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“Nuevas" caras para viejas farsas revisionistas Destacado

Publicado en Editorial 27 de Enero de 2014

"El objetivo final no es nada; el movimiento lo es todo": esta expresión proverbial de Bernstein pone en evidencia la esencia del revisionismo mejor que muchas largas disertaciones. Determinar su comportamiento caso por caso, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo, sacrificar esos intereses cardinales en aras de las ventajas verdaderas o supuestas del momento: ésta es la política del revisionismo. Y de la esencia misma de esta política se deduce, con toda evidencia, que puede adoptar formas infinitamente diversas y que cada problema más o menos "nuevo", cada viraje más o menos inesperado e imprevisto de los acontecimientos -- aunque sólo altere la línea fundamental del desarrollo en proporciones mínimas y por el plazo más corto --, provocará siempre, sin falta, una u otra variedad de revisionismo.

V.I. Lenin “Marxismo y revisionismo” (1908)

 

 Ocurre con Lenin algo que cualquiera puede constatar acudiendo a su abundante obra teórica; sus escritos, parecieran estar redactados ayer mismo. No en vano, correspondió al bolchevismo el gran mérito de desnudar y poner en evidencia, ya desde su origen, al revisionismo y todas sus derivaciones nacionales. No cabe duda que la histórica victoria del proletariado en 1917, certificó la derrota más apabullante de esta corriente burguesa, cuya forma más acabada en Rusia correspondió al menchevismo.

Bastaría con un somero repaso a la historia, para ver como la quinta columna revisionista, ha tratado siempre de salvar el statu quo capitalista, como parte nuclear de la ideología dominante burguesa inoculada en el movimiento obrero y socialista. A su “padre fundador”, Eduard Bernstein, le bastó un corto período de auge capitalista y un SPD bien nutrido con las jugosas rentas del colonialismo, para negar la lucha de clases y afirmar la “buena nueva”; el tránsito pacífico del capitalismo al socialismo a través del Estado burgués y la propia clase dominante, entregando al proletariado a los intereses de su declarado enemigo de clase. Llegó la Comuna de 1871 - sucesora de la revolución de 1848 y antecesora de la de 1917-, y el revisionista germano no pudo más que correr raudo a las faldas de su burguesía, donde siempre se mantuvo emboscado; ¡resultó que la lucha de clases era el motor de la historia y que el Estado burgués era una máquina represiva contra el proletariado!

Otro ínclito revisionista siguió sus pasos, el renegado Karl Kautsky -también del SPD, la misma organización que en su deriva revisionista, mandó asesinar a los camaradas Karl Liebnecht y Rosa Luxemburg en las calles de Berlín-, postulando la aberrante “teoría” del “ultraimperialismo”, al objeto de negar de igual forma la lucha de clases e insistir en el tránsito pacífico hacia el “socialismo”, también a través del Estado burgués. Al parecer, el dominio del capital monopolista extirpaba la posibilidad de guerras y aminoraba las contradicciones de clase. Pero por esos “caprichos de la historia”, estalló la primera guerra imperialista en 1914, y el renegado –tal y como le sucedió a su maestro- quedó retratado para los anales de la historia, votando los créditos de guerra para apoyar a su burguesía imperialista, contribuyendo así al saqueo de mercados y materias primas foráneas y mandando al matadero a millones de obreros alemanes, franceses, ingleses o rusos, contribuyendo así a dar la puntilla final a una II Internacional putrefacta y netamente antiobrera.

