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¿Fascismo o democracia burguesa?

Publicado en Editorial 19 de Abril de 2013

Mientras exista el imperialismo, la obra de Lenin estará siempre sujeta a sus más duras e inverosímiles críticas y estará también expuesta a las interpretaciones más que dudosas, que desde las filas del Movimiento Comunista y Obrero Mundial, se llevarán a cabo por quienes se hacen eco de la propaganda burguesa. De acuerdo con las experiencias que nos aportan al respecto todas las revoluciones, la denuncia al oportunismo en el interior del movimiento obrero y comunista se ha hecho ley inquebrantable para los marxistas-leninistas, pues su poder de persuasión sobre los trabajadores más atrasados frena y hace retroceder el proceso revolucionario.

Al mismo tiempo que el reformismo, a su lado, se desarrolla también el izquierdismo, de gran calado entre la juventud inexperta, que se distingue porque se apoya en la supuesta salvaguarda del marxismo-leninismo, exagera sus principios o descontextualiza sus dichos y sentencias con las que componen sus postulados políticos.

Nos equivocaríamos una y otra vez si no permanecemos en alerta y, si por simpatías u otras razones ajenas al interés revolucionario, callásemos frente a la manipulación de los principios marxistas-leninistas. No hay motivos por muy inofensivos que nos parezcan, que puedan justificar la abjuración, venga ésta de donde venga. A lo único que nos conduciría nuestro silencio ante una traición cometida contra la clase obrera, es a la complicidad más vergonzosa con sus enemigos.

En estos momentos históricos, en los que la clase obrera de nuestro país se ve obligada a recobrar su dignidad mancillada por el revisionismo, la fidelidad y el compromiso del Partido no permite ninguna debilidad que le desvíe del proceso emprendido de entroncamiento con élla, a la vez que con el pueblo trabajador. Por estas razones, y correspondiendo a nuestra inspiración revolucionaria, en los párrafos siguientes vamos a dejar constancia de nuestras opiniones sobre un tema de candente actualidad que tiene al leninismo de protagonista principal: El fascismo y La Democracia Burguesa.

CARÁCTER DEL ESTADO ESPAÑOL

Caracterizar el fascismo con una definición universal ha sido el objetivo prioritario de la III internacional y es la causa que posteriormente mereció la reflexión de los filósofos y teóricos de la Escuela de Frankfurt. El Movimiento Comunista Internacional dio por zanjado el debate hace varias décadas y desde entonces hasta aquí, las críticas se han centrado en otros campos de la Revolución. No obstante, nuestro partido es consciente de que en este país el debate aún no ha sido superado en su totalidad. Únicamente se ha aparcado. Probablemente haya sido por puro miedo a abordarlo desde los partidos que se reclaman del marxismo leninismo, o como en nuestro caso, por tener una posición muy definida, que hasta la presente no ha sido puesta en tela de juicio por ningún otro partido o reconocido teórico. Ahora, con motivo de la grave crisis que azota al capitalismo europeo y debido a las políticas reaccionarias que está poniendo en práctica el imperialismo continental, el debate restaura su vigencia. A partir de este momento es pertinente afrontarlo con todas sus consecuencias, toda vez que hasta nuestros dominios ha llegado un documento redactado por Juan Manuel Olarieta titulado: "Cambiar algo para que todo siga igual" en el que por extensión se nos califica de revisionistas porque no compartimos su tesis central, documento que nos ofrece la visión pequeñoburguesa del mundo actual.

El objetivo fundamental que se propone Olarieta es demostrar de forma irrecusable, que lo que existe en todos los países imperialistas y muy concretamente en el español, no es la democracia (burguesa) propia del período de la libre competencia, sino el fascismo, que es la forma política de dominación que corresponde al capital monopolista (imperialismo). En este supuesto, la defensa de una posible salida del actual régimen hacia la república democrática burguesa, constituye un engaño en toda regla, porque la historia nunca da marcha hacia atrás. Al objeto de probar su razonamiento, Olarieta pone por testigos de cargos a Lenin y por supuesto, a Dimitrov.

