un porvenir muy próximo. Fue precisamente, en este momento cuando dos grupos de revisionistas en el seno de la dirección salieron a la superficie e iniciaron sus intrigas. Los dos, cada uno por su lado, juraban ser fieles a Stalin. (…) El grupo de Beria y el de Khruschev constituyeron dos fracciones revisionistas rivales que, al mismo tiempo que iban minando en secreto la obra de Stalin, se declararon mutuamente a la guerra”. [48]

“¿Se dio cuenta de las intrigas que los revisionistas de su entorno estaban a punto de urdir? El informe principal sometido al XIXº Congreso por Malenkov, a principios de octubre de 1952, así como la obra de Stalin Los problemas económicos del socialismo, publicado en esta ocasión, muestran que Stalin estaba convencido de que una nueva lucha contra el oportunismo y una nueva depuración del Partido habían llegado a ser necesarias. (…) el informe presentado por Malenkov lleva el sello de Stalin. Defiende tesis revolucionarias que serán desmontadas cuatro años más tarde por Khruschev y Mikoyán. En él critica con virulencia una multitud de tendencias negativas en la economía y en la vida del Partido, tendencias que se impusieron en 1956 bajo la forma de revisionismo khruscheviano (…) En el Pleno que siguió al XIXº Congreso, Stalin aún fue más duro en las críticas que dirigió a Mikoyan, Molotov y Vorochilov; estaba virtualmente en conflicto con Beria. Todos los miembros de la dirección comprendieron perfectamente que Stalin exigía un cambio radical en la cúspide. Khruschev había comprendido claramente el mensaje, y, como los otros, le volvió la espalda y se encogió de hombros: “Stalin tenía, evidentemente, el deseo de acabar con todos los antiguos miembros del Buró Político. A menudo había declarado que el Buró político debían ser reemplazados por hombres nuevos. Su propuesta, formulada después del XIXº Congreso y por la elección de 25 personas al Presidium del Comité Central, pretendía eliminar a los antiguos miembros del Buró político y hacer entrar a personas menos experimentadas. (…) Podemos suponer (!) que también tenía como objetivo la liquidación futura de los antiguos miembros del Buró político, lo que habría permitido cubrir con un velo de silencio todos los actos vergonzosos de Stalin.(92)”

«En esta época, Stalin era ya un hombre envejecido, agotado y enfermo. Actuaba con mucha prudencia. Llegó a la conclusión que los miembros del Buró político no estaban ya a la altura, introdujo jóvenes más revolucionarios en el Presidium para someterlos a un test. Los revisionistas complotaron con Khruschev, Beria y Mikoyan sabiendo que pronto iban a perder sus posiciones”. [49]

Una vez contemplada la situación interna, del Partido, en los últimos años de vida de Stalin, tras la terminación de la Segunda Guerra Mundial, echemos un vistazo a cómo se hostigaba y atentaba contra la Unión Soviética desde el exterior, desde las filas del imperialismo desde los estertores de la Segunda Guerra Mundial. “Cuando aún no había terminado la guerra antifascista, un gran número de generales americanos soñaban con la inversión de las alianzas para poder lanzar operaciones militares contra la Unión Soviética. (…) En esta aventura, pensaban utilizar… al ejército nazi, depurado de Hitler y de su entorno. El antiguo agente secreto Cookridge informó de ciertas intenciones que sobre esto habían tenido en el verano de 1945: ‘El general Patton soñaba con rearmar dos divisiones de Waffen-SS para incorporarlas al IIIº Ejército (americano) y ‘dirigirla contra los Rojos’. Patton había presentado muy seriamente este proyecto al general McNarmey, gobernador militar US en Alemania…“Lo que piensen esos diablos bolcheviques, ¿qué os puede importar?” decía Patton. “Pronto o tarde, será preciso batirse con ellos ¿por qué no ahora, cuando nuestro ejército está intacto y podemos rechazar al Ejército Rojo hasta Rusia? Con los alemanes, seremos capaces de hacerlo. ¡Ellos detestan a estos bastardos rojos!”” [50]

“El general Gehlen había sido jefe del espionaje nazi en la Unión Soviética. En mayo de 1945 decidió entregarse, con sus archivos, al ejército USA. Fue presentado al mayor general Luther Sibert, jefe de Información del grupo de los ejércitos del general Bradley. A las preguntas de Sibert, el nazi Gehlen le pasó un informe de 129 páginas que constituía ‘el proyecto de una organización secreta basada sobre sus anteriores trabajos de espionaje, dirigida contra la Unión Soviética, bajo el mando americano.’(10) Gehlen fue introducido después entre las más altas autoridades militares americanas y, cuando los representantes soviéticos pidieron noticias sobre Gehlen y Schellenberg, dos criminales de guerra que debían serles entregados, los yanquis respondieron no saber nada de ellos. El 22 de agosto de 1945, transportaron a Gehlen, clandestinamente a los Estados Unidos. (11) El nazi Gehlen ‘negoció’ con los ases del espionaje americano, comprendido Allen Dulles, y llegaron a un acuerdo: la organización de espionaje Gehlen continuaría funcionando en la Unión Soviética de forma autónoma y ‘oficiales americanos asegurarían el enlace con sus propios servicios’. “La organización Gehlen sería utilizada únicamente para pasarles informes sobre la Unión Soviética y sus países satélites.”(12)

El 9 de julio de 1946, Gehlen estaba ya de vuelta en Alemania para reactivar sus servicios de espionaje nazi, bajo el control de los americanos. Mandó a decenas de oficiales superiores de la Gestapo y de las SS a los cuales les entregó documentación falsa. (13)

John Loftus, un responsable de los servicios secretos americanos y responsable también del camuflaje de antiguos nazis después de la guerra, tuvo que constatar que millares de fascistas ucranianos, croatas y húngaros fueron introducidos en los EEUU para un servicio ‘rival’. Loftus escribe: “El número de criminales de guerra nazis que se han establecido en los Estados Unidos después de la II Guerra Mundial se estima en unos 10.000’ (14)”

«Desde 1947, cuando los USA iniciaron la guerra fría, estos ‘antiguos’ nazis jugaron un papel considerable en la propaganda anticomunista.

Por esto podemos afirmar que el imperialismo americano fue realmente el continuador del expansionismo nazi”. [51]

Como se puede comprobar, EEUU no sólo dio cobijo a multitud de criminales de guerra nazi, sino que se nutrió de ellos para combatir a la Unión Soviética enarbolando la bandera del anticomunismo, del antisovietismo y del fascismo tomando el relevo de Hitler en defensa del imperialismo, en defensa de la explotación del hombre por el hombre, del sojuzgamiento a sangre y fuego de los pueblos oprimidos.

El objetivo de los herederos de Hitler, el imperialismo norteamericano, era la destrucción de la Unión Soviética, para ello establecieron “Un plan de desestabilización de la URSS es llevado a cabo, desde 1945, por Allen Dulles. Es una prueba fulgurante de la agresividad estratégica contrarrevolucionaria, acometida por los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. (…) Este plan, creado antes del final de la guerra, había sido escondido al aliado de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial: la Unión Soviética. Fue creado en la época en la que el Ejército Soviético, fiel a su compromiso como aliado, combatía en Extremo-Oriente al ejército japonés con una fuerza de un millón de hombres, permitiendo la victoria definitiva sobre Japón. Está claro que no fue la bomba sobre Hiroshima, que provocó 117.000 víctimas, sobre todo mujeres y niños, sin alcanzar ni a un solo soldado del ejército japonés, sino el ejército soviético quien hizo capitular a Japón (…) Descubrimos ahora que el plan Dulles había sido aplicado durante decenios por el imperialismo americano (…) A principios de los 60, el Presidente americano Kennedy confirmó el plan Dulles: ‘No podemos vencer a la URSS con una guerra clásica. Podemos vencerla con otros métodos: ideológicos, psicológicos, con propaganda antisoviética, con medidas económicas’”. [52]

“Sobre este telón de fondo, podemos comprender mejor la política internacional que Stalin ha seguido desde 1945 a 1953. Stalin era muy firme en su oposición hacia el imperialismo americano y sus planes de guerra. En la medida que le permitían sus medios, ayudaba a los movimientos revolucionarios de los diferentes pueblos, al mismo tiempo que daba pruebas de una gran prudencia. (…) Contra el sistema capitalista mundial, Stalin llevó a cabo una lucha en cuatro frentes: 1) reforzando la defensa de la URSS, base del movimiento comunista internacional; 2) ayudando a los pueblos que habían decidido entrar en la vía de la democracia popular y el socialismo; 3) apoyando a todos los pueblos colonizados que aspiraban a la independencia, y 4) estimulando al vasto movimiento internacional por la paz, contra las nuevas aventuras belicistas del imperialismo. Stalin comprendió claramente que el objetivo del imperialismo anglo-norteamericano era ‘salvar’ a las clases reaccionarias de los países limítrofes de la URSS, aquellas que habían colaborado con los nazis, para integrarlas en su estrategia de hegemonismo mundial. Esta orientación fue claramente diseñada en el propio curso de la guerra”. [53]

Con este cuadro interno y externo, se produce en marzo de 1953 la muerte de Stalin. Respecto de ella, el camarada Ludo Martens hace 25 años nos decía lo siguiente: “Algunos meses antes de la muerte de Stalin, todo el sistema de Seguridad que le protegía fue desmantelado. Alexandr Proskbychev, su secretario personal que le acompañaba desde 1928 con una gran eficacia, fue despedido y emplazado en su residencia vigilada. Había desviado documentos secretos. El teniente coronel Nikolay Vlassik, jefe de seguridad personal de Stalin desde hacía 25 años, fue detenido el 16 de diciembre de 1952 y murió algunas semanas más tarde en la cárcel. (100) El mayor general Petr Kosynkin, murió ‘de una crisis cardíaca’, el 17 de febrero de 1953. Deriabin escribió: “El proceso de despojar a Stalin de toda su seguridad personal (fue) una operación estudiada y muy bien llevada a cabo.” (101) Sólo Beria tenía la posibilidad de dirigir este complot.

El 1º de marzo a las 23 horas, la guardia encontró a Stalin en su cuarto, tendido en tierra e inconsciente. Por teléfono, se llamó a los miembros del Buró político. Khruschev afirma que él también llegó, y después, “cada uno regresó a su casa”(102) ¡Nadie llamó a un médico…! Doce horas después de este ataque, Stalin recibió los primeros cuidados. Murió el 5 de marzo. Lewis y Whitehead escribieron: “Ciertos historiadores ven pruebas de una muerte premeditada. Abdurakhman Avtorkhanov ve las causas en la preparación evidente por parte de Stalin de una purga comparable a la de los años treinta.”(103)”
 [54]

¿Estamos ante una muerte natural de Stalin o estamos ante su asesinato? Martens y los historiadores empleados como fuentes, en nuestra opinión, dejan claro que estamos ante un asesinato, estamos ante el asesinato de Stalin por parte de los oportunistas que iban a ser depurados.

El 17 de mayo de 2018, el medio Russia Insider publica una entrevista a Mijail Poltoranin, Responsable del Comité Gubernamental para la desclasificación de los archivos del KGB y Viceprimer Ministro del Gobierno de Yeltsin. En dicha entrevista, Poltoranin señala, entre otras cosas, lo siguiente:

“Pregunta: ¿Fue envenenado Stalin?
Mijail Poltoranin: Sí.
Pregunta: ¿Está haciendo una declaración oficial como jefe del comité de desclasificación de los archivos de la KGB bajo Yeltsin?
Mijail Poltoranin: Sí.
Pregunta: ¿José Stalin fue envenenado?
Mijail Poltoranin: En 1981 el estadounidense Stuart Cahan, sobrino de Lazar Kaganovich, estrecho colaborador de Stalin, visitó a Lazar en Rusia… Lazar le describió cómo fue asesinado Stalin.
La sobrina de Lazar, Roza Kaganovich, era médico del Kremlin. A Stalin le dieron una pastilla, el equivalente actual sería la pastilla trombo ASS, un fármaco anticoagulante diseñado para prevenir la coagulación de la sangre. Para cuando cambias la composición, se convierte en veneno. Como el veneno para las ratas. Eso es lo que el propio Kaganovich le dijo a Cahan.
Pregunta: Entonces, ¿quién mató a Stalin?
Mijail Poltoranin: Escuche… Yo no me creí eso. Hubo declaraciones de varios dirigentes. Estaba [el albanés] Enver Hoxha, cuando [el estadista soviético] Mikoyan fue a la reunión, visitó a Hoxha en un congreso. Hizo una declaración en la que dijo que los dirigentes de la URSS eran unos ‘conspiradores cínicos’.
Así que los amigos de Mikoyan viajaban por el mundo y alardeaban de cómo [supuestamente] mataron a Stalin. Entonces fui a comprobar por mí mismo lo que realmente pasó.
Pregunta: ¿A los mismos archivos?
Mijail Poltoranin: Sí, a los materiales mismos… ¿Qué se nos oculta? Lo que se nos oculta es que Stalin fue envenenado. Que era una operación especial, que había sido preparada durante mucho tiempo.
Para entonces, las personas del estrecho círculo de Stalin ya habían sido secuestradas: Poskrebyshev [secretario de Stalin], Vlassik [jefe de seguridad], el comandante del Kremlin [Kosynkin] murió extrañamente. Esta gente era muy cercana a Stalin.
Entonces [Lavrenti] Beria nombró a un nuevo jefe de la clínica del Kremlin, como responsable de todos los medicamentos.
En febrero de 1953 Stalin comenzó a sentirse mal en su casa de vacaciones. Tal vez vino de un vaso de agua donde solía mojarse el dedo cuando pasaba las páginas – leía mucho – tal vez fue así… No sabemos… Pero sabemos lo que mostraron las muestras de sangre y orina. Bueno, primero había hipertrofia del hígado, lo que muestra toxicidad. Sus glóbulos blancos eran cuatro veces la norma. Son los glóbulos blancos los que combaten las toxinas.
Tenía vómitos con sangre, y su piel era de color rosa brillante con manchas oscuras bajo los brazos, etc.
Pregunta: ¿Era cianuro? ¿Qué medicación le dieron?
Mijail Poltoranin: Revisamos su diario médico. Todas las pruebas estaban ahí. Era un hombre sano. Tenía hipertensión leve en la primera etapa y reumatismo en las rodillas.
Pregunta: ¿Y nada más?
Mijail Poltoranin: Nada más.
Pregunta: Pero esos síntomas están documentados, aunque no se ha llegado a la conclusión de que haya sido envenenado…
Mijail Poltoranin: Había una persona, el profesor Rusakov, que realizó el examen anatomopatológico del cuerpo de Stalin, y escribió un informe para el nuevo jefe de la clínica del Kremlin. El nuevo que Beria había llamado… Escribió que Stalin había sido envenenado. Envenenado con cianuro, ácido cianhídrico. Todos los síntomas lo indicaron, y después de examinar su cadáver, sus vías respiratorias y sus membranas mucosas fueron dañadas en algunos lugares por el ácido cianhídrico.
Tres días después del informe, esta persona murió.
Pregunta: ¿El profesor Rusakov?
Mijail Poltoranin: Sí.
Pero no sólo murió, su casa fue registrada y todos los documentos fueron destruidos. No fue suficiente porque, aunque la mayoría de sus documentos sobre Stalin fueron destruidos, Rusakov tenía otra copia del informe.
Pregunta: ¿Así que una copia fue dejada intacta en otra parte? ¿Y lo tenías en tus manos?
Mijail Poltoranin: Sí, lo leí con mis propios ojos. Aquí está… (…)
Pregunta: No hace mucho tiempo, surgió la teoría de que las poderosas fuerzas occidentales fueron el origen de la muerte de Stalin.
Mijail Poltoranin: Es cierto que la victoria de la URSS sobre la Alemania fascista elevó la autoridad del Estado [soviético] en el mundo a niveles sin precedentes.
Los partidos comunistas lograron una influencia muy amplia no sólo en los países del campo socialista, sino en Europa en general.
Italia y Francia han tenido muy buenos sentimientos hacia la URSS. No fue tan bien con la “trastienda del escenario mundial” que desencadenó la guerra…
¿Cómo corregir la situación? Lo más sencillo es secuestrar al dirigente de los vencedores. Para ello tuvieron que nombrar a Winston Churchill como Primer Ministro por segunda vez, conocido por su antipatía hacia Stalin.
Pregunta: Dos semanas después de la muerte de Stalin, Winston Churchill fue nombrado Caballero de la Orden de la Liga [según el historiador Nikolai Starikov].
Mijail Poltoranin: Creemos que Churchill es uno de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Pero en mayo de 1945, en lugar de honores, fue destituido de su cargo después de perder las elecciones aparentemente. No recibió honores por parte del gobierno.
Pregunta: Porque no se los había merecido. Según el plan previsto por la “trastienda del escenario mundial” y Gran Bretaña, la guerra iba a llevar a la destrucción de la propia Alemania, conduciendo a una configuración totalmente diferente del poder político en el escenario mundial.
Mijail Poltoranin: Nuestros tanques en Berlín no coincidían con el plan de los amigos británicos. Así que nos encontramos con un Primer Ministro británico cuyo mandato la URSS había ganado la mitad de Europa. No podía ser popular entre la élite británica.
Pregunta: Churchill se ganó el respeto mucho más tarde. Unos años más tarde, su partido ganó las elecciones y volvió a ser Primer Ministro, la “segunda etapa” de Churchill.
Mijail Poltoranin: Su principal tarea era corregir su error. ¿Cuál fue el error de Churchill? Era la Unión Soviética de Stalin. ¿Cómo se puede arreglar? Matando al dirigente que mueve su país en la dirección correcta y no es posible detenerlo mientras José Stalin esté al mando.
Estoy absolutamente seguro de que el golpe, cuyo objetivo era el asesinato de Stalin, se basó en ciertas fuerzas internas, entre las que se encontraba Kruschev. Pero al mismo tiempo, esto se hizo con la intervención de potencias extranjeras, y muy probablemente con el MI6 de la inteligencia británica.”
 [55]

Esta entrevista al Responsable del Comité Gubernamental para la desclasificación de los archivos del KGB y Viceprimer Ministro del Gobierno de Yeltsin, no sólo certifica los argumentos ya esgrimidos por Ludo Martens en 1994, sino que afirma con rotundidad que Stalin fue asesinado, como queda acreditado en la documentación contenida en los archivos del KGB, señalando como responsables de este asesinato al imperialismo anglo-americano, y concretamente al MI6 británico, apoyados por la camarilla oportunista que rodeaban a Stalin, encabezados por Khruschev. De hecho, siendo fieles a lo certificado por el Responsable del Comité Gubernamental para la desclasificación de los archivos del KGB en la época de Yeltsin, esto es, a los archivos del KGB, en la URSS en 1953 fue perpetrado un golpe de estado realizado por el oportunismo y su jefe, el imperialismo anglo-norteamericano, sin duda, siguiendo el Plan Dulles.

No es de extrañar pues, sino que es la consecuencia lógica del golpe de estado dado en la URSS en 1953 por los imperialistas y sus ejecutores oportunistas, que la política desarrollada por la camarilla revisionista de Khruschev fuera de oposición frontal, de negación absoluta a la obra realizada por Stalin, que no fue otra cosa que la construcción del socialismo. Y es que bajo el nombre de desestalinización lo que, en realidad se inició fue el proceso de progresiva liquidación del socialismo y restauración del capitalismo, proceso que se extendió durante casi cuatro décadas. “Desde Jruschov, todos los que han trabajado para minar la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, lo ha hecho en nombre del antistalinismo y de un retorno a Lenin. Ahora bien, contra el nombre de José Stalin se ha acumulado todo el odio hacia el comunismo, que la gran burguesía del mundo entero ha alimentado durante tres décadas”. [56]

Una vez triunfa el golpe de estado contra Stalin, Khruschev y su camarilla toman el mando tras el asesinato Stalin, de tal modo que lo primero que hace es denigrar la fórmula de depuración en el Partido como método para el fortalecimiento de éste y, sin embargo, a la vez que abría las puertas a los anticomunistas, a los trotskistas, a los socialdemócratas a la par que no dudaba en depurar a los elementos marxista-leninistas. Stalin apelaba a las bases del Partido para erradicar el burocratismo del mismo; Khruschev garantizó a los burócratas protección y tranquilidad, quitando a las bases del partido capacidad de control y de lucha contra la burocracia; esto es, sentar las bases para convertir al Partido en la casa común de los burgueses contra el socialismo.

“Bajo Khruschev no se escogían los cuadros mejor preparados por sus cualidades políticas: bien al contrario, estos fueron ‘depurados’ por ‘estalinistas’. Alrededor de Beria, de Khruschev, de Mikoyan, de Breznev, se formaron las camarillas burguesas, completamente apartadas del control popular revolucionario (…) Khruschev envileció el leninismo, para poder lanzar una serie de fórmulas vacías de todo espíritu revolucionario. Una vez fue creado este vacío, se nutrió de las viejas ideologías socialdemócratas y burguesas consiguiendo ‘rejuvenecerlas’. Por otra parte, Khruschev falsificó o eliminó completamente las nociones socialistas del marxismo-leninismo, como la lucha anti-imperialista, la revolución socialista, la dictadura del proletariado, la continuación de la lucha de clases, la concepción del Partido leninista, etc”. [57]

Stalin fue encumbrado a la Dirección del Partido por las bases y por los cuadros intermedios de éste, Khruschev fue encumbrado a la Dirección del Partido mediante el crimen, el apoyo imperialista en el asesinato de Stalin, por una élite corrompida y timorata. Eso refleja, también, lo que es la desestalinización impuesta, o lo que es lo mismo, la liquidación del Partido como paso fundamental para desnaturalizar y corromper el socialismo – o lo que es lo mismo, imponer el revisionismo – al objeto de restablecer el capitalismo y acabar con la Unión Soviética.

Con el Partido ya herido de muerte, la camarilla revisionista dirigente encabezada por Khruschev, inoculó todo su veneno ideológico que con el paso del tiempo y su profundización restablecieron el capitalismo: Bajo la máscara del antistalinismo lo que yacía, y se inoculaba, era el anticomunismo. Por otro lado, no sólo abrió las puertas a los enemigos del socialismo, sino que promovió la relajación de la lucha de clases, bajo la falacia de que el socialismo ya se había impuesto en la URSS y que el Comunismo sería una realidad para el año 1980; de tal modo que el Estado dejó de ser del proletariado para ser de todo el pueblo, también de todo tipo de revisionista; mejor dicho, el Estado paso a ser el Estado de los burócratas, de los oportunistas, de la nomenklatura. Este cese, o relajación, en la lucha de clases en el interior tiene su correspondencia en la política exterior, donde Khruschev también, como no podía ser de otro modo, rompió con la política establecida por Stalin entre 1945 y 1953, de tal modo que con los que recogieron el testigo de Hitler en la lucha contra el comunismo y en la defensa de las clases reaccionarias, del imperialismo; los EEUU, pretendía estrechar relaciones de amistad y de colaboración. Jruschov declaró: “Queremos ser amigos de los Estados Unidos y cooperar con ellos en la lucha por la paz y la seguridad de los pueblos. Nos comprometemos en esta vía con buenas intenciones y sin ningún designio escondido…” Y eso en un momento en que la mayor parte de los pueblos del Tercer Mundo, tanto en Asia como en África o América Latina, se enfrentan con vigor al imperialismo norteamericano que les impuso una dictadura neocolonial de carácter terrorista. Es fácil comprender que esta actitud del dirigente del primer país socialista no tiene ninguna relación con la coexistencia pacífica defendida siempre por los comunistas”. [58]

Como podemos ver, el Partido no sólo es esencial, vital, para derrocar revolucionariamente el capitalismo, sino también para edificar el socialismo y desarrollarlo hasta llegar al comunismo, donde el Partido deberá extinguirse a la par que se vaya extinguiendo la lucha de clases. Pero también, si el Partido se desvía del marxismo-leninismo, y es copado por el revisionismo, se torna en instrumento donde se desarrolla el anticomunismo, la reacción hasta que se restablece, nuevamente, el capitalismo. El Partido es el instrumento sublime de la clase obrera, es su alma y su brújula.

En este sentido, en 1992, cuando los dirigentes del ‘putsch’ de agosto de 1991 – es decir, los protagonistas del intento de conservar la URSS – fueron juzgados en Rusia, el Secretario General del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), Guennadi Ziuganov, declaró ante el tribunal constitucional de Rusia lo siguiente:

“Quisiera recordar que a mediados de los 60 había sido elaborado un plan, que ni se llamaba ‘Perestroika’, ni ‘reforma radical’. Era un programa del Consejo de Seguridad de los EEUU adoptado después de la crisis de Cuba. Era un programa de desestabilización del régimen constitucional de la URSS y de destrucción del gran país unitario. El punto principal del programa anunciaba: ‘sin destruir al PCUS no se puede destruir la URSS. Y para destruir el PCUS, hay que penetrar los centros de decisión del partido. He aquí los cinco puntos de este programa:

  1. Presentar (quiero atraer su atención en el verbo ‘presentar’) a la URSS como el último imperio voraz, e intentar destruirlo por todos los medios.
  2. Demostrar que la URSS no había sido la vencedora del fascismo, sino un tirano igual al fascismo al que no hay que respetar.
  3. Su economía debe ser desestabilizada con la carrera armamentista, y deformada de tal manera que se pueda impedir la realización de las ventajas constitucionales, sobre todo en el ámbito social.
  4. Encender la llama del nacionalismo y hacer explotar al país desde dentro, sobre la base de un extremismo nacional y religioso.
  5. Propiciar la ocupación de los medios de información por agentes de influencia dirigidos por la CIA, destruir el modo de vida colectivista; separar el pasado del presente para así privar al país de porvenir.’””
[59]

Una vez asestado el golpe de Estado en alianza con la línea revisionista del Partido, asesinado Stalin y tomando el poder la camarilla oportunista de Khruschev y su cohorte de burócratas, el imperialismo actuó tal y como expresó Kennedy en los 60s, aplicando la guerra ideológica, la guerra psicológica, de propaganda y económica consciente de que el imperialismo jamás podría vencer a la URSS mediante una guerra convencional.

