Sábado, 15 Diciembre 2018
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Por una Reforma Agraria moderna. Andalucía en manos de los trabajadores andaluces

Publicado en Política de masas 10 de Agosto de 2018

En Andalucía, exigir una Reforma Agraria que vaya más allá del reparto de tierras debe ser el centro vital sobre el que gire toda la lucha política porque una Reforma Agraria moderna acabaría con el paro secular que martiriza al pueblo andaluz. Además porque su puesta en práctica beneficiaría no sólo a Andalucía sino al conjunto de los trabajadores del estado español debido a que la Reforma Agraria que promueve el PCOE exige un cambio estructural profundo de la economía del país. En definitiva, esta Reforma Agraria supondría una revolución a todos los niveles.

ORÍGENES DEL SUBDESARROLLO EN ANDALUCÍA

A comienzos del siglo XIX y coincidiendo con la implantación del capitalismo en España, Andalucía, junto con Cataluña, atesoraba las mayores posibilidades para emprender el desarrollo económico. Fundamentalmente Andalucía, antes incluso de la revolución industrial, ofertaba la economía más diversificada, convirtiéndose en la base más firme de la industrialización de todo el Estado y en el centro principal de la producción minera a nivel internacional; aunque, como se vio posteriormente, no existía una burguesía autóctona emprendedora. Estos datos tan prometedores contrastaban con la situación de la agricultura, la cual evidenciaba unas estructuras económicas feudales que servían a los intereses de los terratenientes, clase protagonizada por los antiguos señores castellanos, vascos y de otros lugares que comandaron los ejércitos “reconquistadores”, recibiendo como recompensa grandes extensiones de tierras fértiles incautadas al entonces campesinado andaluz.

En consecuencia, el subdesarrollo de Andalucía no tiene su origen en el olvido ni es culpa de la marginación como sostenía la intelectualidad fascista y que luego la falsa progresía de la “democracia” ha mantenido. El subdesarrollo andaluz es el fruto de un plan establecido para la implantación y desarrollo del capitalismo en el Estado. El poder fáctico andaluz por excelencia, -el terrateniente- crea sus industrias en el centro y norte de España a la par que adjudica a Andalucía el papel de exportadora a esas industrias de materia prima y de mano de obra barata. Esto unido a que los sectores vitícolas y mineros estaban en poder de empresarios extranjeros básicamente ingleses, origina unasituación ofensiva y degradante, caldo de cultivo para la existencia del tristemente famoso caciquismo del señorío andaluz. Desde entonces la agricultura andaluza se caracteriza por un sistema de cultivos que obedece al modelo tradicional con bajo nivel de industrialización, en el que predominan las explotaciones extensivas, con escasísima capitalización lo que se traduce en un parque de instrumentos de producción pobre y de baja calidad, que incide en el sistema de regadío. Resulta palpable la deficiente investigación que ahonda en la escasa preparación del agricultor pequeño y mediano, así como la carencia de canales de distribución y comercialización propios, pues en la mayoría de los casos se hallan en manos de monopolios españoles y extranjeros. Por último, adolece del poco peso del subsector ganadero y forestal.

En la actualidad y en plena “democracia” la situación continua siendo humillante para el campo andaluz que a la par de soportar la actitud irreverente del estado español, el sometimiento de éste a los monopolios europeos trae graves consecuencias para los pueblos agrarios con nefasta inferencia en nuestras tierras. Ningún gobierno de esta “democracia” ha intentado resarcir las injusticias a las que ha sido sometida Andalucía. Por el contrario, el gobierno socialista rendió públicamente pleitesía a los explotadores al condecorar a la Duquesa de Alba, poseedora de grandes latifundios.

 

CONDICIONES SOCIALES DE ANDALUCIA

El gran terrateniente andaluz, a la vez gran capitalista en otras zonas del estado, unido al gran capital vasco, catalán y madrileño, configura durante el periodo franquista el capitalismo monopolista de estado, circunstancia que incide en el subdesarrollo de Andalucía, que muy lejos de atenuarse después, con el advenimiento de la democracia burguesa, ha venido acentuándose especialmente en el campo. En la actualidad el cuadro es tremendamente doloroso, sin que se vislumbre salida alguna con las políticas que aplican los sucesivos gobiernos y a tenor de los programas de la oposición parlamentaria, debido a que no atentan a las causas que generan los males:

En estos momentos el desempleo afecta a 1.039.837 trabajadores, mientras 2.800.000 andaluces no cuentan con ayuda económica familiar. Más de 3 millones de personas se hallan por debajo del umbral de la pobreza. Cerca de 400.000 hogares sufren exclusión severa, además, 650.000 niños se encuentran en riesgo de pobreza. El 35% de los niños andaluces no pueden alimentarse como aconseja la Organización de Naciones Unidas. Por otro lado, durante 2014 tuvieron lugar 10.000 desahucios entre las ocho provincias andaluzas y durante 2013 se estima que se sucedieron 10 suicidios al día por causa de la crisis.

 

SITUACIÓN DEL CAMPO ANDALUZ

Más de 300.000 jornaleros viven en precariedad con la denigrante limosna que les da el gobierno: el PER. Mientras, la visión que ofrece el proceso de producción agrario en la comunidad registra las frustraciones que produce el sometimiento de la agricultura a los intereses de los monopolios y del capital financiero: un porcentaje importante del arroz andaluz marcha a Valencia donde lo empaquetan y le colocan la marca valenciana para venderlo. La naranja agria se vende a Inglaterra donde sirve de materia prima, en vez de crearse industrias en Andalucía. El aceite andaluz está en manos de comercializadoras extranjeras y de multinacionales españolas.

También la pertenencia a la UE ha servido para que la agricultura andaluza se doblegue a los designios de las grandes empresas agrícolas alemanas y francesas. La UE ha limitado la producción de algodón que corre el riesgo de desaparecer en el bajo Guadalquivir, con la excusa de que hay que dar entrada a países más pobres. La realidad es que se trata de favorecer las empresas francesas que controlan los cultivos de algodón en Centroáfrica. De igual forma procede la UE con relación al azúcar. Según las directrices comunitarias se reduce la producción de la remolacha en Andalucía para abrir las puertas a América Latina; sin embargo, quien se beneficia es la inglesa British Sugar que posee poderosos latifundios en Brasil, famosa por deforestar la selva amazónica.

En contraste con la injuriosa situación del agro, en Andalucía hay 7.913 cotos privados de caza, para goce de los terratenientes y sus amigos. En contraposición las estadísticas afirman que entre los trabajadores hay pobreza y hambre. La Junta de Andalucía y el Estado poseen infinidad de fincas productivas en baldíos con una media de 25. Has cada una. El pequeño campesino, sin embargo, se ve y se las desea para salir hacia adelante, soportando préstamos bancarios que le asfixia y sufriendo la presión de los intermediarios que les compran sus productos a veces por debajo de su costo. Para mayor escarnio los grandes capitalistas y los terratenientes están exentos de impuestos. Sirva como ejemplo que el 90% del patrimonio de la Casa de Alba –es decir, entre 2.200 y 3.200 millones de euros– no paga impuesto.

Por todo lo expuesto, sin la implantación de una Reforma Agraria será imposible sacar a Andalucía del subdesarrollo. Por eso enjugar el paro y proceder a la industrialización sólo será posible a partir de una profunda transformación de las estructuras económicas, que permita al pueblo andaluz ser dueño de sus riquezas naturales: campos, minas, mares, sol, hoy en manos de capitalistas corruptos, de extranjeros y banqueros egoístas respaldados por la inmensa mayoría de los partidos políticos que tienen posibilidades de gobernar.

 

LA REFORMA AGRARIA MODERNA HA DE SER ANTILATIFUNDISTA, ANTIMONOPOLISTA Y EXIGE SALIR DE LA UE

Antiguamente la Reforma Agraria era una reivindicación democrático burguesa que se limitaba a la entrega de las tierras a los jornaleros para su explotación. El campesino se encargaba de todo el proceso de producción como también de la venta directa de sus productos. Al no existir un gran desarrollo tecnológico se bastaba con sus manos y con determinados aperos rudimentarios activados por tracción animal. En la actualidad no tiene sentido una Reforma Agraria de ese tipo. La revolución técnica y científica ha penetrado en el campo. Por esta razón, todo lo que rodea al proceso de producción agrícola está en poder del gran capital: las máquinas, los productos químicos, el transporte, la comercialización y los préstamos a los pequeños campesinos están en manos de la banca, los monopolios y las multinacionales españolas y extranjeras que imponen sus precios y sus leyes.

