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El reformismo de derecha y el izquierdismo abanderan la salvaguarda del capitalismo mundial

Publicado en Editorial 25 de Febrero de 2013

Durante las crisis afloran las verdades y las mentiras que cubren al Movimiento Obrero. Hemos visto como en el debate sobre el estado de la Nación, Izquierda Unida y PSOE le lanzan el salvavidas al capital monopolista español, para perpetuar su sistema bajo el signo de la regeneración institucional, política y democrática. (Léase “PSOE E IU JUNTOS EN LA DEFENSA DEL CAPITALISMO”). Ha sido en el lugar y en el instante precisos, para que nadie se llame a engaño. Ambos partidos se han quitado la careta y se presentan por arriba, tal como son por abajo: la quintacolumna en el movimiento obrero y popular. 

El oportunismo de derecha y el revisionismo de izquierda, son frutos de unas condiciones dadas, espoleadas por los imperialismos que les suministran principios y toda clase de teorías a granel. En esta ocasión, el capitalismo internacional se halla acosado por una crisis gravísima a la que afronta entre agudas contradicciones. Los imperios, llámense históricos o emergentes, pero a la postre imperios, están emplazados a dilucidar como se redistribuye el mercado mundial en las condiciones actuales, dando lugar a teorías que tratan de conciliar los hechos que contemplan la rapiña y el saqueo de las riquezas autóctonas de los pueblos, bien por la fuerza o a través de la penetración económica. Como siempre, la justificación del proceder del imperialismo se traduce en elementos teóricos que el oportunismo hace suyo y endulza para encubrir su traición.

A un nivel mundial, el enfrentamiento entre los imperios emergentes (Brasil, Rusia, India y China entre otros) por un lado, y Japón, UE y EE.UU por el otro, ha originado tesis en las que gobiernos y partidos políticos de izquierdas alimentan sus posiciones internacionales. La más osada es aquella que eleva a los países del BRIC, especialmente a China, a la categoría de contrapeso de las acciones depredadoras de los imperios históricos. Desde este punto de vista, China no es juzgada como una nación imperialista. Esta conclusión toma mayor consistencia en los países de Latinoamérica y África, en donde tienden paulatinamente a ir desplazando las relaciones de dependencia económica con EE.UU y Europa, con la puesta en práctica de una política de entendimiento con China, creando empresas mixtas y estableciendo relaciones comerciales “profundas”. Numerosos Partidos Comunistas realizan ingentes esfuerzos por motivar teóricamente sus cambios de posicionamiento en relación con China, en los que casi siempre subyace la “amistad” o “relaciones económicas” entre Pekín y el gobierno de su país, que traducen en muy beneficiosas, gracias al carácter peculiar del ‘socialismo’ chino.

En este contexto parece que, tanto en África como en América Latina, se acredita la política exterior china porque supuestamente ayuda a los pueblos en su lucha antiimperialista, sin embargo; se cumple lo que Fidel Castro ya aventuró sobre el destino del rumbo tambaleante chino, al denunciar que el gran país de Oriente sufrió los efectos de un movimiento pendular que oscilaba desde los abusos de la extrema izquierda en los años 60-70 hasta la apertura o reiniciación del capitalismo en los años 80-90 dirigida por el reformista Deng Xiaoping.

Desde entonces la economía china se halla vinculada al mercado capitalista internacional. Su mano de obra barata interior permite a los inversionistas extranjeros obtener tasas de rentabilidad muy altas. Por otro lado, sus relaciones con EE.UU, UE y Japón se estrechan cada vez más, porque se ha convertido en uno de los países exportadores más importante del mundo. Con lo cual, la interdependencia China e imperios históricos se establece en el marco del reparto del mercado mundial, en la participación de China en la Organización Mundial del Comercio y en la pugna por dominar el mercado internacional energético, pues China, conforme aumenta su producción, va necesitando más materias primas y energías, las que ha de suministrarse desde el exterior.

La actualidad China y su incidencia en el mundo se presta a conjeturas de todo tipo, de las que emanan la recuperación de los principios maoístas y otras teorías vinculadas con ellos, que prenden en estos momentos de grave crisis del capitalismo, en los sectores de la juventud más vulnerables, provocando incisiones y desviaciones que favorecen a las tesis imperialistas.