Por tanto, no es el socialismo el que fracasa, no es el marxismo-leninismo el que sucumbe, no cae por su dirección, por su acción. El socialismo en la URSS fue golpeado por el imperialismo y su creación ideológica oportunista, siendo la expresión ideológica del oportunismo, el revisionismo, lo que demuestra su inviabilidad, el que demuestra ser un criminal peón del imperialismo y las clases reaccionarias que subyugan al mundo. “Del período de Jruschov al de Gorbachov, pasando por el de Brezhnev, se asiste hoy a la crisis final no del comunismo sino del revisionismo. El debate fue abierto hace más de 35 años con la llegada al poder de Jruschov y el anuncio de sus tesis: el imperialismo que ha perdido agresividad y se ha convertido en una fuerza pacífica con la cual se puede colaborar en todos los campos; la lucha de clases que se ha terminado en los países socialistas, porque el socialismo ha triunfado definitivamente, y el Partido Comunista que, transformado en el partido del pueblo entero, no tiene la misión de mantener la dictadura del proletariado (…) Asistimos al desenlace lamentable de esa corriente demagógica que durante tres décadas ha estallado contra el stalinismo, la dictadura, el dogmatismo, la ortodoxia, el sectarismo y la rigidez de pensamiento, y que ha presentado sus ideas, calcadas de las de los socialdemócratas, como la renovación, la vuelta a Lenin, el pensamiento creativo, el socialismo con rostro humano. El revisionismo, que indujo a error e influyó en tantos hombres de izquierda, ha recorrido todo su ciclo de maduración hasta culminar en la restauración del capitalismo y en la integración en el mundo imperialista. Como consecuencia, muchas ilusiones han volado en pedazos. Pero queda aún la tarea de extirpar las raíces de la degradación (…) Los países socialistas no pueden abordar correctamente las luchas sociales complejas que atraviesan la sociedad si no apresan lo esencial: la naturaleza del partido, como vanguardia de los obreros y los trabajadores; la concepción del partido como partido de lucha de clases, de lucha por la producción y por la revolución científico-técnica; el estilo de trabajo del partido, como partido vinculado a las masas, que practica un estilo de vida simple, asiduo al trabajo, sin piedad frente a la corrupción y los privilegios. (…) Sólo un partido puede resolver el problema fundamental del socialismo: mantener la dictadura del pueblo trabajador contra los antiguos explotadores y los agentes del imperialismo, al mismo tiempo que desarrolla la democracia socialista, indispensable para reforzar la base política de la nueva sociedad. El partido y las masas deben comprender el carácter prolongado de las luchas de clase en los campos político, ideológico y económico. Es imposible mantener el socialismo y desarrollarlo correctamente si se baja la vigilancia en la lucha incesante contra todas las fuerzas hostiles”. [60]

“La Unión Soviética ha conocido dos grandes puntos de ruptura con el socialismo: el informe de Jruschov de 1956, que marcó el repudio de ciertos principios esenciales del leninismo, y en 1990, la perestroika de Gorbachov, que dio paso a la economía de mercado. (…) El revisionismo de Jruschov abrió un periodo de transición del socialismo al capitalismo. (…) Los elementos burgueses nuevos y antiguos necesitaron 30 años para pasar de la primera infancia a la edad adulta, para afirmar y consolidar sus posiciones en el terreno político, ideológico y económico. El proceso de degradación, comenzado en 1956, requirió de tres decenios para terminar con el socialismo”. [61]

En el plano económico, Khruschev introdujo reformas para socavar la centralización económica y, con ella, la planificación de la economía centralizada. Las reformas realizadas en este sentido incrementaron el grado de desigualdad a dos niveles. Por un lado, entre burócratas y el pueblo soviético, y otra entre las diferentes naciones que conformaban el estado soviético. Entre otros efectos perniciosos, esta decisión conllevó no sólo el desarrollo y fortalecimiento de una clase privilegiada de burócratas, sino que abonaba el terreno para el desarrollo del nacionalismo, estrategia contenida en los planes imperialistas al objeto de hacer implosionar el estado soviético. “En el transcurso de los períodos de Jruschov y Brezhnev, los nuevos elementos burgueses forjaron sus armas, pero desde posiciones de fuerza, se lanzaron en el combate por la propiedad privada de los medios de producción (…) Algunos afirman que Brezhnev presidía el país con un régimen capitalista de Estado y que al término de su mandato, una burguesía liberal había acumulado bastantes fuerzas para afrontar la burguesía burocrática. Es bueno destacar que los ataques más feroces de los partidarios de la glasnost, no tuvieron por blanco principal el sistema de Brezhnev, sino más bien a Stalin y las bases del socialismo aborrecido que él defendía. Y, como en Europa del este, nosotros vemos a los lacayos de Brezhnev deshacerse alegremente de las estructuras híbridas introducidas por su patrón para abarcar el mercado libre y la empresa privada.(…) En la concepción del capitalismo de Estado, el partido revisionista constituía el crisol de la nueva burguesía: partido brezhneviano, nomenklatura y nueva burguesía eran sinónimos”. [62]

Así se llega Gorbachov, el hombre que según declaro en un discurso en la Universidad norteamericana de Turquía en 2018, “El objetivo de mi vida fue la aniquilación del comunismo.” [63] Esta declaración propia de lo que es, un anticomunista, demuestra cómo engañó sistemáticamente al pueblo soviético. Detrás de su palabrería de apertura y transparencia (glasnost), de reestructuración económica (perestroika) y de falsa democracia para fortalecer el socialismo lo que realmente se encontraba era su intención de liquidar el comunismo y restaurar el capitalismo en la Unión Soviética y en la Europa del Este, convirtiéndose en una marioneta, un lacayo, de la CIA, de los monopolios norteamericanos.

La descentralización económica conllevaba la liquidación de la economía planificada, abría puertas y ventanas a la corrupción, desarrollándose en esos 30 años una élite, una clase burguesa producida por la penetración plena de la ideología burguesa en el Partido, donde la desigualdad se agudizaba. La descentralización, consecuentemente, fue desgajando la economía y fue fortaleciendo a empresas que, a su vez, como consecuencia de los privilegios de las élites creadas por el corrompido sistema establecido en la URSS tras el XX Congreso del PCUS, tenían ya mucha más semblanza con una empresa de un país capitalista que lo que debiera ser una empresa de un estado socialista. Gorbachov significó la coronación de un proceso de restablecimiento del capitalismo, certificando la privatización de las empresas, privatización de la tierra, estableciendo una economía de mercado o capitalista e introduciendo al antiguo estado soviético en las instituciones imperialistas.

Mientras el pueblo soviético, tras el golpe de estado contra el Socialismo y el asesinato de Stalin en 1953, trató de llevar a desarrollar el socialismo y creía en el socialismo y en la Unión Soviética, como lo demuestran los resultados del referéndum de 17 de marzo de 1991 donde el 77,8% de los votos fueron favorables a la preservación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, es decir, más de 113 millones y medios de soviéticos votaron a favor de preservar a la URSS y al socialismo. Opinión del pueblo expresada de manera alta y clara que los adalides de la democracia y la libertad, de la glasnost y la perestroika, no dudaron en ignorar y obviar por la camarilla reaccionaria de Yeltsin y Sájarov con el aplauso de la reacción mundial, autodenominados “campeones de la democracia y la libertad”, vulgares criminales como, por ejemplo, George Bush o Margaret Thatcher.

El periodo de reversión del socialismo impulsado por el imperialismo y su creación oportunista demostró que Stalin tenía razón cuando advertía, contra la opinión de oportunistas de marca mayor como Trotski, que en un país donde haya triunfado el socialismo éste puede revertirse y restablecerse nuevamente el capitalismo; así ocurrió en la Unión Soviética. Pero la Unión Soviética también nos enseña tres cosas muy importantes: 1) Que el socialismo fue posible y fue real; 2) Que el socialismo no sólo es viable sino que es un sistema superior al capitalismo, consiguiendo en dos décadas mucho más de lo que consiguió el capitalismo en siglos y 3) El socialismo es invencible si el Partido Leninista combate sin cuartel y liquida al oportunismo, cuya expresión ideológica es el revisionismo y práctica es el reformismo.

6. Conclusiones.

Tras haber hecho un recorrido de cómo se impuso el capitalismo tanto en España como en Francia en el siglo XIX, como experiencias donde la burguesía se hace con el poder, así como la experiencia de la Comuna de París y de la Gloriosa Revolución de Octubre de 1917 y la Unión Soviética, donde el proletariado se hace con el poder, llegamos a las siguientes conclusiones:

  1) A diferencia de la revolución burguesa, o capitalista, cuyo objeto es adaptar la superestructura a la base económica ya imperante, la cual comparte la médula espinal de la propiedad privada sobre los medios de producción de las formaciones socioeconómicas anteriores; la revolución socialista debe romper de raíz la base económica, acabando con la propiedad privada sobre los medios de producción los cuales deben ser socializados, de tal modo que la revolución socialista no sólo cambia la superestructura derrocando revolucionariamente la anterior e imponiendo la dictadura del proletariado, sino que este cambio de superestructura también viene determinado por la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción liquidando la base económica capitalista e imponiendo una nueva base económica, el socialismo. El ser humano abandona la prehistoria y empieza a escribir conscientemente la historia.

  2) La revolución burguesa no es más que un proceso de evolución más en las formaciones socioeconómicas cuya base económica se fundamenta en la propiedad privada sobre los medios de producción. De tal modo que el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo comparten todos ellos una misma médula: la propiedad privada sobre los medios de producción que perpetúa una sociedad clasista donde los intereses de las clases son antagónicos.

  3) Dentro del sistema económico hegemónico se desarrolla la clase social que debe sepultar a ese sistema económico y a su clase dominante.

  4) La lucha entre formaciones socioeconómicas no es lineal sino hace forma de zigzag. Ello se comprueba, por ejemplo, en la lucha entre el capitalismo y el feudalismo y, también, en la lucha entre el socialismo y el capitalismo.

Ello puede observarse en el estudio de la primera mitad del siglo XIX en España, donde hay una permanente lucha entre lo viejo – el feudalismo – que no acaba de morir y lo nuevo de aquél entonces – el capitalismo, encabezado por la burguesía liberal que pretendía imponer su dominio político en sintonía con su ya hegemonía en el terreno económico –que estaba por imponerse.

También puede comprobarse este hecho en el análisis realizado de la Revolución Francesa y la lucha entre absolutismo y capitalismo en Francia a lo largo del primer tercio del siglo XIX.

  5) Del análisis histórico que hemos realizado sobre el último cuarto del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, se desprende que la burguesía, aparte de sucumbir e imponerse, posteriormente, al absolutismo; la forma de su Estado ha ido también mutando; no dudando la burguesía en enterrar repúblicas, monarquías constitucionales, constituciones, etcétera, pero siempre en una dirección, la de ir ‘perfeccionando’ la maquina del Estado al objeto de someter y oprimir cada vez con más violencia, de manera más despiadada y criminal al proletariado y al campesinado. Y es que el capitalismo es la evolución natural, y última, de un sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción, es la parte más acabada que conduce a la concentración máxima, al monopolio, a la antesala de la Revolución socialista; por ello, no puede romper y acabar con la maquinaria del Estado sino que debe perpetuarla, porque su base económica sustentada en la propiedad privada sobre los medios de producción engendra una superestructura, una sociedad, dividida en dos clases sociales totalmente antagónicas.

  6) El análisis histórico que hemos realizado sobre el siglo XIX en Francia, comprobamos cómo la burguesía, que en la confrontación contra el Antiguo Régimen, era la clase revolucionaria; en el primer tercio del siglo XIX; se torna en clase reaccionaria a partir de esa fecha. Asimismo, el análisis histórico también nos muestra cuando el proletariado se convierte en clase revolucionaria tras ser derrotada por la burguesía en su lucha por el establecimiento de una república social en Francia en 1848. Esta exigencia del proletariado envejeció a la burguesía y la ubicó en su nuevo lugar, como lo viejo, como lo reaccionario, como asesina de sus propias consignas y pensamiento, como algo que es digno de perecer. El proletariado adquiere su misión histórica de luchar por su emancipación de clase para lo cual, mediante la lucha, deberá ir adquiriendo sus armas para poder desarrollar su emancipación de manera revolucionaria.

  7) La Comuna de París es la primera experiencia de revolución proletaria. Esta experiencia histórica certifica a la burguesía como una clase cobarde, criminal y reaccionaria y, también, la derrota del proletariado le hace profundizar en su conocimiento sobre la teoría del Estado y de cómo debe ser la toma del Poder por parte del proletariado, mostrándole la necesidad de un período de transición, del socialismo como fase inmadura de comunismo una vez derrocado por la fuerza el régimen burgués, debiendo el proletariado imponer su dictadura y desde su Estado reprimir a la burguesía hasta terminar con ella, hasta extinguir la lucha de clases.

  8) Desde el último tercio del siglo XIX hasta la actualidad, el proletariado no sólo concentra los intereses revolucionarios de toda la sociedad, de toda la humanidad, sino que es la clase que mueve el mundo, que genera la riqueza y es la clase sobre la que recae la misión histórica de superar la fase superior del capitalismo, la fase monopolista, de tal modo que es la encargada de hacer que el género humano de un salto cualitativo decisivo para su existencia: poner fin a su prehistoria y dar origen a su historia, a escribir los designios de su futuro de manera consciente. Y decimos cualitativo porque en esta situación terminal en la que se halla el capitalismo agonizante, lo que la burguesía niega es objetivamente la creación de una mayor cantidad de riqueza que garantice la satisfacción de las necesidades de la humanidad.