He aquí unas breves pinceladas históricas acerca de dos de los más insignes representantes del revisionismo, dos dirigentes de la socialdemocracia del siglo XIX y principios del XX que por saborear las mieles capitalistas, no tuvieron empacho en traicionar los intereses del proletariado en su propio beneficio, transformando al SPD de Marx y Engels en una patética gestoría política al servicio de la clase dominante, la misma que aún hoy sufren millones de trabajadores alemanes. Porqué en definitiva, el revisionismo oportunista es exactamente esto; hacer del socialismo científico, de la ideología proletaria, una caricatura grotesca, vaciar al marxismo de su inobjetable contenido revolucionario, convertir la concepción materialista del mundo en un absurdo idealismo, mutilar el análisis dialéctico a fin que la vieja metafísica burguesa se abra camino alienando a las masas laboriosas, incapacitándolas tanto en el plano teórico como práctico ¡El movimiento lo es todo, el objetivo final no es nada! grita el revisionismo oportunista, mientras el no menos oportunismo izquierdista responde ¡El objetivo final lo es todo, el movimiento no es nada!. El socialismo científico responde con contundencia; lo esencial es el objetivo final, pero es necesario el movimiento para aproximarse al objetivo.

El revisionismo, desde sus orígenes y hasta hoy, ha mantenido siempre sus esencias de origen, aún cuando haya tomado mil y una formas a la hora de manifestarse. Aparece en el interior de los partidos obreros socialdemócratas, justo cuando éstos establecen su hegemonía entre el proletariado en base a los principios emanados del marxismo. Tal circunstancia provocará el pánico entre explotadores y parásitos, que activarán su particular caballo de Troya a fin de destrozar a la II Internacional “desde dentro”. Serio revés se llevarán unos y otros con el “inesperado” triunfo revolucionario y socialista en la Rusia de 1917 y con la implacable lucha que el bolchevismo librará contra esta manifestación de la ideología burguesa, dando lugar a la III Internacional. Sin embargo, y como bien sabemos, la historia no es ni puede ser lineal, y pronto la burguesía -tras volver a ser sorprendida y derrotada en las trincheras por su enemigo de clase (1945)-, volverá a activar sus palancas oportunistas ante el pánico a la revolución socialista y “la expansión comunista”. Si a finales del siglo XIX lo hizo desde el interior de los partidos obreros socialdemócratas, a lo largo del siglo XX lo hará ya desde el interior del propio movimiento comunista internacional, empezando por el mismísimo PCUS. De esta forma, el revisionismo soviético que abre el retorno de la URSS al capitalismo en los años 50, postulará la “coexistencia pacífica” (de nuevo la negación de la lucha de clases), que a su vez dará lugar a la “reconciliación nacional” carrillista (eurocomunismo) y llegará hasta la “comunión de intereses entre burguesía y proletariado nacionales” (maoísmo).

Echando una ojeada al actual momento histórico que vivimos, se puede constatar los grandes servicios que esta pléyade revisionista gestada a mediados del siglo XX, ha prestado a sus jefes burgueses Sólo hay que ver cuán ufana se muestra la oligarquía recordando a ese gran “hombre de Estado” (burgués, como no), que fue Don Santiago Carrillo, pieza clave para entender la actual situación del pueblo trabajador en España. Sólo hay que ver la situación actual de Rusia y China, donde la oligarquía campa a sus anchas formando un bloque imperialista en continua disputa con al bloque imperialista rival galvanizado entorno a la OTAN, ambos ávidos por disputarse nuevos mercados y materias primas que expoliar. He ahí las consecuencias del revisionismo en todas sus manifestaciones nacionales; blindar el régimen capitalista allí donde reina, restaurarlo allí donde no lo hace.

Hoy, disfrazados de “socialistas” o “comunistas”, los mismos perros revisionistas pero con distinto collar, bajo el contexto de una nueva crisis capitalista de sobreproducción, vuelven a menear la cola a modo de vulgares réplicas de Bernstein. ¡Y no nos coge por sorpresa! Así será mientras subsistan las relaciones de producción capitalistas, así será mientras la pequeña burguesía siga insuflando la ideología dominante sobre las capas más rezagadas de la clase obrera. Así será hasta que los bolcheviques del siglo XXI no consigamos volver a reconstruir lo que con tanto empeño consiguió demoler la oligarquía imperialista y sus títeres revisionistas. Multiplicidad de formas para confluir siempre en una misma estafa, mil veces “teorizada y revisada”; negación de la lucha de clases, conciliación de intereses contrapuestos entre opresores y oprimidos, creencia cuasi religiosa en la eternidad del capitalismo y la institucionalidad burguesa que le acompaña, negación de la clase obrera como sujeto revolucionario –e incluso de su propia existencia- y por tanto de la revolución socialista y la dictadura del proletariado, difamación de cualquier experiencia socialista que amenace el orden establecido…una estafa que acompañada de una siempre bien calculada fraseología “izquierdista”, pretendidamente “moderna”, cumple a la perfección el paradigma gatopardiano; ¡cambiar todo para que nada cambie!