La Reforma Agraria ofrece la oportunidad de generar materias brutas y primas para la industrialización de Andalucía, de obtener los recursos necesarios y de calidad para hacer sostenible el sector ganadero. Además la Reforma Agraria movilizará gran parte de nuestras riquezas autóctonas –minas- y a amplios sectores industriales –siderurgia, fábricas de componentes mecánicos, etc.- para construir un gran parque de maquinarias agrícolas de calidad.

La Reforma Agraria será:

ANTILATIFUNDISTA

La Reforma Agraria tendrá que ser ANTILATIFUNDISTA porque los terratenientes utilizan las grandes extensiones de tierras para obtener materias primas y dinero a costa de la explotación de los jornaleros; materias primas y dinero que se llevan a sus industrias y bancos de Madrid, País Vasco y Cataluña, perpetuando el subdesarrollo en Andalucía.

Se procederá, pues, a la expropiación de los latifundios al mismo tiempo que se utilizarán las tierras en poder de las instituciones públicas para la entrega a los jornaleros y pequeños campesinos al objeto de que procedan a su explotación planificada.

La entrega a los jornaleros de las tierras debe rodearse de las condiciones óptimas para que su trabajo dé el fruto apetecido. Hay que dotar a los nuevos campesinos de terrenos suficientes para que sean rentables. No se trata de establecer la relación un campesino = una parcela, porque no permitiría la planificación de la agricultura según las necesidades del país. Lo correcto es la socialización de las tierras y el agrupamiento en cooperativas cuyos productos pertenecerán a toda la sociedad. ¿Por qué? Porque la sociedad le entregará a los campesinos no sólo las tierras; también las máquinas, aperos, semillas, abonos, etc. El transporte y la comercialización de los productos ya no supondrían costes añadidos que graven la economía de los nuevos campesinos. De igual forma se procede con los pequeños agricultores ya existentes. La sociedad pondrá a disposición del campo las estructuras adecuadas para introducir los avances científicos y tecnológicos: ingenieros agrónomos, biólogos, etc.

ANTIMONOPOLISTA

La Reforma Agraria tendrá que ser ANTIMONOPOLISTA porque todo lo que rodea al proceso de producción del campo está en poder del gran capital industrial y financiero: las máquinas, los productos químicos, el transporte, la comercialización y los préstamos a los pequeños campesinos están en manos de la banca, los monopolios y las multinacionales españolas y extranjeras que imponen sus precios y sus leyes.

Esta es la razón por la que los pequeños campesinos actuales se vean abocados a la ruina, sin poder afrontar los gastos que son superiores a los ingresos. En esta situación se verían los jornaleros si se llevaran a cabo las falsas reformas y políticas agrarias que defienden algunos partidos parlamentarios. Pues aunque se creara un banco público, esta relación entre monopolios y pequeños campesinos no variaría.

La existencia de monopolios y de la banca privada es incompatible con la Reforma Agraria moderna. Su poder y control es absoluto en la sociedad capitalista, lo que hace imposible la convivencia con formas de producción que las niegan. Desde esta verdad incuestionable, la Reforma Agraria se confirmará desde la nacionalización y socialización de los monopolios, las multinacionales y la Banca privada.

La Reforma Agraria ha de ir acompañada de la nacionalización y socialización de los sectores estratégicos. Casi todos ellos eran empresas públicas que los gobiernos del PSOE y del PP han privatizado: REPSOL, ENDESA, TELEFÓNIUCA, ARGENTARIA, RED ELECTRICA ESPAÑOLA, ALTOS HORNOS, RETEVISIÓN, ENCE, INDRA, INESPAL, EL CANO, ENATCAR, AEROLÍNEAS ARGENTINAS, TRANSMEDITERRÁNEA, SANTA BARBARA ETC. Se trata de devolver al pueblo lo que él mismo ha levantado con sus esfuerzos.

LA REFORMA AGRARIA SÓLO TENDRÁ EFECTIVIDAD SI SALIMOS DE LA UE

La UE, tal y como se ha demostrado durante la crisis, es el órgano superior del continente que está por encima de los gobiernos estatales, concebido para administrar los intereses de los monopolios, las multinacionales y la banca de los países más poderosos de Europa: Inglaterra, Francia y Alemania.