Después de hacer una lectura pormenorizada de dicho artículo, tenemos que reconocer que está redactado con una extraordinaria habilidad para apoyarse en una argumentación muy atractiva entre los sectores más jóvenes del comunismo, proclives a sustentar posiciones izquierdistas. Se puede apreciar fácilmente que el autor del documento conoce a la perfección todos los recovecos de la síntesis, lo que le convierte en un experto en encontrar atajos para llegar al lugar deseado, dejando tras de sí una estela de sensaciones muy convincentes. En esta ocasión recurre al discurso dialéctico por el que se rige el Materialismo Histórico y qué mejor que valerse de las palabras acreditadas de Lenin en “Sobre la caricatura del marxismo” para dar sentido y calidad de infalible a su pensamiento:

"El viraje de la democracia a la reacción política constituye la superestructura política de la nueva economía, del capitalismo monopolista (el imperialismo es el capitalismo monopolista). La democracia corresponde a la libre competencia. La reacción política corresponde al monopolio "Tanto en la política exterior como en la interior, el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción. En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es la 'negación' de la democracia en general, de toda la democracia"

No nos sorprende lo más mínimo que una referencia tan escueta proveniente de Lenin, que va directamente al meollo del problema, induzca a pensar que efectivamente, Olarieta tiene toda la razón. Está clarísimo que en este párrafo Lenin describe en términos generales con el magisterio que le caracteriza, el curso dialéctico del desarrollo histórico del capitalismo. Y no nos cabe ninguna duda tampoco, a tenor de lo leído, que la democracia corresponde a la libre competencia, es decir, al capitalismo premonopolista. Como también estamos de acuerdo en que el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia tanto en la política exterior como en la interior y por ello es la “negación” de la democracia en general, de toda democracia.

Hasta aquí Olarieta puede presumir de no haber expuesto ninguna mentira, pero, se nos antoja sugerir a los militantes menos avezados en el marxismo, que hagan una lectura sosegada de la obra de Lenin, mucho más extensa y explícita que esta diminuta reseña, y pensamos que si tal vez sometiésemos a disquisición sus puntos mas interesantes, la conclusión no sería tan favorable a sus deseos. Todo marxista-leninista reconocerá que la “libertad” de mercado ha sido y es el rasgo distintivo de la democracia burguesa, en tanto, hace posible la igualdad de los capitalistas para competir. Igualdad, libertad y competencia son realidades prácticas de goce exclusivo para el burgués, que se cumplen únicamente en el mercado. Podemos hablar de democracia “pura” para la clase burguesa, pero nunca lo será para el proletariado. Marx, Engels y Lenin nos advirtieron en infinidad de ocasiones que: “la república burguesa, aún la más democrática, no es más que una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, de la masa de los trabajadores por un puñado de capitalistas” (introducción de F. Engels al trabajo de C. Marx “La guerra civil en Francia”) Esto lo escribieron Marx y Engels durante el período de la libre competencia.

Ahora bien, en una determinada fase de su desarrollo, la libre competencia engendra el monopolio y poco a poco se van introduciendo cambios cualitativos tanto en las estructuras como en las superestructuras del sistema capitalista, sin menoscabo de su esencia, es decir, la propiedad privada sobre los medios de producción. El monopolio se desarrolla en todos los sectores económicos (banca, industria, comercio, transporte), por eso concentra bajo su dominio la producción y venta de una parte considerable de mercancías de uno o varios sectores y el financiamiento de la industria y del comercio. Su poder económico, su capacidad de producción, de comercialización y exportación de capitales, le permite imponer su precio, sus condiciones, con lo cual conculca las leyes de la libre competencia, pero no siempre lo puede extender en toda su dimensión. Esta ley del desarrollo capitalista quebranta la libertad e igualdad de las empresas que se concreta a través del mercado (esencia de la democracia burguesa).  Pero es quebrantada hasta cierto punto, ya que en ningún país del mundo existe el monopolismo absoluto e indiviso. Estas son las razones que explican la aparición y el desarrollo del monopolio, así como su tendencia a negar la democracia (burguesa) en su aspecto económico, como ya había previsto Lenin, lo que naturalmente se refleja en el ámbito de las superestructuras.