Y sin embargo;

La burguesía, cuyo dominio defienden ahora los socialistas que hablan contra la ‘dictadura en general’ y enaltecen la ‘democracia en general’, conquistó el Poder en los países avanzados a costa de una serie de insurrecciones, de guerras civiles y de represión violenta contra los reyes, los feudales, los esclavistas y contra sus tentativas de restauración. Los socialistas de todos los países, en sus libros y folletos, en las resoluciones de sus congresos y en sus discursos de agitación, han explicado miles y millones de veces al pueblo el carácter de clase de estas revoluciones burguesas y de esta dictadura burguesa. Por eso, la actual defensa de la democracia burguesa en forma de discursos sobre la ‘democracia en general’ y el actual vocerío y clamor contra la dictadura del proletariado en forma de gritos sobre la ‘dictadura en general’, son una traición directa al socialismo, el paso efectivo al lado de la burguesía, la negación del derecho del proletariado a su revolución proletaria, la defensa del reformismo burgués precisamente en un momento histórico en que este reformismo ha fracasado en todo el mundo” (Lenin. I Congreso Komintern, 1919)

Cuando el pueblo trabajador sufre los zarpazos sistemáticos de la oligarquía financiera, la explotación, represión y empobrecimiento generalizado, la clase dominante –una vez más-, vuelve a activar sin mesura su arma predilecta; el revisionismo oportunista. En estos últimos años y días, hemos podido contemplar como los herederos del eurocomunismo carrillista -desde IU a “Podemos” pasando por “Proceso Constituyente”, -responsables directos del actual estado en que nos encontramos-, salen raudos en defensa de los engranajes de este régimen criminal, en defensa de sus jefes oligarcas, usando a discreción ese manido y ya clásico discurso “moderno e izquierdista”. Los mismos pequeñoburgueses que defecan sus miserias sobre el marxismo-leninismo, ganándose el aplauso y capital de sus jefes, que claman contra los “dogmáticos” y “anticuados” -¡precisamente hoy!-, salen a la palestra ofreciéndonos toda su retahíla oportunista acerca de la “democracia en general”, calcando las recetas burguesas del revisionismo más lustroso de los siglos XIX y XX. ¡He ahí los “modernos izquierdistas” prefabricados en las usinas burguesas! ¡Qué extraordinaria “novedad” la de los señores Pablo Iglesias o Julio Anguita! ¿Dónde quedará esa delgada línea roja que “diferencia” a los Lara, Iglesias o Anguita de los Bernstein o Carrillo de antaño?

Por ahí andan los “nuevos” viejos revisionistas, copando horas y horas en esas particulares “Pymes” como Grupo Planeta o Mediaset, lanzando sus ardientes soflamas redentoras; “hay que mejorar la “democracia” (en general) y reformar las instituciones nacionales e internacionales”. Pero ¿cómo reformar lo irreformable? ¿Cómo se reforma una dictadura burguesa que tiende irrefrenablemente al fascismo? ¿Cómo se reforma un Estado burgués al servicio de los grandes monopolios industriales y financieros? ¿Cómo se reforma un parlamento moribundo cuyos integrantes se encuentran a sueldo de la oligarquía financiera? ¿Cómo se reforma esa cueva de parásitos imperialistas llamada UE? Nuestras criaturas bernsteinianas lo tienen claro; ¡votando por ellos! He ahí el tránsito pacífico del “capitalismo salvaje” al “capitalismo de rostro humano” ¡pues estos estafadores ya ni siquiera se atreven a mentar al socialismo! Por eso adoptan con furor el keynesianismo –bautizado como el “salvador del capitalismo de los años 30”-, como si sus premisas pudieran implementarse a las relaciones de producción capitalistas del siglo XXI. Olvidando el fondo de la cuestión, nos hablan de “democracia directa”, “república”, “proceso constituyente”, “antineoliberalismo”, “dación en pago”, “banca pública”, “listas abiertas” “inversiones en la economía real”… ¡la clase trabajadora ha muerto, el capitalismo es inmutable (basta con acabar con el “neoliberalismo”), el imperialismo un mito, el movimiento lo es todo!