  9) La Revolución de Octubre de 1917 es la respuesta del proletariado ruso, de los campesinos pobres y de los soldados, inducida por el Partido de Lenin, a la guerra imperialista, al sistema criminal que la burguesía impuso condenando al hambre, la muerte y la miseria al pueblo ruso. Revolución que devino en guerra civil como resistencia de las clases reaccionarias, lideradas por la burguesía rusa en alianza con las clases reaccionarias de las otras potencias imperialistas. Se abre el periodo de crisis general del capitalismo, donde la lucha de clases se expresa como lucha entre imperialismo y socialismo.

  10) El Partido leninista es el instrumento sublime del proletariado, es su alma y su corazón; es esencial para guiar y llevar al proletariado a su emancipación. El Partido leninista es esencial para derrocar revolucionariamente a la burguesía y su criminal sistema capitalista, para edificar el socialismo, para sostener la dictadura del proletariado.

  11) Lenin y Stalin demostraron que el socialismo – pese a todas las trabas, guerras, hambre, millones de muertos y todo tipo de calamidades como consecuencia del hostigamiento por parte del capitalismo internacional – es superior al sistema de producción capitalista. En sólo dos décadas de socialismo superó a las potencias imperialistas cuyo sistema databa de siglos.

  12) La Unión Soviética es la prueba palmaria de que el socialismo es viable, pues existió y fue una realidad; con lo que la burguesía miente cuando subraya que la inviabilidad del socialismo se refleja en la caída de la Unión Soviética. El socialismo no fracasó por la caída de la URSS sino que la caída de la URSS es la consecuencia del abandono del socialismo. Y este abandono del socialismo fue consecuencia de un golpe de estado perpetrado en la URSS en marzo de 1953, donde la camarilla oportunista existente en el Buró político liderado por Khruschev, en alianza con el imperialismo anglo-americano, asesinan a Stalin e imponen una política totalmente contraria a la aplicada en la URSS hasta entonces, en lo que se llamó proceso de desestalinización. Por tanto, la burguesía también miente cuando afirma que el socialismo fracasó por la implosión de la URSS.

  13) El Partido debe luchar con todas sus fuerzas contra el burocratismo. El oportunismo es la forma en la que el imperialismo se infiltra en el seno del Partido leninista. El Partido debe ser prudente y disponer de mecanismos que garanticen la admisión de militantes honestos y leales al marxismo-leninismo y al proletariado que efectivamente sean la vanguardia de éste, cerrando las filas a los arribistas y oportunistas. Asimismo, el Partido leninista debe disponer de los instrumentos para formar a los cuadros en el marxismo-leninismo así como disponer de los medios de verificación y depuración permanente para detectar todo tipo de burocratismo, de corruptos de indeseables portadores de la ideología burguesa y expulsarlos del Partido.

  14) El mayor enemigo del socialismo es el burocratismo, es el oportunismo – cuya expresión ideológica es el revisionismo – y su praxis es el reformismo y el legalismo.

  15) La propia burguesía reconoce que el socialismo es inexpugnable si el Partido Leninista es fiel a los principios y es capaz de erradicar y depurar al oportunismo. La experiencia soviética así lo acredita, según los enemigos de clase, según el imperialismo, la Unión Soviética no podía ser vencida por el imperialismo en una guerra convencional, sino tenían que hacer la guerra por otros medios – guerra ideológica, propagandística, económica, psicológica, etcétera – y, fundamentalmente, acabar con el PCUS. Sin acabar con el PCUS era imposible acabar con la Unión Soviética.

  16) No se puede defender el marxismo-leninismo, ni defender la causa del Socialismo sin reivindicar y defender la figura de Stalin. El imperialismo, y su perro oportunista, vertieron todo tipo de infundio contra Stalin al objeto de crear un estereotipo y prejuicio negativo sobre su figura y su obra al objeto de estigmatizarlo ante el proletariado. Stalin es culpable de edificar el socialismo, es culpable de vencer al fascismo, es culpable de combatir al oportunismo, es culpable de hacer que su pueblo atrasado se convirtiera en la primera potencia mundial, es culpable de colectivizar la tierra y socializar los medios de producción, es culpable de hacer que los proletarios del mundo consiguieran progresar socialmente y conquistar derechos inimaginables. El antiestalinismo es, y ha sido, un instrumento del imperialismo para combatir lo que Stalin representa, el socialismo.

  17) Los que, desde Khruschev hasta Gorbachov, en nombre de la libertad y la democracia arremetían contra Stalin y restituían a los oportunistas de todo pelaje, acreditaron que eran títeres de los planes imperialistas contra la URSS al objeto de restituir el capitalismo en el territorio soviético. Como Gorbachov dijo en 2018, su misión sublime en la vida era acabar con el comunismo. De hecho, eran tan adalides de la democracia que arremetieron contra la voluntad popular del pueblo soviético que en marzo de 1991 mayoritariamente votó a favor de la pervivencia de la URSS.

  18) La URSS ha sido la primera experiencia histórica donde el proletariado ha tomado el poder en sus manos y ha construido el socialismo; esta primera experiencia ha durado siete décadas; mucho más que la primera experiencia en la que la burguesía se hizo con el poder en la Francia revolucionaria de finales de siglo XVIII.

  19) Casi 3 décadas después del derrumbe de la Unión Soviética, la tan cacareada teoría del fin de la historia de Francis Fukuyama ha quedado arrojada al estercolero de la historia. Los propios economistas burgueses hablan del fin del capitalismo, reconociendo de facto la inviabilidad de éste. El mundo es material, por consiguiente en movimiento, donde rige la lucha de contrarios, de tal modo que hoy en el mundo rige el principio fundamental de la lucha entre el imperialismo – máxima aspiración de los monopolios – y el socialismo –máxima aspiración del proletariado y las clases oprimidas hoy. Esta ley fundamental rige desde el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917.

  20) Nos encontramos en un periodo de transición, en el periodo de lucha entre lo nuevo – el socialismo – y lo viejo que está muerto y se sostiene en pie únicamente por la vía de la violencia reaccionaria, del fascismo y de la guerra – el imperialismo. El capitalismo en su fase actual, de putrefacción de imperialismo, no caerá por sí mismo, a pesar de ser inviable económica y socialmente, por su naturaleza criminal y asesina. El imperialismo únicamente puede ser derrocado por el proletariado de manera revolucionaria dirigido por el Partido leninista. Tal y como nos enseña la historia, la fórmula revolucionaria ideada por Lenin y los bolcheviques es la correcta, y cómo nos enseña la historia, en la guerra de contrarios entre lo nuevo – el socialismo – y lo viejo – el imperialismo – siempre termina por imponerse lo nuevo.

  21) Hoy el desarrollo tecnológico, el desarrollo de las fuerzas productivas, la socialización de la producción y el alto grado de instrucción y preparación del proletariado, unido a la caducidad del imperialismo, hacen que las condiciones del proletariado revolucionario para derrocar al capitalismo y construir el socialismo sean mejores que hace un siglo, de tal modo que cuando el socialismo se vuelva a imponer, éste lo hará de una manera más fulgurante que en el siglo pasado y, además, será más desarrollado. Es responsabilidad del Movimiento Comunista Internacional, por estar aún en parte infectado por el oportunismo, que el proletariado siga aún a merced de la burguesía en el terreno ideológico por no acometer este combate a muerte. La lucha de clases transcurre por tres cauces, el ideológico, el político y el económico. Económicamente el imperialismo está quebrado, políticamente el imperialismo está debilitado como se comprueba mirando el paisaje político de los distintos países capitalistas; de tal modo que si el imperialismo se sostiene por el momento es porque la burguesía, por el momento, vence la guerra ideológica.

Concluimos esta tesis con unas palabras del comunista belga Ludo Martens: “A finales del siglo XX, la humanidad ha retornado de algún modo al punto de partida, a los años 1900-1914, cuando las potencias imperialistas pensaban poder arreglar entre ellas la suerte del mundo. En los años próximos, a medida que el carácter criminal, bárbaro e inhumano del imperialismo se reveló cada día más netamente, las nuevas generaciones que no han conocido a Stalin se sentirán obligadas a rendirle homenaje”. [64]

 

Madrid, 31 de octubre de 2019

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)



Referencias bibliográficas:

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[2]: “El capitalismo está bajo seria amenaza”: Las advertencias de Raghuram Rajan, el economista que predijo la crisis financiera global. Redacción BBC News Mundo, 17 de marzo de 2019.
[3]: Wolfgang Streeck. “¿Cómo terminará el capitalismo?”, Pág. 54. Ed. Traficantes de Sueños. Madrid 2017.
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[24]: Ibídem, pág. 213.
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[30]: K. Marx, F. Engels. Obras Escogidas Tomo I, Pág.211. Ed. Progreso, Moscú 1980.
[31]: Ibídem. Pág. 60.
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[33]: V.I. Lenin. Obras Escogidas, Tomo I (1894-1901), pág. 190. Ed. Progreso, Moscú 1973.
[34]: V.I. Lenin. Obras Escogidas, Tomo III (1905-1912), pág. 12. Ed. Progreso, Moscú 1973.
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[36]: V.I. Lenin. Obras Escogidas, Tomo VII (1917-1918), pág. 99. Ed. Progreso, Moscú 1973.
[37]: V.I. Lenin. Obras Escogidas, Tomo X (1919-1920), págs. 220-221. Ed. Progreso, Moscú 1973.
[38]: V.I. Lenin. Obras Escogidas, Tomo XII (1921-1923), pág. 10. Ed. Progreso, Moscú 1973.
[39]: Ibídem. Págs. 30-31.
[40]: V.I. Lenin. Obras Escogidas, Tomo XI (1920-1921), pág. 135. Ed. Progreso, Moscú 1973.
[41]: J. Stalin. Obras, Tomo VII (1925), págs. 116-117. Ed. Lenguas extranjeras, Moscú 1953.
[42]: Ludo Martens. Otra mirada sobre Stalin, pág. 33. Ed. EPO, Bruselas, 1996.
[43]: J. Stalin. Obras, Tomo XIV, pág. 176. Ed. Lenguas extranjeras, Moscú 1953.
[44]: Ibídem. Págs. 177-180.
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[47]: J. Stalin. Obras. Tomo VI (1924), págs. 86-87. Ed. Lenguas extranjeras, Moscú 1953.
[48]: Ludo Martens. Otra mirada sobre Stalin, págs. 149-150. Ed. EPO, Bruselas, 1996.
[49]: Ibídem. Págs. 151-153.
[50]: Ibídem. Págs. 140-141.
[51]: Ibídem. Pág. 141.
[52]: Mijaíl Kilev. Jruschov y la disgregación de la URSS, págs. 9-10
[53]: Ludo Martens. Otra mirada sobre Stalin, págs. 142-143. Ed. EPO, Bruselas, 1996.
[54]: Ibídem. Pág. 154.
[55]: https://russia-insider.com/en/history/churchill-had-stalin-killed-us-bombed-russian-far-east-50s-top-russian-official-video
[56]: Ludo Martens. La URSS y la contrarrevolución de terciopelo, pág. 182. Ed. Cultura Popular, La Habana, 1995.
[57]: Ludo Martens. Otra mirada sobre Stalin, pág. 153. Ed. EPO, Bruselas, 1996.
[58]: Ludo Martens. La URSS y la contrarrevolución de terciopelo, pág. 126. Ed. Cultura Popular, La Habana, 1995.
[59]: Mijaíl Kilev. Jruschov y la disgregación de la URSS, págs. 10-11
[60]: Ludo Martens. La URSS y la contrarrevolución de terciopelo, págs. 161-162. Ed. Cultura Popular, La Habana, 1995.
[61]: Ibídem. Pág. 246.
[62]: Ibídem. Págs. 246-247.
[63]: http://razonesdecuba.cubadebate.cu/articulos/gorbachov-se-confiesa-el-objetivo-de-mi-vida-fue-la-aniquilacion-del-comunismo/
[64]: Ludo Martens. Otra mirada sobre Stalin, págs. 156-157. Ed. EPO, Bruselas, 1996.

Chile
 
La clase obrera de Chile se ha levantado contra el implacable yugo del capital. La agudización de las contradicciones del sistema capitalista ha obligado al Estado de la burguesía a intensificar la explotación del proletariado chileno para salvaguardar la dominación de los monopolios nacionales y transnacionales. El momento histórico de decadencia del imperialismo no deja otra alternativa a la burguesía que acelerar el proceso de liquidación de los prácticamente inexistentes derechos de los trabajadores chilenos y agudizar el robo y la esclavitud.

El imperialismo estadounidense, que durante la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) usó a Chile como cobaya para los experimentos neoliberales de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, ve como su “milagro económico” se desmorona. Chile posee la distribución de la riqueza más desigual de la OCDE, con las universidades más costosas del continente, con un mercado laboral desregulado, con pensiones de miseria y con un sistema de salud pública quebrado.

Según reveló la última edición del informe Panorama Social de América Latina elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el 1% más adinerado de Chile se quedó con el 26,5% de la riqueza en 2017, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1% de la riqueza neta del país. El sueldo mínimo es de 301.000 pesos (423 dólares estadounidenses) mientras que la mitad de los trabajadores recibe un sueldo igual o inferior a 400.000 pesos (562 dólares) al mes, según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile.