En el estado español aparecen y reaparecen en estos últimos años, con extrema ligereza, infinidad de teorías, que si bien sus planteamientos de inicio parecen divergentes, los objetivos a alcanzar son comunes. Este hecho es debido al influjo que ejerce la situación de crisis del capitalismo mundial, que procura por todos sus medios retrasar cualquier proceso revolucionario que acarree peligros a su existencia. De este modo, las teorías que retrasan la revolución socialista se han puesto de moda. Teorías de falsa cuna revolucionaria, que envuelven al pensamiento pequeño burgués, juventudes estudiantiles, pequeños campesinos y que tienen mucho en común, sobre todo, la introducción de ciclos, o períodos intermedios entre el capitalismo y el socialismo, caracterizados por su composición interclasista.

Dicho esto, al evaluar las proposiciones de PSOE e IU en el debate sobre el estado de la Nación, advertimos que tienen mucho que ver con la prédica de la Guerra Popular durante el presente periodo para aniquilar el fascismo actual e instituir la democracia popular.

Las salidas a la crisis de los PSOE-IU, de Julio Anguita, del Bloque crítico andaluz y la de aquellos que afirman que actualmente la solución para España es la democracia de carácter popular, tienen un denominador común: proporcionar todo el aire que necesita el capitalismo para poder respirar con tranquilidad, precisamente en medio de una crisis tan aguda y espesa, que podría cuestionar su existencia en Europa.

Los reformistas e izquierdistas convergen más que divergen, son supuestamente contrarios que atraídos por la fuerza de la gravedad de la teoría burguesa, giran en torno a élla sin poder romper la inercia a que les somete. Sus máximos dirigentes concuerdan en atrasar eternamente la revolución socialista; primero, porque no la quieren y segundo, porque confunden gobierno con estado, economía con política y se encuentran prisioneros en la misma celda. En la hora presente, el izquierdismo provoca más daño en el movimiento obrero, porque se presenta con la guisa de ultrarrevolucionario, cuando son dóciles oportunistas.

Aunque en el estado español existen varios grupos que se reclaman del maoísmo, no todos coinciden en sus planteamientos, pero sí en sus objetivos (Democracia Popular) y medios de conseguirlo (Guerra Popular). Salvo algunas excepciones que abogan por la Dictadura del Proletariado, la mayoría propugnan la democracia Popular. Naturalmente, los primeros solo hacen uso de la nominación, porque en su contenido también se trata de la Democracia Popular, con la que el PCOE está en total desacuerdo.

Recordemos que determinadas tesis de Mao no conducen a convertir al proletariado en el sujeto revolucionario. Cuando el líder chino da la consigna de que "el campo debe asediar la ciudad", indica que es el campesinado el que debe tomar las riendas de la revolución por ser mayoría en China, además, resulta evidente el revisionismo maoísta cuando trata las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional, como contradicciones no antagónicas. Decía Mao:

“si bien las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional son contradicciones entre explotados y explotadores, antagónicas de por sí. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, si estas contradicciones antagónicas se tratan debidamente, pueden transformase en no antagónicas, pueden resolverse por vía pacífica. Si esas contradicciones no se tratan como es debido, si no seguimos con la burguesía nacional la política de unidad, de crítica y de educación, o si la burguesía nacional no acepta esta política nuestra, entonces las contradicciones entre la clase obrera y la burguesía nacional pueden convertirse en contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos»

¿Contra quién o contra qué, ejercerá su violencia el proletariado en el poder según los que predican la Dictadura del Proletariado? ¿Acaso no se resuelve la contradicción entre el explotador y el explotado por la violencia? ¿Contra quién va la Guerra Popular, si la burguesía, mediana y grande nacional no es nuestra enemiga? Mejor dicho ¿cuáles son los contrincantes en la Guerra Popular? Pero Mao no se para ahí cuando predice que durante todo el periodo del socialismo existirán clases antagónicas.

Lenin, en contra, aseguraba que la instauración de la dictadura del proletariado es condición indispensable para asegurar la revolución y aplastar toda tentativa de restauración del viejo sistema. Naturalmente, se refería al viejo sistema de producción burgués. Las tesis de Mao fueron fuentes de inspiración para muchos oportunistas de las décadas de los 70, 80 y 90 del siglo pasado que sustituyeron la dictadura del proletariado marxista-leninista, por la convivencia pacífica (¿durante cuánto tiempo?, nadie lo sabe) de lo nuevo con lo viejo; serán el tiempo, las reformas, los reajustes, los que aseguren la transformación paulatina y escalonada de la sociedad “popular interclasista” en socialista.

Es sabido por la experiencia histórica que una revolución -sea la que fuere- no triunfa definitivamente si no supera su consolidación, y consolidar una revolución sólo puede asegurarse de una forma: la clase social que hace la revolución no solamente ha de liquidar la base económica y política de la (o las) de su clase antagónica, sino que ha de vencer la resistencia inevitable que ésta opone durante la dictadura del proletariado.