Marx es atacado con igual celo por los jóvenes doctos que hacen carrera refutando el socialismo, como por los decrépitos ancianos que conservan la tradición de toda suerte de anticuados "sistemas". (Marxismo y revisionismo, 1908)

De nuevo Lenin, martillo implacable de revisionistas, cobra una actualidad sorprendente; ¿quién mejor que el profesor Pablo Iglesias Turrión ejemplifica hoy a esos “jóvenes doctos” que “hacen carrera refutando el socialismo”? ¿Quién mejor que el miembro y exdiputado de IU Julio Anguita ejemplifica hoy a esos “decrépitos ancianos” que “conservan la tradición de toda suerte de anticuados sistemas”? El último eslabón del sistema, IU, se revuelve dando a luz infinitas plataformas pequeñoburguesas dispuestas a insuflar “legitimidad” a este régimen burgués putrefacto, justo en el preciso momento en que el movimiento obrero y popular, comienza a levantar cabeza empujado por la digna lucha del Gamonal burgalés. He ahí la flor y nata de la “intelectualidad progresista”, serviles funcionarios del Estado como Juan Carlos Monedero y fervientes defensores de los innumerables crímenes de la OTAN como Santiago Alba Rico, siempre emboscados bajo su infantil fraseología “izquierdista”. Ahí están los que para tapar su irrefrenable eurocentrismo imperialista, son capaces de vislumbrar “soviets en Bengasi” para justificar un genocidio más de la OTAN, ahí están los que demonizan la valiosa experiencia histórica de la URSS, al tiempo que nos señalan su particular paradigma “socialista”; ¡ni más ni menos que Venezuela! Ahí están los que nos intentan hacer tragar unas relaciones de producción netamente capitalistas y una institucionalidad netamente burguesa como ¡”socialismo del siglo XXI”! ¡Los mismos que hoy, en una Libia expoliada, sometida y desangrada, no tienen a bien emitir ningún “manifiesto marxista”!

Como en tiempos de Bernstein o Kautsky, nunca fue tan cierta la premisa leninista “La lucha contra el imperialismo es una frase vacía y falsa sino va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo.

Los peleles del IBEX-35 nos llaman a “votar”, intentando reconducir la rabia popular hacia sus adoradas urnas de cristal, mientras la esclavitud y la miseria se extienden como una plaga sobre millones de trabajadores. Con todos los altavoces del capital monopolista a su servicio, henchidos de su irrefrenable ego pequeñoburgués, nos ruegan que legitimemos la criminal política de la troika, que les facilitemos otra cómoda butaca burguesa en Bruselas a 6000 euros por barba, pues ellos son los “elegidos” ¡Tal y cómo si el PIE (Partido de la Izquierda Europea), no llevara largas décadas en Estrasburgo, actuando como un dócil instrumento al servicio de esa escoria imperialista que nos somete a diario!

