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Felipe González rumbo a Caracas

Publicado en Relaciones Internacionales 02 de Abril de 2015

“Felipe González, el sevillano, parece apasionado pero es frío. Hay en él algo falso, engañador. No me ha parecido un hombre de ideales, sino de ambiciones”

Miguel Paredes (Comandante del SECED, 1972)

 

Pocos personajes han sido tan nocivos para el pueblo trabajador español como Felipe González Márquez, al que tan bien definieron los servicios de inteligencia franquistas. No en vano, para que el SECED, la embajada estadounidense, la CIA y su Internacional “Socialista” confiaran en él a tan temprana edad, ya dice mucho de la calaña del individuo. Amamantado en las ubres del régimen fascista, régimen del que vivió cómodamente y del que jamás sufrió represión alguna, el joven burgués sevillano pronto destacó como arribista sin escrúpulos y estafador profesional. “Isidoro”, alias con el que González se construyó su fábula “antifranquista”, era en realidad un asiduo visitante de las cloacas del Estado y un adicto a las embajadas extranjeras. Y fue ahí donde consiguió los poderosos avales para pilotar un partido desaparecido que debía volver a “renacer”, al calor de las enormes sumas de dinero que fluyeron desde el eje imperialista Washington-Bonn. Bastó con que “Isidoro” se mostrara tal como era ante sus amos: un enfermizo anticomunista, ambicioso y falso pero con un enorme carisma. Era sin duda el hombre perfecto para levantar la pata izquierda de una dictadura capitalista en plena fase de remodelación política.   

Así llegó aquél joven de la chaqueta de pana al “Congreso” del PSOE en el Suresnes de 1974 -protegido por el SECED-, junto a otros pocos centenares de militantes que, como él, habían sido debidamente seleccionados para “modernizar” a un PSOE que, literalmente, no existía en España, que había estado desaparecido durante las cuatro décadas franquistas. Como no podía ser de otra forma, fue “elegido” Secretario General y de allí salió presto a cumplir órdenes; el primer paso era liquidar cualquier vestigio marxista que pudiera quedar del “PSOE histórico” para convertirlo en una formación burguesa capaz de gobernar, y el segundo trabajar sin descanso en la desactivación de la izquierda revolucionaria, encauzando a la clase obrera por la senda impuesta por el gran capital. Ya con su clan bien posicionado al mando del PSOE –con Mújica, los hermanos Solana o Guerra-, con la incesante lluvia de millones, el reconocimiento del imperialismo y con los altavoces del régimen moribundo y del que ya se estaba anunciando la irrupción del “joven  izquierdista” y del “nuevo PSOE sensato”, se obró el milagro. Y la siempre traidora socialdemocracia apareció de repente en el escenario español. Bastó el carisma felipista, su cínico marketing político y un mendaz lenguaje  “izquierdista”  para que el sevillano destapara el tarro de las esencias para regocijo de sus patrocinadores.    

En 1982 cumplía su sueño “Isidoro”, convirtiéndose en Presidente del Gobierno de España. Y lo hizo, como buen farsante, defendiendo el no a la OTAN o la nacionalización de la banca. Bastaron unos pocos días para que el “PSOE sensato” instalado en el Gobierno se mostrara como la sucursal capitalista de la burguesía monopolista que era, sintetizada por el propio González con aquella famosa frase del “hay que ser socialistas antes que marxistas”. El gran estafador accedía al Gobierno empeñado en mostrar una imagen “popular y cercana”, encaminada a tapar sus monstruosas bajezas humanas, imprescindibles para cualquier mercenario político que se ponga al servicio del capital monopolista. Y obviamente, la banca siguió manejando las palancas del régimen y la OTAN mantuvo y amplió sus bases. Durante su interminable y negro mandato se presentó como defensor de los intereses obreros, destruyendo más de 4 millones de empleos industriales, auspiciando los Pactos de la Moncloa o imponiendo multitud de reformas antiobreras. Se presentó como un pacifista universal, pasando del “OTAN de entrada no” al todo por la OTAN, mientras lanzaba a los GAL y aprobaba leyes antiterroristas de corte netamente fascista. Se presentó como defensor del “estado del bienestar”, abriendo de par en par la privatización de la sanidad y la educación en España…   

