Sábado, 15 Diciembre 2018
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¿ES FASCISTA EL ESTADO ESPAÑOL? DOCUMENTO APROBADO POR EL VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL P.C.O.E.

Publicado en Comité Central 25 de Marzo de 2018

Llegamos a este Pleno del Comité Central en un momento de crisis muy profunda del Capitalismo Monopolista de Estado. El cierre en falso que supuso la Transición a los problemas que azotan al estado español, y que la burguesía se ha mostrado incapaz de resolver, con la agudización de la crisis económica, con la bancarrota económica del Estado, ha extendido la crisis a todas las esferas de la vida, no sólo económica, sino social, política y al Estado mismo.

El grado de represión aplicado tanto por el Gobierno de Zapatero como por el periodo de Gobierno de Mariano Rajoy, que ha dado varios giros de tuerca en la dirección de extrema reacción del Estado - con apoyo implacable del PSOE y C’s, y con la anuencia del traidor oportunismo que formalmente impugna con levedad pero que defiende el Estado burgués cuya adhesión es tan inquebrantable como la de los fascistas – que se refleja en la ilegalización y el encarcelamiento de las ideas, en la liquidación práctica del derecho a la Huelga, la negociación colectiva, la aplicación de un conjunto de leyes represivas que ilegalizan en la práctica a la clase obrera y su lucha, los ataques inmisericordes a la libertad de expresión y a la libertad política llegando a los acontecimientos acaecidos en Cataluña llevan a nuestra militancia, y una parte importante del Movimiento Comunista Español, a la discusión sobre si nos encontramos en el fascismo, si el Estado es fascista.

Así, pues, desarrollaremos un análisis dialéctico estudiando qué es el fascismo, bajo qué condiciones se desarrolla, cuales son los rasgos propios del fascismo, como se manifiesta y analizaremos el desarrollo del Estado español para determinar si éste es o no fascista para, finalmente, alcanzar las conclusiones pertinentes.

  1. ¿Qué es el fascismo? Una primera aproximación.

La mayoría de los camaradas, cuando se les pregunta ¿qué es el fascismo?, no suelen dudar en dar una respuesta similar a esta: “es la dictadura terrorista, sangrienta, de las fuerzas más reaccionarias de la burguesía originada por la crisis general del capitalismo”.

Partiendo de esta definición, nos muestra que el fascismo es una forma de dictadura de la burguesía, más concretamente de sus fuerzas más reaccionarias, y nos señala la causa: La Crisis General del Capitalismo, que se inicia con el triunfo de la Gloriosa Revolución Bolchevique de Octubre.

En “el siglo XX señala el punto de viraje del viejo capitalismo al nuevo, de la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero.” [1]. Este cambio de base económica, del capitalismo de ‘libre competencia’ al monopolista, conlleva, forzosamente, una transformación de la superestructura, como consecuencia del cambio operado en la estructura de tal modo que, según Lenin, “en el aspecto político el imperialismo es, en general, una tendencia a la violencia y a la reacción”[2]. Ello implica que el capitalismo putrefacto genere “nuevos métodos y formas de gobierno (por ejemplo, el sistema de gabinetes poco numerosos, la creación de grupos oligárquicos que actúan tras cortina, la degeneración y la falsificación de la funciones de la representación nacional, la limitación y la supresión de las libertades democráticas, etcétera).” [3].

El imperialismo pues, en el aspecto político, tiende a la violencia y a la reacción y, consecuentemente, a la conformación de una superestructura diferente, por ejemplo, en los “nuevos métodos y formas de gobierno”. Sin embargo, el fascismo es una forma de cómo se concretiza la reacción política de la burguesía bajo unas condiciones históricas determinadas. “Este proceso de ofensiva de la reacción burguesa-imperialista adopta, en condiciones históricas determinadas, la forma del fascismo. Dichas condiciones son: la inestabilidad de las relaciones capitalistas; la existencia de un gran número de elementos sociales desplazados; la pauperación de grandes sectores de la pequeña burguesía urbana y de los intelectuales; el descontento de la pequeña burguesía agraria y finalmente, la amenaza constante de acciones de masa proletarias. Con objeto de asegurarse un poder más estable, más firme y más duradero, la burguesía se ve obligada cada día más a pasar del sistema parlamentario al método fascista, que no se halla sujeto a las relaciones y combinaciones entre partidos. Este método es el de la dictadura directa, cuya verdadera faz se halla ideológicamente cubierta por medio de ideales nacionales, representaciones profesionales (es decir, grupos diversos de las clases dominantes), y el método de utilización del descontento de la pequeña burguesía y de los intelectuales mediante una demagogia social particular (antisemitismo, ataques parciales al capital usurario, indignación ante el charlatanismo parlamenterio) y la corrupción bajo la forma de creación en la milicia fascista, en el aparato del partido y entre los funcionarios de una jerarquía cohesionada y bien retribuida. Al mismo tiempo, el fascismo hace esfuerzos para introducirse en los medios obreros, reclutando a los elementos más atrasados, explotando su descontento y la pasividad de la socialdemocracia, etcétera. El objetivo principal del fascismo consiste en la devastación de la vanguardia obrera revolucionaria, es decir, el sector comunista del proletariado y, particularmente, sus militantes más activos. La combinación de la demagogia social, de la corrupción y del terror blanco, al lado de una agresividad imperialista extrema en la esfera de la política exterior, constituyen los rasgos más salientes del fascismo. Después de haber sido utilizada la fraseología anticapitalista en los periodos particularmente críticos para la burguesía, el fascismo, sintiéndose firme en el poder, ha ido perdiendo por el camino sus oropeles anticapitalistas, para manifestarse cada vez más como la dictadura terrorista del gran capital.”[4]

Tenemos, pues, que la libre competencia y el capitalismo mercantil fenecieron siendo enterrados por el capitalismo monopolista, por el capital financiero, por el imperialismo que con su desarrollo conlleva una transformación de la superestructura, concretamente la tendencia política a la violencia y la reacción, que iniciado el periodo de Crisis General del Capitalismo (periodo que se inicia con el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917, iniciándose el derrumbamiento revolucionario del capitalismo y el desgajamiento de este, y en el que rige a nivel mundial la contradicción fundamental entre socialismo – aspiración máxima del proletariado – el imperialismo – aspiración máxima de los monopolios) y bajo sus condiciones históricas ejerce su dominación violenta y reaccionaria bajo las formas y métodos del fascismo.

El fascismo no es una forma de Poder estatal que esté, como se pretende, por encima de ambas clases, del proletariado y de la burguesía, como ha afirmado por ejemplo Otto Bauer. No es la pequeña burguesía insurreccionada que se ha apoderado del aparato del Estado, como declara el socialista inglés Brailsford. No. El fascismo no es un poder situado por encima de las clases, ni el poder de la pequeña burguesía o del lumpenproletariado sobre el capital financiero. El fascismo es el poder del propio capital financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y la parte revolucionaria de los campesinos y de los intelectuales. El fascismo en política exterior es el chovinismo en su forma más brutal que cultiva un odio bestial contra los demás pueblos.”[5].

    1. La ideología del fascismo.

Sin embargo, el fascismo no sólo son las formas y los métodos que el capital financiero, bajo unas condiciones históricas determinadas, emplea para hacer perpetuo su dominio, para ejercer su dictadura. Este fin, el cual, como todas las doctrinas económicas y políticas, tiene que estar armado por una justificación, un análisis crítico del pasado y del presente efectuado bajo el prisma de una ideología que le dota de un programa político. En consecuencia, el fascismo no sólo se queda en la forma o en los métodos de la aplicación de la dictadura criminal de los monopolios, del capital financiero, sino que es su doctrina ideológica y política que es criminal y demencial.

Hemos visto que el VI Congreso del Komintern nos indicaba que el objetivo principal del fascismo consiste en la liquidación de la vanguardia obrera revolucionaria, del sector comunista del proletariado. De hecho, una vez el proletariado ha sido capaz de tomar el Poder Político en Rusia, cuando el Bolchevismo emergió triunfante en la Gloriosa Revolución de Octubre de 1917 y se da inicio al periodo de Crisis General del Capitalismo, se engendra la condición fundamental del nacimiento del fascismo.

En este sentido, es característico de la ideología fascista el anticomunismo, que es la expresión de los intereses del capitalismo monopolista en su cruzada contra las fuerzas del socialismo, del progreso social y contra el movimiento obrero, contra las fuerzas del comunismo, el Movimiento Comunista Internacional y contra los pueblos que defienden su emancipación o liberación nacional. El anticomunismo exacerbado forma parte esencial del corpus ideológico del fascismo, sin embargo, el anticomunismo no es exclusivo del fascismo sino que es común a toda la reacción, de los defensores del imperialismo, y de aquéllos que se denominan demócratas – burgueses, por supuesto – desde las filas del oportunismo, de la socialdemocracia, siendo la base ideológica de la reacción política del imperialismo, así como la ideología oficial de los Estados imperialistas.

La oligarquía financiera sabe, perfectamente, que el imperialismo únicamente puede sostenerse mediante la reacción. Y también sabe que la única alternativa que existe atiende a la consigna ¡Socialismo o barbarie!, siendo el imperialismo la barbarie. “La burguesía dominante busca cada vez más su salvación en el fascismo (…) Intentan atajar el crecimiento de las fuerzas de la revolución mediante la destrucción del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos (…). Para esto necesitan el fascismo” [6]

Otro rasgo característico ideológico del fascismo es el repudio y el desprecio máximo al Humanismo. El fascismo de hecho es antagonista del Humanismo, despojando al ser humano de su dignidad, de su derecho al libre desarrollo, reprimiendo y anulando su libertad, sus derechos naturales como ser humano, deshumanizándolo y convirtiéndolo en un utensilio al servicio de la oligarquía y de su instrumento de sometimiento, el Estado. El fascismo es la negación del hombre, “es una concepción histórica, según la cual el hombre no es lo que es sino en función del proceso espiritual a que contribuye, en el grupo de la familia y de la sociedad, en la nación y en la Historia, a la que todas las naciones colaboran.” [7]. El fascismo es idealismo, chovinismo en política exterior, nacionalismo burgués exacerbado, racismo, niega la lucha de clases como motor de la historia abogando, falsamente, por la conciliación y colaboración entre clases cuando, en realidad es la respuesta de clase dada por el capital financiero, por la burguesía monopolista, al proceso de descomposición del imperialismo que se desarrolla en el período de crisis general del capitalismo, de tal modo que el fascismo bajo todo este manto ideológico burgués, de auténtica escoria ideológica, arriba a su principio político fundamental: el Estado lo es todo, todos y todo debe quedar subordinado al Estado, nada fuera del Estado y nada contra el Estado; eso sí, el sistema económico que sostiene el Estado fascista es el capitalismo estando el mismo en manos de la burguesía. Un Estado que es instrumento del capital financiero para someter y saquear a otros pueblos del mundo al fin de salvaguardar e incrementar sus tasas de ganancias y ensanchar su dominio económico, mediante una política exterior de guerra, y que impone en el interior una dictadura terrorista que liquida los derechos del proletariado, las clases populares e incluso de capas de la burguesía imponiendo el sometimiento de éstos a los intereses del Estado, o lo que es lo mismo, a los intereses de la oligarquía. Un Estado que persigue perpetuarse para conseguir la perduración, por los siglos de los siglos, del imperialismo o capitalismo putrefacto.