Asimismo, la salud pública no es de calidad ni cubre todas las enfermedades, por lo que el 20% de la población se ve obligada a recurrir a la medicina privada. El precio promedio de los medicamentos originales no genéricos es de 28,5 dólares, el más alto de la región, según un estudio hecho por la consultora estadounidense IMS Health (IQVIA) publicado en 2018. Y en cuanto al sistema de pensiones en Chile, consiste en un fondo privado al que aporta el propio trabajador, no los empresarios. Un pensionista chileno recibe un promedio de 286 dólares al mes, muy por debajo de los 423 dólares del salario mínimo.

Las contradicciones del capitalismo en Chile y América Latina

Decía el escritor Eduardo Galeano que “la historia del subdesarrollo de América Latina integra la historia del desarrollo del capitalismo mundial”. Latinoamérica ha sido un foco de la geografía internacional que ha sufrido muchas de las más feroces experiencias de opresión de la historia. Remanso de recursos naturales codiciados por un sinfín de imperios, los países latinoamericanos han sido durante siglos colonias saqueadas por el imperialismo español, portugués, holandés, francés, británico y estadounidense.

Con el avance de la historia y el paso del capitalismo ascensional a capitalismo monopolista, el papel que ha desempeñado América Latina en la dominación del capital la ha convertido en el punto de encuentro de las contradicciones fundamentales del imperialismo. Y estás últimas semanas, en Chile, país cuyo proletariado ha sufrido una de las expresiones más despóticas y desreguladas del emporio de la economía de mercado, con la combinación del fascismo pinochetista y del neoliberalismo impuesto desde Washington, ha estallado una crisis del sistema capitalista, que se encuentra en profunda agonía y decadencia.

En la Universidad Sverdlov, el camarada Iosif Stalin expuso en 1924 las principales contradicciones del capitalismo, exacerbadas a niveles extremos en su fase imperialista:

“Lenin llamó al imperialismo ‘capitalismo agonizante’. ¿Por qué? Porque el imperialismo lleva las contradicciones del capitalismo a su último límite, a su grado extremo, más allá del cual empieza la revolución. Entre estas contradicciones, hay tres que deben ser consideradas como las más importantes.

La primera contradicción es la existente entre el trabajo y el capital. El imperialismo es la omnipotencia de los trusts y de los sindicatos monopolistas, de los bancos y de la oligarquía financiera de los países industriales. En la lucha contra esta fuerza omnipotente, los métodos habituales de la clase obrera –los sindicatos y las cooperativas, los partidos parlamentarios y la lucha parlamentaria– resultan absolutamente insuficientes. Una de dos: u os entregáis a merced del capital, vegetáis a la antigua y os hundís cada vez más, o empuñáis un arma nueva: así plantea la cuestión el imperialismo a las masas de millones de proletarios. El imperialismo lleva a la clase obrera al umbral de la revolución.

La segunda contradicción es la existente entre los distintos grupos financieros y las distintas potencias imperialistas en su lucha por las fuentes de materias primas, por territorios ajenos. El imperialismo es la exportación de capitales a las fuentes de materias primas, la lucha furiosa por la posesión monopolista de estas fuentes, la lucha por un nuevo reparto del mundo ya repartido, lucha mantenida con particular encarnizamiento por los nuevos grupos financieros y por las nuevas potencias, que buscan ‘un lugar bajo el sol’, contra los viejos grupos y las viejas potencias, tenazmente aferrados a sus conquistas. La particularidad de esta lucha furiosa entre los distintos grupos de capitalistas es que entraña como elemento inevitable las guerras imperialistas, guerras por la conquista de territorios ajenos. Esta circunstancia tiene, a su vez, la particularidad de que lleva al mutuo debilitamiento de los imperialistas, quebranta las posiciones del capitalismo en general, aproxima el momento de la revolución proletaria y hace de esta revolución una necesidad práctica.

La tercera contradicción es la existente entre un puñado de naciones ‘civilizadas’ dominantes y centenares de millones de hombres de las colonias y de los países dependientes. El imperialismo es la explotación más descarada y la opresión más inhumana de centenares de millones de habitantes de las inmensas colonias y países dependientes. Extraer superbeneficios: tal es el objetivo de esta explotación y de esta opresión. Pero, al explotar a esos países, el imperialismo se ve obligado a construir en ellos ferrocarriles, fábricas, centros industriales y comerciales. La aparición de la clase de los proletarios, la formación de una intelectualidad del país, el despertar de la conciencia nacional y el incremento del movimiento de liberación son resultados inevitables de esta ‘política’. El incremento del movimiento revolucionario en todas las colonias y en todos los países dependientes, sin excepción, lo evidencia de modo palmario. Esta circunstancia es importante para el proletariado, porque mina de raíz las posiciones del capitalismo, convirtiendo a las colonias y a los países dependientes, de reservas del imperialismo, en reservas de la revolución proletaria.

Tales son, en términos generales, las contradicciones principales del imperialismo, que han convertido el antiguo capitalismo ‘floreciente’ en capitalismo agonizante”.



En el Estado chileno se concentran las contradicciones fundamentales del imperialismo en un grado significativo. Chile es el avance más destacado del capitalismo monopolista de Estado en el continente latinoamericano. La acumulación de capital ha desarrollado las fuerzas productivas del país y ha creado masas de millones de proletarios. La economía chilena se encuentra en manos de un puñado de empresas y, en dichos monopolios, el proceso de producción es gestionado de principio a fin por obreros. Los burgueses accionistas ya ni siquiera participan en la administración y solo actúan en la extracción de plusvalía. Los monopolios son el germen de las empresas en el Socialismo, donde no existe el carácter privado de la apropiación del trabajo social, donde ya la burguesía no es propietaria de los medios de producción. Bajo la fase actual del capitalismo, las fuerzas productivas están constreñidas, pues más allá del umbral de los monopolios está el modo de producción socialista. El capitalismo monopolista de Estado ha entronado la omnipotencia de los grandes bancos y de las multinacionales y sus patronales en Chile.

Estados Unidos, la potencia imperialista hegemónica en Latinoamérica, impuso en la Chile pinochetista una política económica que redistribuía todavía más la riqueza a favor de la burguesía y de sus monopolios. El Estado chileno, siervo de la Casa Blanca, puso en marcha una multitud de mecanismos para estimular y acelerar el proceso de exportación de capitales, otorgando miles de millones de dólares de dinero público a las empresas para que estas se internacionalizasen y, con ello, se deslocalizara la producción.

Al tiempo que imponía medidas que conducían a redistribuir la riqueza a favor de banqueros y empresarios y facilitar la explotación y el saqueo de los trabajadores, la burguesía chilena y el imperialismo estadounidense se valieron del aparato represivo estatal y, concretamente, de la fuerza militar de la dictadura de Pinochet para reprimir al pueblo que tiempo antes votó en masa y eligió presidente al marxista Salvador Allende, asesinado en el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. La dictadura de Pinochet fue la criminalización del pueblo ante cualquier acción contra el estado de opresión, explotación y saqueo que la burguesía nacional e internacional imponía con total libertad y que sirvió para desarrollar el capitalismo monopolista de Estado en Chile.

El colapso de la Unión Soviética y del Bloque del Este, unido a las décadas de represión y neutralización de la disidencia en Chile, atomizaron el movimiento obrero y el avance revolucionario del pueblo chileno, concediendo kilómetros de ventaja a la burguesía en la guerra ideológica. Dichos factores permitieron a la burguesía nacional e internacional fortalecer sus posiciones y asegurar sus intereses de clase sin tener que recurrir a una dictadura abierta y facultaron que el Estado chileno heredero de la dictadura adoptase la forma de un régimen aparentemente democrático. Luego, con la profundización y quiebra del imperialismo, la burguesía y su Estado han tenido paulatinamente que avanzar una vez más hacia la reacción, apuntalando el fascismo como forma que adopta la dictadura de la burguesía en este momento histórico.

La crisis en Chile y en otros países latinoamericanos coincide con el momento de debilidad de su dueño y señor explotador, el imperialismo estadounidense, ante el auge de las nuevas potencias imperialistas de los BRICS, encabezadas por China y Rusia. La crisis del liderato monetario de Estados Unidos concurre con la caída de sus reservas petrolíferas y han sido los factores de peso en la actitud y necesidad bélica de la superpotencia imperialista. Lejos de la sedicente lucha por la paz, la libertad y los derechos humanos con las que ha encubierto sus guerras de rapiña, Estados Unidos ha intervenido en más de 70 golpes de Estado para instalar gobiernos títeres y fieles a sus intereses. Ante la crisis de Chile y de sus aliados latinoamericanos, Washington contempla hoy su impotencia y recuerda con nostalgia los tiempos posteriores a la Guerra Fría, en los que fue el imperio y amo absoluto del mundo.

En Latinoamérica, la contradicción entre el capital financiero de Estados Unidos y el de los BRICS, especialmente el de China, se agudiza inexorablemente. La emergencia de las nuevas potencias rusa y china y su deseo de apropiarse de las fuentes de materias primas del continente hasta ahora controladas por Estados Unidos amenaza seriamente los intereses de la superpotencia yankee. La exportación de capital chino a países del ALBA como Venezuela, Nicaragua o Bolivia demuestra la lucha por un nuevo reparto del mundo y revela el debilitamiento del imperialismo estadounidense. Las contradicciones se siguen agudizando y en Latinoamérica se está gestando una guerra interimperialista encaminada a reordenar el mapa político del continente y el sistema económico mundial.

El Estado fascista chileno

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, uno de los hombres más poderosos de Latinoamérica, es un multimillonario dueño de una de las mayores fortunas de su país, con un capital estimado de 2.700 millones de dólares en 2017, según la revista Forbes. Piñera es la personificación de los monopolios y del capital financiero en Chile, que no duda en sacar los tanques y asesinar a inocentes para proteger sus intereses de clase.

El estado de emergencia, decretado por primera vez desde la dictadura de Pinochet, se ha cobrado 20 muertos, más de 1.000 heridos y 3.300 detenidos. Con los militares y carabineros en la calle, que anunciaron varios toques de queda en distintas ciudades, las imágenes y vídeos de abusos y actos de represión circularon por centenares. Muchas denuncias por violaciones de derechos básicos hacen referencia a lugares que se han convertido en centros de tortura y llegan a tejer un paralelismo entre la situación actual y lo que se vivió durante el gobierno de facto de Pinochet, cuando hubo miles de personas que se convirtieron en “desaparecidos” a manos de las fuerzas de seguridad. En las detenciones, miles de personas gritan su nombre y apellidos al tiempo que el Ejército se los lleva hacia su furgón, por miedo a desaparecer.

Cel????????@celulapirri
 

En Chile la gente, mientras está siendo detenida, está gritando su propio nombre y dirección por si les desaparecen.
Terrorífico.

Alba Calao@Albacalao1
 

Tremendamente triste. En la dictadura chilena (1973-1990) hubieron miles de desaparecidos y cometieron las torturas más cínicas y obscenas de toda latinoamérica. Por eso gritan sus nombres. Mi pareja está ahí, y estoy cagada de miedo, de rabia y de pena.
Difusión.

 
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La represión encarnizada del Gobierno de Sebastián Piñera pone en evidencia que la dictadura de Pinochet solo cayó en las formas. Al recurrir a las viejas armas que tenía guardadas desde los tiempos del dictador, el Estado ha desvelado que los cimientos políticos, jurídicos y legales sobre los que se sostiene la República de Chile no se corresponden a los de una estructura de poder de una democracia burguesa.

Conviene recordar las palabras de Dimitrov en su informe ante en VII Congreso Mundial de la Internacional Comunista en 1935:

“El desarrollo del fascismo y la propia dictadura fascista revisten en los distintos países formas diferentes, según las condiciones históricas, sociales y económicas, las particularidades nacionales y la posición internacional de cada país. En unos países, principalmente allí, donde el fascismo no cuenta con una amplia base de masas y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países, donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el fascismo establece el monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo, bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el momento en que se agudezca de un modo especial su situación, intente extender su base para combinar –sin alterar su carácter de clase– la dictadura terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo”.

En Chile, la economía, la judicatura, los medios de comunicación, la Policía y el Ejército son herederos de la dictadura de Pinochet. A lo largo de los últimos años, el Estado burgués chileno ha sido capaz de mantener una falsa apariencia de democracia porque las contradicciones todavía se encontraban a un nivel de inmadurez que permitía al Estado sofocarlas y contenerlas, pero nunca resolverlas, sin tener que verse obligado a emplear toda la maquinaria represiva que le permite la legalidad fascista. Sin embargo, el alza del boleto de metro ha sido la gota que ha colmado el vaso, el cambio cuantitativo que ha provocado un gran salto cualitativo de un problema de fondo, de una contradicción más profunda que va más allá de la subida de una tasa. Ha explotado en una crisis que amenaza con romper las costuras del Estado al servicio del imperialismo. Las protestas han forzado a la burguesía a apostarlo todo a la reacción, al fascismo, para contener las reivindicaciones del pueblo chileno y proteger los intereses de sus monopolios y sus bancos. Piñera ha desvelado la verdadera naturaleza del Estado chileno: un régimen fascista.