Basta con fijarse en sus “propuestas”; hay que“mover ficha para que la ciudadanía decida, no la minoría egoísta que nos ha traído hasta aquí”, hay que promover “un proceso constituyente para impulsar la III República”, a imagen y semejanza de aquella II República ya superada por la historia. Ni siquiera el idealismo más primitivo y religioso es capaz de llegar a cotas tan ridículas. Estos alquimistas pequeñoburgueses, vienen a decirnos que la explotación y miseria de la clase obrera, no es fruto de las leyes intrínsecas del modo de producción capitalista en su actual fase de desarrollo, que el Estado burgués es una especie de ente hegeliano que gravita “por encima de las clases”, qué todo deriva del “egoísmo” de unos pocos, de su “mal hacer”; ¡hay que convencer a Botín, Ortega o Brufau, hacerlos más “solidarios”! Y para eso están ellos, para obrar el milagro desde las urnas. Hay que “reformular” la constitución burguesa del 78 y “construir la III República”, y si es preciso retrotraernos a 1931; no importa el contenido de clase de la misma ni el régimen económico sobre el que se sustente, pues bastará con qué los borbones hagan las maletas para recuperar la “vocación pública y la democracia”. Para nuestras “estrellas” revisionistas ya no es el ser social el que determina la conciencia, ¡sino justamente a la inversa! La misma farsa burguesa, la misma basura revisionista que sólo busca blindar los intereses de la oligarquía, alargar la agonía de millones de trabajadores y clases populares.

Cuando se habla de lucha contra el oportunismo, no hay que olvidar nunca un rasgo característico de todo el oportunismo contemporáneo en todos los terrenos: su carácter indefinido, difuso, inaprehensible. El oportunista, por su misma naturaleza, esquiva siempre plantear los problemas de un modo preciso y definido, busca la resultante, se arrastra como una culebra entre puntos de vista que se excluyen mutuamente, esforzándose por ‘estar de acuerdo’ con uno y otro, reduciendo sus discrepancias a pequeñas enmiendas, a dudas, a buenos deseos inocentes, etc., etc.” (Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904)

Ante la debacle de la socialdemocracia burguesa, el oportunismo encuadrado en IU y sus diferentes escisiones, sale a la palestra mediante sus buenas dosis de indefinición. Incapaces de vislumbrar los rasgos fundamentales de todo régimen capitalista, de su evolución histórica, adoptan por completo las recetas políticas de la socialdemocracia revisionista de inicios del siglo XX, tal y como si el mundo se hubiera detenido. Hasta un imberbe estudiante de instituto, sabe que lo que la burguesía y sus lacayos llaman “estado del bienestar”, no fue más que la vacuna oportuna para evitar la revolución social, y que lejos de representar un “triunfo de la socialdemocracia”, no fue más que una victoria parcial de la clase obrera, que por aquellas fechas presionaba tanto en lo interno como en lo externo, merced al poderoso empuje proporcionado por el triunfo de la Gran Revolución Socialista en Rusia. ¿Cómo es posible “defender lo público” cuando se niega a la clase trabajadora y se olvida, cuando no se difama, la rica experiencia histórica del movimiento obrero y comunista?

Como diría el gran Silvio Rodríguez;

Que fácil es engañar al que no sabe leer,cuantos colores, cuantas facetastiene el pequeño burgués.Que fácil es trascender con fama de originalpero se sabe que entre los ciegosel tuerto suele mandar.Que fácil de apuntalar sale la vieja moralque se disfraza de barricadade los que nunca tuvieron nada,que bien prepara su mascaradael pequeño burgués.” (Canción en harapos)

Los comunistas nos conocemos las mascaradas de estos viejos revisionistas al dedillo. Hoy como ayer, la clase obrera y el pueblo trabajador no precisa de pulcros “ciudadanos” prestos a reformar lo irreformable, sino organización y conciencia de clase para encarar la imprescindible ruptura revolucionaria que arranque de raíz las actuales relaciones de producción capitalistas, liquidando desde sus cimientos la maquinaria estatal burguesa. No se trata de “dogmatismos”, sino de intereses de clase. El PCOE combate sin reparos al revisionismo, no en virtud de abstracciones y absurdos dogmas, sino en defensa del proletariado del que sus militantes forman parte indisoluble. No es el revisionismo un fenómeno “nuevo”, es algo tan viejo y caduco como el propio capitalismo que le da vida, por más que sus cabecillas traten de “trascender con fama de original”;

El revisionismo o ‘revisión’ del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal, de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios (…)Lenin