El fascismo es revisionismo histórico que utiliza con habilidad todo tipo de engaño y demagogia, de tal modo que “los fascistas revuelven con el hocico la historia de cada pueblo para presentarse como herederos y continuadores de todo lo que hay de elevado y heroico en su pasado, y explotan todo lo que humilla y ofende a los sentimientos nacionales del pueblo como arma contra los enemigos del fascismo”[8], y actuando con un oportunismo ilimitado, de tal modo que “el fascismo logra atraerse a las masas porque apela en forma demagógica a sus necesidades y exigencias más candentes (…) no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas, sino que especula también con los mejores sentimientos de estas, con su sentimiento de justicia, y a veces incluso con sus tradiciones revolucionarias(…) el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales dentro de un mismo país”[9] con el objetivo de arrastrarlos al sometimiento a los intereses de la burguesía monopolista y al mantenimiento de la base económica capitalista. “La economía corporativa respeta el principio de la propiedad privada. La propiedad privada completa la personalidad humana: es un derecho, y si es un derecho, es también un deber (…) la economía corporativa respeta la iniciativa privada. En la Carta del Trabajo está dicho claramente que el Estado interviene sólo cuando la economía individual es deficiente, inexistente o insuficiente (…) Los principios corporativos establecen el orden inclusive en la economía.” [10]

Uno de los aspectos más flojos de la lucha antifascista de nuestros Partidos consiste en que no reaccionan suficientemente, ni a su debido tiempo, contra la demagogia del fascismo y en que todavía hoy siguen tratando despectivamente los problemas de la lucha contra la ideología fascista. Muchos camaradas no creían que una variedad tan reaccionaria de la ideología burguesa, como la ideología del fascismo que en su absurdo llega con harta frecuencia hasta el desvarío, fuese en general capaz de conquistar influencia sobre las masas. Esto fue un gran error. La avanzadísima putrefacción del capitalismo cala hasta la médula de su ideología y su cultura, y situación desesperada de las extensas masas del pueblo, predispone a ciertos sectores al contagio con los detritus ideológicos de este proceso de putrefacción. (…) No debemos menospreciar, en modo alguno, esta fuerza de contagio ideológico del fascismo”[11].

El fascismo es el poder del propio capital financiero”[12], por tanto, como una de las formas que puede revestir la dictadura de la burguesía en el imperialismo, tiene no sólo un carácter de clase, sino también un ámbito mundial. El fascismo nació como reacción contra el Poder Bolchevique, el internacionalismo proletariado impulsado por la Revolución bolchevique triunfante en Rusia, para “atajar el crecimiento de las fuerzas de la revolución mediante la destrucción del movimiento obrero revolucionario de los obreros y campesinos”[13] pero también, para que los monopolios, el capital financiero, resolviera “el problema de los mercados mediante la esclavización de los pueblos débiles, mediante el aumento de la opresión colonial y un nuevo reparto del mundo por la vía de la guerra”[14]. El fascismo fue, y sigue siendo, la tabla de salvación de la oligarquía financiera para salvar al imperialismo.

    1. El desarrollo y la subida al poder del fascismo.

El desarrollo del fascismo y la propia dictadura fascista revisten en los distintos países formas diferentes, según las condiciones históricas, sociales y económicas, las particularidades nacionales y la posición internacional de cada país. En unos países, principalmente allí donde el fascismo no cuenta con una amplia base de masas, y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el fascismo establece su monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo, bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el momento en que se agudice de un modo especial su situación, intente extender su base para combinar – sin alterar su carácter de clase – la dictadura terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo.”[15]

Con objeto de adaptarse a las modificaciones de la coyuntura política, la burguesía utiliza alternativamente los métodos fascistas y los métodos de coalición con la socialdemocracia, dándose el caso de que, a menudo, esta última desempeña un papel altamente fascista. En el curso de los acontecimientos manifiesta tendencias fascistas, lo cual no le impide, en otras circunstancias políticas, agitarse contra el gobierno burgués en calidad de partido de oposición. El método fascista y el de coalición con la socialdemocracia son habituales para el capitalismo ‘normal’ y constituyen un signo de la crisis capitalista general, son utilizados por la burguesía para retrasar la marcha progresiva de la revolución”[16].

La subida del fascismo al poder no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de la burguesía – la democracia burguesa – por otra, por la dictadura terrorista abierta. Pasar por alto esta diferencia sería un error grave, que impediría al proletariado revolucionario movilizar a las amplísimas capas de los trabajadores de la ciudad y del campo para luchar contra la amenaza de la toma del poder por los fascistas, así como aprovechar las contradicciones existentes en el campo de la propia burguesía. Sin embargo, no menos grave y peligroso es el error de no apreciar suficientemente el significado que tienen para la instauración de la dictadura fascista las medidas reaccionarias de la burguesía que se intensifican actualmente en los países de la democracia burguesa, medidas que reprimen las libertades democráticas de los trabajadores, restringen y falsean los derechos del parlamento y agravan las medidas de represión contra el movimiento revolucionario.”[17].

No hay que representarse la subida del fascismo al poder de una forma tan simplista y llana como si un comité cualquiera del capital financiero tomase el acuerdo de implantar en tal o cual día la dictadura fascista. En realidad el fascismo llega generalmente al poder en lucha recíproca, a veces enconada, con los viejos partidos burgueses o con determinada parte de éstos, en lucha incluso en el seno del propio campo fascista, que muchas veces conduce a choques armados, como hemos visto en Alemania, Austria y otros países. Todo esto, sin embargo, no disminuye la significación del hecho de que antes de la instauración de la dictadura fascista los gobiernos burgueses atraviesan habitualmente por una serie de etapas preparatorias y realizan una serie de medidas reaccionarias, que facilitan directamente el acceso del fascismo al poder. Todo el que no luche en estas etapas preparatorias contra las medidas reaccionarias de la burguesía y contra el creciente fascismo, no está en condiciones de impedir la victoria del fascismo sino que, por el contrario, la facilitará.”[18].

Característico de la victoria del fascismo, es precisamente la circunstancia de que esta victoria atestigua por una parte la debilidad del proletariado, desorganizado y paralizado por la política escisionista socialdemócrata de colaboración de clase con la burguesía. Pero, por otra parte, revela la debilidad de la propia burguesía que tiene miedo a que se realice la unidad de la lucha de la clase obrera, que teme a la revolución y no está ya en condiciones de mantener su dictadura sobre las masas con los viejos métodos de la democracia burguesa y el parlamentarismo.”[19]

  1. España y el fascismo.

El imperialismo, el choque entre las potencias imperialistas por conquistar un mundo ya repartido y conquistado, desencadenó en 1914 la Primera Guerra Mundial. Tras esta gran Guerra, ya el mundo nunca más volvió a ser como fue antes de la misma. Esta conflagración mundial dio lugar a un mundo donde en el país más extenso del mundo había triunfado la Revolución del Proletariado y éste tomaba en sus manos el poder económico y político de Rusia. Ante un mundo negro de la corrupción, la muerte y del cieno imperialista se erigía un amanecer rojo que irradiaba la posibilidad real de la construcción de un mundo nuevo, donde los explotados y los parias del mundo pudieran emanciparse y romper las cadenas de la ignominia secular a la que habían sido sometidos a lo largo de los siglos como consecuencia de la propiedad privada sobre los medios de producción y la existencia de una sociedad dividida en clases antagónicas.

Como dijimos anteriormente, el triunfo de la Gloriosa Revolución de Octubre de 1917, abre el periodo de Crisis General del Capitalismo y hace que la contradicción que rija en el mundo, en ese mundo que se abría y que todavía perdura, sea la contradicción entre el Socialismo – máxima aspiración que en este momento puede alcanzar el proletariado – y el imperialismo – la única aspiración de los monopolios, del capital financiero. Hemos visto que, en este nuevo mundo que se abre tras la I Guerra Mundial y el triunfo del bolchevismo, los imperialistas no sólo están condenados a la reacción, sino que se engendran las condiciones históricas determinadas que dan lugar al fascismo; la única vía que tiene la oligarquía financiera, los imperialistas, para sostener su moribundo mundo y su criminal sistema.