Movimiento Politico de Resistencia@smolny7
 
 

Vídeo para saber lo que es la violencia y el terrorismo de Estado: un militar chileno le dispara a quemarropa a un joven indefenso

 
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El pueblo chileno ha salido a la calle a desatar toda la ira contenida que ha generado la violencia estructural, cotidiana e invisible de la explotación capitalista. Los trabajadores y estudiantes han respondido con la violencia a la que les ha ido sometiendo la burguesía todos los días de sus vidas. Una respuesta cuyas dimensiones se han intensificado tras la despiadada e inmisericorde brutalidad de los cuerpos policiales y militares.

La violencia del oprimido, legítima y motor de cambios sociales y revoluciones, que tiene su origen y parte de la violencia del opresor, nunca ha sido, es, ni será equiparable a la violencia del Estado de la burguesía chilena y de sus monopolios. Una violencia nace como respuesta de la otra. Por mucho que los medios de comunicación del capital criminalicen las protestas y pongan al mismo nivel la brutalidad de los cuerpos represivos del Estado con la respuesta del pueblo, la violencia de la clase obrera chilena nace por necesidad, porque sus carceleros no les dejan ninguna vía alternativa real, y no existiría de no ser por la fuerza bruta de la burguesía y de su dictadura del capital.

Alina Duarte@AlinaDuarte_
 
 

En Valparaíso:

 
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Una vida digna en el capitalismo es imposible para la clase trabajadora. Las contradicciones se agudizan y el sistema se encuentra en franca decadencia. No tiene nada más que ofrecer, salvo más miseria, más hambre y más violencia. El futuro es cada vez más gris bajo la dictadura de los monopolios. La clase obrera, en Chile y en el resto del mundo, solo podrá vivir en paz si se organiza y corta de manera revolucionaria la raíz del problema. El proletariado, sujeto revolucionario, debe enviar a la burguesía y a su sistema capitalista al vertedero de la historia y erigir de sus cenizas el Socialismo. Debe aniquilar la dictadura del capital que sostiene el sistema de dominación de la burguesía y establecer la suya propia, la dictadura del proletariado, para defender el Socialismo. Los obreros solo podremos tener una vida digna y plena si nos hacemos con el poder, si asestamos el golpe de gracia al caduco sistema capitalista. Solo gozaremos de verdaderos derechos básicos si echamos a la burguesía, clase que nos oprime, e imponemos el Socialismo para avanzar hacia una sociedad justa, sin explotación y sin clases: el Comunismo.

Desde el Partido Comunista Obrero Español (PCOE), exigimos la dimisión inmediata del presidente de la República de Chile, Sebastián Piñera, por la despiadada represión policial y militar. También queremos trasladar nuestro más sentido pésame a los familiares y amigos de los que dieron su vida para proteger los derechos del pueblo de Chile. Finalmente, expresamos nuestro más enérgico apoyo a nuestros hermanos de clase, los trabajadores chilenos, y los animamos a que no abandonen la lucha y a que redoblen e intensifiquen sus esfuerzos para avanzar decididos hacia la toma revolucionaria del poder, hacia la destrucción del capitalismo y hacia la fundación del único sistema posible que garantice el bienestar de la clase trabajadora: el Socialismo.

 

A las compañeras y compañeros de Chile y Latinoamérica:
¡Ni un paso atrás!
¡Viva la lucha de la clase obrera!
¡Por el Socialismo!


Secretaría de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)
CSC
 
El Partido Comunista Obrero Español quiere trasladar su saludo y felicitaciones a la Asamblea General de la Coordinadora Sindical de Clase desarrollada el pasado sábado 26 de octubre en Madrid.

Toda la clase trabajadora, y también su vanguardia, está deseosa de la unidad del sindicalismo de clase y combativo, siguiendo la línea de lucha clasista y superación del capitalismo que la Federación Sindical de Mundial está desarrollando en todo el mundo.

Esperamos que esta Asamblea General haya logrado plenamente sus objetivos y tareas y estamos convencidos de que será una fecha recordada como un gran paso en esa unidad hacia un sindicato fuerte de clase y combativo que plante cara al sindicalismo amarillo y vendido que encabezan Comisiones Obreras y UGT, enfrentando como corresponde al momento histórico que vive la clase obrera hoy.

 

¡Por la unidad del sindicalismo de clase y combativo!
¡Por la superación del capitalismo!


Secretaría de Movimiento Obrero y de Masas del Comité Central del PCOE
Macarena
 
Hoy domingo se ha celebrado en Sevilla un acto pidiendo que se saque de la Basílica de la Macarena al genocida Queipo de Llano, responsable al menos de 3000 asesinatos según asociaciones por la Memoria Histórica. El PCOE se ha sumado a la repulsa contra el verdugo y se solidariza con las familias de los ejecutados vilmente por las hordas fascistas dirigidas en Sevilla por Queipo de Llano.

En el acto se han recordado las palabras con las que Queipo de Llano pedía matar como perros a aquellos que desobedecieran el nuevo orden fascista y llamaba a violar a las mujeres de republicanos en aras de practicar el “amor libre”:

“Nuestros valientes legionarios han demostrado a rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas practican el amor libre. Ahora sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Esta es la vileza y la crueldad de los verdugos fascistas que ejecutan y ejecutarán sin contemplaciones y recreándose en los más profundos dolores causados a aquellos que luchen contra el régimen de explotación. Verdugos como Queipo de Llano siguen órdenes de sus amos, la oligarquía financiera, terratenientes y gran burguesía que recurren a ellos para aplacar cualquier intento de “sedición” o “rebelión” por parte de las clases populares.

Lo cual ocurrirá mientras no acabemos con ese régimen de explotación que es la causa de nuestros principales males. Para sostener la explotación las clases poseedoras utilizan el aparato del Estado, Audiencia Nacional, Tribunal Supremo y Fuerzas de Seguridad del Estado, herederas del régimen franquista. Frente a esa super-estructura, las clases populares no pueden enfrentarse con escaramuzas y cientos de plataformas que luchan contra cada uno de los síntomas de dicho régimen.

La historia nos enseña, desde Chile hasta España, que el régimen de explotación del hombre por el hombre tiende a la violencia por la vía económica, de las leyes y de la represión, y que o acabamos con ellos o ellos acaban con nosotros.

Desde el PCOE hacemos un llamamiento a organizar un movimiento antifascista y conectarlo con el movimiento obrero y las clases populares de los centros de trabajo, barrios obreros, centros de estudio, y pueblos jornaleros para unir y vertebrarlos construyendo un movimiento social y político que tumbe al mismo tiempo a los verdugos y a su amo: el Capital.

 

Organicemos a las clases populares contra el Fascismo
Por la creación de un Frente Único del Pueblo
Por el Socialismo


Secretaría de Agitación y Propaganda del Comité Provincial del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Sevilla
Sanidad
 
“El proletariado no tiene apoyo; no puede vivir para sí mismo ni un solo día. La burguesía se apropia el monopolio de todos los medios de subsistencia… el proletariado sólo puede recibir de esta burguesía lo que necesita, mientras ella es protegida en su monopolio por la fuerza del Estado. El proletariado es, por lo tanto, legalmente y de hecho, el esclavo de la burguesía; ella puede disponer de su vida y de su muerte. Le ofrece los medios de subsistencia, pero por un equivalente, por su trabajo […]”. (Federico Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra).

“El régimen de producción capitalista como corresponde a su carácter contradictorio y antagónico, da un paso más y dilapida la vida y la salud del obrero, considerando la degradación de sus mismas condiciones de vida como economía en el empleo del capital constante y, por tanto, como medio para la elevación de la cuota de ganancia”. (Carlos Marx, El Capital, vol. III).

Dichos fragmentos tienen un gran significado sobre el tema a tratar, debido a que describen de una forma exacta la relación de explotación del proletariado a manos de la burguesía, que usa todo lo que esté a su alcance con el fin de mantener la precaria condición de la clase trabajadora, capitalizando su salud y todas sus necesidades para poder aumentar la acumulación del capital por manos de la burguesía.

Esta relación aberrante entre los trabajadores y empresarios solo se puede dar dentro del sistema capitalista, que prima la posesión de capital, deshumanizando por completo cualquier aspecto de la sociedad, como es en este caso la precarización de la salud de los obreros, haciendo que haya incontables víctimas mortales y que este hecho esté totalmente normalizado en una sociedad capitalista enfermiza.

A continuación estudiaremos las últimas noticias sobre la desoladora situación de la sanidad asturiana en su conjunto, para poder observar cómo esta relación entre dos clases antagónicas sigue vigente en el sector servicios. La Voz de Asturias estos últimos meses ha arrojado artículos que dan una visión sobre la precarización de la sanidad en esta comunidad autónoma.

Uno de estos artículos trata la saturación de pacientes en los centros médicos ante la carencia de profesionales de la salud. Según La Voz, los médicos asturianos durante los siete primeros meses del 2019 han tenido que atender a casi tres millones de pacientes, sin embargo el problema no es el número de personas citadas en un centro médico, si no que el verdadero problema reside en la relación de pacientes por profesional de la salud (presión asistencial real). Analizando esta magnitud es donde obtenemos los datos que nos hacen ver que hay una escasez de médicos en los centros de salud y sus periféricos.

En cuanto a las localidades con poca población, perteneciente a la zona rural, se tienen profesionales con menos de 10 pacientes al día, lo que nos muestra el proceso de despoblación desolador que sufren las zonas rurales asturianas, sin embargo, los datos más preocupantes en cuanto a la falta de personal vienen de las zonas más pobladas en Asturias, así, en Noreña, La Corredoria o Nava-Bimenes-Cabranes la media se dispara a más 40 subiendo esta cifra hasta 60 ante una epidemia de gripe. Además esta situación se agrava al no cubrirse las bajas o las vacaciones.

Esta situación fue denunciada por Carlos Fernández Moro, portavoz de primaria en el Sindicato Médico, para La Voz de Asturias, afirmando: “En esta situación lo único que podemos hacer es intuir que no tienen nada grave [..] A día de hoy hay compañeros que atienden a más de 60 de manera regular, sin picos concretos”. Por otra parte, también ha expresado su descontento un médico avilesino, contando como cada aproximadamente cinco minutos tiene una nueva consulta o urgencia.

Ante esta situación, los facultativos llevan años reivindicando 10 minutos por paciente, ya que consideran que es el tiempo mínimo necesario para poder realizar un diagnóstico consistente. Si se respetase este tiempo, el número de pacientes oscilaría entre 28 y 30.

Otro de los artículos que también llama la atención es el que narra el cierre de un centro de salud en Gijón por falta de personal.


Los vecinos de la zona se encontraron con el cartel mostrado en la foto anunciando el cierre del centro de salud el 26 de agosto de 2019. Ante esta situación, Manuel Cañete, presidente de la asociación de vecinos denuncia: “Tenemos que mostrar nuestro más enérgico rechazo a esta situación que la administración sabía desde hace tiempo. Sólo demuestra la mala política sanitaria en Atención Primaria. Están logrando la privatización de la salud por inacción”.

Además, los coordinadores de los centros de salud de área V de la misma ciudad han firmado una carta en la que expresan su preocupación por el estado de la sanidad pública y la falta de profesionales, ya que entre los principales problemas se encuentra la falta de médicos disponibles para cubrir bajas, vacaciones o permisos.

Esta situación no solo ha ocurrido en Gijón, sino que también suceden casos similares en localidades más pequeñas, donde la noticia no llega a ser sonada aunque los hechos tengan la misma relevancia. Un ejemplo es el caso de la villa de Salas, perteneciente al concejo que lleva el mismo nombre, donde hace aproximadamente un año el área de pediatría estaría unas semanas sin actividad, movilizando a padres y madres preocupados por la situación. Ante esta situación, ningún partido burgués del concejo ha tomado cartas en el asunto para combatir la precariedad, mostrando, como siempre, inoperancia e ineptitud.

Con estos hechos sobre la mano se pueden sacar unas conclusiones claras sobre la naturaleza del problema, que se encuentra en los mismos entresijos del sistema económico y social actual en el que, el culto a la acumulación del capital es diario, obviando todos los problemas de la clase trabajadora, ya que de la precariedad de los obreros la burguesía aumenta su capital.

Esta acumulación del capital debida a la buscada precariedad de los servicios sanitarios públicos se da ya que obligan al obrero, creador de toda riqueza, a buscar cubrir sus necesidades primarias mediante empresas privadas, enalteciendo la privatización y provocando que hasta el dinero que la clase trabajadora usa en cuidar su propia salud vaya a parar a manos de la burguesía, sin mencionar los impuestos soportados por la clase trabajadora. Esto se puede observar empíricamente gracias a un informe hecho por la fundación IDIS (Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad) titulado ‘Sanidad privada, aportando valor: Análisis de situación 2018’. En dicho informe se arroja que la sanidad privada cuenta actualmente en Asturias con más de 130.000 asegurados, once hospitales y 969 camas, realiza el 23,6% de las intervenciones y atiende el 12,8% de las urgencias, exponiendo como Asturias cuenta en la actualidad con un sistema sanitario privado en expansión.

Además, también se puede ahondar en el concepto de “Sanidad pública”, debido a que en un sistema en el que todo se basa en el aumento de capital de una clase social con un gran poder no tiene sentido llamar público a nada, ya que mediante su poder, la burguesía, como hemos visto anteriormente, juega a su antojo con dichos servicios sanitarios supuestamente públicos buscando únicamente su propio beneficio. Es decir, no puede llamarse público algo usado para satisfacer los deseos económicos de una minoría.

