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Documento del Partido Popular Socialista de México: En México como en el mundo, hoy más que nunca, ¡el Socialismo es el futuro!

Publicado en Relaciones Internacionales 11 de Mayo de 2012

Documento del Partido Popular Socialista de México

 

 

 

1. Vivimos los estertores del sistema capitalista mundial.

 

 

 

La crisis del sistema capitalista mundial preside la actual situación internacional. No es una crisis que pueda resolverse con medidas de ajuste dentro del sistema, sino que es el sistema de la propiedad privada de los medios de producción y cambio el que ha llegado a la fase de su agotamiento, prevista por Marx, como resultado de la agudización de la contradicción principal del capitalismo entre el carácter social de la producción y la apropiación capitalista privada, como ya lo hemos examinado en anteriores encuentros. La crisis del sistema es la causa de las guerras que el imperialismo ha venido desatando e imponiendo en diversos lugares del mundo, y es asimismo la fuerza que impele a los capitalistas a agudizar su brutal agresión contra todos los derechos de la clase obrera y los pueblos, sus ingresos y su derecho a la vida, ya no sólo de los países capitalistas dependientes, sino ahora de las propias metrópolis imperialistas. Todo esto no es otra cosa que los estertores de un sistema decrépito y sin perspectivas de revitalización.

 


Pero la crisis insalvable del sistema de la explotación del hombre por el hombre, y de los pueblos por las potencias imperialistas, abre ante la humanidad el amplio horizonte de avanzar hacia la liberación, el socialismo y el comunismo. La lucha de clases, cuyo lugar más destacado corresponde a la clase obrera y, sobre todo, a su partido, está siendo una vez más y habrá de serlo con mayor fuerza y profundidad en el porvenir inmediato, el motor de la historia, ésa es nuestra responsabilidad.

 

2. México y su contexto, latinoamericano y “tercermundista”.

 

 

 

México, desde los puntos de vista geográfico, histórico y cultural forma parte de América Latina y constituye la frontera –de 3,000 kilómetros de largo- de esta vasta región, con Estados Unidos, la potencia imperialista más poderosa y agresiva de la historia. El hecho de ocupar ese lugar, al extremo norte de entre todos los pueblos latinoamericanos, le ha permitido a nuestro pueblo conocer muy de cerca las “entrañas del monstruo”, como lo expresara José Martí¸ y por tanto desarrollar una conciencia popular antiyanqui y antiimperialista, de manera temprana. Ese nivel de conciencia asimismo le ha permitido desempeñar la función de trinchera adelantada y primer destacamento de combate de Nuestra América frente a la otra América, la intervencionista y saqueadora, la del capital imperialista, en momentos históricos cruciales.

 

Pero ser la primera trinchera de los pueblos latinoamericanos y estar en la primera fila de combate, también nos ha costado sufrir duros embates y padecer derrotas, así sean temporales. En este año en que se cumplen 20 de la caída de la gloriosa Unión Soviética frente a la contrarrevolución y el imperialismo, de igual manera se consuman 30 años, en el país de Juárez, Villa y Zapata, del momento en que la globalización neoliberal impusiera gobernantes sumisos a los dictados del capital financiero mundial –plasmados en el Consenso de Washington- que nos han traído gravísimos retrocesos en todos los órdenes.

 

El primer gobierno proyanqui y neoliberal de esta etapa, en efecto, fue el de Miguel de la Madrid, de 1982 a 1988, y de manera más profunda cada vez, todos los que han seguido: el de Carlos Salinas de Gortari, de 1988 a 1994; Ernesto Zedillo, de 1994 a 2000; Vicente Fox, de 2000 a 2006, y el actual y peor de todos, hasta hoy, de Felipe Calderón.

 

Como ya lo hemos reseñado, estos gobiernos, no obstante que provienen de partidos políticos distintos y en otro tiempo muy enfrentados, desde entonces siguen, en los hechos, un programa único: el del capital financiero y corporativo mundial. Empezaron por modificar la Constitución para que los gobiernos tuvieran la facultad de privatizar las empresas públicas, lo que no podían hacer de manera legal, y en el primer sexenio redujeron la participación del Estado en la economía de 45 ramas a 23, y de 1155 empresas, a sólo 412.