Tras 14 años de servicio fiel al IBEX, Don Felipe González fue premiado por tan eficiente labor al frente del Gobierno de la burguesía, completando su proceso de enriquecimiento masivo y  transformándose en un monopolista más del régimen; consejero de innumerables monopolios energéticos españoles, consultor de todo tipo de oligarcas y multinacionales y receptor de monstruosos sueldos vitalicios como “ilustre hombre de Estado”. De la Moncloa pasó a la Moraleja y a sus diversas mansiones repartidas por medio mundo, del coche oficial al avión y el yate privado, y de los capitales provenientes de la CIA y los fondos reservados a los fondos de capital riesgo y las SICAV. El joven burgués sevillano tan bien perfilado por el SECED y la CIA se transformó en el gran burgués de hoy, un gran profesional en el arte del latrocinio, el terrorismo de Estado y la corrupción a escala industrial. Un gran hombre del Estado burgués, sin duda, tal y como previeron sus jefes en los años 70.  

No debe extrañar, pues, que entre sus más íntimas amistades en la actualidad, se encuentren no sólo los grandes monopolistas españoles y europeos a los que tan buenos servicios prestó, sino también los grandes oligarcas que han sumido en la miseria a Latinoamérica. Felipe González fue un hombre de EEUU en 1974, como lo sigue siendo a día de hoy. Cabe recordar, por sólo citar un minúsculo ejemplo, que en 1984 Felipe González regaló al oligarca Gustavo Cisneros las Galerías Preciados por un valor de 1.500 millones de pesetas. Y que tan pronto como en 1987, éste parásito venezolano, amigo íntimo del sevillano, las revendía por 30.000 millones. Un robo de 28.500 millones al pueblo trabajador español. Así forjó sus amistades Don Felipe González Márquez, no sólo con Cisneros, también con los colombianos Santo Domingo o con el mexicano Carlos Slim.

Por ello este malandro pone hoy rumbo a Caracas -o eso pretende-, con el objetivo de “defender” a la canalla golpista del imperialismo yanqui. Porque González -el gran amigo del criminal Carlos Andrés Pérez-, no sólo es capaz de juntar a sus narco amigos Álvaro Uribe o Felipe Calderón en una Internacional Negra tendente a erosionar a la República Bolivariana de Venezuela; a él le avalan largos años de terrorismo de estado en España y consultor de sus homólogos en Centroamérica. Porque si algo sabemos bien es que este esbirro de los monopolios es capaz de cumplir con cualquier tarea que le encomiende el imperialismo atlántico, de ahí su enorme fortuna y poderosos contactos. Que el hombre del SECED, de la embajada yanqui y de Willy Brandt, que el “gran hombre de la transición”, el amigo de Botín y demás escoria parasitaria hoy pretenda defender a tipos como Leopoldo López o Antonio Ledesma es algo natural.

La República Bolivariana de Venezuela debe sentirse orgullosa por recibir los ataques de semejante personaje infecto. Porque González Márquez no es simplemente un oportunista, un reaccionario y uno de los políticos más corruptos e inmorales que han existido. Su gobierno es el Gobierno del terrorismo de Estado por excelencia, del GAL y de la tortura, de Intxaurrondo,  de los ajusticiamientos extralegales o enterramientos de ciudadanos asesinados por el Estado en cal viva,  y el amigo de toda esa calaña de monopolistas que hoy explotan y reprimen a millones de trabajadores. Estos son los derechos humanos que han defendido los gobiernos de Felipe González Márquez. Este lacayo del capital sin escrúpulos es el que va a defender la causa de los golpistas fascistas al servicio de los EEUU en Venezuela.  

El Partido Comunista Obrero Español reitera su firme condena a los intentos golpistas contra la República Bolivariana de Venezuela, auspiciados por el imperialismo yanqui -de los que el repugnante González forma parte-, y se solidariza con su Gobierno, clase obrera y clases populares. Al mismo tiempo, y fieles a nuestro internacionalismo proletario, hacemos un llamamiento a las fuerzas proletarias y populares venezolanas a profundizar el proceso revolucionario, pues allí dónde los medios de producción están bajo poder del pueblo no hay ni puede haber desabastecimiento ni golpistas al servicio de potencias extranjeras.  

 

¡Abajo el imperialismo y sus mercenarios!

¡Socialismo o barbarie!

       

Secretaría de Relaciones Internacionales del Comité Central del PCOE