Debido a esto se puede afirmar que la sanidad pública actual solo se trata de un espejismo fundamentado por la clase dominante actual, o dicho de otra forma, la sanidad pública pertenece en su totalidad a la burguesía, pero es pagada con el sudor la clase trabajadora.

En el PCOE tenemos claro que la única forma que tendrá el pueblo de conseguir un sistema sanitario que de verdad le pertenezca es con la marcha hacia un modelo socialista, en el que se produzca la ruptura del estado capitalista y la desaparición de la burguesía, pasando el poder a manos de los trabajadores. Será en este momento cuando por fin todos los servicios pertenecerán y servirán a la clase obrera.

Con el fin de denunciar, organizarse y hacer frente a los intentos de privatización y precarización de los servicios sanitarios, desde el PCOE llamamos a todos los trabajadores, pensionistas, estudiantes, etc. a organizarse en el Frente Único del Pueblo (FUP), ya que la única forma posible de luchar contra tan poderoso sistema que aplasta a al pueblo trabajador es la unión en un frente común de todas las clases explotadas por el Capitalismo para enviarlo al basurero de la historia y edificar el Socialismo.

 

¡Por una sanidad digna para Asturias y todas las regiones!
¡Que viva la lucha de la clase obrera!


PCOE en Asturias
PCOC
 
El 22 de septiembre de 2019, el Partit Comunista Obrer de Catalunya (PCOC) celebró su I Conferencia Nacional.

En la misma, se debatió tanto la situación socioeconómica de Catalunya y sus particularidades con respecto al resto del Estado español, así como la táctica y objetivos más inmediatos que el Partido debe seguir en esta realidad concreta.

Organizativamente, ésta significó la renovación del Comité Nacional del PCOC. Finalmente, se aprobaron las Tesis Políticas que a continuación se adjuntan:

TESIS POLÍTICA APROBADA POR LA CONFERENCIA NACIONAL DE CATALUÑA DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)


Algunos datos sobre Cataluña que ilustran el conflicto.

Según los datos del Institut d’Estadística de Catalunya (IDESCAT), dependiente de la Generalitat de Catalunya, correspondientes al año 2018, Cataluña tiene 7.496.000 habitantes, lo que corresponde al 16,11% de la población del estado español. Sin embargo, la densidad de población de Cataluña es de 233,5 habitantes por kilómetro cuadrado, por los 92,5 del conjunto del estado español, esto es una densidad de población un 252% mayor a la del Estado.

En Cataluña había, en 2018, 1.195.947 extranjeros con certificado de registro o tarjeta de residencia. En el conjunto del estado español hay 5.424.781 extranjeros con certificado de registro o tarjeta de residencia, de tal modo que el 22,05% de los extranjeros con certificado de registro o tarjeta de residencia que viven en el estado español se concentran en Cataluña y, fundamentalmente, en la provincia de Barcelona.

En Cataluña, según IDESCAT, en 2018 la población creció en 66.173 habitantes, de tal modo que de éstos 40.731 provienen de otros países del mundo.

En términos económicos, el PIB por habitante en Cataluña ascendió, en 2017, a los 29.966 euros, por los 24.000 euros por habitante del conjunto del estado español. La tasa de actividad en Cataluña se sitúa en el 77,7%, que es un 3,5% superior a la tasa de actividad en el conjunto del estado español.

El PIB catalán en marzo de 2017 ascendía a 223.629 millones de euros, siendo el PIB del estado español para ese período de 1.113.851 millones de euros. Por tanto, Cataluña significa el 20,08% del PIB del estado español, siendo de largo la autonomía que más peso aporta al conjunto del estado español.

Con respecto al comercio con el exterior, Cataluña importa del extranjero por una cuantía de 78.159 millones de euros, por los 281.270 de España, lo que significa que Cataluña significa el 27,8% de las importaciones del estado español. Por otro lado, Cataluña exporta al exterior por valor de 65.161 millones de euros, exportando el estado español 262.192 millones de euros, lo que implica que Cataluña significa el 24,85% de las exportaciones españolas.

El volumen de negocios de las empresas destinadas al comercio, en España, asciende a los 682.058 millones de euros, siendo el volumen de negocio de las empresas catalanas destinadas al comercio 131.661 millones de euros, lo que implica que el peso de éstas empresas catalanas, con respecto al conjunto, es del 19,31%.

Cataluña es la parte del estado español que mayor número de empresas tiene activas; el saldo comercial de Cataluña con el resto de España en 2016 fue favorable a Cataluña en 17.548 millones de euros y el déficit o balance fiscal de Cataluña con respecto de España resulta negativa para Cataluña en torno a unos 16.500 millones de euros, esto es, que la diferencia entre lo que Cataluña recibe y lo que Cataluña entrega al Estado es negativa para Cataluña.

Como puede comprobarse, Cataluña es el motor económico del estado español y fiscalmente aporta más de lo que recibe de tal modo que el estado español, el cual está quebrado económicamente, sería todavía más inviable si Cataluña consiguiera su aspiración de emanciparse nacionalmente. Todo problema nacional, en realidad, refleja una lucha económica entre dos burguesías, que en este caso es una lucha entre la burguesía catalana – más concretamente la pequeña y la mediana burguesía catalana así como el campesinado catalán – y la burguesía española – en la que está integrada también la alta burguesía monopolista catalana.

Nacimiento de la nación española y el Estado español.

Stalin define a la nación como “una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de comunidad de idioma, territorio, de vida económica y de psicología manifestada ésta en la comunidad de cultura”. Es decir, que la nación existe si, y sólo si, verifica los cuatro rasgos o condiciones fundamentales que la definen como tal y que son:

• Comunidad de idioma.
• Comunidad de territorio.
• Comunidad de vida económica, la ligazón económica.
• Comunidad de psicología reflejada en la comunidad de cultura.

Marx en su artículo “La España revolucionaria” publicado en el New York Daily Tribune el 9 de septiembre de 1854, nos dibuja como va pereciendo el feudalismo y progresivamente se va conformando España como nación y como, progresivamente a lo largo de décadas de zigzag por la lucha entre el absolutismo y la burguesía liberal, la nación da lugar a un Estado, cómo a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, en la fase de capitalismo ascensional, a la comunidad de idioma y territorio como con el desarrollo del capitalismo, y por tanto con el incremento del poder político de la burguesía, se van desarrollando tanto la ligazón económica como la consecuente psicología de nación. Empieza Marx mostrando la situación terminal del feudalismo en España:

«A medida que la vida comercial e industrial de las ciudades declinó, los intercambios internos se hicieron más raros, la interrelación entre los habitantes de diferentes provincias menos frecuente, los medios de comunicación fueron descuidados y las grandes carreteras gradualmente abandonadas. Así, la vida local de España, la independencia de sus provincias y de sus municipios, la diversidad de su configuración social, basada originalmente en la configuración física del país y desarrollada históricamente en función de las formas diferentes en que las diversas provincias se emanciparon de la dominación mora y crearon pequeñas comunidades independientes, se afianzaron y acentuaron finalmente a causa de la revolución económica que secó las fuentes de la actividad nacional. Y como la monarquía absoluta encontró en España elementos que por su misma naturaleza repugnaban a la centralización, hizo todo lo que estaba en su poder para impedir el crecimiento de los intereses comunes derivados de la división nacional del trabajo y de la multiplicidad de los intercambios internos, única base sobre la que se puede crear un sistema uniforme de administración y de aplicación de leyes generales. La monarquía absoluta en España, que solo se parece superficialmente a las monarquías absolutas europeas en general, debe ser clasificada más bien al lado de las formas asiáticas de gobierno. España, como Turquía, siguió siendo una aglomeración de repúblicas mal administradas con un soberano nominal a su cabeza. (…) El despotismo cambiaba de carácter en las diferentes provincias según la interpretación arbitraria que a las leyes generales daban virreyes y gobernadores; si bien el gobierno era despótico, no impidió que subsistiesen las provincias con sus diferentes leyes y costumbres, con diferentes monedas, con banderas militares de colores diferentes y con sus respectivos sistemas de contribución. El despotismo oriental sólo ataca la autonomía municipal cuando ésta se opone a sus intereses directos, pero permite con satisfacción la supervivencia de dichas instituciones en tanto que éstas lo descargan del deber de cumplir determinadas tareas y le evitan la molestia de una administración regular».

Con esta breve radiografía, Marx muestra el agotamiento de la superestructura del feudalismo en España, el Antiguo Régimen, un sistema económico caduco que reflejaba un sistema político y una sociedad decrépita, agotado, totalmente fragmentado. Ante este escenario la burguesía francesa, victoriosa tras su revolución iniciada en 1789, trató de apropiarse de la moribunda España feudal, sigamos leyendo a Marx:

«Así ocurrió que Napoleón, que, como todos sus contemporáneos, consideraba a España como un cadáver exánime, tuvo una sorpresa fatal al descubrir que, si el Estado español estaba muerto, la sociedad española estaba llena de vida y repleta, en todas sus partes, de fuerza de resistencia. (…) Mediante el tratado de Fontainebleau había llevado sus tropas a Madrid; atrayendo con engaños a la familia real a una entrevista en Bayona, había obligado a Carlos IV a anular su abdicación y después a transferirle sus poderes; al mismo tiempo que había arrancado ya a Fernando VII una declaración semejante. Con Carlos IV, su reina y el Príncipe de la Paz conducidos a Compiègne, con Fernando VII y sus hermanos encerrados en el castillo de Valençay, Bonaparte otorgó el trono de España a su hermano José, reunió una Junta española en Bayona y le suministró una de sus Constituciones previamente preparadas. Al no ver nada vivo en la monarquía española, salvo la miserable dinastía que había puesto bajo llaves, se sintió completamente seguro de que había confiscado España».

Este hecho, unido la crisis económica y política que vivía la España del Antiguo Régimen donde, por un lado, la Aristocracia estaba enfrentada al monarca Carlos IV y su valido Godoy, así como la confrontación con Francia primero, y después con Gran Bretaña, llevó al pueblo español a una rebelión contra la ocupación francesa, esto es al desarrollo del movimiento nacional impregnado por la burguesía liberal, en palabras de Marx:

«Pero pocos días después de su golpe de mano recibió la noticia de una insurrección en Madrid. Cierto que Murat aplastó el levantamiento matando cerca de mil personas; pero cuando se conoció esta matanza estalló una insurrección en Asturias que muy pronto englobó a todo el reino. Debe subrayarse que este primer levantamiento espontáneo surgió del pueblo, mientras las clases ‘bien’ se habían sometido tranquilamente al yugo extranjero. (…) De esta forma se encontraba España preparada para su reciente actuación revolucionaria, y lanzada a las luchas que han marcado su desarrollo en el presente siglo. Los hechos e influencias que hemos indicado sucintamente actúan aún en la creación de sus destinos y en la orientación de los impulsos de su pueblo. Los hemos presentado porque son necesarios, no sólo para apreciar la crisis actual, sino todo lo que ha hecho y sufrido España desde la usurpación napoleónica: un período de cerca de cincuenta años, no carente de episodios trágicos y de esfuerzos heroicos, y sin duda, uno de los capítulos más emocionantes e instructivos de toda la historia moderna».

Sin duda, este hecho histórico sirvió para cimentar la psicología de nación del pueblo, de hecho el Levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses del Dos de Mayo de 1808 es uno de los iconos del nacionalismo español.

La Guerra de la Independencia significó no sólo la lucha contra la potencia invasora francesa, sino también implicó, aunque de manera efímera, la creación embrionaria de estructuras de estado burgués, como lo acreditan la creación de las juntas organizadas por el pueblo en muchas localidades que dieron lugar a las juntas provinciales y éstas a la Junta Suprema Central que, en principio, implementaban el principio de soberanía nacional. Junta Central que convocó las Cortes, que fueron elegidas por sufragio universal masculino, que elaboraron la Constitución de 1812, en el periodo de máxima ocupación de las tropas napoleónicas sobre la península; así como la guerrilla, que era la forma en la que el pueblo se organizó para resistir a las tropas francesas.

La guerra que lanzó Francia contra Rusia obligó a Napoleón a retirar tropas desplazadas a España – hecho éste que hizo que la guerrilla española avanzara, con apoyo británico y portugués – de tal modo que, en 1813, Napoleón firma el Tratado de Valençay por el que se firma la paz con España y se reconoce a Fernando VII como rey de España.

Contra Napoleón habían luchado los defensores de la monarquía borbónica, que aglutinaban tanto a los absolutistas como a los liberales que aspiraban a reformar la monarquía tomando como ejemplo la Constitución de 1812.

La correlación de fuerzas, favorable a los absolutistas, implicó el restablecimiento de la monarquía absolutista derogándose la Constitución de 1812 en lo que fue el período histórico denominado la Restauración, que fue derrocado por el pronunciamiento militar del General Riego, dando paso al llamado trienio liberal que, a su vez apoyado por la ola absolutista que recorría Europa en la década de los 20 del siglo XIX, fue derrocada imponiéndose una nueva etapa absolutista que duró una década, la llamada Década Ominosa.