Advirtamos que el monopolio no evoluciona aislado en su entorno, sino que vive en constante contradicción con la pequeña y mediana empresa, con otros monopolios del mismo país y con monopolios del exterior; sin embargo, su contradicción principal es la que mantiene con el proletariado nacional e internacional. En la búsqueda de las soluciones de los graves problemas que surgen en las luchas con sus oponentes, los monopolios triunfantes se afianzan, convirtiéndose en imperialistas, llegando a controlar a uno o varios sectores de la economía mundial. Por consiguiente, tanto en lo nacional como en lo internacional, tienden a imponerse, a la par que a restringir e incluso, a negar la democracia; pero su consumación o “fracaso” dependerá de la correlación de fuerzas. Estas mismas contradicciones les pueden obligar a tomar distintas decisiones tácticas y a realizar “concesiones” en contra de sus deseos, con tal de mantener su poder económico y político: son frecuentes los sobornos a gobiernos a extranjeros democráticos como también a los de su propio país. De la misma manera proceden a la instauración de la “democracia burguesa” que por supuesto ya no será la misma que en antaño, cuando expresaba los intereses de la libre competencia, lo que equivaldría a una vuelta atrás en la historia etc. Es cierto que en nuestro país no hubo rompimiento total con el fascismo, mas no debe ocultarse que, en las fábricas y en las calles, el pueblo discurría por una vereda de crecientes luchas que fueron traicionadas por la socialdemocracia y el Partido Comunista, concretadas en un pacto reaccionario, que permitió al gran capital continuar con su poder político y económico en el marco de la democracia burguesa.

Bajo condiciones concretas, la tendencia a la reacción es obstaculizada en la práctica, evitándose que el carácter “reaccionario” subyacente en la naturaleza de los monopolios se manifieste con todo su potencial, entonces, se “oculta” o se “mimetiza” en una táctica de conveniencia o de impotencia. En los países imperialistas y, como se puede constatar, durante toda la historia moderna y contemporánea, pueden pervivir durante largos períodos la democracia burguesa en grados distintos y en formas variadas, cuyas diferencias más sobresalientes con la democracia de la época de la libre competencia, se concentran obviamente en el mercado, en la falsedad más acusada del parlamentarismo y en el recurso a la guerra, que tienen sus repercusiones en las actividades de las superestructuras, pero de ningún modo existen diferencias en cuanto a la cantidad y tipo de violencia que emplean para reprimir al pueblo trabajador y para transgredir con total impunidad las libertades y derechos de los trabajadores, que solo son reconocidas formalmente en ambos ciclos. En este sentido, explicábamos el despotismo de la libre competencia, ante el Aniversario de la II República española:

En Julio de 1931 tuvo lugar en Sevilla una huelga convocada por comunistas y anarquistas. Como consecuencia de ella, la República impone el estado de sitio en la ciudad el 22 del mismo mes, es decir, cuatro meses después de su proclamación. La represión del régimen fue brutal como lo demuestran el bombardeo (cañonazo) a la Casa de Cornelio donde se reunían los comunistas y la aplicación de la ley de fugas a cuatro comunistas en el Parque de María Luisa.

Posteriormente, se convocó nueva huelga general en Febrero de 1932 contra las deportaciones de 72 obreros a Guinea, por el delito de ser revolucionarios. Fue ese mismo régimen el que en el 1934 procedió contra los revolucionarios en Asturias y Cataluña, causando cerca de 2000 muertos y alrededor de 30.000 detenidos.”

Desde nuestra reflexión entendemos que en estos supuestos, Lenin no absolutiza los términos “tender” y “negar”. En todo caso se trata de una inclinación natural que puede verse truncada circunstancialmente por las fuerzas opositoras antagónicas y no antagónicas, sin que las nuevas condiciones signifiquen que el monopolio se haya transformado en una entidad pacífica y desnaturalizada. Por el contrario, el monopolio no se desprende de su violencia como tampoco de su reaccionarismo. Siempre intentará imponer su ley por cualquier método. Lenin convencido de esta realidad, no tuvo ningún inconveniente en llamar las cosas por su nombre, por ejemplo, democracia burguesa:

En el país capitalista más desarrollado del continente europeo, en Alemania, los primeros meses de plena libertad republicana, traída por la derrota de la Alemania imperialista, han mostrado a los obreros alemanes y a todo el mundo cuál es la verdadera esencia de clase de la república democrática burguesa. El asesinato de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo no sólo es un acontecimiento de importancia histórica mundial porque hayan perecido trágicamente dos jefes y brillantísimas personalidades de la Internacional Comunista. Internacional verdaderamente proletaria, sino también porque se ha puesto de manifiesto con toda plenitud la esencia de clase de un Estado adelantado de Europa, de un Estado -puede afirmarse sin incurrir en exageración- adelantado entre todos los Estados del mundo

En la obra de Lenin podemos encontrar decenas de referencias que sitúan a la democracia burguesa en el imperialismo. ¿Incurre el líder soviético en contradicción con respecto del párrafo citado por Olarieta, examinado por nosotros? ¿Da marcha atrás la historia? Creemos que no. El mundo de los monopolios no es monolítico como presuponía Kautsky que lo idealizó hasta el absurdo: “No tenemos fundamento alguno para suponer que sin la ocupación militar de Egipto el comercio con él habría crecido menos, bajo la influencia del simple peso de los factores económicos. Como mejor puede realizar el capital su tendencia a la expansión no es por medio de los métodos violentos del imperialismo, sino por la democracia pacífica” Una interpretación falsa del carácter monopolista, que Lenin refuta con su acostumbrada firmeza, por constituir un engaño reformista insoportable:

Kautsky ha roto con el marxismo al defender para la época del capital financiero un “ideal reaccionario”, la “democracia pacífica”, el “simple peso de los factores económicos”, pues este ideal arrastra objetivamente hacia atrás, del capitalismo monopolista al capitalismo no monopolista y es un engaño reformista

Naturalmente, Lenin rechaza sin paliativos la vuelta atrás en el marco del Materialismo Histórico desde una etapa económica superior a la inferior que la precede. La vuelta del monopolio a la libre competencia es tan irrealizable como que el hijo vuelva al seno de su madre. Pero en esta coyuntura, alude a la torpeza de Kaustky al atribuir cualidades al capitalismo monopolista que corresponde al período premonopolista: la “democracia pacífica”. Sin ninguna duda, Lenin se refiere al supuesto carácter “pacífico” de la democracia que no tiene lugar en el imperialismo, en el que el capital financiero pone en acción todos los medios imaginables para conquistar el mercado mundial, incluso la Guerra Mundial; en cambio, sí tiene cabida en la libre competencia, en donde aún no había aparecido el monopolio (imperialismo) .

Con Lenin no puede darse por terminado el debate, puesto que solo pudo hablar de reacción y negación de la democracia como tendencia, debido a que no conoció directamente el fascismo. Una vez más, debemos hacer especial hincapié en que el líder soviético utiliza el término “negación” en el mismo sentido que lo hace con la clase obrera respecto del sistema capitalista. Por el lugar que ocupa en la producción, la clase obrera es la negación de la sociedad burguesa, por este motivo su lucha frente a las tropelías del sistema propende hacia el socialismo tal como Lenin predijo, aunque no lo consiga hasta que instituya la Dictadura del Proletariado, es decir, la nueva democracia que corresponde al período del poder de la clase obrera.

Fue Dimitrov, uno de los líderes más celebrados de la III Internacional, quien profundizó en el fascismo en su articulo “El fascismo y la clase obrera”:

Bajo las condiciones de la profunda crisis económica desencadenada, de la violenta agudización de la crisis general del capitalismo, de la revolucionarización de las masas trabajadoras, el fascismo ha pasado a una amplia ofensiva. La burguesía dominante busca cada vez más su salvación en el fascismo para llevar a cabo medidas excepcionales de expoliación contra los trabajadores, para preparar una guerra imperialista de rapiña

El fascismo pues, es una opción del gran capital que ha de buscar en condiciones muy concretas inferidas por la lucha de clases. Opción que puede llegar a utilizar o no. Prosigue Dimitrov:

Los círculos imperialistas intentan descargar todo el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. Para esto, necesitan el fascismo. Tratan de resolver el problema de los mercados mediante la esclavización de los pueblos débiles, mediante el aumento de la presión colonial y un nuevo reparto del mundo por la vía de la guerra. Para esto, necesitan el fascismo. Intentan adelantarse al crecimiento de las fuerzas de la revolución mediante el aplastamiento del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos y el ataque militar contra la Unión Soviética, baluarte del proletariado mundial. Para esto, necesitan el fascismo. En una serie de países -particularmente en Alemania- estos círculos imperialistas lograron, antes del viraje decisivo de las masas hacia la revolución, infligir al proletariado una derrota e instaurar la dictadura fascista.”

La exacerbación de la lucha de clases obliga a la burguesía imperialista a recurrir al fascismo, a adoptar las posiciones del sector imperialista más reaccionario, porque el proletariado tiende a negar el sistema vigente, la democracia burguesa. En este sentido lo admite Dimitrov cuando afirma:

Pero la característica de la victoria del fascismo es precisamente la circunstancia de que esta victoria atestigua por una parte la debilidad del proletariado, desorganizado y paralizado por la política escisionista socialdemócrata de colaboración de clase con la burguesía y, por otra parte, revela la debilidad de la propia burguesía que tiene miedo a que se realice la unidad de lucha de la clase obrera, que teme a la revolución y no está ya en condiciones de mantener su dictadura sobre las masas con los viejos métodos de la democracia burguesa y del parlamentarismo.”

El XIII Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista llegó a la siguiente conclusión, fruto de los debates desarrollados en su seno :

El fascismo es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.”

Continuando con la línea leninista, en la Escuela de Frankfurt un sector entiende que el orden que en 1789 se produjo como vía de progreso, llevaba en sí la tendencia al nazismo, mientras que otros justifican que la aparición del nazismo fue el fruto y la necesidad del capitalismo para llevar a cabo su expansión. Pese a su diversidad y aunque con frecuencia utilizaran el término “fascismo” aplicados a las dos versiones históricas del fenómeno (el italiano y el alemán), los frankfurteses tomaron en consideración, con preferencia, la segunda. Pero en términos generales, la Escuela, ante las dictaduras de derechas, hace suya la tesis del VII Congreso del Komintern, según la cual el fascismo es “la dictadura abierta y terrorista de los elementos más reaccionarios, chovinistas e imperialistas del capital financiero” que fue asumido por la URSS de Stalin sin ningún reparo:

FASCISMO: corriente política surgida en el período de la crisis general del capitalismo, expresión de los intereses de las fuerzas más reaccionarias y agresivas de la burguesía imperialista” (Diccionario Político- Editorial Progreso)

Nuestras desavenencias con Olarieta van muchísimo más lejos que la simple categorización y definición conceptual del fascismo. A una posición teórica le corresponde por fuerza un objetivo concreto que justifica el análisis, con las consiguientes tácticas y estrategias intermedias. No podemos pecar de ilusos, las diferencias son enormes porque conforman líneas divergentes hacia el socialismo. Debe entenderse que los juicios del PCOE recalan exactamente en el lugar en que “España” se muestra como un estado democrático burgués, con una fuerte inclinación hacia el fascismo auspiciada por la crisis, coincidiendo con las teorías de los Maestros.

Para el PCOE, la crisis no determina su estrategia socialista, en tal caso nos proporciona celeridad, crecimiento en la actividad y en número de militantes, a la vez que, nos facilita la comprobación de lo atinado o desacertado de nuestra táctica de Masas, el FRENTE UNICO DEL PUEBLO, así como también nos suministra las razones suficientes para ratificar que entre el imperialismo y el socialismo no hay estadios intermedios.

Olarieta, al tildar de fascista al actual Estado español, tras una búsqueda y rebúsqueda de pruebas que confirmen su opinión, se mete en un lío sin pretenderlo. ¿Cuál es la estrategia contra el fascismo en las condiciones dadas? ¿República Democrática Popular o Socialismo? ¿Y cuáles las tácticas intermedias? Silencio absoluto.