España en la Primera Guerra Mundial mantuvo un estatus de neutralidad. Este periodo significó un gran negocio para burgueses y terratenientes, a la par que los trabajadores sufrieron en sus carnes la explotación, la miseria e incluso la guerra rifeña al entrar la década de los 20. “A las pocas semanas del inicio de la guerra se desató una febril actividad comercial que se volcó hacia el exterior como nunca lo había hecho. España se convirtió en un exportador neto – las exportaciones se incrementaron un 20%, provocando un superávit en la balanza comercial, algo histórico – y tanto agricultores, como industriales, financieros, aventureros o emprendedores comenzaron a beneficiarse de los ingentes beneficios que iban obteniendo. Cualquier sector que analicemos vivirá un momento de esplendor. A título de ejemplo se puede decir como entre 1917 y 1919 se crearon 59 empresas marítimas y el número de entidades financieras se duplicó entre 1916 y 1920. La producción del carbón se incrementó notablemente, pero también, algo destacado recientemente, la de wolframio que tuvo un crecimiento espectacular hasta 1918, al considerarse un mineral básico para la industria militar”[20]. Las reservas del Banco de España pasaron de 567 millones de pesetas, en 1914 a 2.233 millones en 1918. Esta situación económica, como hemos dicho, no tenía reflejo alguno en las condiciones de vida del proletariado tanto industrial como rural, y es que la voracidad crematística de la burguesía española destinó la inmensa mayoría de la producción a la exportación, generándose en el estado español una situación de desabastecimiento para el pueblo, que provocó el incremento de la inflación, de tal modo que el enriquecimiento de la burguesía contrastaba con la mayor depauperación del proletariado. De tal modo que, si bien durante la primera mitad de la década de los 10s del siglo XX en España hubo un movimiento obrero creciente, en el año 1917 la lucha obrera y campesina se desborda para, una vez triunfante la Revolución Bolchevique de Octubre, intensificarse en el período comprendido entre 1917 y el Golpe de Estado dado por la reacción del militar Miguel Primo de Rivera. Es un período donde a la depauperación de las condiciones de vida del proletariado, a la crisis económica, se añade la crisis política, el desprestigio de la monarquía parlamentaria, el final del turnismo, de crecimiento del malestar en el seno del Ejército como consecuencia del agravio en el trato de los mandos destinados a Marruecos con los presentes en la Península, imposición de leyes que censuraban la libertad de prensa y los derechos políticos, la cuestión de la España Plurinacional y la cuestión de la tierra, y donde los sindicatos de clase se desarrollan y en los partidos obreros cala la influencia de la Revolución de Octubre y, consecuentemente del marxismo-leninismo, produciéndose la Huelga General de agosto del 1917- apoyada fundamentalmente en las zonas industriales (Barcelona y Vizcaya), las zonas mineras de Andalucía y Asturias y las ciudades de Valencia y Madrid pero no apoyada por el agro; el trienio Bolchevique, la Huelga de la Canadiense, etcétera que hicieron que los trabajadores obtuvieran conquistas y avances, como por ejemplo fue la jornada de trabajo de 8 horas.

La burguesía, fundamentalmente la burguesía catalana temerosa del desarrollo del movimiento obrero en Cataluña, ante este escenario de crisis económica, política, social y militar; no dudó en apoyar el golpe militar de Miguel Primo de Rivera, ensayo del fascismo italiano. Mussolini y el Estado Corporativo eran la referencia, al objeto de establecer el orden burgués ante el desprestigio y el agotamiento del Estado “regeneracionista” nacido tras la pérdida de las colonias españolas en 1898. Para Miguel Primo de Rivera “el fascismo italiano era un credo, una doctrina de redención que logró inmediatamente en el mundo entero admiradores y seguidores”[21]. “Uno de los elementos más destacados del régimen de Primo de Rivera fue el ensayo del corporativismo político-social, definido como un marco Integrador que pretendía solucionar los problemas sociales, a través de la intervención del Estado en la vida económica y social, mediante las llamadas agrupaciones intermedias, es decir, las agrupaciones profesionales sindicales y patronales. El objetivo de la intervención del Estado era conseguir la eliminación de los conflictos sociales propiciando la ‘armonización de los intereses contrapuestos’, por medio de organismos permanentes de conciliación y arbitraje, integrados paritariamente por patronos y obreros, presididos por un representante del Estado, que da la fuerza de ley a los acuerdos entre partes.”[22], es decir, la liquidación de la lucha de clases y el sometimiento del proletariado a la burguesía; de hecho el sistema es idéntico al existente en la actualidad.

No es objetivo de este estudio profundizar en la dictadura de Primo de Rivera, sin embargo hay que reseñar que en ella se crean los argumentos doctrinales de la reacción autoritaria durante los años 30: exaltación del mito del Jefe, estructuración jerárquica de la Unión Patriótica, desarrollo de teorías organicistas políticas y sociales, negación del parlamentarismo, defensa de la autarquía, etcétera, de tal modo que, el propio Franco reconoció, en su discurso de 18 de abril de 1938, que “el Movimiento arrancaba del gesto sedicioso de Primo de Rivera, ‘puente entre el pronunciamiento a lo siglo XIX y la concepción orgánica de esos movimientos que se han llamado fascistas o nacionalistas’, a través de los cuales José Antonio pudo continuar y culminar ‘el noble esfuerzo de su padre’ (Franco, 1938, pp 12-13). Como dijo uno de los arquitectos de la teoría política del Nuevo Estado, la vinculación con la Dictadura fue una constante del pensamiento y la acción de Franco, que siempre tuvo in mente los logros y los fracasos del régimen de Primo a la hora de articular su propio sistema de poder (Beneyto, 1979, p. 57). Instauró su primer gobierno regular el aniversario de la caída de Primo, y tres figuras civiles (Guadalhorce, Aunós y Amado) dos militares (Martínez Anido y Gómez-Jordana) de la Dictadura llegaron a ser ministros con Franco, lo que supone un 7,5% del total de los titulares de cartera hasta 1962”[23].

Por tanto, el fascismo fue empleado por la burguesía española ya en la década de los 20s, siendo la Dictadura de Primo de Rivera - cuyo espejo era el fascismo italiano - para contener la crisis en la que se encontraba el régimen, el capitalismo en el estado español. Así mismo, el propio Franco, se encarga de señalar que dicho periodo significó el arranque de su Movimiento, siendo su labor fascista una continuación, con un grado de desarrollo mayor, del inicio sembrado por la Dictadura de Primo de Rivera. Por lo tanto, hay una línea de continuidad no sólo en el seno del Estado español, sino que engarza al estado español con la situación mundial, como no puede ser de otra manera, y demuestra que el fascismo, al contrario de lo que alegan los burgueses de mostrarlo como un extremo vicioso que se toca con el comunismo o que fuera una reacción ante la humillación de los Tratados de Versalles, en realidad es la doctrina ideológica, política y social de los imperialistas una vez el mundo imperialista entra en la Crisis General del capitalismo, el fascismo es la respuesta clasista del Capital Financiero para salvaguardar su régimen criminal y putrefacto.

Esta primera experiencia fascista en España, que como hemos visto sienta las bases de lo que vendría – y está viniendo aún - después, se hacía para salvaguardar el poder de la burguesía, el régimen emanado de la pérdida de las colonias en el 1898, la monarquía y para acabar con la contestación de la clase obrera que pedía mejorar sus condiciones de vida y empezaban a contemplar que la toma del poder podía ser una realidad próxima, de los jornaleros y de los campesinos pobres que pedían la tierra, de los regionalistas catalanes que demandaban un estatus diferente y pedían una redefinición del estado, del Ejército donde existían discordancias entre los mandos, etcétera. Sin embargo, la Dictadura de Primo de Rivera significó un sostén temporal de 7 años de una situación en el que el capitalismo español continuó erosionándose y descomponiéndose, acelerándose el proceso por la crisis mundial del 1929, de tal modo que en abril de 1931 deviene la II República Española con la agudización de las cuestiones que la Dictadura de Primo de Rivera debería haber frenado. Y es que esta experiencia histórica es un gran ejemplo de cómo “el fascismo, que pretende superar las divergencias y las contradicciones existentes en el campo de la burguesía, viene a agudizar todavía más estas contradicciones”[24].

La proclamación de la República fue un acto progresivo que abría la posibilidad de destruir los obstáculos que entorpecían el avance social y político y retrasaban el florecer económico de España. Pero bien pronto se dejaron sentir las consecuencias del oportunismo del Partido Socialista; de la colaboración con la dictadura de Primo de Rivera pasó a desempeñar en los gobiernos el papel de auxiliar de los partidos burgueses dejando la dirección del Estado en manos de la burguesía, de una burguesía que demostró en seguida su falta de voluntad para llevar a cabo las transformaciones democráticas que el pueblo exigía y España precisaba. (…) con la proclamación de la República, el bloque de la aristocracia latifundista y de la alta burguesía, que bajo la hegemonía política de la primera había gobernado el país desde la restauración monárquica de 1875, fue desplazado del Poder y sustituido por un bloque de fuerzas que representaba al conjunto de la burguesía, a excepción de algunos sectores del capital monopolista.”[25]

En los primeros gobiernos republicanos (…) burlando la voluntad y las aspiraciones de las masas, realizaron una política de tolerancia para con las castas a las que el pueblo había desplazado del Poder. Su resistencia a poner fin rápidamente a la herencia de injusticias y privilegios legada por la Monarquía, facilitó el reagrupamiento de la contrarrevolución e hizo inevitable la agudización de las contradicciones de clase”[26].

No era la primera vez que la pequeña burguesía gobernaba el país. El precedente estaba en la República del 73. Y tanto la Primera como la Segunda República confirmaron la incapacidad de la pequeña burguesía para llevar la revolución democrática hasta el fin.

Intercalada social y políticamente entre un proletariado y unas masas de campesinos pobres fuertemente radicalizados, de un lado, y una aristocracia y una burguesía contrarrevolucionarias, de otro, la pequeña burguesía realizaría forzosamente una política contradictoria y vacilante. Y lo que es más grave, dentro de ese curso oscilatorio prevalecería en la obra de los gobiernos Azaña la inclinación claudicante a granjearse la benevolencia de los de arriba y a reprimir, en cambio, brutalmente los impulsos de justicia social de los de abajo, olvidando que eran los obreros y campesinos, las masas trabajadoras en general, quienes constituían el primer sostén de una auténtica democracia republicana, frente a las fuerzas tradicionales de la reacción española.

Con semejante conducta su fracaso político era inevitable; pues en España, y en aquella situación histórica concreta, se trataba de efectuar y dirigir transformaciones democráticas de hondo contenido social, cuya realización no era posible sin arremeter con denuedo contra los privilegios de las clases superiores y singularmente contra los de la nobleza absentista. Mas, por desdicha, cuando en el país subía la marejada popular en demanda de urgentes reformas, en las Cortes Constituyentes la nave republicana encallaba en el escollo religioso, dejando pendientes los problemas fundamentales de la revolución democrática: Problema agrario, estatutos autonómicos, legislación obrera, democratización del aparato del Estado...