Hoy, en pleno año 2014, el capitalismo monopolista y la oligarquía financiera mantienen al Estado español a su entero servicio, ese es uno de los rasgos característicos del imperialismo. El desarrollo de las fuerzas productivas ha llegado a su grado máximo, profundizando la contradicción nuclear del régimen, la que confronta el carácter social de éstas con unas relaciones de producción basadas en la apropiación privada. Las condiciones objetivas para llegar al socialismo, sin etapas intermedias, ya están dadas. Nunca antes hubo tantos trabajadores asalariados ni estos tuvieron mayor capacitación en este país, nunca antes el núcleo productivo del Estado estuvo concentrado en tan pocas manos en todos los sectores de la economía española, nunca antes el capital arrancó mayores porcentajes del PIB ni el IBEX-35 y sus satélites acapararon mayores beneficios privados a costa del trabajo social ajeno, extrayendo monstruosas plusvalías en base a la propiedad privada sobre los medios de producción. La explotación capitalista ha alcanzado cotas desconocidas, mostrando innumerables síntomas de descomposición, que señalan los límites históricos de este modo de producción agotado y corroído por sus propias leyes universales. A cada día que pasa, se profundiza el carácter reaccionario del régimen.

A través de sus inevitables procesos de expansión y retroceso, hoy el imperialismo –síntesis de la dictadura de los grandes capitales- sólo puede ofrecer a millones de trabajadores salarios de miseria, largas jornadas de trabajo en condiciones deplorables, desempleo y emigración en masa, sólo puede ofrecer a las masas laboriosas mayores dosis de miseria y degradación. A cada crisis capitalista de sobreproducción, sobreviene una mayor y más brutal escasez para el pueblo trabajador, mientras la abundancia más aberrante inunda las arcas de la oligarquía financiera y la de sus lacayos políticos y sindicales. Estando las condiciones objetivas maduras para el socialismo, son las subjetivas las que no caminan acordes al momento histórico que vivimos, de ahí la enésima estafa pergeñada por el revisionismo oportunista. La clase trabajadora se encuentra huérfana de los instrumentos más esenciales para parar el golpe y pasar de inmediato a la ofensiva, y es ella, somos nosotros, los que pagamos las duras consecuencias.

Los comunistas del PCOE, partiendo de un análisis materialista y dialéctico, no cerramos los ojos a la realidad que vivimos ni nos dejamos arrastrar por el derrotismo, el sectarismo o los aberrantes atajos revisionistas, pues somos plenamente conscientes de la necesidad de volver a dotar al proletariado de las herramientas históricas que precisa para renacer de sus cenizas. De ahí nuestro trabajo paciente y silencioso a la hora de trabajar por la reconstrucción del sindicalismo de clase y de consolidar la Central Sindical Única que contribuya a romper en mil pedazos el oportunismo en el movimiento obrero, de ahí el trabajo militante para construir las estructuras del Frente Único del Pueblo, organizando a la clase trabajadora en nuestros centros de trabajo y fundiéndola a las clases populares de nuestros barrios. De ahí que los marxistas-leninistas no cejemos en el empeño de fortalecer el arma más efectiva para los explotados y oprimidos; el Partido de Nuevo Tipo, el Partido Leninista.

El PCOE es plenamente consciente que el motor de la historia es la lucha de clases, y en base a ello considera al proletariado el único sujeto revolucionario capaz de sepultar a los enemigos declarados del pueblo trabajador. El proletariado no es ni puede ser una “idea”, una foto fija, una caricatura estandarizada o una abstracción metafísica. Es un sujeto histórico revolucionario moldeado tras largas décadas de explotación, un cuerpo social vivo del que forman parte millones de individuos, por más que el revisionismo se empeñe en negarlo acorde a los intereses de clase a los que se debe. El proletariado representa una realidad objetiva, como formación social que ostenta una posición común en el proceso productivo capitalista, desprovisto de medios de producción y por tanto obligado a vender su fuerza de trabajo a la burguesía propietaria para poder sobrevivir y seguir alimentando el ciclo original de acumulación del capital (D-P-M-D´). Nunca antes en la historia el proletariado ha sido tan esencial como hoy, tan estratégico tanto en el plano cuantitativo como cualitativo.