Pero nuestros maoístas, para salir del atolladero teórico en que se encuentran, nos demandan teorizar sobre qué clase de Partido Comunista hace falta en estos momentos y, mientras teorizamos sobre el Partido así como en la Guerra Popular, debemos contemplar estoicamente lo que sucede en nuestro país, entre otras lindezas, porque no procede ir a la práctica con el movimiento obrero realmente existente. Así sucedió en el encuentro de juventudes comunistas de diversas tendencias celebradas en Almeria en 2012:

“Esta propuesta implica, naturalmente, que se debe empezar por los problemas teóricos y por los problemas prácticos relacionados con la construcción de un movimiento de vanguardia mínimamente articulado. Contra esta posición se objeta habitualmente el argumento demagógico y dogmático de que, para el marxismo, la práctica es siempre lo primero y lo principal, por lo que se debe comenzar por la acción práctica y por el movimiento obrero realmente existente, tal como se presenta en su estado actual. Pero se trata de un argumento antidialéctico que desvía el concepto marxista de la práctica hacia el pragmatismo y el empirismo, y la actividad de la vanguardia hacia el practicismo. Entonces, ¿qué es la práctica para el marxismo? Para el marxismo, la categoría de práctica presenta dos aspectos –que, por supuesto, forman una unidad óntico-gnoseológica–, uno objetivo y otro subjetivo.”

Por último, con la categorización del sistema actual español en fascismo como sustentan los oportunistas de izquierda, obtenemos otra fórmula para retrasar el proceso revolucionario al desviarnos de la realidad socioeconómica existente. Pues opinan que del fascismo franquista no es posible alcanzar la democracia burguesa, porque supone una vuelta atrás de la historia y la historia no da marcha hacia atrás. Decir que España o cualquier otro país de la Europa desarrollada es fascista, es cuando menos la manifestación del delírium trémens que aqueja a los responsables teóricos de los grupos maoístas que pululan por Europa y, especialmente, por el Estado español.

En realidad, y a juzgar por sus contradicciones teóricas, para estos grupos no existen límites de ningún grado ni especie entre fascismo y democracia burguesa. Por lo que se puede apreciar, el discurso les lleva a considerar que desde la aparición del capitalismo monopolista de estado, todo es fascismo porque, obviamente, fascismo y democracia burguesa poseen el mismo contenido.

Está claro que para no contradecir a los clásicos, admiten que en algún momento existió la democracia burguesa, con unas características muy concretas. Para ellos, la legalización de los partidos, la existencia del Parlamento burgués, y todo lo que hasta ahora distinguía la democracia burguesa del fascismo, ya no lo es, por evolución del fascismo y por la pérdida de vigencia de la democracia burguesa. Se trata de un débil esfuerzo gnoseológico para evitar tener que confesar que su táctica es un error y les ha conducido a un callejón sin salida, mejor dicho, la única salida que les queda es llamar a todo fascismo, salvo el principio de los principios que fue la democracia burguesa.

Podemos resumir en tres los pilares en los que se basa la caracterización del fascismo, en este caso el fascismo español, según el documento titulado: “LA INSTITUCIONALIZACION DEL FASCISMO":

1.- “Desde siempre, uno de los rasgos definitorios de la línea de nuestro Partido ha sido la caracterización del régimen actual como fascismo. Incluso antes de la transición, en los viejos tiempos de la OMLE, y siempre a contracorriente, ya nos anticipamos anunciando que no sería posible regresar del franquismo a la democracia burguesa, que la historia no daba marcha atrás.”

Tanto la burguesía como el proletariado han acumulado una rica experiencia en el sentido contrario, en la que primero el acceso al poder de la burguesía en Europa, recorrió un proceso por un periplo de más de un siglo que se caracterizó por la alternancia en el poder con las clases dirigentes del Antiguo Régimen. Por su parte, la desaparición de la Comuna de París, así como la aniquilación del socialismo en la Europa del Este, la involución en China etc., demuestran palmariamente que la historia da marcha atrás.

2.- “Una de las características más sobresalientes del fascismo es la constante ostentación de sus medios, de su poderío policial y militar, el permanente despliegue de fuerza que muestra a todas horas. Pero esa es precisamente su debilidad: no podría sustentarse ni un minuto en su dominación sin esos medios; los necesita para perpetuarse en el poder y sobre todo necesita restregárnoslos delante de nuestras narices para infundirnos miedo. El fascismo es una dominación terrorista que se apoya en el temor generalizado que inculca a las masas de manera cotidiana y sistemática”.