A la muerte de Fernando VII se inició la Regencia de María Cristina, iniciándose la primera guerra carlista. Detrás del conflicto entre los Carlistas – partidarios de Carlos María Isidro como sucesor de Fernando VII – y los Isabelinos – partidarios de Isabel II como sucesora de su padre – subyacía en realidad la disputa entre la continuidad o el fin del absolutismo, del régimen feudal; la lucha de la burguesía – apoyada por las capas populares de las ciudades – contra parte de la nobleza, el clero y parte del campesinado, que tuvo fuerte influencia en Navarra, País Vasco y la parte norte del Ebro.

Es en la década de los 30 del siglo XIX, tras la muerte de Fernando VII, bajo la Regencia de María Cristina, cuando se conformó la nación española, bajo el dominio político ya de la burguesía, transformándose en Estado; es en realidad en este momento en el que nace el Estado español, en la fase ascensional del capitalismo.

Como se puede comprobar, en España, al igual que aconteció en Francia, explicado magistralmente por Marx en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, y en Europa, la primera mitad del siglo XIX fue una permanente lucha entre lo viejo que no acababa de morir, el feudalismo, y lo nuevo entonces que debía de imponerse, el dominio político de la burguesía toda vez que éste era absoluto en el terreno de la economía.

Cataluña, nación postergada.

Gran parte del nacionalismo catalán ubica el nacimiento de la nación en la Guerra de Sucesión española, como consecuencia del fallecimiento sin descendencia del rey Carlos II y el subsiguiente conflicto desencadenado por el apoyo de la Corona de Castilla y Navarra a que el heredero fuera Felipe de Borbón y, por el contrario, la Corona de Aragón apoyaba al Archiduque Carlos de la Casa de los Habsburgo. Y más concretamente en el asedio a la ciudad de Barcelona de las tropas borbónicas durante dos meses y la batalla final el 11 de septiembre de 1714. De hecho, los nacionalistas en la actualidad mantienen no sólo aquéllos sucesos, sino también la denominación de los bandos, que en Valencia se denominaban “botiflers” a los nobles que defendían a los Borbones y “maulets” que eran los defensores de los Habsburgo, nombre adoptado por una organización juvenil de la izquierda independentista catalana que es fundadora de lo que hoy es Arran.

Este conflicto que se dirimía en la Guerra de Sucesión no era un conflicto nacional, pues no podía serlo, sino un conflicto de sucesión dinástica del trono de la Corona de Castilla y Navarra y la Corona de Aragón y Cataluña, es decir, un conflicto que se da dentro del feudalismo. Y decimos que no podía ser un conflicto nacional porque la nación, tal y como señalaba Stalin en “el marxismo y la cuestión nacional”, “no es simplemente una categoría histórica, sino una categoría histórica de una determinada época, de la época del capitalismo ascensional. El proceso de liquidación del feudalismo y de desarrollo del capitalismo es, al mismo tiempo, el proceso en que los hombres se constituyen en naciones”.

La burguesía catalana se empieza a desarrollar a lo largo del siglo XVIII, fundamentalmente gracias a la concepción centralista – decretos de Nueva Planta – y las políticas económicas y fiscales impulsadas primero por los Borbones. De tal modo que por los decretos de Nueva Planta, si bien la lengua catalana y sus instituciones feudales fueron reprimidas, la política centralizadora llevó a la burguesía catalana a acceder a un mercado de dimensiones superiores al peninsular que fue conformándose a lo largo de dicho periodo y que propició el desarrollo de la industria vinícola, destilera, papelera y, en menor medida, el metal y la mecánica; así como la liberalización del comercio con las colonias americanas, gracias a la entrada en vigor del Reglamento del Libre Comercio de 1778, esencial para el desarrollo de la industria textil y algodonera catalana.

Cuando estalla la Guerra Carlista, en un marco de pleno apogeo de lucha entre lo nuevo en aquél momento histórico – el capitalismo – y lo viejo – feudalismo – en toda Europa, así como de las ideas de la burguesía que en el plano cultural fue lo que se llamó el Romanticismo, o la exacerbación de la ideología burguesa como por ejemplo es el nacionalismo y la exaltación patriótica, el individualismo y el idealismo; tanto en Cataluña como en los territorios de habla catalana – Valencia y Baleares – la burguesía lanza un movimiento cultural y literario, que como no puede ser de otro modo tiene también componente política y hunde sus raíces en el desarrollo del capitalismo en Cataluña y la conformación de una burguesía autóctona, al objeto de comenzar a inocular la psicología de nación entre los catalanes.

En principio la burguesía catalana estaba lejos de reivindicar Cataluña como nación y mostrar la necesidad de edificar un Estado liberal, republicano y no centralista. Con el desarrollo de la Renaixença, la burguesía catalana, al objeto de garantizar sus intereses articula la respuesta política contra el centralismo impuesto desde Madrid surgiendo como respuesta el llamado catalanismo político con el objetivo de fortalecer una posición regionalista y catalanista fuerte y así conseguir satisfacer las apetencias de la burguesía catalana, alcanzando la Renaixença su punto álgido en la década de los 70 y 80 del siglo XIX. Es decir, en Cataluña se empiezan a sentar unas bases que encajarían con la definición de nación a finales del siglo XIX, esto es, en la fase ya de inicio del capitalismo monopolista en lo que es, sin duda, una nación postergada en los términos expresados magistralmente por Stalin.

Como se puede observar, ni Cataluña como nación se conforma tal y como explican los independentistas catalanes, ni la nación española descubrió América como afirma el iletrado de Pablo Casado y demás sicarios del nacionalismo español.

Sobre el derecho a la autodeterminación de Cataluña hoy.

Como hemos podido comprobar, la nación española se conforma en el periodo de capitalismo ascensional y la conformación como nación hace que se constituya en Estado burgués.

La nación catalana se conforma ya en el periodo de imperialismo, siendo una nación postergada la cual no se ha podido constituir en Estado por dos razones:

1) Stalin nos muestra aquellas “naciones postergadas que despiertan a una vida propia” y conforman un conjunto que se desarrolló en el periodo final del capitalismo ascensional o, incluso, en el periodo de imperialismo, los cuales no se constituyen en Estados nacionales independientes como consecuencia de la oposición de las capas dirigentes de la burguesía de los Estados nacionales ya constituidos.

2) En la fase de imperialismo, con el mundo ya repartido por las potencias imperialistas, el derecho a la autodeterminación, y la independencia y nacimiento de un Estado nuevo, es una quimera. Cataluña, y su burguesía, lo demuestran. Los independentistas catalanes hicieron un referéndum de autodeterminación el primero de octubre de 2017 que fue defendido de manera heroica por el pueblo el cual votó por la independencia. Sin embargo, los mismos promotores del referéndum no sólo no respetaron el resultado, sino que lo apostaron todo al reconocimiento e intervención internacional de las potencias imperialistas, esto es, buscan en las potencias imperialistas la concesión de un derecho que corresponde a la nación catalana y no a actores exógenos como son las potencias imperialistas.

En Cataluña, como en el resto de las naciones oprimidas y postergadas del mundo, en la fase de imperialismo en la cual nos encontramos, la única salida que tiene para su reconocimiento nacional pasa por la independencia como clase, es decir, por la imposición revolucionaria del socialismo como fase inmadura del comunismo.

La única salida es el socialismo. Contra el nacionalismo, internacionalismo proletario.

Stalin nos enseñó que la lucha entre las naciones postergadas y los Estados nacionales dominantes es una lucha entre las clases dominantes de las naciones dominadoras y de las naciones postergadas, en definitiva, es una lucha entre sus burguesías, una lucha por el mercado; la burguesía de la nación dominadora quiere dominar completamente el mercado y la joven burguesía de la nación postergada necesita el control sobre su mercado para dar salida a su producción, y por ese objetivo blande el pendón del nacionalismo y trata de sumar a su lucha a la clase obrera y demás clases populares de su nación, conformando el movimiento nacional inoculando el nacionalismo para alinear al proletariado y el campesinado y dirigirlo hacia la consecución del citado objetivo de la burguesía de la nación postergada. Nacionalismo que también es inoculado por la burguesía de la nación dominadora para justificar tal situación de opresión.

Esta verdad se está verificando en el asunto catalán. Ante la crisis económica, mejor dicho la quiebra del Estado al servicio de la burguesía monopolista, donde también está integrada la gran burguesía catalana, la concentración de la riqueza se concentra en un puñado de monopolios, de tal modo que toda aquella burguesía catalana que no es monopolista comprueba cómo se reducen sus prebendas, sus privilegios, al igual que gran parte de la pequeña burguesía urbana y agraria se arruina.

Agotado el ciclo político del pujolismo, que no fue otra cosa que el pacto putrefacto entre las élites del Estado y la burguesía catalana de acatar la Constitución del 78 y la mutación del Estado franquista, magnífico para saquear tanto al pueblo catalán como al español, se hacía esencial para la burguesía catalana establecer otro pacto donde se establecieran nuevas prebendas, mayor autogobierno, para los burgueses catalanes. Con el Govern del tripartit d’esquerres, el objetivo era la de acordar un nuevo Estatut.

Un Estatut que fue aprobado en septiembre de 2005 por el Parlament, que en palabras de Alfonso Guerra fue cepillado por el Congreso meses más tarde, fue aprobado por el 36,10% de los catalanes en referéndum, que tuvo una participación del 48,85% del censo y que, de manera inmediata, fue impugnado ante el Tribunal Constitucional por la impugnación realizada por el PP, impugnación que sirvió para que el Tribunal Constitucional en 2010 tumbase parte del Estatut aprobado por el pueblo catalán, dejando claro que el Estado franquista maquillado con los retoques cosméticos aportados por la Constitución de 1978 son incapaces de resolver la cuestión nacional catalana.

La burguesía españolista apostaba todo a la represión y al nacionalismo español para sostener su bancarrota económica, que también se iba extendiendo al campo político.

Por otro lado, la burguesía catalana, con CiU y ERC como sus referentes políticos fueron implacables en los recortes sociales, en ejecutar las órdenes de Europa y de su títere gobierno español, a la par que se profundizaba la crisis económica.

La quiebra y la descomposición tanto económica como política tenía en la inoculación del veneno ideológico burgués, del nacionalismo y el chovinismo, la herramienta por la que la burguesía catalana y española pretenden subordinar bajo sus intereses a un pueblo, cada vez más arruinado y más incómodo con lo que le ofrece el capitalismo agonizante.

No es de extrañar que esa pugna entre nacionalismo español y catalán cada vez haya sido más intensa, un choque cualitativamente superior, como lo acreditan diferentes hechos como el referéndum de noviembre de 2014, el 1 de octubre de 2017, o la inminente sentencia contra los dirigentes políticos del Procès.

Los acontecimientos acontecidos tras el 1 de octubre, así como las sucesivas elecciones celebradas a partir de dicha fecha, dejan a las claras que la apuesta de la burguesía por la exacerbación del nacionalismo ha servido, no sólo para ser un elemento acelerador del tumbo total hacia la extrema derecha del sistema político, sino también para que la burguesía consiga guiar al proletariado a la pugna nacionalista, a su teatrillo burgués alejándolos de la contradicción de clase y alienándolos cada vez más. Y todo ello en un escenario donde la burguesía catalana no ha dudado no sólo en estafar al pueblo catalán que puso su cuerpo el 1 de octubre para ejercer su derecho a la autodeterminación, no habiendo dudado en pisotear el mandato emanado de dicho referéndum y, la burguesía monopolista que dirige el Estado que cada vez es más reaccionaria y explota y reprime con mayor grado al proletariado. De hecho, detrás del conflicto entre burguesías – catalana y española – lo que hay es la aspiración de la burguesía catalana de tener la exclusividad en la explotación del proletariado catalán y, empleando terminología futbolística, sentarse en la misma mesa del estado español y del resto de potencias imperialistas europeas en el marco de la Unión Europea para ser socios y establecer marcos de saqueo y explotación de los pueblos. Eso es lo que están defendiendo Puigdemont, Junqueras y compañía.

En Cataluña, el proletariado se concentra, fundamentalmente, en los 36 municipios metropolitanos de Barcelona – que concentra a 3,2 millones, es decir prácticamente el 43% de la población de toda Cataluña -, a lo que habría que añadirle Granollers, Sabadell, Terrassa, Manresa así como Tarragona y Reus.

En Cataluña, al igual que en el resto del estado español, es necesario el desarrollo de nuestro Partido. Nuestro Partido posee el programa político revolucionario, armado de la ciencia del marxismo-leninismo, necesario para que el proletariado rompa revolucionariamente con el imperialismo y tome el poder político para imponer su dictadura y poder desarrollar el socialismo.

El nacionalismo, que es veneno ideológico burgués, únicamente puede ser contrarrestado por nuestro internacionalismo proletario, es decir, nuestro Partido tiene la obligación de llevar al proletariado la conciencia de la comunidad, de la unidad de los intereses de todos los proletarios del mundo, sean del país y la nación que sean, mostrando que únicamente el socialismo puede resolver los males que hoy aquejan a los pueblos de todo el mundo, causados por la burguesía y su criminal sistema de explotación. Y para ello, tanto en Cataluña como en el resto del estado español, la unidad y la organización de los comunistas en torno a nuestro Partido, al objeto de ejercer una mayor influencia entre el proletariado es esencial, es vital.

 

I Conferència del Partit Comunista Obrer de Catalunya (PCOC)