En el segundo sexenio se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, con Estados Unidos y Canadá, (NAFTA, por sus siglas en inglés) que ha sido un instrumento muy eficaz hacia la anexión de México en condiciones de subordinación a la potencia imperialista. Se profundizó la apertura a capitales y mercancías que se había iniciado en el sexenio anterior; las privatizaciones avanzaron cualitativamente, con empresas estratégicas y de alta rentabilidad, como los bancos, la telefonía y la siderurgia. Se crearon las condiciones jurídicas para dar paso a lo que se llama la privatización furtiva de la industria eléctrica, al establecer la figura de los productores independientes en la Ley de Energía. Se dio muerte a la Reforma Agraria, al modificar el artículo 27 de la Constitución, dando paso al proceso de privatización de la tierra, a la pérdida de toda posibilidad de soberanía alimentaria y al brutal empobrecimiento de los campesinos mexicanos que, desde entonces, sólo han tenido, como perspectiva de sobrevivencia, la salida hacia el otro lado de la frontera como emigrantes indocumentados con todos los peligros a la vida y los múltiples atropellos a su dignidad, que conlleva, y se incorporó a nuestro país a la OCDE –el club de los ricos- sin que lo sea en modo alguno. Con la suscripción del NAFTA y el ingreso a la OCDE, se quiso desnaturalizar y descontextualizar a México, alejándolo de modo artificial de sus hermanos latinoamericanos y pretendiendo manipular la conciencia popular con la versión falaz de que la nuestra sería ya una economía “del primer mundo”. 

 

En el tercer sexenio, se privatizó la comunicación satelital, los ferrocarriles, los puertos y aeropuertos y la aeronáutica; se entregó la banca al capital extranjero, español y yanqui, sobre todo; se crearon las Afores, mecanismo por el cual la seguridad social perdió su carácter solidario y pasó al régimen individualista, generando un rubro de alto lucro para el capital financiero internacional. El gobernante en turno, lacayo del imperialismo como todos los de esta época, Ernesto Zedillo, propuso modificar la Constitución para privatizar la industria eléctrica, pero fue derrotado en este frente por la movilización popular encabezada por el combativo sindicato de electricistas, pero en la que nuestro partido desempeñó una función muy activa. Además, ése fue el primer gobierno que asumió una política injerencista contra Cuba, plegada a Washington, que fuera llevado a posiciones extremas por Vicente Fox. Éste, cuarto de la época de los entreguistas desembozados, tan pronto llegó a la presidencia, retomó con toda la fuerza que pudo la propuesta de la privatización de la industria eléctrica en el texto de la Constitución (intento en el que igual que Zedillo, también fue derrotado), junto con otras iniciativas de línea neoliberal, que pasaron a ser llamadas “reformas estructurales”; continuó con las privatizaciones, apoyó a los gobiernos y fuerzas más reaccionarias de América Latina y el mundo, y dio paso a una corrupción escandalosa, cuyos principales beneficiarios fueron su mujer, Martha Sahagún, y los hijos de ésta. Dos partidos distintos: un programa único, idéntico, en ambos casos, que no es de ellos, sino de la OCDE, del FMI, del Banco Mundial y que, en sus lineamientos fundamentales, está plasmado en el Consenso de Washington.

 

3. México y su realidad actual: condiciones objetivas para la revolución de liberación nacional que lo ponga en sintonía con los países del ALBA.

 

Felipe Calderón ha continuado por la misma ruta pero ha ido más allá: quiso imponer reformas jurídicas para privatizar el petróleo (pretensión que fue derrotada por el movimiento popular), militarizó el país con el pretexto de una “guerra contra el narcotráfico” irregular e ilegal, que acató por exigencia del gobierno yanqui, al mismo tiempo en que ha sido acusado de manera pública de estar aliado, en los hechos, con alguna de las más poderosas bandas criminales, a la que favorece, en tanto persigue a las bandas rivales, e incorporó elementos fascistizantes al trato gubernamental con las fuerzas populares; se ha ensañado contra los trabajadores y sus derechos, en especial contra el Sindicato Mexicano de Electricistas, dejando a todos los trabajadores de este gremio en el desempleo por la vía de declarar “extinguida” su fuente de empleo, la paraestatal Compañía Mexicana de Luz y Fuerza, y contra el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana al que ha perseguido con saña. Se ha convertido en un pertinaz violador de la soberanía nacional al permitir la injerencia abierta de las policías y servicios de inteligencia de Estados Unidos en el territorio mexicano.