Si hoy la burguesía nos mea encima sonriente y segura, si hoy el oportunismo nos dice que eso que nos empapa no es más que pura lluvia, merced a su “buen hacer”; si hoy nos explotan convirtiendo el derecho laboral burgués en simple derecho a la esclavitud asalariada, si hoy nos desahucian, nos mandan al desempleo, al exilio, nos arruinan, embrutecen y reprimen con saña, tal situación no es fruto de “una maldición divina” o de “la mala gestión de los políticos”. Es consecuencia de largas décadas de desorganización y atomización, de ruptura de los vínculos de clase que nos unen, de traición infame de estos mismos revisionistas que hoy mendigan un voto para sus plataformas, tomándonos por estúpidos. Aprovechando una nueva crisis, la clase dominante pasa el rodillo, sabedora de que existiendo una poderosa clase obrera “en sí”, ésta carece de los instrumentos imprescindibles para convertirse en una clase obrera “para sí”, capaz de lanzarse al combate y de apuntillar este régimen criminal. ¡Es por ello que sus fieles siervos revisionistas se afanan en hablar de “ciudadanía” y enterrarnos en vida!

El PCOE, hostil frente a la burguesía y sus satélites oportunistas, seguirá trabajando incansable para fundir al proletariado con su vanguardia leninista, seguirá organizando las estructuras del Frente Único del Pueblo, integrado por el conjunto del pueblo trabajador masacrado por el capital monopolista, seguirá puliendo los pilares maestros de la revolución socialista y abogando sin fisuras por la dictadura del proletariado. Mientras los siervos “izquierdistas” de la burguesía se dedican a mendigar votos y rendir pleitesía a la troika y sus criminales, el PCOE seguirá abriendo camino entorno a la reconstrucción del movimiento obrero desde los centros de trabajo, universalizando la unidad de los Comités de Empresa dotándola de una dirección emancipadora – Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores-, contribuyendo a la Construcción del Sindicato Único de Clase (CSC) y reconstruyendo el movimiento estudiantil (FJCE), a fin de confluir la lucha de todos los sectores del proletariado en un solo Frente Único del Pueblo. No hay otro camino. En el momento actual que vivimos, sólo dos vías se abren camino; reconstrucción del movimiento obrero y popular o esclavitud asalariada y miseria. Basta echar un vistazo a nuestros centros de trabajo y barrios para concluir que, frente a la barbarie cotidiana, el socialismo ya no representa una alternativa, sino una imperiosa necesidad para la mayoría productiva.

Los que mantenemos en alto las banderas de la clase obrera y el socialismo, los que hoy más que nunca seguimos fieles a los principios del marxismo-leninismo, los que sin complejos hoy nos llamamos COMUNISTAS asumiendo con orgullo nuestra experiencia histórica como vanguardia del movimiento obrero y popular, no podemos más que denunciar y combatir frontalmente a este viejo revisionismo al que la clase dominante no cesa de ponerle “nuevas” caras para seguir con la vieja farsa.

Ni el movimiento lo es todo, ni como muchas sectas izquierdistas proclaman el objetivo lo es todo. El PCOE considera igualmente traicioneros a ambos oportunismos. ¡Ni mencheviques ni otzovistas! No son tiempos para seguir paralizados e inermes, pero tampoco para pasar al asalto directo y suicida cuando la correlación de fuerzas sigue siendo desfavorable. Son tiempos de asediar la fortaleza, de acumular fuerzas, de crear poder popular, de aproximar el movimiento hacia nuestro irrenunciable objetivo final; el socialismo. La tarea irrenunciable de los comunistas en el momento actual que vivimos, no puede ser otra que organizar la revolución socialista.

No hay otra salida; ¡Crear uno, dos, tres, muchos Gamonal!

¡Sin tregua al revisionismo oportunista!

¡Por la construcción del poder popular, por la construcción del FUP!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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