La pertenencia a la UE significa el sometimiento total y absoluto a los intereses supremos del imperialismo europeo que controla, gestiona, dirige la política y la economía de los países socios. Es decir, la UE impide la racionalización y la planificación democrática según los deseos y necesidades del pueblo trabajador. Será imposible dedicar las materias primas extraídas por los campesinos andaluces para la creación de industrias en nuestro propio suelo porque la producción derivada de las nuevas industrias estaría sometida a las directrices supranacionales. Inmersa en esta realidad, la Reforma Agraria, que significa el comienzo de una sociedad planificada, choca frontalmente con lo que constituye el discurso central de la UE. Si la clase trabajadora andaluza quiere ser dueña de su destino será indefectiblemente sobre la base de salir de la UE.

 

V. A MODO DE CONCLUSIÓN

El proceso de producción de las máquinas y aperos requiere la movilización de todo un entramado de empresas, la industria de extracción (minas), de elaboración del acero y su transformación, de su templado, bonificado y cromado, etc. De ahí que los altos hornos, todo tipo de acerías y fábricas de barras perforadas, tubos cuadrados, etc., han de ser nacionalizadas y socializadas. Muchas de ellas eran empresas públicas. Otras, como las minas, son riquezas de nuestro suelo y nos pertenecen; sin embargo, la Junta de Andalucía cede su explotación a multinacionales, especialmente extranjeras, por lo que los materiales extraídos van a parar a otros países como el cobre cuya producción se marcha hacia India y China y el dinero de su venta a las empresas extractoras, sin beneficiar en absoluto a nuestros pueblos.

La Reforma Agraria abarca el sector ganadero, que se ha visto limitado por la presión de la UE y por la política de precios de los monopolios y multinacionales. Aplicar la Reforma Agraria que corresponde en la actualidad exige que las riquezas de nuestros suelos pasen a manos del pueblo al igual que todas las factorías que intervienen en el proceso de producción. Basta ya de que las multinacionales se lleven nuestras riquezas a sus países convirtiéndonos en la región más pobre y con mayor número de parados de Europa.

Hasta hace poco se tenía la idea de que la Reforma Agraria es un problema de los pueblos agrarios. Por lo tanto correspondía sólo a los pequeños campesinos y a los braceros luchar por ella. La Reforma Agraria contemporánea exige la participación del conjunto de la sociedad, tanto en la ciudad como en los pueblos. Con la Reforma Agraria los campesinos extraerán de las tierras las materias primas que hoy son utilizadas para crear y fortalecer las industrias de lugares foráneos a Andalucía. Como es lógico esa materia prima después de la implantación de la Reforma Agraria servirá para crear industrias en nuestra comunidad y en todo el Estado, para consolidar y extender las que existen y además parte de dicha materia prima será moneda de cambio en la adquisición de materiales que sirvan para el progreso social de Andalucía, que no lo podemos obtener con nuestros propios recursos pero que existen en otros lugares del Estado español y del extranjero.

Todo un conglomerado de industrias de los sectores primarios, secundarios y terciarios brotará propiciado por la Reforma Agraria. Así pues, harán falta licenciados de todas las carreras. Surgirán demandas de todo tipo de oficios. Se pondrá en marcha un sistema de investigación para el desarrollo del campo y de la ciudad que exigirá nuevos profesionales.

La Reforma Agraria moderna es un sistema armónico y el más solidario que se puede dar en la sociedad actual. Por eso no puede convivir con la existencia de clases sociales que sólo buscan su beneficio y no les importan deteriorar el hábitat en el que vivimos, esquilmando bosques, produciendo bombas criminales, a las que tampoco les importa que niños, mujeres y hombres inocentes mueran con tal de llenar sus bolsillos. Clases que disfrutan con tener casas vacías mientras hay personas que duermen en las calles. Clases que cimientan su existencia con la explotación irracional de nuestras riquezas.

La Reforma Agraria moderna es posible y es sobre todo la única salida real para la situación en que nos encontramos los andaluces así como los trabajadores de todo el estado, como también para dar solución a la pobreza y proporcionar un porvenir a la juventud desahuciada. Por todas estas razones, el PCOE hará lo posible por auspiciar entre los trabajadores la imperiosa necesidad de luchar por hacerla realidad, con el propósito de enjugar el paro y para hacer justicia a los sacrificios de las clases laboriosas de la ciudad y del campo, creadoras de las riquezas del país.

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español en Andalucía