 

Por cuanto al modo de producción, nuestro país ha sido durante décadas y sigue siendo capitalista dependiente. Las fuerzas productivas materiales son similares a las de toda la economía capitalista globalizada, pero las relaciones de producción no son idénticas a las de un país capitalista-imperialista, sino más injustas todavía. Las deformaciones del capitalismo subordinado agudizan las contradicciones entre la clase trabajadora y la propietaria, por ejemplo, por el hecho de que un trabajador en México obtiene un salario por jornada de trabajo equivalente apenas a la décima parte de lo que obtiene uno en Estados Unidos o en la Zona Euro por un trabajo igual. Además, el abismo se va profundizando en la medida en que el saqueo económico imperialista hace que la acumulación capitalista se dé en su mayor parte en los países metropolitanos y en proporción mínima en los que están subordinados.

 

Pero todo el proceso de los últimos 30, ha profundizado nuestra dependencia y ha causado que en nuestro modo de producción capitalista-dependiente se cumpla de manera cabal la ley develada por Marx: las fuerzas productivas materiales de nuestra sociedad llegaron a una fase de desenvolvimiento en que entraron en aguda contradicción con las relaciones de producción existentes –y con su expresión jurídica, las relaciones de propiedad monopólico-imperialistas-, y se ha abierto una época de revolución social, proceso que también se agudizó como resultado de la reciente profundización de la crisis del sistema capitalista mundial.

 

En ese marco, el XX Congreso del Partido Popular socialista de México, celebrado en marzo de 2009, resolvió: “el partido todo tiene el deber insoslayable de empeñar todo su esfuerzo en la tarea urgente de contribuir a la construcción de las condiciones subjetivas para la revolución victoriosa de liberación nacional en México. Para tal fin, sus organismos de dirección y de base deben dedicarse con firmeza a la atención de los tres ejes enunciados: a) la creación del bloque político y social antiimperialista, a partir del movimiento de masas; b) el fortalecimiento de nuestro partido en todos sus aspectos, c) la insistencia en el camino de la unidad de todos los partidarios de una sociedad socialista y comunista.” De esta manera, nuestro país podrá vencer el rezago en que ha sido sumido en estas tres décadas y podrá ponerse en sintonía con el proceso de liberación que, en nuestro continente, llevan adelante los países de la Alternativa Bolivariana de los Pueblos, ALBA, con Cuba Socialista y Venezuela Bolivariana, haciendo cabeza. Se trata de una posición plenamente coincidente con la tesis, que compartimos, de que “La liberación... puede venir solamente con el establecimiento de una alternativa real, el socialismo Ello requiere el fortalecimiento de las luchas antiimperialistas y antimonopólicas”, a la que se llegó en el 12º Encuentro, de Nueva Delhi.

 

4. Avances en la construcción de las condiciones subjetivas y perspectivas.

 


En la tarea de fortalecer las luchas antiimperialista y antimonopólicas con rumbo a la liberación nacional y el socialismo, los comunistas mexicanos agrupados en el PPS de México hemos logrado avances alentadores, desde 1999, cuando el Frente Nacional de Resistencia contra la Privatización de la Industria Eléctrica logró impedir que el gobierno de Zedillo alterara la Constitución para privatizar la industria eléctrica, hasta hoy. El movimiento antiimperialista y antimonopólico de masas se ha ido desarrollando, aunque este proceso no ha sido lineal, sino que ha registrado altibajos. En lo cuantitativo, los brotes de resistencia estallan en todas partes del país de manera explosiva, teniendo como protagonistas a combativos sindicatos de la clase obrera, como los electricistas y los mineros, a maestros de escuela, campesinos y pueblos indígenas, entre otros diversos segmentos de la población. Y en lo cualitativo se registran dos pasos valiosos: uno consiste en que diversos núcleos de la lucha popular van llegando a la conclusión correcta de que es necesario combatir ya no sólo a los enemigos particulares de tal o cual sector, de una u otra región del país, sino a toda la dupla burguesía-imperialismo, lo que va permitiendo articular a todos esos brotes para que golpeen al enemigo de manera conjunta; movilizar a todos de manera solidaria en apoyo a los que en cada momento van teniendo la guillotina del gobierno sobre su cuello.