Al Partido Socialista le incumbió una gran responsabilidad en la trayectoria antipopular de los gobiernos pequeñoburgueses. Sus líderes explicaban entonces desde las columnas de «El Socialista» en qué consistía la esencia y la médula de su colaboración gubernamental, de la forma siguiente:

«La colaboración leal de nuestros ministros en el gobierno republicano burgués, implica un sacrificio de todas las horas de cada uno de nuestros principios y de muchas de las conveniencias de los proletarios. Los ministros socialistas ponen su inteligencia y su actividad en estos momentos al servicio de la causa burguesa...» («El Socialista», 27-3-1932).”[27]

La política de los partidos republicanos pequeño-burgueses y del Partido Socialista Obrero Español no sirvió para consolidar la República, sino para defraudar las esperanzas de las masas y dar a la reacción la posibilidad de rehacer sus posiciones”[28].

¿Tenía que triunfar inevitablemente la burguesía y la nobleza en España, país donde las fuerzas de la insurrección proletaria se combinan tan ventajosamente con la guerra campesina? (…) Los socialdemócratas españoles estuvieron representados en el gobierno desde los primeros días de la revolución ¿Establecieron acaso un contacto de lucha entre las organizaciones obreras de todas las tendencias políticas incluyendo comunistas y anarquistas? ¿Fundieron a la clase obrera en una sola organización sindical? ¿Exigieron acaso la confiscación de todas las tierras de los terratenientes, de las iglesias y los conventos a favor de los campesinos para conquistar a éstos para la revolución? ¿Intentaron luchar por la autodeterminación nacional de los catalanes, de los vascos, por la liberación de Marruecos? ¿Limpiaron al ejército de elementos monárquicos y fascistas, preparando el paso de las tropas al lado de los obreros y de los campesinos? ¿Disolvieron a la guardia civil, verdugo de todos los movimientos populares, tan odiada por el pueblo? ¿Asestaron algún golpe contra el partido fascista de Gil Robles, contra el poderío del clero católico? No, no hicieron nada de esto. Rechazaron las reiteradas proposiciones de los comunistas sobre la unidad de acción contra la ofensiva de la reacción de los burgueses y de los terratenientes y del fascismo. Promulgaron una ley electoral que permitió a la reacción conquistar la mayoría en las Cortes y una serie de leyes que decretaban duras penas contra los movimientos populares, leyes que sirven ahora para juzgar a los heroicos mineros de Asturias. Fusilaron por mano de la guardia civil a los campesinos que luchaban por la tierra, etc. (…) Así desbrozó la socialdemocracia el camino al poder del fascismo, lo mismo en Alemania que en Austria y que en España, desorganizando y llevando la escisión a las filas de la clase obrera.”[29]

Tras la derrota del pueblo en marzo de 1939, se instauró en España una dictadura fascista encabezada por el general Franco (…) ¿Cuál era el carácter de ese régimen? ¿Qué intereses servía? (…) Era el poder del capital financiero y de la aristocracia terrateniente, la dictadura terrorista y sangrienta de los grupos más reaccionarios de la gran burguesía y de los latifundistas, que para ejercer su dominación se apoyaban en el Ejército, la Iglesia y en la Falange, fuerza política esta última predominante en el llamado ‘Movimiento Nacional’, donde se fundían, en una abigarrada amalgama, todos los sectores de la reacción española. Utilizando el aparato estatal como un instrumento a su servicio, la oligarquía se sirvió de los fondos del tesoro público para sus negocios y desarrolló en grandes proporciones el capitalismo monopolista de Estado”[30]

La base económica durante el franquismo fue sufriendo transformaciones que, como no puede ser de otro modo, tuvieron su reflejo en la superestructura que, también, fue evolucionando.

Durante la primera fase de la dictadura franquista, la llamada política autárquica que se extiende hasta finales de la década de los 50s, la burguesía acumuló intensivamente capital gracias a un proceso de arrasar el campo y de las formas más brutales de explotación humana, como lo acredita el Canal del Bajo Guadalquivir. En esta fase la dictadura creó en 1941 el Instituto Nacional de Industria (INI) que fue el principal instrumento para acrecentar la producción industrial y, progresivamente, fue conformando los monopolios y edificando el capitalismo monopolista de estado.

Ante la victoria de la URSS en la II Guerra Mundial y su exigencia de acabar con los últimos reductos del fascismo en Europa, EEUU como mayor potencia imperialista inició un camino para romper el aislamiento del franquismo – como consecuencia de que sus aliados fascistas, Hitler y Mussolini, perdieron la guerra – con objeto de mantener a Franco en el poder como garantía para mantener a España en el campo del bloque capitalista. En este sentido los Pactos de Madrid de 1953 rehabilitaron al franquismo internacionalmente y los planes de Estabilización, hacen que la España franquista entre en las instituciones de Bretton Woods, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, en septiembre de 1958 y, justo antes, la llegada de los tecnócratas al gobierno. Es en este momento donde se conforma el Capitalismo Monopolista de Estado en España. Este hecho implica modificaciones en la superestructura política del estado franquista, la rehabilitación internacional del franquismo y la ruptura de su aislamiento aceleran las transacciones económicas con el exterior, tanto para favorecer las exportaciones como las importaciones y el comercio con las potencias imperialistas, y con ella se desarrolla el capital financiero, los bancos. A lo largo de la década de los 60s y los 70s la industrialización acelerada provocó flujos migratorios de mano de obra del campo a las ciudades, se impulsó el establecimiento de nuevas fábricas y se ampliaron las ya existentes, aterrizaron los monopolios extranjeros y se abrió paso la tecnología, gracias a la introducción de España en la esfera imperialista, a la par que el capital financiero se iba ensanchando cada vez más.

Estas transformaciones de la base económica fueron teniendo su reflejo en la superestructura, como atestigua la progresiva conformación de las Siete leyes Fundamentales, o principios, del Franquismo desde la Carta del Trabajo de 1938 – influencia de la Carta di Lavoro fascista italiana de 1927 -, a la Ley de Cortes de 1942, pasando por la Ley de los Principios del Movimiento Nacional de 1958, o la Ley Orgánica del Estado de 1967.

La Transición y su producto.

La dictadura fascista de Franco implicó no sólo la muerte de muchos de los mejores hijos de este país, sino que significó una represión brutal, que llevó a centenares de miles de obreros a las cárceles, a los trabajos forzados, al exilio, de tal modo que, durante la primera década de la dictadura la clase obrera y su forma roja, su vanguardia revolucionaria, el Partido Comunista se vieron muy diezmados blancos de una represión asfixiante, sin embargo, en ningún momento fueron ni derrotados ni dejaron de actuar y de luchar. “Frente a la acción del Partido por reagrupar a las fuerzas democráticas para la lucha contra la dictadura fascista, la mayoría de los dirigentes socialistas, cenetistas, republicanos y nacionalistas vascos y catalanes pensaban que bajo la dictadura fascista no era posible luchar; en consecuencia, preconizaban la pasividad y la espera, diciendo: ‘Tenemos fascismo para cien años‘. El daño causado al pueblo español por esas actitudes de pasividad ha sido muy grande.”[31]

Tras la derrota de las Potencias del Eje fascista en la II Guerra Mundial, entre los años 1946-1947 se da un estallido de huelgas contra la Dictadura que se iniciaría y adquiriría un mayor grado de fuerza desde el principio de la década de los 50s - sobre todo en Cataluña, pero también en menor grado en País Vasco, Madrid y Valencia - y con un movimiento obrero en una gran parte remozado, la clase obrera en las provincias con mayor desarrollo industrial, donde la clase obrera estaba más desarrollada y era más numerosa, iniciaba un camino de plantes, huelgas, y lucha obrera que fue ampliándose a lo largo de las siguientes dos décadas.

A partir de la década de los 60s, al calor del desarrollo del capitalismo monopolista y de la penetración del capital extranjero, unido a la situación internacional hace que el proletariado se robustezca todavía más y que se sucedan sus luchas económicas y políticas. Los cambios que se operaban en la base económica contrastaban con un Régimen que permanecía impasible y que emprendió un proceso de institucionalización que se coronó con la Ley Orgánica del Estado a principio de 1967. Esta institucionalización del franquismo exacerbó y sacó a la palestra con virulencia la cuestión nacional, fundamentalmente en Cataluña y en el País Vasco, donde la actividad de ETA significaba una erosión muy importante para al Régimen. Así mismo, dicha contradicción conllevó, también, que el movimiento huelguístico se extendiera y no quedase en las fábricas, altos hornos, etcétera, sino que prendiese también entre los estudiantes universitarios, maestros, médicos incluso científicos en las provincias más importantes del país. De hecho, la proliferación de las huelgas, y la cada vez mayor intensidad y fortaleza de las mismas, empujó a la Dictadura franquista a decretar en varias ocasiones el estado de excepción.

Esta crisis social y política se agudizó, todavía más, con el estallido de la crisis del petróleo de 1973, a la movilización de la clase obrera, así como las acciones de organizaciones militares como ETA, que en diciembre de 1973 atentó de manera exitosa contra la vida del Almirante, y primer ministro, Luis Carrero Blanco, llevó al Régimen a agudizar, todavía más, la represión, asesinando con garrote vil a Puig Antich en 1974, y fusilando a dos miembros de ETA y 3 del FRAP en septiembre de 1975.

Una vez muerto el tirano, en noviembre del 75, que no su obra; los franquistas plenamente apoyados por los monopolios, iniciaron un proceso para sostener el Poder. Sin embargo, la clase obrera y las demás clases populares tenían una correlación de fuerza favorable para que hubiera habido una ruptura democrática con el fascismo, ruptura que no se dio.