En efecto, esto es así, sólo que no es una característica del fascismo, sino de todos los Estados que ha conocido históricamente la sociedad humana. Desde el esclavismo al socialismo, cualquiera que sea su forma de dictadura, tienen que hacer ostentación constante de sus fuerzas. Pero no podemos admitir que sea síntoma de debilidad, a menos, que se afirme en un alarde de pensamiento moral y demagógico. La fuerza del capitalismo, fascista o democracia burguesa, es su poder militar y eso es precisamente lo que se ha de enseñar a las masas trabajadoras para que aprendan a combatirla y no para confiarse en una falsa debilidad, que sin duda las llevaría al sacrificio por no estar preparadas.

3.- “El Estado monopolista y los partidos parlamentarios forman parte de un único sistema político fascista, ya no están separados como en la época de la democracia burguesa. Por eso se habla del Estado actual como un Estado de partidos”.

La existencia de partidos en determinados países fascistas, no puede confundirse con el sistema de partidos de la democracia burguesa, por más intento de encontrar justificación que lo afirme. En el fascismo la existencia de partidos, sólo fascistas, no es una generalidad sino una excepcionalidad, mientras que en la democracia burguesa sí que le da carácter, salvo que se haya llegado al convencimiento de que todos los partidos existentes son fascistas, a excepción de uno mismo.

Sin embargo, una lectura lógica sobre el fascismo que se ha tragado magistralmente a la democracia burguesa, apoderándose de sus características distintivas, nos conduce al lugar opuesto de donde parte el oportunismo de izquierda. En este caso llegamos a la conclusión de que criminalizan o asesinan a la democracia burguesa, para hacer apología de un fascismo dulzón y evolucionado.

Los autores de dicho documento deberían repasarlo y corregir aspectos que ya no concuerdan con la realidad actual:

“España es hoy un Estado con dos millones de funcionarios, y éste es el único empleo en el que no hay despidos ni reconversiones. Un funcionario tiene empleo para toda la vida y su tarea es siempre la misma. La burocracia está profesionalizada y especializada para controlar minuciosamente todas y cada una de las parcelas en las que se desenvuelve con el fin de prevenir las crisis y, en su caso, impedir su propagación o paliar sus efectos”.

Si éste es uno de los argumentos de peso para la demostración irrefutable de que el régimen español es fascista, la crisis lo desmiente, porque precisamente, durante las crisis cíclicas como la que se está dando ahora, es cuando más se acerca la democracia burguesa al fascismo y aquellos rasgos que son comunes (por ser ambas la dictadura de la burguesía) se confunden y como vemos, son estos momentos de avance represivo (económico-político e ideológico) de la burguesía cuando los funcionarios en los que “se basa el fascismo para sostener su poder económico”, son relegados y despreciados por el sistema ¿democrático burgués o fascista?.

El conocimiento de la realidad existente en cada momento es lo que permite al partido de vanguardia conformar su táctica de masas, actualizarla en todo instante e incluso cambiarla por otra, porque las circunstancias lo aconsejen. Mas esto no es propio del reformismo y del oportunismo de izquierda, que dada su obsesión porque las condiciones no varían, les hace marchar a contrapelo de la historia. Predicar la no violencia entre los trabajadores como hacen CUT-BAI y Julio Anguita o realizar una solemne exaltación de la Guerra Popular cuando la burguesía avanza inexorable reprimiendo al pueblo, en momentos en que las clases trabajadoras se encuentran bajo las influencias del reformismo, presas de la espontaneidad e inconsciencia y cuando en las grandes manifestaciones apenas aparecen las insignias comunistas, es una falta de vivir la realidad, que pone al pueblo a merced de las políticas del gran capital.

El PCOE considera que poner la otra mejilla no encuadra en el ámbito de la política y tampoco la propugna de una insurrección anacrónica (por no existir las condiciones), lo que procede es ganarse el “titulo” de vanguardia de los trabajadores, poner los medios para unirlos políticamente, a la vez que día a día construir los órganos de Poder Popular, que irán adquiriendo las experiencias de luchas en centros de trabajo y en la calle, juntos. Sin preparación no habrá respuesta consciente y suficientemente sólida por parte del pueblo trabajador, que será en definitiva quien repela las embestidas económicas, políticas, ideológicas y militar del gran capital, naturalmente dirigidas por su Partido Comunista.

 

COMISION IDEOLOGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO

ESPAÑOL