 

El otro paso valioso consiste en que los más importantes y combativos núcleos de trabajadores electricistas, mineros y docentes, entre otros, al fin van llegando a la conclusión justa de que la lucha economista no basta, sino que es indispensable la lucha política para echar del poder a la dupla burguesía-imperialismo, y que el instrumento adecuado de ésta no es otro que un partido político, que no puede ser ninguno de los partidos burgueses desembozados, ni los socialdemócratas. En este contexto, nuestro partido ha venido apoyando e impulsando, sin sectarismos, el proceso de organización de un partido obrero y popular, por la liberación nacional y la emancipación social que está llamado a ser nuestro aliado natural en la actual etapa de lucha. Este partido, cuyo nombre por hoy es el de Organización Política del Pueblo y los Trabajadores, OPT, tuvo su Congreso Constitutivo en agosto pasado, y tiene como núcleo a los trabajadores electricistas, mineros y maestros, los más combativos y enfrentados a los gobiernos proimperialistas.

 

Por otra parte, se ha consolidado la perspectiva que hemos venido impulsando, de desplegar la lucha electoral con una fuerza antiimperialista y antimonopólica muy importante, cosa que, como ya hemos apuntado, no había sido posible en los procesos de 2000 ni 2006, ya que la destrucción causada por la ofensiva neoliberal nos había dejado sin poder utilizar ese frente de lucha, pues a nuestro partido se le canceló el derecho a participar en las elecciones nacionales y regionales, al arrebatarle de manera arbitraria el registro electoral, y al no existir en toda esa etapa otras fuerzas que pudieran merecer una alianza con un partido de clase, como el nuestro; tampoco un candidato con prestigio y con definiciones que lo pusieran más allá de la complicidad de los socialdemócratas, en un plano equiparable al que se da en Venezuela o Bolivia, por ejemplo.

 

Pero hoy existe un candidato con ese perfil, Andrés Manuel López Obrador, AMLO, quien ya aspiró a la presidencia de México en 2006, logrando una muy alta votación, tanto que la diferencia entre el oficialmente ganador, Felipe Calderón, y AMLO fue de menos de medio punto porcentual, y esto luego de graves irregularidades. Lo más importante, desde el punto de vista de la lucha por la liberación nacional respecto del imperialismo y con vista al socialismo, es que López Obrador ya no es el mismo personaje que fue entonces. Evolucionó para bien, convirtiéndose en enemigo de los instrumentos que el imperialismo impone a los pueblos del mundo. Su notable cambio se debe a que durante estos cinco años recorrió el país palmo a palmo, fue a todos los barrios, incluso los más humildes, habló de manera directa con los campesinos y los obreros, con los indígenas y con todos los sectores de la población, y ese intercambio, con un pueblo que a su vez ha ido desarrollando su conciencia antineoliberal, causó sus efectos, los ya señalados.

 

De esta manera, AMLO pasó de ser un socialdemócrata como hay muchos, a un individuo convencido de la necesidad de luchar contra los principales instrumentos del imperialismo hoy, que lo son la ideología y las políticas neoliberales. Con ese cambio, perdió clientela electoral entre la pequeña burguesía, pero acrecentó sus vínculos con los sectores más populares y combativos, y sigue disfrutando de un enorme poder de convocatoria, lo que lo hace un candidato que podrá reunir una copiosa votación y disputar la victoria. Dado ese valioso cambio cualitativo, nuestro partido, que no lo apoyó en 2006 y que explicó al pueblo que si bien era el candidato menos malo, tampoco merecía el voto popular, ahora lo apoya la estimar su actual cercanía a los intereses de la clase trabajadora y el pueblo; sin embargo conscientes de que no es un comunista ni mucho menos, al apoyar su candidatura, lo hacemos con un programa distinto al suyo, con coincidencias importantes, pero con reivindicaciones muchos más avanzadas.

Resumiendo, podemos afirmar que las luchas antiimperialistas y antimonopólicas en México han avanzado de manera substancial y todo indica que seguirán por ese camino victorioso, por la Segunda y Definitiva Independencia de México, por nuestro enlace firme con los procesos revolucionarios que se vienen dando en América Latina, y con rumbo al socialismo.

 

 

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