La más clara ilustración del convulso ambiente social que impregnó la primera parte de 1976 fueron los sucesos acaecidos en Vitoria en el mes de marzo. Allí, la muerte de cinco trabajadores víctimas de la represión policial fue el origen de una serie de altercados tan graves que, según fuentes inglesas, ‘ni el gobierno ni su programa sobrevivirían a un grado de violencia y movilización mucho mayor en escala al desatado en las calles de Vitoria’. Además, como apuntó un antiguo embajador español en Londres, las enardecidas jornadas vividas en la capital alavesa ‘no fueron un ejemplo aislado’ de la agitación existente en algunas partes del país, sino simplemente ‘un ejemplo particularmente malo’ de una situación de convulsión generalizada que amenazaba el orden sociopolítico”[32]

En efecto, la desaparición del dictador abrió nuevas oportunidades para la protesta y desbordó las expectativas que influyeron decisivamente en la crecida de un vigoroso torrente de protestas”[33]

Y mientras la clase obrera y las clases populares en la calle se jugaban la vida y mostraban una correlación de fuerzas favorable para una ruptura democrática en España, los fascistas y los oportunistas pergeñaron un pacto político por el que se decidió habilitar al Estado franquista, con una mera Reforma por la que se acataban los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional fascista, permaneciendo el poder en manos de los monopolios, del capital financiero.

Y es que la Constitución de 1978 es el resultado de la traición del oportunismo al proletariado español, donde los oportunistas – con un papel activo del PCE – no dudaron en consensuar junto con los herederos de Franco este marco normativo por el que la burguesía aseguró plenamente sus objetivos – consagrar explícitamente el capitalismo en su artículo 38, integrarse en los organismos y mecanismos imperialistas (OTAN, UE), mantenimiento de la simbología fascista (bandera, Corona y Unidad de España), conservar intacta la maquinaria del poder del estado franquista ya sea en el Ejército, en la Judicatura, etcétera -, por el contrario, dicha Constitución significó un auténtico fraude para la solución de los problemas que afectan al Pueblo de tal modo que la banca privada continuó siendo el núcleo fundamental del poder económico junto con las sociedades industriales que conforman las oligarquías; no solventándose la cuestión nacional, negándoseles a los pueblos el derecho a la autodeterminación; negándose las posibles vías de participación directa de los ciudadanos en las instituciones; perpetuando la desigualdad territorial y tampoco se resolvió la cuestión de la tierra, no poniéndose en práctica la Reforma Agraria que reclama las necesidades democráticas del campo, etcétera.

Ese proceso de Transición otorgó todo a la oligarquía, a los franquistas que de la noche a la mañana se tornaron “demócratas” mientras se le negó absolutamente todo al Pueblo. Todo ello en un momento histórico donde, como hemos dicho anteriormente, la correlación de fuerzas sí eran favorables para un proceso de ruptura democrática y de avance del proletariado y los pueblos que componen el estado español, a pesar de que esta realidad sea negada por los oportunistas de hoy, herederos del Carrillismo traidor. Hace un par de años, la prensa burguesa española descubría una entrevista de hace 21 años donde el franquista Adolfo Suárez le reconocía a Victoria Prego que tras la muerte del asesino Franco “blindó la monarquía”, que obviamente los traidores oportunistas tragaron, porque si en dicho período se hubiera hecho en España un referéndum entre monarquía o república, la república se hubiera impuesto. A pesar de las traiciones, la fuerza de la lucha de la clase obrera y las clases populares en dicho periodo consiguió arrancar algunas conquistas.

Para comprobar que la Transición y su resultado fue una absoluta traición a las clases laboriosas del estado español basta leer a destacados fascistas como Martín Villa, participe en los asesinatos de Vitoria en 1976 y protegido por la Justicia Española, señalaba en 1985 que “la Transición fue obra, sobre todo, de reformistas del franquismo, quiénes disfrutaron de un amplio margen de maniobra para ejecutar el proyecto de reforma política del Rey”[34]; por no hablar de lo que señalaba el fascista Albert Rivera en el Parlamento el pasado 2 de marzo de 2016 donde loaba la traición del PCE de Carrillo en dicho momento histórico, en la Transición, de la siguiente manera “aquéllos hombres y mujeres trajeron libertad, igualdad, amnistía, autonomía y se dieron la mano bajo una misma bandera y una misma constitución y hubieron muchas renuncias de aquél Partido Comunista (PCE) pero demostraron tener sentido de Estado. Yo quiero hoy homenajear a aquéllos hombres y mujeres que independientemente de su ideología eran capaces de participar ¿Cuántos ministerios y secretarías de estado pedían desde el PCE? Ninguna, sólo pedían libertad”.

Una vez salvaguardado el Estado franquista con la Constitución de 1978, y su periodo de ‘Transición’, se han ido sucediendo gobiernos de los fascistas y de la socialdemocracia cumpliéndose exactamente lo que señalaba el Komintern en su VI Congreso en lo concerniente a “la crisis del capitalismo y el fascismo”, “con objeto de adaptarse a las modificaciones de la coyuntura política, la burguesía utiliza alternativamente los métodos fascistas y los métodos de coalición con la socialdemocracia, dándose el caso de que, a menudo, esta última desempeña un papel altamente fascista. En el curso de los acontecimientos manifiesta tendencias fascistas, lo cual no le impide, en otras circunstancias políticas, agitarse contra el gobierno burgués en calidad de partido de oposición. El método fascista y el de coalición con la socialdemocracia son habituales para el capitalismo ‘normal’ y constituyen un signo de la crisis capitalista general, son utilizados por la burguesía para retrasar la marcha progresiva de la revolución”[35]. Esto lo vemos nítidamente en España, donde en estos 40 últimos años se han repartido el gobierno 20 años el PSOE y otros 20 años los franquistas – ya sea mediante la UCD o el PP. No nos equivocamos afirmando que ambos son iguales de fascistas. En este sentido hay que recordar la “reconversión industrial” desarrollada por el PSOE – con personajes fascistas como Solchaga, Almunia, Felipe González o el propio Corcuera que era dirigente de la UGT - que destruyó prácticamente 3 millones de puestos de trabajo. Este hecho, aparte de la destrucción de puestos de trabajo decentes, significó un auténtico genocidio en la organización sindical de la clase obrera, acostumbrada a los métodos de lucha contra el fascismo y curtida en la lucha de clases. Con una clase obrera decapitada de la parte más numerosa y aguerrida sindicalmente, y bajo la acción del oportunismo, el fascismo ya penetraba, sin miramientos y con una menor resistencia, en los centros de trabajo. El PSOE siempre fiel a su papel a lo largo de la historia de España, el de allanar el camino al capitalismo monopolista, y al fascismo.

Cuarenta años de “democracia” ha servido para que los monopolios sigan detentando el Poder, el capitalismo sea el sistema económico, el capitalismo monopolista de Estado español se haya integrado en las estructuras políticas y económicas imperialistas – CEE, UE -, así como en las militares – OTAN -, que el aparato del Estado siga estando en manos de los fascistas – Judicatura, Ejército, etcétera – y que los derechos políticos y democráticos de las naciones que componen el Estado, así como de la clase obrera, sean ferozmente reprimidos y negados. Tienen motivos los fascistas en estar contentos y en defender la Transición y el teatrillo democrático resultante, donde predomina la represión, la impunidad, la explotación y la corrupción.

Una democracia donde el Estado ha practicado el Terrorismo de Estado de manera abierta, donde se ha robado al pueblo inmisericordemente, donde los fascistas impunemente, y sin vergüenza, dan lecciones de democracia a la par que se ilegaliza a la clase obrera y a toda ideología que cuestione a las Siete Leyes Fundamentales del Movimiento, de las que emanan la Constitución Española. Una democracia que pisotea el derecho al trabajo y la dignidad de la clase obrera, que la lanza a la miseria y a la muerte, que hace guerras imperialistas, con presos políticos, con secuestros de publicaciones y periódicos, con represión política y sindical feroz, con exiliados políticos, con partidos políticos ilegalizados, ferozmente anticomunista y donde todas las estructuras del Estado, absolutamente todas, están totalmente podridas.

En la prensa burguesa, en 2014, se hacía una radiografía política y sociológica de la situación del estado español, donde podía leerse que “la legitimidad del orden político está al albur de una oligarquía que controla los mecanismos institucionales de mediación. El capitalismo puede prescindir de la democracia, pero no de la corrupción. El grado de putrefacción de las instituciones, horadado por la plutocracia en el poder, afecta al conjunto de la estructura social. (…) como están implicados unos y otros – partidos, sindicatos o empresarios -, la corrupción pública se considera una acción sin ideología. Todos pueden vender su alma al dinero. Así se encubre el carácter de clase de la corrupción bajo los tópicos de la manzana podrida, la oveja negra, etc. (…) En España, los comportamientos inherentes a prácticas corruptos, incluida la política, son imputables a una cultura antidemocrática proveniente del franquismo sociológico aún vigente (…) Es el tiempo de salvar a la patria de los políticos y la política. Ni de derechas ni de izquierdas, ni ideologías ni clases sociales. Así se oculta la corrupción social, más peligrosa, que impide la emergencia de una sociedad democrática. La corrupción en España se da en todos los ámbitos de la vida pública y privada, crea y favorece el advenimiento de una moral corrupta, de la cual los partidos políticos son la punta del iceberg. Pensar que solo afecta al orden político, a los partidos hegemónicos, regionales y nacionalistas es no entender su origen: una cultura antidemocrática y oligárquica enquistada en la vida cotidiana”[36]. La prensa ‘crítica’ se queda corta, la cultura forma parte de la superestructura y, por tanto, es un reflejo de la estructura económica. Lo que describe de la supuesta democracia española postfranco, es la consecuencia de la base económica, del capitalismo monopolista y corrompido, es el reflejo de la putrefacción económica reflejada en la superestructura.

El Estado hoy.

El Estado español, como consecuencia de la agudización de la crisis mundial provocada por las subprime que detonó en 2007 - y que se llevó por delante a bancos como Lehman Brothers, así como otros muchos bancos salvados por los estados – tuvo que acentuar su política de explotación, saqueo y represión contra los trabajadores al objeto de salvarse pues se hallaba entonces en bancarrota y con sus sistema económico totalmente quebrado. Es en ese escenario, con un gobierno del PSOE servil al bloque imperialista de la UE, con reformas laborales, recortes sociales, pensionazos, y todo tipo de agresión al pueblo ordenado por Alemania y los EEUU, ejecutados por Zapatero y apoyados por el PP e incluso los sindicatos CCOO y UGT, es como accede el franquista PP al poder con una mayoría absoluta en noviembre de 2011.