En el programa del PCEr editado en Octubre de 1993, se contempla literalmente:

"De acuerdo con las condiciones generales que se acaban de señalar, la revolución pendiente en España sólo puede tener un carácter socialista. Este es el objetivo estratégico que persigue el Partido. Por consiguiente, no existe ninguna etapa revolucionaria intermedia, ningún peldaño de la escalera histórica anterior a la revolución socialista.”

Pero la realidad es otra muy distinta. Luego de un proceloso recorrido de idas y vueltas en pos de razonamientos que les proporcione una salida airosa, se entregan de lleno al revisionismo. La dictadura del proletariado tendrá que esperar por ahora, porque no hay condiciones para luchar por élla. Entonces, es preferible desdecirse tres líneas más abajo e inventar un espacio o período transitorio entre el capitalismo y la Dictadura del Proletariado, rechazado ya hace tiempo por los Partidos Comunistas revolucionarios:

Con la instauración de la República Popular se inicia el periodo que va desde el derrocamiento del Estado Burgués a la implantación de la dictadura revolucionaria del proletariado y que marca una corta etapa de transición política, la cual habrá de estar presidida por un gobierno provisional que actúe como órgano de las amplias masas del pueblo alzado en armas. La principal misión de este gobierno será la de aplastar la oposición violenta de la gran burguesía y demás sectores reaccionarios y garantizar la celebración de unas elecciones verdaderamente libres a una Asamblea Democrática y Popular. Esta Asamblea Democrática y Popular elaborará la Constitución y nombrará al nuevo gobierno democrático

Como no podía ser de otra forma, un posicionamiento izquierdista respecto del Estado, tenía obligatoriamente que inferir una táctica revisionista. Es decir, se trata de dirigir las luchas de la clase obrera para derrotar el capitalismo y en vez de implantar la Dictadura del Proletariado, se instaura un período donde tienen lugar unas votaciones descaradamente burguesas, pues solo se excluye a la gran burguesía violenta y demás ¿sectores reaccionarios? Los vencedores en los comicios decidirán el destino del país ¿Acaso no tiene cierta semejanza con el I Manifiesto por la República, en donde también se dispone que se celebrarían unas elecciones para decidir qué tipo de estado quiere el pueblo, dando opción a la restauración de la Monarquía derrotada? Pues se trata de una democracia popular refutada por la historia y desdeñada por los partidos revolucionarios después de un proceso de reflexión exhaustivo.

El colosal avance de las fuerzas productivas ha auspiciado la promoción de toda una generación de hijos de trabajadores formados en las universidades y en escuelas profesionales, que hacen posible acceder a la dictadura del proletariado soñada por Marx, Engels y Lenin, sin necesidad de sufrir de nuevo las experiencias negativas del pasado. Olarieta y el PCE(r) se hallan anclados a un pasado tenebroso que produjo la grave crisis por la que aún atraviesa el Movimiento Comunista Internacional.

Con un pueblo en armas y con una burguesía derrotada, apelar a unas votaciones constituyentes es el colmo de la necedad. Como dijo Lenin ¡El colmo de la estulticia!, porque a la postre nos jugamos de nuevo en un día de elecciones, la revolución ganada con sudor, sangre y muertes en meses o años.

Para tan pobre viaje no hacia falta semejantes alforjas. La situación política más la configuración contemporánea del movimiento obrero y sindical de nuestro país, proporciona los elementos suficientes para pasar de lo ideal a la práctica, en la proclamación de la clase obrera como el sujeto revolucionario, por medio de las ACDTs, que en su desarrollo aglutinará al conjunto de aquellos sectores realmente interesados en el socialismo (dictadura del proletariado). La síntesis del discurso revolucionario se llama FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO, ACDTs y FUP como órganos de Poder Popular que armados con las experiencias de las luchas abiertas contra el Estado capitalista y sus secuaces, se facultarán de legitimidad para sustituir las instituciones burguesas.

A estas alturas, no es de recibo la presentación de ninguna táctica indefinida dejada de la mano de la casualidad y de la espontaneidad. Es completamente natural, que quienes no inician nunca el camino, jamás lleguen al final.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

FEDERACION DE JOVENES COMUNISTAS DE ESPAÑA (FJCE)