En la legislatura 2011-2015 el Gobierno del PP, el partido más corrupto de todos – y eso que el listón de la corrupción en España está altísimo -, las primeras medidas que adoptó fue la de saquear completamente al Pueblo, elevando la carga impositiva contra los trabajadores, reformando las pensiones endureciendo las condiciones y recortando la capacidad adquisitiva de los jubilados, recortando las prestaciones por desempleo, haciendo una reforma laboral donde se liquidaban la negociación colectiva y abaratan y facilitan el despido de los trabajadores, amnistía fiscal para los ladrones y defraudadores, recortes sanitarios y en educación, dar dinero público a los monopolios y a la banca, estimular la concentración financiera, privatizaciones, etcétera. Sin embargo, el gasto militar del Estado se ha ido incrementando de manera progresiva todo este tiempo, habiéndose comprometido en diciembre de 2017 el Gobierno con la OTAN en incrementar en 6 años un 80% el gasto militar del Estado, o lo que es lo mismo, incrementar algo más de 18 mil millones de euros el Presupuesto Bélico del Estado. En ese mismo mes, la Ministra de Defensa se comprometió a incrementar la presencia militar del Ejército español durante el año 2018, a pesar de tener a 2.600 militares desplegados en 15 conflictos militares como por ejemplo en República Centroafricana, Mali, Iraq, Senegal, Turquía, Líbano, Bosnia-Herzegovina, Letonia, Colombia, etcétera). El Estado, a la par que agudiza la explotación del proletariado español y acentúa su grado de depauperación no duda en destinar parte de la plusvalía que roba a los obreros del estado a la organización militar del bloque imperialista europeo-norteamericano al objeto de conquistar mercados y someter a sangre y fuego a otros pueblos del mundo, esquilmarles y explotarlos al objeto de que los monopolios acrecienten sus ganancias. El Estado, así como las potencias imperialistas aliadas al mismo, apelan al chovinismo para justificar esta realidad, de tal modo que las guerras que realizan, guerras de rapiña, se hacen para salvaguardar el mundo libre, la democracia y los valores occidentales, la libertad y los derechos humanos, salvarnos del fanatismo religioso y de la satrapía que supuestamente amenazan nuestras vidas cuando, en realidad, la única amenaza mundial que existe es el imperialismo y la organización fascista de la OTAN con la que las potencias que lo integran ejercen su caudillaje por la vía de los Tomahawk , los F35, las bombas de uranio empobrecido, los crímenes y abusos de la guerra y el derramamiento de sangre inocente.

Al chovinismo en política exterior, hay que unirle la estimulación del miedo para que los explotados patrios justifiquen la sinrazón y la barbarie, o cuanto menos sean conscientes del mal menor de que hay que ir a bombardear y a asesinar a Libia, a Mali, a Siria, Afganistán o Iraq al objeto de garantizar la seguridad mundial y la seguridad de nuestra sociedad “avanzada y democrática”.

Y si por casualidad el Pueblo no comprende esas “razones” de tanto peso para las guerras imperialistas, donde mueren las masas proletarias y se forran los monopolios, el Estado no duda en desarrollar medidas represivas que criminalizan la protesta y persiguen al disidente.

El desprecio al humanismo, el racismo, es un hecho patente tanto en la Unión Europea. La UE no duda en pagar a criminales y tiranos para que les protejan las fronteras, e impida que los seres humanos desplazados de las guerras imperialistas que ellos provocan puedan huir de dicho escenario de miseria y muerte. La cada vez mayor violencia de la política exterior del imperialismo europeo y norteamericano de la guerra imperialista, nos muestra un mundo donde crece el número de refugiados y de asilados políticos, una realidad donde niños de tres años aparecen ahogados en playas huyendo de la guerra, en la construcción de campos de concentración en Grecia o Macedonia para impedir que los huidos de la guerra accedan a Europa, de Estados que persiguen al refugiado como Hungría, República Checa o Polonia, todos ellos miembros de la UE, levantando muros de vergüenza en las fronteras importándoles bien poco si miles de ancianos, mujeres y niños mueren a la intemperie. El mar Mediterráneo es un auténtico cementerio de vidas humanas que huyen de la miseria, de las guerras y de la ‘democracia’ emanada de las bombas de la OTAN en primaveras del color negro de la muerte de los pueblos y del petróleo del negocio de los monopolios. En este sentido, el Estado controla la frontera sur de Europa, donde descuella Ceuta y Melilla. La realidad de dicha frontera es la de un Estado que pone muros de vallas y concertinas, a lo que debe sumarse la acción de las Fuerzas y Cuerpos Represivos del Estado apaleando y pateando a todo aquél que trate de saltarlas huyendo de los efectos de la políticas practicadas por los imperialistas. La barbarie es tal que hemos podido ver a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Represión del Estado disparando al mar a inmigrantes que trataban de llegar a costas españolas a nado, en lugar de socorrerles, y pertenece a la cotidianidad en las playas, tanto canarias como andaluzas, ver como el mar escupe hombres, mujeres y niños muertos. La inmoralidad, repudio al humanismo y esencia racista del Estado también se halla en la Ley Mordaza que introdujo el Gobierno del PP legaliza las devoluciones en caliente de inmigrantes – que es una flagrante violación del derecho internacional. En España hay 8 cárceles de inmigrantes, los llamados Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), que priva de libertad a decenas de miles de personas y donde múltiples organizaciones de ayuda al refugiado han denunciado torturas y asesinatos. Existen múltiples sucesos que muestran la esencia fascista del Estado, sirva como ejemplo, el siguiente “En mayo, la Audiencia Provincial de Málaga absolvía a ocho agentes de la Guardia Civil acusados por los sucesos ocurridos en octubre de 2014, cuando en una grabación difundida por Prodein se observaba cómo golpeaban a un inmigrante que intentaba saltar la valla. La respuesta del Ministro del Interior a esta decisión judicial fue condecorar a los ocho agentes”[37].

El Estado, tal y como reconocen economistas del propio sistema está quebrado. De hecho en una entrevista al diario DEIA el pasado día 11 de febrero, el economista Gay de Liébana señalaba que “la deuda española es impagable, el país está en bancarrota (….) Y si España va tan bien como nos quieren hacer creer algunos responsables políticos no se entiende que en 2007 se tuviese una deuda de 384.000 millones de euros y hoy de 1.143.000 millones”[38]. Y aquí Gay de Liébana hace trampas, porque se refiere únicamente a la deuda pública, pues la Deuda Externa de España en julio de 2017, según datos del gobernador del Banco de España, ascendía al 170% del PIB una cifra que ronda los 2 billones de euros, prácticamente el doble.

Es por ello que el Estado, a pesar de la situación de quiebra económica, que también es política, tenga que recurrir a prácticamente duplicar el gasto militar, pues su política exterior es la guerra imperialista, junto a sus aliados, los cuales también atraviesan una situación de colapso económico – como advierte la prensa con respecto a la economía norteamericana – exigiendo esta potencia un incremento en el gasto militar del resto de miembros de la OTAN.

Y si la política exterior del Estado, y de sus socios y jefes, es el chovinismo y la guerra imperialista, es decir, el fascismo; en política interior la putrefacción del capitalismo monopolista impone el fascismo pues la burguesía monopolista para subsistir como clase social está obligada a agudizar la explotación de la clase trabajadora hasta la extenuación y ello solamente es posible sometiendo al proletariado por la vía de la barbarie, del miedo y de la represión, es decir, apelando al fascismo como única vía de salvación, consciente de que se juega su existencia.

En este sentido, el Gobierno de Rajoy ha hecho leyes que permiten que el burgués pueda tener su propia policía privada – a través de empresas de seguridad privada, la inmensa mayorías de ellas en manos de organizaciones de extrema derecha y de dirigentes fascistas – donde los vigilantes de seguridad privada amplían sus competencias represoras, dándoles incluso la capacidad de retener. También ha realizado una Ley Mordaza, mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana, al objeto de reprimir por la vía de la multa económica las movilizaciones y la protesta. La libertad de expresión y política es castigada, como lo atestiguan Alfon, Nahuel, los twitteros, los raperos reprimidos, etcétera. Y es que, al igual que se persigue sin cuartel al comunista, al independentista o al antifascista, los fascistas campan a sus anchas con la más absoluta impunidad y con el apoyo del Estado. La burguesía española, consciente de que se lo juega todo, cada día es más expeditiva a la hora de adoptar medidas represivas contra la clase obrera, no sólo para saquearla y someterla, sino para impedir que se articule un movimiento revolucionario que barra su régimen reaccionario.

En esta labor, el Estado abraza, cada vez con mayor virulencia, el anticomunismo. Los partidos políticos de la burguesía vilipendian permanentemente al comunismo; es curioso que hace justamente un año, cuando PP y PODEMOS celebraban sus congresos, y en ellos, a pesar de los graves problemas que atañen al país, la diana de sus ataques – de ambos partidos – no era otro que el comunismo, escupiendo todo su odio y toda su bilis contra la URSS y las experiencias del socialismo real. Los medios de comunicación del capital de manera permanente están vertiendo todo tipo de improperio y de infamia contra el comunismo al objeto de hacer que la gente sienta aversión por el comunismo y tenga interiorizado no sólo miedo hacia el comunismo sino que lo rechace per se. Sin ir más lejos, en las últimas dos semanas se ha presentado un libelo realizado por Federico Jiménez Losantos – un fascista contrastado - y se sacaban artículos periodísticos contra la URSS, a la que hay que mostrar como un ogro, como una barbarie que jamás debe repetirse. Se gastan ingentes cantidades de dinero, centenares de millones de euros en machacar por tierra, mar y aire al comunismo, en hacer que la gente rechace al comunismo, al que curiosamente siempre que se dirigen a él lo muestran como un cadáver. Bien sabe la burguesía quién es su sepulturero y cuál es la ciencia que le llevará a su emancipación, que es acabar con el capitalismo putrefacto y la superestructura que ha elevado, mandándolos a todos al estercolero de la historia. El anticomunismo es la ideología militante del imperialismo, y por tanto de los reaccionarios y de los fascistas, y como se comprueba, del Estado. Y es que los imperialistas españoles saben bien que se están jugando el todo por el todo, bien saben que están en la tesitura de o ellos o el proletariado y, consecuentemente, no vacilan a la hora de combatir ideológicamente, con el anticomunismo como forma para impedir que se pueda desarrollar la única alternativa, el socialismo como fase inmadura del comunismo.

La acción de la socialdemocracia, del oportunismo abyecto, han hecho que la clase trabajadora haya caído en las fauces de la ideología burguesa, penetrando el individualismo hasta la médula así como asumiendo el trabajador aislado como natural no sólo al capitalismo sino los circuitos y mecanismos impuestos por la burguesía a través de su estado mediante la práctica del legalismo, y por tanto, sometiendo al trabajador al corporativismo del Estado, despojando a la clase obrera de los métodos de lucha propios de la lucha de clases y de la necesidad de organización revolucionaria de la clase para acabar con la causa de todos sus males: El capitalismo putrefacto y su Estado.

Mientras que la clase obrera está atomizada, fruto de la acción del oportunismo y la socialdemocracia, la burguesía fue transformando su sistema de partidos, creando a C’s en Cataluña en 2006 como fuerza que combatiese directamente al nacionalismo, otra organización a nivel estatal que, por un lado, vertiera un discurso de regeneración, contra la corrupción y que, además, combatiese al nacionalismo en el País Vasco, UPyD. Ambos partidos, ungidos por políticos rebotados de PP y PSOE e intelectuales reaccionarios y prostituidos, estando detrás la banca. Mientras el capital financiero aglutinaba las fracciones de la burguesía disidentes de la parte más derechista, finalmente unificándolas en C’s, partido que está aglutinando a los elementos más reaccionarios y fascistas, y que es la apuesta ‘renovada’ de los monopolios de la extrema derecha, con quien concurrió a las elecciones europeas en 2009. Por otro lado, las fracturas de los sectores de la pequeña burguesía arruinada, la aristocracia obrera, y demás sectores oportunistas han sido retenidos en PODEMOS, cuya dirigencia forma parte del Estado y ha sido bien promocionada, en todos los sentidos, por el capitalismo monopolista. Las señas ideológicas de ‘la nueva política’ sostiene unos principios como: i) Ni de izquierdas ni de derechas; ii) la regeneración política y el combate a la corrupción; iii) Todo en el Estado y para Estado, nada fuera del Estado, en definitiva, defensa a ultranza del Estado; iv) el único sistema económico posible es el capitalismo monopolista; v) La unidad indisoluble de España y vi) el anticomunismo militante. Sin duda, encajan a la perfección con la descripción realizada por Dimitrov en el VII Congreso del Komintern de cómo actuaba el fascismo para atraerse a las masas

Por otro lado, el Parlamento es un títere que de nada vale, como lo hemos podido comprobar a lo largo de este periodo. El Gobierno es el que tiene la capacidad política, gobierno que es un consejo o comité compuesto por hombres y mujeres de los monopolios. Sin ir más lejos, el Parlamento reprobó a los fiscales Maza y Moix, así como al Ministro de Justicia Catalá en mayo de 2017 por incumplir de manera grave y reiterada con sus funciones protegiendo al partido del Gobierno en los casos de corrupción. ¿De qué sirvió? De nada porque el Parlamento no pinta nada. También se reprobó al Ministro del Interior por utilizar de manera partidista las fuerzas y cuerpos de represión del Estado ¿De qué sirvió? Absolutamente de nada. Y es que el Parlamento no es más que un instrumento inútil políticamente que pretende mostrar una faz democrática con escenificaciones teatrales al pueblo estando el poder fuera de las bambalinas, en los Consejos de Administración de los monopolios que es de donde salen los miembros del Ejecutivo que cumplen escrupulosa y fielmente sus dictados.

Y mientras el parlamentarismo es una mera pantomima, el pueblo, la clase obrera, tiene vetada toda posibilidad de intervenir políticamente y tiene negada la democracia directa.

En lo único que podía legislar mínimamente la clase obrera, sus condiciones económicas, mediante la negociación colectiva y el convenio colectivo, ha sido ilegalizado por el PP y PSOE en tanto que los empresarios pueden descolgarse del cumplimiento del Convenio Colectivo, es decir, legalmente pueden incumplirlo. Si a ello, le sumamos todas las medidas coercitivas y represivas desgranadas en párrafos anteriores tenemos que la clase obrera, y su lucha económica, está ilegalizada de facto. La represión, el fascismo más descarnado, se vive cotidianamente en los centros de trabajo y, prueba de ello, es que en el 65% de los centros de trabajo no existe representación unitaria de los trabajadores – comités de empresa – ni representación sindical.

El Fuero del Trabajo de 10 de marzo de 1938 tenía una clara influencia de la Carta dei Lavoro italiana de 1927: definía la nación como una unidad moral y política y económica íntegramente realizada dentro del Estado fascista, y establecía unos sindicatos verticales organizados por ramas de producción bajo la dirección del Estado, que se encargaría de la armonización y la cooperación entre las clases bajo el signo del interés general de la Patria”[39]. Durante la democracia, CCOO y UGT han sido instrumentos del Estado para someter al proletariado a los intereses de la burguesía. De hecho, durante finales de los 70s y los 80s, con una inflación desbocada, el papel jugado por los sindicatos del sistema no era otro que garantizar que la subida salarial siempre estuviera por debajo de la carestía de vida, empobreciéndose el obrero. Ya desde la década de los 90s en adelante, con los distintos Acuerdos de Negociación colectiva, esa forma de actuación se camufló bajo el principio fundamental de ‘moderación salarial’ para rematar estos últimos años en desvincular los salarios de la carestía de vida todo ello en aras ‘del bien general del país’, lo que Franco llamaba interés general de la Patria, de tal modo que los sindicatos verticales, y amarillos, de hoy – CCOO y UGT – actúa de manera idéntica al sistema sindical fascista. Tan igual es, que la emulación del Estado corporativo fascista se refleja en el Estado actual se en el SIMA (Sistema Interconfederal de Mediación y Arbitraje), SERCLA en Andalucía, SMAC en Madrid o en Castilla La Mancha, etcétera. Todos estos organismos, ya sean a nivel nacional, autonómico o provincial, están compuestos por representantes de la Patronal, del sindicato vertical – CCOO y UGT – y de las Administraciones del Estado correspondientes, llámese en el Estado corporativo Corporaciones de Estado, al objeto liquidar la lucha de clase reconduciéndola a través del Estado. El XVII Convenio TIC es un ejemplo nítido de elaboración de un Convenio Colectivo no por parte de los trabajadores, ni tan siquiera de los Representantes Sindicales, sino de una propuesta de convenio planteada por el SIMA que es asumida por las partes, sin contar en absoluto con los trabajadores, que son ajenos a todo. Tenemos, pues, que salvo la nomenclatura empleada, el modelo sindical de hoy es cuasi idéntico al modelo sindical del fascismo, y ello se refleja en el grado de represión y miedo existentes en los centros de trabajo donde los representantes sindicales son los primeros vendidos al servicio de los intereses de las empresas, viéndose claramente en sectores como el comercio con FETICO y FASGA, o en los otros sectores donde las candidaturas amarillas en gran parte representan a las siglas de UGT y de CCOO.

La gran burguesía tiene motivos sobrados para demostrar su satisfacción, por cuanto que todas las metas que se fijó han sido cumplidas generosamente, con la anuencia de la ‘oposición’ política de “izquierda” (…) Se le respeta, e incluso se veneran, los símbolos fascistas, (bandera, corona y unidad de España) estandartes de su autoridad sagrada. (…) Además, ha conservado intacta la maquinaria del Poder del estado burgués: el ejército; como asimismo la de su dirección económica, el capitalismo monopolista de Estado.”[40]. La Judicatura es otro ejemplo de que todo sigue en orden, fascista, desde 1939. Los Juzgados de lo Social, herederos de la Magistratura franquista, dar carta de legalidad a la inmensa mayoría de los atropellos perpetrados por la burguesía en los centros de trabajo. El Tribunal de Orden Público franquista encargado de perseguir a comunistas y antifascistas, ha sido relevado por la Audiencia Nacional, que en sus salas de lo Penal también persigue lo que ellos llaman “delitos políticos”, persiguiendo a comunistas, independentistas, antifascistas, y dando cobertura y cobijo legal, cuando no impunidad, a torturadores y a fascistas.

El asunto catalán ha servido para visualizar como el Estado hoy, en cuanto a fascista, nada tiene que envidiar al régimen franquista. En marzo de 1951, en Barcelona, los trabajadores barceloneses se declararon en huelga general contra la carestía de vida, “la huelga se inició en las fábricas textiles de Pueblo Nuevo y se extendió a toda Barcelona. Pararon los obreros de las industrias textil, metalúrgica, química, de la construcción y otras. Se sumaron a la huelga también los taxistas, los empleados de teléfonos y espectáculos públicos, la mayoría de los tranviarios, etcétera (…) La huelga de Barcelona produjo en los medios gubernamentales pánico y desconcierto (…) El Gobierno volcó sobre la capital catalana sus fuerzas represivas; Barcelona fue ocupada prácticamente por la Policía Armada y la Guardia Civil. La policía practicó detenciones en masa. Las tropas de la guarnición de la capital catalana fueron acuarteladas. El Gobierno envió al puerto de Barcelona cuatro buques de guerra.”[41], prácticamente 70 años después, con el referéndum del 1 de octubre, hemos podido comprobar cómo el Gobierno de Rajoy ha actuado de manera idéntica a la que actuó Franco en 1951, curiosa “democracia” que actúa como el fascismo al objeto de impedir que un pueblo se exprese democráticamente.

El 1 de octubre, y los hechos acontecidos a partir de entonces, dejan bien patente que el Estado es fascista. Se ha reprimido al Pueblo, a las organizaciones políticas, incluso a parte del Estado como es la Generalitat de Cataluña. Habíamos visto que el Poder Legislativo – Cortes Generales – era una figura decorativa para darle un barniz de democrático al Estado, la cuestión catalana nos ha demostrado que el Poder Judicial – TSJC, Audiencia Nacional, Tribunal Constitucional y Tribunal Supremo – es totalmente dependiente, de hecho ha sido absorbido, por el Poder Ejecutivo (Gobierno), poder al que está subordinado todo el Estado, con lo que la famosa separación de Poderes de la que presumen los “demócratas” burgueses es, en España, una quimera, una mentira. De hecho, es el Gobierno el que, a través de un ministro y un Fiscal General del Estado, reprobados por el Parlamento hacen y deshacen a su antojo.

A las huelgas y protestas de 1951 siguió una acción represiva contra los comunistas. La policía detuvo y torturó salvajemente al dirigente comunista Gregorio López Raimundo y a 27 trabajadores más. La mayor parte militantes del Partido, acusados de ser organizadores del movimiento de Barcelona. El Gobierno pretendía aplicarles un castigo ejemplar y amedrentar a las fuerzas de la oposición antifranquista”[42]. Seis décadas, un lustro y un año después, en 2017 el Gobierno fascista de Rajoy actúa de una manera igual de reaccionaria, encarcelando sin juicio a dirigentes políticos, sociales y del gobierno catalanes, acusando con cargos a un número importante de alcaldes, dirigentes políticos y cargos de la Generalitat de Cataluña, y mandando al exilio al President y cuatro consellers. Así mismo, se han denunciado a centenares de ciudadanos catalanes, y se les ha hecho pasar por los Juzgados, por hacer chistes en la radio – Eduard Biosca cuando representaba el personaje de ficción del Senyor Bohigues – a un mecánico de Reus por negarse a arreglar vehículos de la Guardia Civil indignado al ver como ésta apaleó al Pueblo el 1 de octubre, y se han multiplicado las multas y las denuncias por participar en manifestaciones, huelgas, asambleas, etcétera.

El Gobierno, con el apoyo del bloque fascista – PP, PSOE y C’s -, ha destituido a un Gobierno democráticamente elegido, y ha disuelto un Parlament, como el catalán, se han convocado elecciones incumpliendo su propia ilegalidad y, en la práctica, se ha liquidado a la más alta institución catalana, la Generalitat. Aún y así, y con la represión política y mediática, el Pueblo catalán con su voto dio la fuerza a las organizaciones independentistas y al President exiliado, Puigdemont, para conformar Gobierno. El resultado electoral no ha sido respetado por el Estado, como se está pudiendo comprobar. Franco tenía razón cuando señalaba que dejaba todo atado, y bien atado.

Con respecto de la propiedad de la tierra, la aristocracia terrateniente agudiza la monopolización de la tierra – incrementando sus latifundios en Andalucía, Extremadura o las Castillas como consecuencia de que el pequeño campesino y su familia ya no pueden vivir de la tierra -. La Unión Europea incentiva la extensión, y no la producción, de tal modo que los apellidos ilustres del franquismo como Domecq, Mora Figueroa, Lladó, Ybarra o Vall se forran con la PAC. Y es que, estos últimos 40 años de franquismo sin Franco ha dado continuidad a la contrarreforma agraria realizada por la dictadura fascista liquidando la Reforma Agraria de la II República, de tal manera que retornaron la propiedad de los latifundios a los terratenientes que figuraban como propietarios antes de 1931. UCD, PP y PSOE han sido dignos herederos de Franco en este asunto, de hecho, estamos convencidos que Franco, y todo su estado fascista, se sentiría muy orgulloso de todos ellos.

El Estado español hoy es la corrupción institucionalizada que afecta desde la corporación municipal más minúscula a la Jefatura del Estado y su familia, en todos los sitios brota la corrupción puesto que el capitalismo monopolista, putrefacto, únicamente puede elevar una superestructura corrompida. “El fascismo entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y venales, pero se presenta ante él con la reivindicación de un ‘gobierno honrado e insobornable’”[43], ello se constata perfectamente a lo largo y ancho del estado español.

A modo de conclusión.

A tenor del desarrollo del presente informe presentado al Comité Central, donde realizamos un análisis de lo que es el fascismo, cual es su ideología, cuáles son las condiciones para su desarrollo y ascenso al poder, así como un recorrido por la historia de nuestro país y traemos a consideración de este Pleno ampliado del Comité Central que nuestro Partido, a partir de hoy, 17 de marzo de 2018, caracterice al Estado español como un estado fascista para que, con esa caracterización del Estado por parte de nuestro Partido, en el Partido se abra un proceso de análisis en la actualización de la táctica de nuestro Partido, así como los aspectos organizativos del mismo, que culminará, se discutirá y determinará por nuestra militancia en el próximo Congreso de nuestro Partido, en virtud de dicha catalogación fascista del Estado, y de las condiciones actuales.

Si miramos con perspectiva histórica, podemos contemplar que en España la burguesía - con en el mundo nuevo que se abrió tras la victoria del bolchevismo en Rusia en 1917, el de crisis general del capitalismo y las condiciones históricas que ésta engendra, y que hoy perduran y siguen plenamente vigentes - resolvió que únicamente podía sostener su poder apostándolo todo al fascismo, así como ha demostrado que es incapaz de resolver los problemas endémicos del pueblo español y de las distintas naciones que componen el estado: la cuestión nacional, la cuestión agraria, la democracia, etcétera.

El fascismo sentó sus bases en España con la Dictadura de Primo de Rivera, siendo el fascismo italiano un espejo del que bebían los reaccionarios españoles. El advenimiento de la II República demostró que en España, aunque las condiciones mundiales estaban dadas para el desarrollo del fascismo, el tránsito al capitalismo monopolista de estado se desarrollaba con desfase respecto a otros puntos de Europa como consecuencia del retraso del desarrollo del capitalismo español, por ello se reflejó un fascismo que se hallaba aún inmaduro para imponerse. Sin embargo, la II República demostró con claridad que la pequeña burguesía y la socialdemocracia eran incapaces de resolver los problemas políticos de España así como de acometer las medidas políticas necesarias para democratizar el estado burgués español, de tal modo, que con su actuar pusilánime en su actuar político, de componenda con la gran burguesía y de represión contra los trabajadores, hicieron engordar y fortalecer las filas de la reacción, del fascismo. La Guerra Civil, y la victoria del asesino Franco, que fue la victoria de Hitler, de Mussolini, del capital financiero y de la reacción mundial, impuso un régimen fascista mediante el cual se fue conformando el capitalismo monopolista de estado, se construyeron los monopolios y en torno a él se conformó una superestructura que reflejase dicho cambio en la base, dicho tránsito del capitalismo premonopolista al imperialismo. Ese Estado fue ensanchándose y estructurándose hundiendo sus raíces en el fascismo. Una vez muerto el Caudillo, el oportunismo – hijo del capital financiero – y los fascistas dieron ligeros retoques cosméticos al Estado fascista, para mantener la obra del fascista Franco una vez muerto el tirano, condensándose todo ello en la Constitución de 1978. Durante estas cuatro décadas el capital financiero, y su estado fascista, ha ido manteniendo el poder siguiendo el método de la alternancia de una socialdemocracia totalmente escorada al fascismo y el fascismo, hasta llegar a la última cresta de la crisis, donde el Partido Popular, con el corrupto Rajoy a la cabeza, ha liquidado la práctica totalidad de los derechos políticos, ha ilegalizado ideologías y a la clase obrera, ha agudizado la represión política, sindical e ideológica a todos los niveles y ha establecido un corpus jurídico que pone fuera de la ley a cualquiera que ose ir contra los intereses de los imperialistas. El oportunismo y la socialdemocracia han contribuido en hacer posible todo esto, dejando acreditado que son enemigos irreconciliables del proletariado y, como se comprueba, aliados del capitalismo monopolista, aliados del fascismo y una parte importante para él, por lo que debemos combatirlos hasta la extenuación al objeto de eliminar la influencia que estos traidores ejercen, o puedan ejercer, en la clase obrera.

El estado español hoy, es la última pata de un puente que lo engarza con la historia de nuestro país, y que demuestra el dominio de la reacción durante todo este tiempo y su esencia fascista, es el producto de ello. Las otras tres patas son el periodo de Transición, la Dictadura de Franco y la Dictadura de Primo de Rivera.

El fascismo es la tabla de salvación de la reacción, de la burguesía en la crisis general del capitalismo. La tabla a la que lleva agarrada la burguesía desde hace casi un siglo. Y la burguesía está agarrada a dicha tabla de salvación porque es consciente que está en los estertores de su criminal régimen y de su criminal existencia. La clase obrera en España ha sido bravísima y lo sigue siendo, sin embargo, en la actualidad la acción del oportunismo traidor y del sistema, unido a la debilidad del Movimiento Comunista Internacional, hace que el estado fascista no tenga que batirse el cobre aplacando con baños de sangre la deslavazada, por el momento, acción emancipadora del proletariado contra este sistema cruel e infame; eso no quiere decir que no esté preparado, como hemos podido visualizar a lo largo de este documento.

El fascismo es un poder precario, es un poder con pies de barro, hundido en el cieno de la corrupción y que está totalmente quebrado. Es la constatación que estamos en la fase histórica donde lo viejo debe terminar de morir y lo nuevo, el socialismo, debe imponerse, por ello el fascismo es la única vía que tiene el capital financiero para mantener en pie a su sistema caduco, corrompido y quebrado. Se aproxima una depauperación mayor en la vida del pueblo trabajador, al que le han arrebatado todos sus derechos y únicamente le queda uno, el derecho a la revolución contra un sistema criminal que lo oprime y que lo hunde en el oprobio. El socialismo es la única salida que tiene nuestro país y el género humano, el único que puede resolver los males que hoy nos azotan, y así lo acredita la historia, pero él no vendrá caído del cielo, sino que será producto de la acción revolucionaria del proletariado que únicamente puede producirse por la existencia del Partido, instrumento que lleve a las masas el socialismo científico y que lo dote de un programa y una táctica para derrocar al capitalismo y hacer que éste desarrolle el socialismo. Esto es lo que estamos decidiendo hoy aquí para arrancar a nuestro país de la cadena imperialista, para contribuir a la Revolución Mundial.

¡Viva el Marxismo-Leninismo! ¡Viva el PCOE!

VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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[39]: Eduardo González Calleja. La dictadura de Primo de Rivera y el franquismo ¿Un modelo a imitar de dictadura liquidacionista?. Universidad Carlos III de Madrid. Pág. 50

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[43]: Jorge Dimitrov. La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional Comunista en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo. Informe ante el VII Congreso de la Internacional Comunista. Pág. 10. Emiliano Escolar Editor, Madrid 1977.